La Guerra de los Clanes

El Árbol De La Llama Roja.

Escribiéndose...
Escrito el 22-03-2007 08:18 #1

Largo es el tiempo, lejano queda el momento en el que el árbol fue cortado y el objeto desenterrado.Desde entonces el Taurëruin llora lágrimas de desconsuelo pues la paz abandonó a sus árboles y la sombra de la guerra siempre ha estado presente…

Escrito el 22-03-2007 08:22 #2

La débil brillantez invernal de Anor apenas podía hacerse notar y sus tenues rayos no eran capaces de arrojar su cálida esencia sobre el Taureruin. Melêl, la elfa, se había cubierto el cuerpo con un vestido de color verde con unos símbolos dibujados en los bordes. Añoraba los cantos de las aves que tan dulcemente la despertaban cuando el sol salía, pero en estos días de invierno se despertaba bruscamente por el frío que le llegaba. A su lado su abuelo Cereval caminaba con paso cansado y detrás de ellos una pequeña comitiva de elfos los acompañaban por el silencio camino hacia la ciudad, no encontraron a nadie durante el camino que transcurría desde su cabaña a la élfica ciudad. En aquellos días las tierras de Lempë Ohtari estaban solitarias, desde hacía más de un año las guerras habían vuelto silenciosos los caminos.

Hacia varias semanas que Darlak Lórindol, señor de Mellon Vilya, había partido hacia la guerra. Las noticias que habían estado recibiendo del norte no habían sido halagüeñas y Darlak había temido por las tropas que se hallaban combatiendo. Pero sobre todo había temido por su amada Sonyariel, la cual no había visto desde hacía varios meses. Había transcurrido el tiempo y poco se sabía de las tropas ohtari salvo que el terrible tiempo que persistía en las tierras de Helkelen Lára estaba mermando las posibilidades de las compañías lo que ocasionaba derrota tras derrota. Como todos los caballeros estaban fuera de Lempë ohtari, hasta incluso la reina Yárfaila, Darlak había hablado con Cereval, avari del bosque y le había encargó el gobierno de aquellas tierras en su ausencia. Estaba decidido a viajar al norte. De esta manera en una mañana gris la segunda compañía del ejército ohtari había partido al mando de Darlak Lórindol y Eleth Niramar.

La comitiva siguió caminando por el sendero mientras una niebla tenue empezaba a envolverlos. Empezaba a caer la tarde y el viento soplaba muy frío. Mêlel se cubrió con una capa y intentó buscar al sol entre las nubes. El sendero pasaba ahora por unos setos donde crecían unos esbeltos árboles.

- Están llorando – dijo una voz apagado a su lado.

- ¿Por qué dices eso, abuelo? – la joven elfa vio cómo Cereval se había detenido acercándose hacia un árbol que había próximoy le acarició las hojas.

- Muchos de sus hijos están muriendo en la guerra

- La guerra… - dijo ella con voz triste.- ¿Hasta cuando va a continuar la guerra con nuestros vecinos del norte?

- Ni idea. Espero que mañana lleguemos a una solución y se paren las hostilidades. Ojalá el árbol traiga la esperanza.

- ¿El árbol? ¿Qué árbol?

El anciano elfo se rió, Mêlel era aún muy joven para conocer las antiguas leyendas y dichos del bosque.

- Es sólo un antiguo dicho. Cuando caen tiempos oscuros, en el bosque se dice que ojalá el árbol traiga la esperanza.

Siguieron caminando por el bosque en dirección a Yävetil. El sol ya estaba cayendo cuando a lo lejos apareció la bella silueta de la ciudad, majestuosa y orgullosa de sus secretos. Se encontraron con un gran muro de piedra gris que se alzaba varios metros del suelo. El cansancio ya se notaba en sus rostros, en especial en el de Cereval.

El día siguiente amaneció más límpido y el sol parecía brillar con más fuerza. En Yävetil, en la sala de los caballeros del palacio del Sol se habían reunido los pocos miembros del consejo que no se hallaban en la guerra. Entre ellos se hallaban Annamel, esposa del señor del bosque, Caragan, encargado de Mellon Vilya ante la ausencia de Darlak, algunos de los hombres de Makar, de especial confianza de Aikanaro y Baran, nombrado encargado de Eru Andorya por Yárfaila cuando ella se fue a vivir a Yävetil. Presidiendo la reunión se hallaba Cereval, uno de los más importantes elfos del bosque y hermano del ohtar que fuera rey del antiguo reino de Yävetil. Por especificación de Yarfaila, él presidía en su ausencia el consejo. Con él se hallaba Mêlel, su nieta y prima de Vanadessë.

