La luna estaba sombría
pero el sol la iluminó.
La noche ya decaía
y el sol la abandonó.
La luna triste y dolida
lloró, lloró y lloró
y con su triste llanto
a las estrellas vida dio.
Desde la lejana Tierra,
un niño la vio llorar:
“no llores vida mía
que el sol va a regresar.”
Cansada de tanto esperar,
la luna se deprimía
y contando las horas pasar,
el corazón se le partía.
Un día el sol regresó
y con él la alegría
que aquel lejano día
a la luna arrebató.