En un lugar desconocido de la frontera de Farothdin
La neblina se había posado en los alrededores del lago como una cortina translúcida que no era otra que el fruto de la hechicería. Los presentes estaban allí envueltos en sus capas de montaraces esperando la señal. Se notaba la humedad en el aire, el sudor pegajoso en las ropas, la grasa en la piel de los presentes y la necesidad de boquear como peces en busca del aire. A lo lejos, por encima de sus cabezas y de la niebla se veía la tenue luz del sol como un recuerdo, brillando límpidamente como una esperanza inalcanzable, tan cegador que solo mirarlo te producía vértigo, obligándote cubrirte la mirada con las manos en visera.
Una angustiosa sensación de bochorno les rodeaba. Dudaban por momentos en donde se encontraban, ¿habían seguido bien las instrucciones? ¿Era aquel el lugar exacto de entrada?. Las dudas sembraban inquietud entre los presentes, el tiempo pasaba y no había señales de que se les permitiera el paso.
Un aleteo brusco despertó a todos de sus temores. Volaba sobre sus cabezas de aquí para allá, batiendo las alas rápidamente. Se divisó la fuente y era YiYinai, la lechuza de la reina Izilsurias, de blanco plumaje y ribeteado en plata brillante, mirándoles a través de sus pupilas de miel sin perder detalle. Quedó suspendida en el aire y reemprendió el vuelo., Por donde ella pasaba se echabla la niebla a un lado. Los guerreros se agarraron instintivamente a las ropas de los otros y caminaron tras el rastro de la lechuza, hasta que toparon con un pantano o una especie de río donde había varias barcas esperándoles. Se subieron a ellas y se dejaron llevar por la corriente amparados por las nieblas sempiternas.
Un bamoboleo soporifero tras otro al compás del las grises aguas del pantano, veladas por una cortina de sombras, navegaban hacia el infinito desconocido, hacia una dirección ilocalizable. No valían allí las estrellas, ni el viento que no soplaba, ni las brújulas de los hombres de Oesternesse, porque era el reino de la magia que más al este se conocía, y los encantamientos envolvían su reino y se imbuían en la mima naturaleza de los elementos. Por eso sólo les quedaba dejarse llevar por las corrientes de magia tranquila...
_ Lleváis las pruebas _ dijo un elfo montaraz a otro, mientras le apretaba el antebrazo_
_ Cómo veis, Elburen no miente _ y descubrió las mantas que tapaban unos fardos_ Ílimo e Izilsurias lo esperaban, pero no tan pronto.
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Un Korie se abría allá abajo, limitado por inmensos troncos de hayas y fresnos, cuajadas sus ramas de flores en racimos, candelabros y lámparas de plata. Las reliquias de valinor servían vino e hidromiel y el calor de las hogueras asaba carnes de todo tipo. Frutas de los mejores jardines, pasteles y dulces aromáticos, panes blancos, pescados en salazón. Los festejos recorrían el reino de Farothdin a medida que las aves de los reyes desperdigaban las noticias del frente del norte…Allá y acá se pregonaba el fin de las guerras, ¡empezaba un nuevo día!, el secreto se mantenía, la magia seguía en pié y apenas quedaban enemigos que pudiesen codiciar aquellas tierras inexploradas...pero sólo apenas
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Más arriba, entre las montañas mas escarpadas, entre valles ocultos se levantaba Ost In Alassëa Êsde, majestuosa y engalanada de fiesta como si fuera una ciudad de cuento en la que habitaban las hadas, hermosas como el primer día del amanecer.
Se abríeron las puertas del cordón amurallado que llevaba hasta al Palacio a través de la Ciudadela. Entre cantos, melodías y cortinas de pétalos entraron los reyes seguidos de sus señores de la guerra y más atrás lo que quedaba de su ejército. Aplausos, gritos de victoria o de alivio, pero alegría y festejo como pocos se habían conocido.
[Editado por gorathion el 16-05-2007 01:12]