- ¿Cuál es el motivo de esta reunión? – preguntó Baran, un hombre rechoncho que se hallaba sentado en la otra punta del consejo.

- Señores, esta guerra está yendo demasiado lejos. – dijo el elfo – ¿Cuál es el objetivo de esta guerra?

- Derrotar al enemigo, por supuesto. Las noticias del norte están siendo muy buenas. Los capitanes del norte controlan dos ciudades helkelianas – siguió diciendo Baran.

En ese momento fue cuando Annamel habló:

- Estás equivocado mi buen Baran. Estamos teniendo muchas pérdidas en esta guerra ¿Qué importa haber conquistado dos ciudades enemigas si a causa de ello han caído tantas personas en el campo de batalla? Ya una vez se consiguió una paz con Helkelen Lára, ¿por qué no solicitarla ahora de nuevo?

Baran se rió y sus carcajadas ocasionaron un gran estruendo en el salón.

- Sí, intentamos una tregua hace meses cuando sus tropas se hallaban en nuestra tierra ¿pero cuánto duró? Os recuerdo a todos que cuando se firmó el acuerdo de paz con Farothdin y Heren Fanyarea, ellos tramaban una traición con el matriarcado que se tradujo en un ataque masivo a nuestras tropas. En el momento en que impidieron que nuestros ejércitos abandonaran sus tierras sin beligerancia estaban negando cualquier acuerdo de paz.

Baran miró a cada uno de los presentes estaba seguro que muchos secundaría su opinión porque contaba con la aprobación de la reina, la presidenta del consejo. Un murmullo se levantó en todo el salón, los congregados discutían sobre qué hacer con la guerra, continuar con la ofensiva contra sus enemigos o detener la guerra.

- Sin embargo la respuesta de nuestras tropas a la rotura de la paz por parte de Helkelen Lára está siendo llegando demasiado lejos. Propongo detener esta guerra.

- ¿Cómo vamos a tener piedad ahora con Helkelen cuando sus ejércitos no lo tuvieron cuando atacaban nuestras ciudades? - dijo uno de los hombres de Makar, uno de tez morena y afilado rostro.

- Esta guerra es irreversible- añadió Baran.

[Editado por aratir el 22-03-2007 10:01]

Escrito el 22-03-2007 08:26 #3

Darlak despertó sudando y gimiendo. Abrió los ojos, una mano zarandeaba su hombro izquierdo. Era Eleth.

- Estabas soñando – dijo ella sonriendo

- Sí, un sueño muy vívido

- ¿Qué soñabas? Cuéntame algo entiendo de sueños.

- Ha sido muy extraño. Vi a un hombre de pie en el claro de un bosque, el Taurëruin, creo. Se hallaba delante de un árbol, un bello sauce de gran tamaño en el centro del claro. El sauce brillaba, un resplandor rojo brotaba de su tronco. Créeme Eleth si te digo que jamás había visto un árbol tan maravilloso.

- ¿Qué le pasó al árbol?

- El extraño hombre lo cortó. Sí Eleth, ese mal nacido cortó ese bello sauce con un hacha que tenía en su mano. Yo estuve viendo como lo hacía pero no podía hacer nada para impedírselo.

- Oh, es terrible.

- Pero no terminó aún el sueño. Cuando el hombre sesgó completamente el tronco del árbol rojizo, un hueco quedaba en el tocón. Metió la mano hacia dentro. Parecía buscar algo, entonces lo encontró y sacó la mano.

- ¿Qué era?

- No lo sé, justo en ese momento me has despertado con tu zarandeo.

Eleth se rió pero pidió disculpas por haber interrumpido aquel sueño. En ese momento alguien pidió permiso para entrar en la tienda. Entró un soldado el cual le entregó una carta que acababa de llegar para Darlak.

- ¿Una carta? ¿Para mí?

- Sí, un explorador de la tercera compañía llegó al campamento cuando el sol recién había salido.

