La Guerra de los Clanes

Tavarcerta - Lo Que El Bosque Dirá

Escribiéndose...
Escrito el 19-10-2006 01:44 #1

Nacido maia era Valandil. Eldar, Náredhel de Fanyarëa, Vanadessë y Venéscyth, Vanyar, Noldor y Nandor, respectivamente. De sangre mixta eran Darlak, Niëlúne y Thitoron. El resto eran "enfermizos", algunos del oeste, algunos de oriente... Sonyariel, Wethan Bohr, Alsio, Gakhan, Rialath y Eleth. Unos pocos otros, de nombres menos significativos, iban con ellos.

Encaminados desde Hon, cruzaron sin problemas las libres y refrescantes llanuras del noreste de Fanyarëa, y se enfrentaron al Taur Tasarion, espeso bosque de sauces. Allí descansaron. El clima estaba por ahora espléndido, y no había moros en la costa. Al contrario que en Amaurenori, esta vez todos sabían que estas no eran realemente buenas señales.

Entre ellos algunos apenas se conocían, otros tenían profundos lazos y algunos incluso no solían mirarse con buenos ojos. Pero todos eran arrastrados por el compromiso y el deber, o tal vez por la posibilidad de esperanza que rezaban la elocuente oratoria y los anhelos obsesivos de Darlak y Naredhel.

Se internaron en la mezcla de claros y sombras de las arboledas, y comenzaron la verdadera expedición. El primer objetivo era en pocas pausas llegar al Lintatuine...

[Editado por elessurendil el 19-10-2006 01:54]

Escrito el 19-10-2006 02:20 #2

Caminaban con calma,no querían apresurarse pues no sabían aún lo que podían encontrarse.A la cabecera caminaba una guardia dispuesta por Náredhel,en el centro la Maiar y Valandil sumidos en lo que para ellos debía ser una intersante conversación.A ambos lados se dispusieron Darlak,Bohr y algunos otros compañeros.En la retaguardia estaba Niëlúne y junto a ella Gakhân.El humano vigilaba e iba borrando el rastro con la ayuda de la joven semielfa.Casi nadie hablaba,nadie se atrevía romper el silencio del bosque en el que se hallaban.Todos tenían los nervios de punta;después de la desagradable "estancia" en Amaurenori a ninguno les volvería a coger por sorpresa en caso de producirse un ataque por parte de quien pudiera habitar aquellas tierras,si es que las habitaba alguien.

Poco a poco fueron encontrando lo que parecían ser restos de alguna civilización olvidada.Había piedras de alguna muralla,algunos restos de cerámica trabajada,e incluso restos de una hoguera...

-Un momento-se detuvo Niëlúne-ésto no me cuadra.¿Qué pintan estos restos de hoguera en una ciudad abandonada y en ruinas?

-Eh,los de atrás,no os rezaguéis-gritó Bohr.

La joven se dirigió a paso ligero hacia el joven y le señaló la madera calcinada.Era reciente,unas pocas semanas nada más.

-Bah,ha podido ser cualquiera,recuerda que hay mucha gente perdida en todas partes,o han podido ser simples viajeros.

-Pero...no,no puede ser...-dijo casi en voz baja,tanto que Bohr casi no la escuchó.

-¿Qué sucede ahora?-estaba empezando a impacientarse.

-Nada,déjalo...-la joven guardó silencio-sigamos.

Había tenido una corazonada,presentía algo y no sabía el qué,sólo sabía que no era un buen presentimiento.Sabía que los refugiados de su pueblo habían estado allí pero,¿qué habría sido de ellos?

Bohr vio que Niëlúne seguía preocupada,así que por fin se decidió por hacer algo solo para que la joven se quedara tranquila.LLamó a dos guardias y les dijo:

-Adelantaos y haced una exploración por si hubiera alguien en los alrededores,venid corriendo si vierais algo extraño-miró a Niëlúne irritado-¿contenta?

La joven asintió y agachó la cabeza para ocultar su rostro ante el humano que la observaba.

Escrito el 19-10-2006 07:44 #3

Todavía no había amanecido cuando los viajeros partieron de Hón. La ciudad, extrañamente silenciosa incluso a esas horas de la mañana, no despidió a los viajeros. Simplemente se escabulleron en la mañana.

Al principio el viaje transcurrió rápido. Las llanuras que se extendían entre el Morehtsir y el linde del bosque de Taur Tasarion aún pertenecían a las tierras fanyarëanas. Eso brindaba seguridad.

