Arda

Lucen las estrellas su resplandor fugaz,
sus cabellos los bosques iluminan
y a su paso los hombres la mancillan.

Muchos la han intentado dominar,
sus garras en ella han clavado
pero ella por nadie se deja gobernar;
y con un solo soplo los ha derribado.

Esta dama no es otra
que la que todos codician
que la que todos admiran
esta no es otra, que la tierra de Arda.