Eleth y Darlak se miraron. ¿Sería de Sonyariel? Desde que llegara a las tierras del norte, el senescal no había conseguido hallar rastro de ella y ansiaba sobre todas las cosas hallarla, se había prometido que no descansaría hasta verla con sus propios ojos.

Con indecisión deslizó el cordel que sujetaba el papel y desenrolló. Sí, era la pulcra letra de Sonya. Empezó a leer.

Mi amado Darlagil,

Ya ha pasado casi una semana de mi última carta y no he recibido señal tuya. Yo ya no sé que pensar, ni qué sentir mi niño. ¡Necesito tanto saber de ti! Pero entiendo... sé que no he sido una buena mujer y menos una buena madre. Me merezco esto. Por lo menos escribir me hace sentirte cerca.

Después de mi última carta, los vigías por fin encontraron señales enemigas. Nos seguían los pasos de cerca y muchos aún no estaban del todo recuperados después del último enfrentamiento, por lo que separamos nuestras fuerzas.

El grupo que aún se encontraba débil partió en dirección de los refugios en las montañas, mientras el resto nos organizamos para emprender un nuevo ataque desde la ladera norte a la ciudad de Mirianost. No fue mi mejor decisión. Nos tendieron una emboscada.

[…]

Besos.

PD.: El bebé te envía saludos. Mientras dejaba el papel a un lado, acaba de dar un salto dentro de mi barriga para recordarme que te envíe un beso y un abrazo de su parte. Es fuerte. Y sé que será tan valiente y amado como su padre.

Esperando que Eru una nuestros pasos nuevamente.

Siempre tuya

Sonyariel Lissë.

- ¿Y el soldado? – preguntó Darlak al levantar la vista del papel. Eleth notó algunas lágrimas en sus ojos. Sabía por lo que estaba pasando ella misma también temía por su amiga y por el bebé que llevaba en su vientre.

- Está esperando respuesta, mi señor-

Al rato, después de cambiarse, el senescal salió de su tienda y se dirigió hacia el soldado que había traído la carta de Sonya. Eleth se hallaba hablando con él.

- Ha sido milagro de Eru que os encontrara. Mi señora quería hacer llegar esta carta pero todos pensábamos que el senescal se hallaba en Mellon Vilya. Por fortuna supe que la segunda compañía se hallaba en tierras enemigas tambien.

- ¿Dónde están las tropas? – preguntó Darlak nada más llegar.

- En las laderas de unas montañas, mi señor.-

- Hoy nos informaron que Mirianost está bajo el control del general Aratan. Deseó que regreses y le comuniques a Sonyariel que nos encontraremos dentro de dos días en esa ciudad.

El explorador y mensajero de la tercera compañía emprendió entonces el viaje hacia el norte. La sonrisa iluminó entonces el rostro de Darlak, al cabo de dos días se reencontraría con Sonyariel.

Escrito el 22-03-2007 19:33 #4

Al atardecer del día siguiente las tropas de Darlak Lórindol llegaron a las cercanías de Mirianost, otrora esplendorosa pero ahora derruida tras los ataques sucesivos de sus propias tropas y las de la dama de hielo. El semielfo no esperaba encontrarse aquella ciudad de esa manera, sus ojos vieron una ciudad en ruinas, las torres y los edificios en su mayor parte derruidos mientras el humo de un incendio anterior aún era visible.

Entraron galopando por las arrasadas puertas de entrada, poco quedaba ya de lo que antes fuera una ciudad concurrida.

- ¡Por Eru! La ciudad está completamente arrasada - dijo Eleth alarmada.

Darlak no dijo nada al respecto sino que se limitó a contemplar el estado de aquel lugar, en su corazón sabía que aquello era desorbitado. En ese momento sus ojos se encontraron con algo en medio de los escombros.Detuvo la comitiva y se apeó del caballo. Eleth sorprendida vio cómo el senescal de Lempe se acercaba hacia algo que había visto en el suelo.La chica no pudo evitar la curiosidad y fue a ver.

Vio una pequeña flor surgiendo del arrasado suelo de lo que antes fuera una plaza, los petalos eran de un intenso color rojizo que brillaban intensamente. Era muy bonita.

- Es una flor del árbol - dijo Darlak mientras acariciaba los petalos de la flor.