Además, el camino se extendía mayormente llano, atravesando al principio ordenadas tierras de labranza, y después extensas llanuras de tierras verdes. Al mediodía habían llegado sin ningún imprevisto a los lindes de Taur Tasarion, y el grupo decidió hacer un alto para comer aprovechando la seguridad que les brindaba permanecer aún dentro de la seguridad de su propia tierra.

Cuando emprendieron el camino, se adentraron en el bosque, siempre en dirección norte, hasta encontrarse con las paredes casi verticales de Orod Endére. Siguieron su silueta hasta el nacimiento del Lintatuine, y a partir de ahí se desviaron ligeramente hacia el este, sin abandonar el bosque en ningún momento.

Se trataba de un bosque antiguo como pocos otros en Árador. Ancianos robles y hayas se extendían a su alrredor, con ramas enmarañadas que ocultaban sus entrañas de la luz del sol. Apenas había una senda trazada, quien sabe cuántos años antes, difícil de seguir en todo momento. No había brizna alguna de hierba. Sólo maleza, helechos y musgo, líquenes colgantes, y hojas muertas en una tierra enormemente fértil.

Finalmente llegaron a un claro en el bosque, y la luz del sol, aunque era mortecina, les deslumbró tras la prolongada oscuridad. A la derecha del extraño claro parecía seguir la senda, y hasta allí se dirigieron, mientras el bosque raleaba a su alrrededor. Cuando llegaron al final, las piedras grises que formaban las ruinas de Tavarcerta se alzaron ante ellos.

A primera vista no se distinguía apenas forma alguna que pudiera identificar edificio alguno, y la guardía enviada por Anariel anteriormente había establecido el campamento entre el bosque y las ruinas. A partir de ahí, ya sólo esperaba lo desconocido...

Escrito el 19-10-2006 17:45 #4

Los miembros de la guardia había cumplido su trabajo, habían limpiado la zona de salteadores y bandidos, encontraron pocos y eran huidizos, pero a partir de Taur Tasarion, como le dijeron a Rialath que se llamaba el bosque que estaban cruzando no habían encontrado nada, ni tan siquiera pájaros, Rialath temió que algo poderoso estuviera actuando, pero no se hacía la idea de que, constantemente oía nombrar Amaurenori pero nadie le había querido contar nada respecto aquellas ruinas.

Las ruinas era extensas, al principio casi invisibles, meras rocas labradas que sobresalían aquí y allá cubiertas de musgo, en la ronda de inspección Rialath y los demás exploradores detectaron tres pequeñas hogueras, todas ellas recientes, bastante distanciadas entre sí, también habían hecho una exploración previa de la parte exterior del anillo de ruinas, tenían ordenes de no adentrarse en ellas. Un fuerte presentimiento cayó sobre Rialath, pero no le hizo mucho caso, estaba demasiado ocupado vigilando los movimientos de Alsio, que había hecho montar su tienda al lado de la reina "soy su mensajero" había esgrimido como excusa. Todas las tiendas formaban un círculo y en medio se preparó una hoguera, el campamento estaba en un lugar muy expuesto, pero también seria fácil ver posibles atacantes, aun así Rialath no estaba contento, pero poco importaba, era un soldado raso que no parecía contar con el favor de la reina, según se rumoreaba la reina lo había expulsado de sus habitaciones, nadie de los guardias le escuchaba, así pues Rialath callaba, observaba y esperaba.

El grueso de la expedición llegó al atardecer, demasiado tarde para iniciar la exploración en buenas condiciones, todos se apostaron en sus tiendas, los guardias estaban dispersos en sus posiciones, Naredhel en su tienda y Alsio, mirandola ansioso desde la suya. Tras la cena todos fueron a dormir, Rialath se quedó al lado de la hoguera, fingiendo que dormía profunda y plácidamente mientras esperaba que Alsio hiciera algo, estaba seguro que esa noche llevaría a cabo su intentona...

Alsio esperó a estar seguro de que todos dormían, bien entrada la noche. El fuego aun echaba sus últimas llamas y alumbraba una figura sombría, que parecía dormida. Alsio sonrió, nada podía fallar, había colocado a los guardias lejos, en posiciones inútiles en realidad para una posible defensa, nadie escucharía nada, la reina sería suya esa noche. Salío de su tienda sin hacer ruido y entró en la de la reina, le puso un cuchillo en el cuello, despertandola, y sonrió "no griteis". La reina no comprendía lo que estaba pasando.

Escrito el 19-10-2006 19:45 #5

Darlak tenía un sueño intranquilo, imágenes extrañas se mezclaban de forma aleatoria en sus sueños. Se despertó sobresaltado pero aún aturdido por los sueños que había tenido. Sonyariel estaba despierta.

