Éste es el origen de los Tumularios en el libro, pero es sabido que Tolkien gustaba de explicar las cosas (con algunas famosas excepciones, todo sea dicho), de que todo encajase en ese inmenso tapiz que es su obra. ¿Dónde podemos situar entonces a los Tumularios, en qué punto de la historia? Tom Bombadil apenas cuenta nada acerca de ellos, y Frodo, además, tampoco se siente muy dispuesto a recordar los miedos sufridos mientras se encontraba cautivo bajo tierra. Pero es indiscutible que se está hablando de algo muy antiguo, al menos desde el punto de vista de los Hobbits: el broche que Tom coge de entre las joyas halladas en el túmulo había pertenecido, según él, a una dama «mucho tiempo atrás», las armas que entrega a los Hobbits son «viejos puñales» forjados por los Hombres de Oesternesse (otra referencia a un pasado heroico y remoto)… aunque sin duda alguna lo más importante es la experiencia vivida por Merry en un estado a medio camino entre el sueño y la vigilia:
… ¡Claro, ya recuerdo! –dijo–. Los hombres de Carn Dûm cayeron sobre nosotros de noche, y nos derrotaron. ¡Ah, esa espada en el corazón! –Se llevó las manos al pecho–. ¡No, no! –dijo, abriendo los ojos–. ¿Qué digo? He estado soñando. ¿De dónde vienes, Frodo?
La Comunidad del Anillo,
«Niebla en las Quebradas de los Túmulos», p. 174
En el mapa que acompaña a El Señor de los Anillos, Carn Dûm aparece en el norte, en Angmar, lo cual ya anuncia que sin duda era un lugar maligno; pero aparte de otra mención que hace Tom Bombadil, no se dice nada más. ¿Otro de los misterios sin resolver que nos dejó Tolkien?… así podría parecer, y así parece serlo para mucha gente; pero no es tal, porque en los «Apéndices» de El Señor de los Anillos, Tolkien dejó información más que suficiente.
Para entender lo que se cuenta en el apéndice «Eriador, Arnor y los herederos de Isildur» hay que hacer un poco de historia. En el año 861 de la Tercera Edad, tras la muerte de Eärendur, octavo Rey de Arnor desde Isildur, el reino septentrional de los Dúnedain quedó dividido en tres: Arthedain, Cardolan y Rhudaur. En Arthedain y Cardolan los Dúnedain se mantuvieron fieles, pero Rhudaur hizo pactos secretos con el Reino de Angmar, señorío del Rey Brujo, jefe de los Espectros del Anillo. En el año 1409 los ejércitos de Angmar atacaron la frontera marcada por las Colinas de los Vientos y Arveleg I, octavo Rey de Arthedain, fue muerto. Su hijo Araphor, con la ayuda de Círdan, logró expulsar al enemigo, y con unos pocos Dúnedain de Cardolan logró resistir en Tyrn Gorthad (las Quebradas de los Túmulos). Llegamos así al año 1636 de la Tercera Edad, cuando Argeleb II era el décimo Rey de Arthedain:
En los días de Argeleb II llegó la peste a Eriador desde el sureste, matando a la mayor parte del pueblo de Cardolan, especialmente en Minhiriath. Los Hobbits y todas las otras gentes sufrieron mucho, pero la peste fue decreciendo mientras avanzaba hacia el norte, y no afectó demasiado las partes septentrionales de Arthedain. El fin de los Dúnedain de Cardolan ocurrió en este tiempo, y los malos espíritus salidos de Angmar y Rhudaur entraron en los túmulos desiertos y se instalaron allí.
Se dice que los túmulos de Tyrn Gorthad, como las Quebradas de los Túmulos se llamaron otrora, son muy antiguos, y muchos fueron levantados en los días de la Primera Edad por los antepasados de los Edain, antes de que cruzaran las Montañas Azules y penetraran en Beleriand, de la que Lindon es todo lo que queda ahora. Por tanto, esas colinas fueron reverenciadas por los Dúnedain después de su regreso; y allí tuvieron sepultura muchos de sus señores y sus reyes. [Dicen algunos que el túmulo en que el Portador del Anillo quedó encerrado había sido la tumba del último príncipe de Cardolan, que cayó en la guerra de 1409].
El Retorno del Rey, «Apéndice A», p. 371
Así, de forma tan sucinta, explica Tolkien la naturaleza de los Tumularios: espíritus malignos procedentes de Angmar y del reino traidor de Rhudaur… ¿pero qué tipo de espíritus?, ¿eran similares quizá a los Muertos de El Sagrario?, ¿pesaba sobre ellos alguna maldición, o eran simplemente los espectros de sirvientes fallecidos del Rey Brujo? Para estas preguntas no hay respuesta clara, de igual forma que no la hay para explicar el mecanismo por el que Isildur maldijo a los perjuros. Parece que en la obra de Tolkien siempre ha de haber misterios, y el que aquí se nos presenta es especialmente interesante, pues choca frontalmente con las ideas acerca del hröa y el fëa (el cuerpo y el espíritu) de los Hombres, tal y como se presentan en la «Athrabeth Finrod ah Andreth», donde se dice que…
… pero no, no se tratará un asunto de tanta trascendencia aquí; a fin de cuentas los Tumularios no son más que parte de un «cuento de fantasmas».