- ¿Qué árbol? - preguntó Eleth perpleja por las repentinas palabras de su capitán. Sin duda el cansancio y una mala noche tenía perturbado al senescal. Necesitaba un buen descanso y aquellas tierras no eran el lugar idóneo.

- ¡Bienvenidos! - Aratan llegó en ese momento a recibir a Darlak y a sus hombres. Éste último se giró cuando escuchó la presencia del caballero de la cuarta compañía.- Sonyariel y su ejército han anunciado su llegada para esta tarde.

Darlak no respondió el saludo del joven.

- ¿Qué ha pasado aquí?

- Cómo ves he hecho caer una de sus más importantes ciudades y me he encargado personalmente de que no quedara en pie ni una sola piedra de Mirianost. Nuestros enemigos ya no tendrán nada que reconquistar.

- Las órdenes no contemplaban arrasar la ciudad, Aratan, sólo tomarla.

Mientras discutían, Eleth se había acercado a la extraña flor, la cual tocó maravillada por la esencia rojiza que irradiaba. Sin embargo, cuando intentó arrancarla, la flor se deshizo inexplicablemente en sus manos.

[Editado por aratir el 22-03-2007 19:37]

Escrito el 28-03-2007 01:12 #5

Muy lejos de aquel lugar, en las calles de Yávetil, la elfa Mêlel caminaba distraida. Había dejado a su abuelo Cereval hablando con Valandil sobre la situación de la guerra y, mientras, paseaba por la ciudad. Vio a un soldado cercano y se acercó a él:

- ¿Qué se sabe de los capitanes del norte? - le preguntó

- Mi señora, Aratan tiene el control de una ciudad enemiga mientras que Darlak, Eleth, Draric y Sonya batallean por los alrededores con ejércitos defensivos pero el tiempo no está siendo muy propicio para nuestras tropas.

- ¿Y la capitana Vanadessë?

El soldado la miró fijamente y dijo en voz baja:

- ¿No sabeis el rumor que circula por ahí?

- ¿Qué rumor? - preguntó Mêlel extrañada.

- No sé si será verdad, pero si llega a oidos del consejo no sé que va a pasar con ella. Y ahora disculpademe.

El soldado se alejó dejándola con la intriga de saber qué pasaba con su prima Vanadessë, de la que hacía mucho tiempo que no sabía nada. Por ello, se enaminó a buscar a su abuelo Cereval. El soldado le había dejado preocupada.

Cuando iba a buscar a su abuelo se topó con él que salía de la sala de los caballeros.El rostro del elfo se veía más cansado que de costumbre.

- ¿Qué ocurre con Vanadessë, abuelo? - preguntó

- ¿Cómo lo has sabido?

- No sé con exactitud, sólo qué algo pasa con ella.

Cereval la miró apesadumbrado y la llevó a un lado. Le contó entonces los amorios de la elfa con un capitán enemigo. Valandil le había contado a su regreso del norte aunque por ahora querían evitar que el consejo se enterara.

- He enviado a que la traigan de vuelta, si esto llega al consejo es posible que sea tachada de traidora.

[Editado por aratir el 28-03-2007 01:25]

Escrito el 28-03-2007 19:47 #6

Ya habían pasado cuatro noches desde que aquel soldado partiera en dirección de Mellon Vilya para obtener noticias de la dirección que estaba tomando aquella guerra ya que habían tenido noticias que Mirianost había caído y para intentar entregar en las manos del senescal su carta.

A pesar de que era bastante buena disimulando sus preocupaciones, aquellos días su rostro pálido no pasó desapercibido por los más cercanos. Estaba angustiada al no saber de Darlak, pero más al pensar que él no quisiese saber más de ella.

Enormes fogatas alumbraban aquella noche gélida, mientras los guardias se acercaban a sus llamas en búsqueda de calor. Si tan sólo el clima los acompañara.

La joven respiró profundo. Sabía que aquella fría geografía, había sido uno de los grandes causantes de la pérdida de muchos de sus hombres, acostumbrados a las primaverales tierras lemperianas, y ella, una mujer proveniente del calor del sur, le había costado mucho acostumbrar su cuerpo a esa temperatura y a esa altura ya que el aire se hacía más liviano.

