Pero volvamos al asunto principal, al “fracaso”. Podríamos hacernos la pregunta de si podría considerarse fracaso el hecho de intentar hacer algo que de antemano es imposible. Una opinión (y la que parece ser la opinión de Tolkien) sería que, aunque la misión estaba condenada a fracasar, no exime que Frodo no cumpliese su objetivo por sí mismo (fruto del azar, casualidad o destino se logró, pero ese es otro tema…) y, por tanto, fracasara. Aunque no podemos dejar de considerar el otro punto de vista. Si Frodo hizo todo lo humanamente posible: “…derramó hasta la última gota de la capacidad de su voluntad y de su cuerpo, y eso fue suficiente para llevarlo al punto destinado y no más allá”, y la tarea era imposible, ¿cómo se puede decir que Frodo fracasó?
Es en este momento cuando podemos hablar del ¿nuevo? concepto de fracaso del que habla Tolkien: El fracaso moral. En una muy interesante carta a una lectora, escrita unos siete años después de las anteriores, Tolkien profundiza en el asunto de Frodo y el Anillo. Si bien al principio insiste en que “Frodo, por cierto, fue «incapaz» como héroe tal y cómo lo conciben las mentes simples: no soportó hasta el final; cedió, desertó.” (Carta 246), después matiza ese fracaso:
“No creo que Frodo fuera un fracaso moral. En el último momento la presión del Anillo alcanzaría su máximo; imposible diría yo, que cualquiera pudiera resistirlo, seguramente después de conservarlo tanto tiempo, meses de incrementado tormento, hambre y agotamiento. Frodo había hecho lo que podía y estaba exhausto (como instrumento de la Providencia) …
…El fracaso moral de un hombre sólo puede afirmarse, me parece, cuando su esfuerzo capacidad de resistencia quedan por debajo de sus límites, y la culpa decrece cuanto más cerca se está de dichos límites.”
Carta 246, Cartas, p. 380
“Su verdadero compromiso [de Frodo] consistía tan sólo en hacer lo que pudiera, tratar de hallar un camino y avanzar tanto por él como la fuerza de su mente y su cuerpo lo permitía. Es lo que hizo. No veo que el quebrantamiento de su mente y su voluntad bajo demoníaca presión después del tormento sea más un fracaso moral que lo habría sido el quebrantamiento de su cuerpo si hubiera sido estrangulado por Gollum o aplastado por la caída de una roca, por ejemplo.”
Carta 246, Cartas, p. 381
Según el propio Tolkien, Frodo fracasó pues no realizó satisfactoriamente la misión/empresa propuesta (cedió, desertó), pero había hecho todo lo que estaba dentro del máximo de sus posibilidades físicas y mentales y esto hace que el fracaso no sea moral. Visto de este modo, Frodo no debería haber tenido ningún sentimiento de culpa, pero no fue así, la Misión le dejó secuelas de por vida, no sólo las heridas físicas.
“…he sufrido heridas demasiado profundas, Sam. Intenté salvar la Comarca, y la he salvado; pero no para mí. Así suele ocurrir, Sam, cuando las cosas están en peligro: alguien tiene que renunciar a ellas, perderlas, para que otros las conserven.”
Los Puertos Grises, El Retorno del Rey, p. 354-355
De esta forma Frodo le contaba a Sam cómo se sentía, el enorme sacrificio que había hecho, antes de partir rumbo al Oeste. Tolkien explica este sentimiento de Frodo en la ya nombrada carta 246 y, en ella, aparecen los conceptos de culpa y fracaso. Sí, en efecto, Frodo sentía que había fracasado.
“Al principio no parece haber tenido el menor sentimiento de culpa (III, 298); recuperó la sensatez y la paz. Pero luego pensó que había dado su vida en sacrificio: esperaba morir muy pronto. Pero no fue así, y es posible observar en él una creciente inquietud.
…cuando los tiempos oscuros le llegan y es consciente de haber recibido “la herida de un puñal, la de un aguijón y la de unos dientes; y la de una pesada carga” (III, 355), no eran sólo recuerdos de las pesadillas de los pasados horrores lo que lo afligía, sino también una autoinculpación irracional: se veía a sí mismo y a todo lo que había hecho como un fracaso… Eso fue en realidad una tentación venida de la Oscuridad, una última chispa de orgullo: el deseo de haber vuelto como un “héroe”, no contento con ser el mero instrumento del bien.”
Carta 246, Cartas, p. 381-382