El primer Quendi viajero

Un dia, cuando la luz de los arboles iluminaba el mundo, Everenesthor salió a dar un paseo. Las fragancias eran frescas en los arboles alrrededor de Cuivinen, y habia aprendido a leer los mensajes de la elen. Asi pues, alzó los ojos al cielo mientras escalaba a un arbol y miró con atencion.

Pero lo que vió lo sorprendió enormemente, ya que el no sabia lo que era la muerte. Porque leyó que los maiar oscuros cazarian a los elfos y los matarian y los torturarian y los convertirian en deformes siervos.

Como no queria que su estirpe fuera eliminada, corrió entre los arboles al tiempo que gritaba:

-¡Huid! ¡Huid! ¡La muerte esta cercana! ¡La muerte es el fin!

Pero de repente se detuvó. Jamas habia oido pasos de alguien que no fuese quendi o bestia, pero en aquellos pasos estaban la majestad de los maiar y la corrupcion de Melkor. Asi fue que se acercó una enorme figura, cuyo cuerpo era descomunal, sus fauces enormes y su armadura tosca y deforme. El hierro, que al rozarse derramaba oxido, parecia provocar la muerte de las hierbas. Y tan asustado estaba de esta criatura que se abrazó a un arbol y paso desapercibido, porque los elfos tienen la capacidad de fundirse con lo que aman, si bien esta capacidad ha sido pervertida en aquellos que han recibido de otras razas. Entonces percibió un poder parecido tras él, y aunque su majestad era menor, no lo era su impacto visual, porque percibió tras él el fuego y la oscuridad.

-Gorthaur- dijo la voz tras él, y quedó trastornado al pensar que semejante atrocidad tuviera el don del habla-, no puedes seguir llevandonos por estos bosques, solo servimos a Gothmog.

-Es Melkor quien dice que los hijos de Eru estan aqui- replicó Gorthaur-, y todos somos sus siervos. Mira -e hizó brotar fuego de la nada, uno de ellos.

El fuego iluminó a Everen y el balrog, cuyo fuego habia sido incapaz de iluminarlo, lo miro incredulo.

-Hay mucho poder en los hijos de Iluvatar- dijo Gorthaur-, pero cuanto mas los veamos, mas faciles seran de ver.

El balrog intentó agarrarlo, pero habia echado a correr y ya se habia perdido entre los arboles.

Everen habia reunido a todos los quendi que, como él, vagaban en los bosques, y les habia hablado del mal y en la oscuridad.

-Debemos llegar a Cuivinen antes de que nos encuentren- les dijo-, son tan ciego que no encontraran los senderos.
Pero no les habló de lo que habia leido en la estrellas, porque no queria que supieran que podian formar parte del mal, no fuera a vencerlos la curiosidad.

Pero Gorthaur no era tan ciego, y aunque no podria encontrar las puertas de Cuivinen, podia seguir a Everen.

Si lo hubiera seguido hasta Cuivinen, hubiera podido extinguir a los quendi, pero los capturó y se los llevó, tras una ardua lucha.