Acaricio su abultado vientre, sabía que dentro de poco su criaturita andaría corriendo por los verdes prados o cabalgando sobre un imponente corcel. ¡Que ansias del futuro! Pero... ¿y si se le ocurría nacer en aquellas tierras? Una sombra se cruzó por sus ojos. Era en lo que menos había pensado. Pasar por un parto en plena guerra... no, para ello faltaba tiempo ya, pero el escalofrío que sintió le costó que se disipara.

Un crujir de ramas la sacó de sus pensamientos, tras girar su rostro la bella elfa le indicó la tienda.

- Deberías descansar Sonya, que mañana será otro día. La mayoría de los soldados están recuperados y los vigías llegaron hace algunos minutos con noticias de la posición del enemigo y envié a algunos para que los vigilaran. A primera hora debemos reunirnos para finiquitar nuestros siguientes movimientos.

Sonyariel asintió, y se dirigió a descansar.

....

Aquella mañana había sido agitada, tras una larga reunión que duró horas, habían decidido mover un destacamento hacia el norte. La noticia de haber visto un pequeño grupo de soldados de Lara alertó a las capitanas. Debían interceptar aquel grupo lo antes posible antes de que dieran a conocer la posición de la compañía. Estaban en ello cuando un soldado entró en la tienda.

- Mis respetos, siento interrumpirlas pero llegó el mensajero que envió la señora. Dice que trae noticias del senescal.

Sonyariel no esperó explicación y salió raudamente para ver a aquel soldado que traía noticias de Lórindol.

...

El camino parecía interminable ante la ansiedad de la joven. Iba con su cabellera suelta, formando ondas ante la brisa que de vez en cuando se lebantaba jugando con lo que encontraba en su camino. Iba cubierta por un especie de manto de piel negra, que le llegaba hasta las rodillas. Miró a su alrededor, y sus hombres iban atentos ante cualquier sonido. A su lado, Vanadesse iba pensativa, con sus pensamientos lejos de aquel lugar.

Cuando apareció la ciudad antre sus ojos, sintió que se le aprisionaba el corazón. No quedaba nada de lo que recordaba de aquel hermoso lugar.

Tras ser avistados por los guardias, y ver el símbolo de la Tercera Compañía de la Llama Roja, avisaron a los capitanes de la llegada de aquella comitiva.

Al bajar de su caballo, sintió que las piernas le flaqueaban, y con el corazón en la garganta, vio unos hermosos ojos claros acercarse rápidamente.

- Darlak - susurró la joven mientras las lágrimas brotaron por sus agotados ojos, y sus piernas flaqueaban cayendo de rodillas en aquella fría tierra.

Escrito el 28-03-2007 23:57 #7

Tras el incidente con la flor, Elêth había quedado bastante intrigada, y no consiguió quitárselo de la cabeza en todo el día. Además, el ambiente tenso que había entre Darlak y Aratan ayudaba poco, pues Aratan no acababa de ver dónde tenía Darlak el problema, mientras el capitán de la segunda compañía no perdonaba que la ciudad hubiera sido arrasada.

Para mantenerse ajena a aquellas discusiones, Elêth dedicó el día a dar paseos por los alrededores de la desdichada ciudad en ruinas... No había querido meterse en la polémica... pero viendo los edificios derruidos se entristecía pensando en cómo habrían llegado a ser... y más aun si pensaba en como podía acabar su ciudad si la guerra llegaba a aquel punto con tanta intensidad.

Fue mientras paseaba que vio llegar la comitiva de Sonya y Vanadessë.

Al ver aparecer a sus amigas, la dúnedain corrió a recibirlas. Mientras Sonyariel y Darlak se reencontraban después de la larga separación, Elêth fue hasta donde estaba Vanadessë y la saludó animadamente. Vanadessë bajaba en ese instante del caballo con dificultad... el embarazo empezaba a notarse en ella.

- Vana! -dijo mientras le daba un abrazo.

- Elêth! Niña! cuanto has...!

- Como digas crecido dejo de hablarte! -amenazó la dúnedain.

- Por supuesto no iba a decir crecido... -la elfa pareció pensar unos instantes. -Has madurado niña, será eso lo que refleja tu mirada. Y no me mires así por llamarte niña! cuando llegues a mis años me darás la razón! -rió la elfa.

