Esto es lo que tenemos elaborado sobre la llegada de los humanos al Este y Fanyarëa. Y luego a Farothdim:
El profeta bajó de la montaña habiendo contemplado la batalla entre el Águila y el Vampiro. Entre hostilidad y atracción. Entre amor y odio. Y su mente quedó invadida por destellos de lo que interpretó. Su mente elevada en esas alturas, entre esas nubes, en esos cielos, no pudieron dejar de asimilar nociones, concepciones de cómo era la vida, de cómo era la vida entre más de un ser, la vida de un pueblo. Algunos dicen que el profeta fue un avari, otros que fue de los glinhari. El hecho es que acertado o no descendió predicando una forma de vida distinta, de fusión y unión, de goce y apasionamiento. Y una nueva fe... que constituiría una Orden de feligreses, a los que se unirían seguidores de muchas razas y tribus. La Orden del Alto Reino de los Grandes Alados. La religión de la Unión.
Mientras muchos avari buscaban su lugar en el mundo, un grupo fue cautivado por las propuestas del profeta. Su primera reunión fue con los enanos, con los que prosperaron en el conocimiento de la alta montaña y lo que aquella podía brindar para el crecimiento de aquel sentimiento. Cuando los misioneros del proyecto de federación de Arador, llegaron a las tierras que rodeaban la región noroeste de lo que ahora es Fanyarëa, la primer hija de uno de los nobles quedó maravillada con su idea de La Unión, y fue Kharsinna, la sacerdotisa que sucedió al profeta. Y cuando fue desposada por uno de los nativos, se los decidió nuevos reyes del territorio.
Los hombres llegaron del sur. En una larga travesía desde la región que se conoce como Hildorien, los hombres habían llegado en varias oleadas a las regiones de los alrededores. Seguían a un grupo de caciques que aún cuando tenían diferentes vistas del mundo, se conformaron en un grupo de poderosos aristócratas. Llegaron en busca de prosperidad.
Muchas son las leyendas sobre la división de los próceres. Pero en las Grandes Ciénagas, en fin, se dividieron.
A las tierras al este del mar, lejos de los poblados élficos de la costa los hombres llegaron de la mano de Pelén. Pero murió antes del encuentro con los elfos al norte de la montaña.
Pelén había tenido dos hijos, de mujeres distintas, uno de ellos le fue negado al mismo cacique por la madre, y entonces el pueblo lo rechazó también como heredero legítimo, y se concedió entonces el verdadero matrimonio a la madre del hijo más fiel. Y por tanto él debía ser el próximo líder.
Cuando Vilwë y Kharsinna recibieron a los humanos, vieron la posibilidad de consolidar la Unión verdadera. Y los invitaron a convivir con ellos, educándolos en las maravillas que los humanos vieron, los harían magnos. El rey era un fiel y bondadoso servidor del lado puro de la religión que intentaban llevar a su cúspide. La reina sin embargo, más descarriada, encontró el objeto de su obsesión en los dúctiles seres, con ellos podría intentar cumplir los misterios de su hechicería.
Entonces se produjo un debate entre aquella gran población humana. Un debate que sólo tuvo dos contendientes de un lado, y docenas de miles del otro. El primogénito del fallecido caudillo, que había querido mucho a su padre y a pesar de los conflictos del pasado se sentía digno de ser su reemplazante, intentaba hacerles entender a sus deslumbrados amigos que la tragedia les esperaba entre esos hedonistas, y su hermano, el verdadero heredero, aspiraba a ser parte de ellos. Pero la disputa tuvo un tono político, porque, con quien coincidieran sería a quien respetarían, y a quien respetaran debía ser el rey.
La única persona que apoyó al primogénito fue la mujer del heredero, que amaba a su marido, pero también pensaba en los peligros que corría su pueblo ante tanto ofrecimiento. Pero la gente unánimemente no aceptó la resistencia, así que ambos fueron desterrados. Y huyeron al norte. Junto con la disputa algunos hombres, liderados por menores cabecillas, se alejaron y se asentaron en Tavarcerta.
Los demás fueron asimilados a la cultura de la Unión, y pasaron a formar parte de los ramalië, el pueblo de los alados.
Luego ocurriría la tragedia, y la gloria.