- ¿No puedes conciliar el sueño? - le preguntó al tiempo que veía una sombra que no podía definir con palabras en el rostro de la humana.

- Darlak...tengo miedo.... - y sus ojos mostraron una expresión que él jamás había visto en ella. Veía a una joven atormentada, cabizbaja y preocupada.

Sonyariel había cambiado mucho desde que se había ido a vivir con Darlak a Mellon Vilya. Él lo había notado, ya no era la mujer despreocupada, valiente y decidida que había conocido. Sin embargo, él no sabía que es lo que pasaba por la mente de ella, pero tampoco se atrevía a preguntárselo.

- Ven aquí - dijo cariñosamente él al tiempo que la abrazaba.

- ¿Te resulta fascinante, verdad? - preguntó ella al rato.

- ¿A qué te refieres?

Sonyariel se retiro de él, había tristeza en su rostro.

- No puedo quitarme de la cabeza la imagen de Naredhel, la reina de este pueblo, mirándote el día del concilio. Tengo tanto miedo de perderte...

Darlak volvió a abrazarla. ¿Así qué era eso lo que le atormentaba?

- Creo que no te vas a librar facilmente de mí, mi guerrera. Tuviste la mala suerte de fijarte en mí - dijo él con una sonrisa.

- ¿Me quieres? - preguntó ella insegura, sin saber si hacía bien preguntandole aquello

- Te quiero tanto que no querría perderte. - lo había dicho, las palabras que tanto le costaban al semielfo decir las había dicho. Y era verdad pues sin darse cuenta había acabado queriendo a aquella mujer.

Al cabo del rato Sonyariel había conciliado el sueño y ahora dormía. Sin embargo Darlak estaba pensando. Su mente daba vueltas a un remolino de cosas, la situación de Lempë Ohtari y de Mellon Vilya, su relación con Sonyariel y ahora el viaje que habían emprendido aquel lugar inhabitado. Se preguntaba qué esperaba encontrar allí y temía que ocurriera algo parecido a lo que sucedió en Amaurenori donde la vida de Valandil estuvo en riesgo. Y no sólo la de él sino la del resto de viajeros que estuvieron en las ruinas. Finalmente volvió a caer en un intranquilo sueño.

El viento empezó a azotar la tienda de campaña de Sonyariel y Darlak haciendo que éste se despertara del frágil sueño que había conseguido concebir. Se levantó y salió al exterior donde la noche aún se hallaba envolviendo el bosque. Observó los árboles que empezaban a quedarse sin hojas, los observó detenidamente mientras intentaba reorganizar sus ideas que chocaban unas con otras en su mente confusa.

[Editado por aratir el 19-10-2006 19:49]

Escrito el 19-10-2006 23:59 #6

El campamento... Wethan se mantenía subido a un caballo. Giraba en torno a todos esperando estar atento a lo que necesitaran. Esperando a que ninguno sufriera carencia o riesgo. Todos parecían dormir. Las tiendas diseminadas en el lugar emitían sólo susurros, él no dio a esta gente por despierta, 'los susurros son parte de la vigilia'.

La tienda de la reina sacerdotiza estaba poco más apartada, nada raro ocurría a la vista, Bohr no se preocupó tanto por ella, prefirió no molestarla. Quería cuidar a los otros, a los que pudiera sentir indefensos, aunque no lo fueran tanto... el muchacho necesitaba gente a la que cuidar.

Habían visto imágenes en el camino. No sabía si el impacto que le habían causado era porque le sonaron conocidas o por algo más, pero algo más que mera atención había encendido cierta llama en él. Además, estaba claro que no eran los únicos que merodeaban por el bosque, no había muchas señales, y Bohr tampoco se daba mucha cuenta, pero los que detectaban las pocas con las que se cruzaron se lo contaban. Y lo que decían era razonable.

El bosque... el bosque no era el habitat de Wethan, él prefería las montañas o los llanos abiertos. Aunque últimamente había le rehuído a los lugares donde se sentía cómodo. Sin pensarlo se estaba forzando a adaptarse a otros lugares, otra gente, otras ideas, adaptarse era algo que necesitaba para cumplir su visión y... no se lo diría a nadie, pero le agradaba.