- Muy graciosa Vanadessë... muy graciosa... -se hizo la enfadada Elêth, mientras le ayudaba a llevar los fardos al campamento.

Mientras caminaban, Elêth vio como su amiga no estaba muy animada. Parecía completamente perdida en sus pensamientos... que no parecían estar allí en ese momento. Decidió hablar de cualquier tema para animarla.

- Sabes? -dijo mientras dirigía una mirada a Darlak y Sonya. -Darlak lleva unos días raro... desde que soñó con un árbol que no parece estar muy...

- Muy? -repitió la elfa al ver que Elêth no acababa la frase.

- Muy tranquilo... -dijo Elêth más para ella que para nadie.

Escrito el 29-03-2007 01:18 #8

En uno de los pocos edificios que no habían sido totalmente derruidos Darlak ordenó se dispusiera una instancia temporal para que las recién llegadas pudieran descansar. Mientras dejaba a Vanadessë y Eleth conversar tranquilas, Darlak llevó a Sonya hacia esas instancias para que descansara.

El senescal encontró a Aratan hablando con algunos de sus hombres poco más allá de lo que antes sería una gran plaza. El capitán de la cuarta compañía lo saludó pero Darlak notó que una cierta tensión había entre ellos.

- Mis exploradores han avistado a las tropas enemigas a cargo de Gmork por la parte norte, pretenden recuerpara este emplazamiento - Darlak notó que aquel nombre le era bastante familiar a Aratan - He mandado a los hombres de la tercera compañía a cargo de Draric a que los combatan. Mientras tanto quiero que reforcemos la vigilancia del sur de esta ciudad.

Aratan asintió y, cuando vio que Darlak se daba media vuelta para irse, añadió:

- Senescal...

- Sí, dime

- Yo tenía entendido que las órdenes del consejo eran hacer someter al enemigo con todas las consecuencias.

Darlak se acercó a él y su mirada se tornó grave.

- Que no comparto tus métodos está claro. Pero has cumplidos tus objetivos y aún nos queda una guerra que ganar y tenemos que luchar al lado no en contra.

***

- ¿Qué va a pasar con Aratan? - le preguntó luego Sonya a Darlak

- Seguirá como capitán. Estoy seguro que muchos en el consejo estarán satisfechos con que halla arrasado la ciudad. Además, su ansia de venganza contra Helkelen es compartida por muchos de los hombres que se hallan en estas tierras.

- El querer que el enemigo pase por lo que pasamos cuando nuestras tierras eran atacadas es los que les mantiene en estos campos tan helados.

- ¿Sabes? Comprendo a Aratan, desde que perdió a su amada en las guerras de Mellon Vilya no vive sino para vengarse de Helkelen Lara. Si a ti te sucediera algo parecido, yo sólo querría vengar tu muerte. Eres muy importante en mi vida- le dijo Darlak a Sonya al tiempo que la abrazaba con ternura. Durante unos instantes estuvieron así, abrazados, confiando en que los tiempos de guerra terminarán y pudieran regresar a su hogar. Esperaban un hijo y eso, en contra de los miedos de ella, los había unido mucho más a pesar de todos los miedos de ella porque él se hubiera olvidado de su persona.

- Pensé que me juzgarías, temí tanto que me rechazarás que el dolor se volvió en desaliento ante tu silencio

Darlak le dio un beso tierno en los suaves labios de ella.

- ¡Cómo pudiste pensar eso mi fiera guerrera! si desde el momento en que nos conocimos en aquel río no ha habido un sólo momento en que no haya pensado en tí. Te apoderaste de mis pensamientos

- ¡Te quiero! - exclamó ella al tiempo que lo asaltaba a besos. Pero al rato, se alejó y le preguntó muy seria.- ¿Cuando va a acabar esta guerra?

Darlak suspiró ante la pregunta de ella.

- Cuando Zirak nos ofrezca su rendición, Lempë Ohtari cesará las hostilidades con Helkelen Lára. Pero creo que Realengo quiere algo más.

Ambos volvieron a fundirse en tierno pero apasionado beso, confiando en que los tiempos de guerra llegarán pronto a su fin. De pronto, Darlak se separó de Sonya.

- ¿Qué ocurre? - preguntó ella.

