Antes de que el breve verano del norte toque a su fin, después de la cosecha, se celebra desde tiempos inmemoriales un gran encuentro junto al Lago Espejo. Incluso en épocas de división, miembros de todas las aldeas del antiguo Helkelen Lára se reunían para intercambiar productos, ver parientes alejados, ponerse al día de las noticias, incluso organizar acuerdos económicos y matrimonios... y por supuesto, disfrutar de unos días de fiesta antes de la inmovilidad del invierno.
En el marco de esa celebración, según afirman los que saben de ello, los representantes de las aldeas se reunían en las ruinas de la antigua fortaleza para tratar temas que atañían a todo el territorio, y poco a poco se instituyó el Consejo de Ancianos, reunido cada año.
Habían cambiado ya muchas cosas: grandes ciudades habían surgido, gente nueva había llegado del Oeste, y un estado unificado había reconstruído Ost-en-Aël y hecho de ella su capital. Pero la sesión plenaria, cuando hasta los miembros de las aldeas más remotas asistían para exponer sus propuestas en la gran Sala del Consejo, seguía coincidiendo con la gran feria del Lago Espejo.
Y era precisamente ese día cuando Alalmë entró por la doble puerta de la Sala con un asunto especial entre manos, un asunto que era lo bastante importante para que todas las aldeas de Formen Draugliante, desde el Oeste hasta las praderas del Amanecer, de la costa al frío glaciar, tuvieran derecho a saberlo. Así que cuando llegó su turno y el Rey le dio la palabra, se acercó al círculo que constituía el centro del recinto, y sacó una bolsa bordada. Se inclinó ante el Rey y el Secretario (el más anciano del Consejo, el mentor de Apacen), y comenzó su discurso:
- Mucho se desconoce del pasado de estas tierras, y mucho quedará aún por conocer; pero el viaje que Apacen y yo emprendimos al Sur nos descubrió una parte de la antigua historia del antiguo Helkelen, y de Árador en general. Hace tiempo, los reinos existentes realizaron un pacto, en prenda del cual recibieron una joya- y del saquito sacó un hermoso brazalete en forma de serpiente, que sostuvo para que todos lo vieran.- Al igual que el recuerdo de esa unión, y de los señores que la crearon, este brazalete estuvo perdido durante siglos; pero estaba escrito que volviera a manos de quien descendiera de ellos- A su alrededor surgieron unos murmullos.
- Es el momento de que esta reliquia vuelva, junto con la memoria de los hechos, al lugar que le corresponde- entonces, volvió a inclinarse ante el Rey y le ofreció el brazalete:- Entrego este brazalete, símbolo del Imperio de Helkelen en su unión con el resto de los pueblos de Árador, al Consejo en la persona del Rey, y con él renuncio a todos mis derechos, como descendiente de los antiguos caudillos, en beneficio del poder supremo de dicho Consejo. Aceptadlo y que se haga uso de él de la manera que dicte el poder de los pueblos de Formen Draugliante.