El bosque era un lugar cerrado, sí. Pero estaba lleno de vida, y eso le hacía vibrar hacia todas partes, como podía hacerlo el viento en el claro. A las aves les gustaba el bosque, y el Varna se preguntó porqué. Tal vez era sólo donde buscaban su alimento, sólo donde tenían sus hogares, sólo donde paraban a descansar... y qué más quería alguien que tenía oportunidad de conocer el cielo que también comer, habitar y detenerse!!! El bosque era un hogar.

Bohr llevó el caballo hacia un árbol. Árboles, los elfos tanto los amaban como los talaban. Seres vivos condenados a no moverse poder moverse, pero sin embargo crecían, es decir, no se dejaban morir simplemente. No era que pensasen, como los humanos, pero Bohr entendía que los seres vivos no eran del todo inertes. Algo había por el que los árboles extendían sus ramas buscando el sol, y buscando al compañero, y haciendo lugar para los nidos y escondite para los roedores. Apoyó su mano en el fuerte roble, e intentó sentir si algo vibraba allí adentro, pero nada, sin embargo el contacto le transmitió seguridad. El árbol era algo noble... y vivían más que otros seres mortales, si así era es porque el espíritu que fuera que velaba por ellos había decidido que era importante que existieran. Wethan decidía respetar la decisión de ese espíritu superior. Alcanzó un rama baja y la sostuvo un momento, parecía un niño jugando con su amigo árbol, las hojas eran algo estéticamente simple y bello, y estaba lleno de ellas... arriba, y... muertas y secas debajo. Entonces fue a parar a otra cara de la corteza de ese miembro del bosque, y la ventisca hizo que en ese momento Isil se despejara y lo iluminara, allí, ese árbol tenía tallada la marca de los ramalië!...

Escrito el 20-10-2006 01:36 #7

No había sido un viaje agotador en extremo, pero el cansancio se sumaba a la agitada noche anterior, y al hecho de que había dormido bastante poco.

Su tienda era algo más lujosa que las demás. Una gran lona blanca, que caía de forma rectangular, apenas rota por una pequeña abertura en el centro de uno de los lados más largos. Por dentro se habían colocado enormes pieles que ayudaban a mantener el calor en el interior, que procedía de unas pilas de bronce labradas, que contenían ardientes brasas. El suelo también estaba completamente cubierto con una tela impermeable, y alfombras tejidas de gruesa lana.

Junto a una de las paredes más pequeñas, se había formado un rectángulo con maderas, y el hueco que formaba se había cubierto con plumas y pieles, formando una improvisada cama. El resto de la estancia contenía unas mesas de madera y sillas cubiertas de pieles también.

Anariel tomó una cena rápida sola en su tienda, constantemente interrumpida por el incesante trasiego de mensajeros. Los informes de la guerra no dejaban de llegar, ni siquiera en aquél lugar remoto del mundo. Finalmente retiraron los sobrantes de la cena, dejando sólo en la mesa una fuente con frutas diversas, una jarra de agua fresca y una botella de vino.

Se acercó a la entrada de la tienda y dejó caer una de las pieles que se hayaban plegadas sobre ella, cerrando de esta manera la entrada desde dentro. A partir de ese momento sabía que se habían acabado los mensajes. A partir de ese momento, disfrutaría de la soledad y del descanso.

Se quitó las gastadas ropas de viaje y cubrió su delicado cuerpo desnudo con un camisón blanco. Liberó sus cabellos de la larga trenza que los aprisionaba, y se sentó junto a la cama mientras los cepillaba con calma. Después, dejó el cepillo en una mesa, apagó los candiles dejando la estancia en la penumbra de las brasas, y se deslizó entre las pieles, quedándose dormida casi al instante.

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No debía haber pasado mucho tiempo. Su sueño era profundo pero algo la inquietó. Se revolvió entre las pieles un momento, y después abrió bruscamente los ojos. El brillo rojizo de un metal a la luz de las brasas la sorprendió. Después sintió su frío tacto en el cuello.

- No grites... - dijo una voz susurrante. Pero no la reconoció. Sólo cuando la figura oscura se movió y recibió de lleno el pequeño haz de luz que procedía de las brasas, vió el rostro de Alsio.

Aún semidormida como estaba, la conversación anterior con Rialath volvió a su mente. Ahora por supuesto se arrepentía de no haberle escuchado. De haber puesto su confianza en los suyos por encima de lo que la razón dictaba. Pero eso no la sacaría del lio en el que estaba metida...

Respiraba agitadamente y su pecho subía y bajaba rápidamente. Alsio la miró con una expresión inexcrutable, paseando su mirada por su cuerpo. Estaba inclinado sobre ella, quizás pensando en cuál sería su siguiente paso. Anariel dejó escapar un pequeño suspiro mientras trataba de calmar su respiración.