- El árbol...desde algunos días hay una imagen que se repite constantemente en mi mente.- Darlak le habló del extraño sueño del árbol y de la flor que se había deshecho en manos de Eleth

[Editado por aratir el 29-03-2007 01:32]

Escrito el 02-04-2007 12:33 #9

En los días siguientes, Yárfaila regresó a Yävetil desde las tierras del sur y Cereval volvió con su nieta Mêlel al bosque. Durante el trayecto la elfa lo notaba muy intranquilo, visiblemente preocupado por la joven Vanadessë que habría de regresar en pocos días.

- No te preocupes todo saldrá bien – le dijo la joven a su preocupado abuelo.

Pero los años pesaban en el elfo y la preocupación no habría de dejarle en aquellos tumultuosos días.

- ¿Sabes? – Habló al rato.- El dolor de esta tierra se me hace ya insoportable…Los tiempos están cambiando…todo se está volviendo más oscuro.- Mêlel le pasó la mano por el rostro de su anciano abuelo, acariciando sus mejillas apesadumbradas. – Muchos años hace que vivo en este bosque, he cuidado de sus árboles y de sus moradores. Ayudé a mi hermano a fundar un gran reino y le ayudé a ocultarlo de los peligros del mundo.

- ¿Por eso se llamaba “Reino oculto de Yävetil”?

- Sí….Eran épocas también tumultuosas, la guerra era un temor que manchaba las tierras de Árador. Morgoth había conseguido dominar muchos pueblos y algunos de los esplendorosos reinos de antaño habían caído: Tavarcerta, Amaurenori, el Imperio del Norte,… víctimas de su influencia…Nos propusimos que Yävetil fuera oculta a sus ojos y a la mano de cualquier forma de oscuridad y pesar. Tereval y yo nos reunimos entonces en el interior del gran bosque e, implorando sobre la esencia del mismo y el poder del señor del bosque, ocultamos este bosque al exterior y durante mucho así lo estuvo.

Una brisa primaveral empezó a soplar, el invierno dejaba pasó a la estación de las flores y los árboles empezaban a florecer. En aquella época el Taurëruin era un bello espectáculo de luces y colores. El aroma de los árboles en flor acompañaban su caminar.

- Pero entonces vino la guerra de pronto…- añadió ella. Aquella ya era una historia conocida, era apenas una niña cuando los cinco ohtar, del que el hermano de Cereval era uno de ellos, lucharon sin éxito por defender hasta el último rincón del reino.

Los ojos de Cereval estaban nublados en lágrimas

- Mi hermano fue uno de los cinco ohtari pero no pudo hacer nada contra el poder oscuro de Morgoth. El rey cayó junto a sus guerreros. Aún recuerdo sus últimas palabras, quería que su querido reino volviera a estar en pie algún día.- Y así había sido. Muchos años después cuando Morgoth ya había caído en el oeste, junto a la tierra de Beleriand, Cereval había conseguido traer a cinco guerreros que, con los recuerdos de los cinco ohtari, habría de refundar el reino. Pero la guerra habría de volver de nuevo, el mal nunca acaba. Los malvados planes de Bolgöd y luego las guerras de los clanes. Lempë Ohtari había crecido esplendorosamente en honor del antiguo reino de Yävetil, sí, pero la guerra aún no había abandonado del todo aquellas tierras.

- Pero… ¿por qué no se vuelve a lanzar aquel conjuro para ocultar este bosque y protegerlo de la oscuridad? Ya lo hiciste una vez y además contamos con el señor del bosque. – preguntó Mêlel.

- Sí, contamos con él. Gracias a Eru que volvió de nuevo pero sus recuerdos de antaño y su poder de protección ya no lo tenemos

- ¿Por qué?

- Había un árbol…en lo más profundo de este bosque…un árbol bellísimo que fue cruelmente cortado….se trata de una antigua historia…

Escrito el 09-04-2007 11:58 #10

El viento soplaba aquel día con fuerza en la antigua ciudad de Yävetil, las copas de los árboles se mecían con brusquedad y el cielo estaba negro ese día. Caragan, gobernador provisional de Mellon en ausencia del Senescal, se hallaba ese día de asuntos comerciales en la ciudad. Había mucho revuelo en Yävetil pues ese día regresaban de la guerra la reina Yárfaila y el Señor de la Guerra, Aikanaro Tîwele.

