Zirak había salido a pasear por las afueras del Ost-en-Aël. Necesitaba meditar todos los acontecimientos que le estaban sucediendo. Comenzó a rememorar su salida de Ered Luin, el camino hasta Khazam-dûm y la despedida de sus padres.
Y ahora aquí en tierras muy lejanas, al otro lado del mundo me siento como en casa
Camino a lo largo del lago que con sus perennes aguas reflejaba la capital. Andando llego hasta donde el lago se une al rió verde y comenzó a remontarlo por la orilla hacia las montañas. Que añoranza de la fría y dura roca. Muchas veces el enano quedaba absorto mirando los altos picas de la cordillera.
El rió corría rápido y limpio. El agua manaba en grandes cantidades, como durante todo el año. Las nieves de Helkelen Lara lo alimentaban en otoño tanto como en verano. Los pinos se dispersaban aquí y allá por todo el recorrido del rió.
Y finalmente, la falda de la montaña, los pequeños arbustos lo invadían todo por doquier. Zirak tuvo que entrecerrar los ojos para que el sol no le deslumbrara. En la ladera de la montaña vislumbro un hueco, una cueva. Despertó su curiosidad y se dirigió hacia allí.
La entrada de la cueva era la suficientemente ancha como para que cabieran dos humanos uno al lado del otro. Zirak examino la piedra.
Bueno calidad para la perforación, incluso haya en su interior piedras preciosas.
Zirak se adentro en la cueva. Veía perfectamente en la oscuridad de la roca. El túnel por el que siguió andando el enano se iba estrechando hasta abrirse a una gran sala abovedada. Zirak miro a su alrededor, las raíces de árboles y plantas de la superficie sobresalian por todos lados y un pequeño lago cristalino aunque estuviera debajo de la tierra estaba en el centro de la sala.
La añoranza de las ciudades bajo las montañas embargo a Zirak. Y entonces en aquel mismo momento lo vio. La piedra talla decorando aquella estancia, contando la historia de Helkelen Lara, los niños, los hombre y mujeres, elfos, hobbits,… andando por las calle. La gloria de Hekelen Lara, el esplendor de Khazan-dûm. Una pequeña porción de su gente que pudiera compartir con aquellos que le habían recibido con los brazos abiertos.
Zirak salio con prisas de la cueva. Memorizando el sitio donde se encontraba. Debía ponerse a trabajar deprisa. Las guerras suelen interrumpir los grandes obras. De camino a Ost-en-Aël se encontró con una patrulla por el camino.
-Mi señor.- dijeron los dos guardias inclinando la cabeza al encontrarse con el enano.- El Senescal Apacen, se encuentra preocupado y nos ha mandado en su búsqueda.
-Ese muchacho siempre preocupándose por mi, ya no soy ningún niño.- rio Zirak.- Bien muchachos me hacéis mucho bien habiendo venido a buscarme.-Zirak se subió con ayuda a uno de los caballos de los guardias.- Vamos muchachos, en tiempo no espera llevarme raudo a palacio.
Los dos jinetes azuzaron a sus caballos de vuelta al palacio de Ost-en-Aël
Kheled-aya-Telêk. pensaba Zirak de camino a palacio.
