Tavarcerta (Año ... ))
Hubo un tiempo lejano, cuando los Hombres despertaban al mundo, en que Árador fue una tierra de paz.
Grandes reinos de Elfos Sindar se alzaban en esas tierras, y el despertar de los Hombres trajó al principio una gran inquietud. Los Enanos en cambio, permanecían como siempre en las Montañas, en sus propios reinos. Pero la mayor parte de las Casas de los Hombres pasaron de largo, pues sus pasos errantes les conducían buscando algo desconocido. Siempre hacia el Oeste.
En cambio, muchos se quedaron. Y entre los Elfos y los Hombres se forjaron alianzas que fueron de provecho para ambas razas. Y sus destinos quedaron ligados, como ocurriría en Beleriand.
Los pueblos de Árador prosperaron. Y aunque sabían de la guerra del Oeste, y conocían la existencía de Morgoth, les pareció que sus tierras quedaban libres de todo mal, pues Morgoth parecía obsesionado en la guerra contra los Noldor y los Edain. Y ellos quedaban al margen.
Pero eso no era del todo cierto. Morgoth siempre buscó someter a los Hombres, y utilizarlos en su propio provecho, y enviarlos en contra de los Noldor si era posible. Y muchas veces tuvo éxito en sus planes, pues desde que los Hombres despertaran con el Primer Amanecer del Sol, muchos de ellos se dejaron caer bajo la sombra, y los engaños de Morgoth dieron sus frutos.
Y por cierto que los Hombres de Árador, aún sin saberlo, pronto cayeron también bajo esas mentiras. Pues Morgoth envió espías de hermosa apariencia, y de oscuro corazón. Y sus palabras parecían sabias, pero en ellas se ocultaban los oscuros designios de su Amo.
La Larga Paz de Árador se rompió entonces. Y por primera vez los reinos alzaron sus espadas unos contra otros, intentando someterse mutuamente.
Pero Morgoth deseaba sobre todas las cosas destruir a los Elfos de Árador, pues no confiaba en ellos. Y temía que con el tiempo, se unieran a los Noldor en Beleriand, y los apoyaran.
Círthil, Rey de los Elfos, fue engañado entonces. Y Morgoth, por medio de sus espías, le habló de una gran unión. Y le confundió, pensando que la idea de la Unión era suya. Y que todos los demás reinos debían unirse a él. Y el poder que Morgoth puso en él fue grande además, y pronto, los demás reinos fueron cayendo, y uniéndose a él. Y sin saberlo, así se cumplían los designios de Morgoth.
Pero hubo entre todos un pueblo de los Hombres, cuya mayor fortaleza era Tavarcerta. Y ellos, ante todo, sospecharon de él. Y sus sospechas fueron también fruto de la malicia de Morgoth, de modo que todo se ajustaba a sus planes.
Grandes fueron primero las mentiras, y por el miedo después, Círthil intentó una y otra vez someterlos. Pero cuando finalmente el Rey Elfo se convenció de que no lograría su propósito, fue preso de una gran furia. Y con una gran hueste llegó a Tavarcerta, y hubo entonces una gran matanza. Y lanzó sobre los Hombres una maldición, por la cual no encontrarían el descanso más allá de la muerte, y serían siempre espectros, sin encontrar el camino de su hogar. Y destruyó la fortaleza, dejando apenas piedra sobre piedra.
Pero en el mismo momento en que lanzaba la maldición, el poder que Morgoth había puesto en él se derramó sobre la tierra. Y los Elfos entendieron la razón de la traición. Y cómo habían sido traicionados ellos mismos. Y Círthil se dio muerte allí mismo, y su espíritu quedó preso de la maldición. Y con él, el resto de su pueblo.
Con el tiempo, las ruinas de Tavarcerta desaparecieron en extraños sortilegios. Y las Grandes Puertas se hundieron en las entrañas de la tierra. Y muchas de las más oscuras creaciones de Morgoth se reunieron allí, incluso cuando éste hubo caido.