Se encontraba ante un puesto de armas cuando una voz lo distrajo:

- Muy buenas sea contigo, Señor Caragan. – se trataba de Baran, gobernador de Eru Andorya.

- Saludos – respondió con desdén, para el humano y antiguo herrero; no podía disimular la animadversión que le producía el actual mano derecho de la reina.

Baran se ofuscó ante la contestación con desgana que le fue devuelta.

- Lamento sin duda que nuestras posturas sean tan diferentes en estos tiempos de guerra. Sin embargo, considero que Yárfaila y Aikanaro serán de la postura de continuar la guerra, nos debemos sin duda a la alianza que el consejo firmó con Heren Fanyarea y Farothdin.

- Cualquier tipo de tema político lo tendré a bien debatirlo en la Sala de Caballeros no aquí, mi buen Baran. – Caragan le dio de lado y se alejó de allí

Baran no pudo evitar entonces la rabia, él también lo aborrecía pero sabía que el hecho de ser la mano derecha de Darlak resultaba una persona importante en el consejo. El gobernador sacó entonces una moneda, brillaba con visible intensidad, aunque era negra. La miró.

En ese momento, el bullicio en la ciudad aumentó, las tropas de la compañía de Aikanaro y Yárfaila regresaban al fin a la ciudad. Los hombres de Makar relucían entonces su insignia al tiempo que cruzaban la ciudad con visible altivez. La reina y el señor de la guerra lucían ese día un buen porte. Baran se adelantó con visible rapidez hacia la parte alta de la ciudad para recibir a los recién llegados.

En la parte alta, Baran recibió a los capitanes de la compañía primera.

- Alabado sea vuestro regreso.

- Muchas gracias mi buen Baran, hoy tanto Aikanaro como yo necesitaremos un buen descanso. Me gustaría que anunciaras la reunión del consejo para mañana.

- Espero que me ayudéis a convencer a los miembros del consejo de que lo mejor es continuar la guerra contra Helkelen.

Yárfaila miró entonces a Aikanaro, ambos tenían diferente opinión respecto al asunto.

- Mañana se verá todo este asunto.

***

Mientras tanto, en las tierras enemigas, Darlak había organizado un consejo improvisado de los caballeros ohtari que estaban en las tierras de Helkelen Lára: Sonyariel, Draric, Eleth, Aratan y Vanadessë. Cuando todos hubieron llegado, el senescal empezó hablando:

- Mis señores, el emisario que enviamos ante el rey de Helkelen Lára ha regresado con respuesta.

- ¿Y cuál ha sido esa? – Vanadessë estaba impaciente, ansiaba que aquella guerra acabara pronto.

- El emisario ha regresado con una respuesta nula, no quieren la paz al menos por el momento

- Les va la marcha, al parecer – dijo Aratan jocosamente.

- La situación es más grave de lo que parece. – respondió Darlak. – Los ejércitos de Farothdin sufrieron ataque por parte de Helkelen la noche pasada. Mis espías han avistado tropas de Liantari por los alrededores. Me temo que Helkelen está estrechando lazos con el matriarcado y están recibiendo refuerzos para la guerra. Ya he enviado una misiva urgente a Yävetil.

Cuando se hubo disuelto la reunión y Darlak había ordenado la reorganización de los ejércitos y el abandono de Mirianost, el senescal encontró a Vanadessë con la mirada perdida.

- Lo lamento – dijo mientras posaba una mano sobre su hombro.

- Yo pensaba…yo pensaba que esta guerra acabaría pronto…

Darlak no sabía que responderle, la situación que la joven elfa estaba atravesando era bastante difícil y no había palabras para aliviar su dolor.

- Ayer llegó un mensaje de Ostova Lorë. Cereval, tu abuelo desea que regreses cuanto antes al Taurëruin, teme que tu secreto pueda ser sabido. No sabemos como reaccionaría el consejo si supiera que esperas un hijo de un capitán enemigo. – añadió Darlak – Cuando estés lista prepararé una comitiva para que te acompañe de regreso.

Acto seguido, Darlak se dio media vuelta dejando a Vanadessë envuelta en sus pensamientos.

[Editado por aratir el 09-04-2007 12:12]