- Capitán... - intentó decir ella, si bien su voz sonaba insegura.

- Shhhhhhh - la acalló el poniendo el puñal con suavidad sobre sus labios - No digas nada. Sabes cuánto tiempo hemos estado esperando este momento... No lo estropeemos con las palabras.

Ella calló. Tantas guerras, pensó. Tanta sangre en sus manos mancilladas, y tantas muertes sobre su conciencia. Y ahora estaba asustada. Completamente a merced de la locura de su captor.

Alsio deslizó la mano libre acariciando sus brazos, su cuello, su rostro. Parecía ensimismado observándola.

- Tanto tiempo... Pero yo sabía que lo deseabas con la misma intensidad que yo, aunque no pudieras acercarte a mí. Tenía que ser yo quien diera el paso, quien se acercara a tí. Y el momento ha llegado...

- Capitán... - repitió ella. Pero él la interrumpió.

- No finjas más. Dí mi nombre. No hay nadie aquí ante quien tengas que fingir...

Anariel no entendía nada. ¿Acaso pensaba que ella había demostrado algún interés en él? ¿Qué podía haber hecho ella para que él pensara ello? Porque no recordaba nada... Había sido amable, sí. Ella era así. Con todo el mundo. No tenía por qué ser distinto con él. ¿Pero era esa razón a que él pensara que lo deseaba?

De repente algo se movió detrás de la figura del hombre. Rápidamente, Rialath entró en la tienda espada en mano, y se acercó hasta ellos antes de que Alsio pudiera siquiera reaccionar. Posó la punta de la espalda en la nuca del hombre, y éste se quedó tenso al momento.

- Sueltala - la voz de Rialath sonaba extrañamente tensa.

Anariel sintió temblar el puñal en la mano de Alsio. En la oscuridad no podía percibir qué se ocultaba en su mirada, pero sabía que la amenaza de la espada no sería suficiente. Quizás en su locura, prefiriera morir matando. Clavar el puñal en su pecho, y que después el dunadan acabara con su vida. Sus palabras se lo confirmaron.

- Llegas tarde, Rialath - dijo volviéndose hacia el otro hombre, pero sin dejar de apoyar el puñal en el pecho de ella - Ella ya es mía. Siempre lo ha sido, pero ahora se ha hecho realidad. Acaba conmigo si quieres, pero ella vendrá conmigo... Nuestra muerte nos unirá para siempre.

- Eso no es cierto - respondió ella, recobrando un poco la compostura. La llegada de Rialath le brindaba cierta seguridad - Será nuestra muerte la que nos separe para siempre, Capitan - remarcó la última palabra, consciente de la distancia que marcaba entre ellos - Porque mis pasos me llevarán más allá de Mandos, y de regreso a Valinor la Hermosa. Y los vuestros erraran en la noche, presos por siempre del destino de los hombres. Clavad vuestro puñal, y morid si así lo deseais, pero eso sólo servirá para separarnos para siempre.

Alsio dudó entonces. Sus palabras remarcaban el distinto destino de dos razas tan distintas. Pero la Unión que tanto tiempo había alimentado sus almas no podía cambiar su esencia. Unidos como hermanos, como un mismo pueblo, elfos y hombres debían saber que esa unión no podía transcender más allá de los designios de Ilúvatar. Eso era algo que los ramalië habían olvidado. Pero no su reina.

Durante un momento los tres permanecieron inmóviles, pero Alsio se incorporó bruscamente, intentando esquivar la espada de Rialath y atacarlo con el puñal. Ese fue su error. Subestimó la destreza del dunadan, al que no conocía demasiado bien. Apenas se sintió el movimiento de la espada, rápido y certero. Sólo el golpe seco de la cabeza de Alsio al caer cercenada de sus hombros y caer al suelo.

[Editado por Indil el 20-10-2006 01:39]

Escrito el 20-10-2006 09:04 #8

Rialth se levantó al poco de que Alsio entrara en la tienda de la reina, desenvainó la espada, maldiciendose por ser tan lento, tenía que entrar ya o la reina recibiría daño, pues era evidente que no permitiría que Alsio la tomara sin más, debía impedirlo, nervioso por estos pensamientos entro en la tienda ordenando a Alsio que la soltase a la vez que colocaba la afilada punta de su espada, Serkenire, en la nuca de Alsio, consiguió a duras pensas controlar el temblor de las manos "¿habré llegado tarde?" esa pregunta le torturaba.

- Llegas tarde, Rialath - dijo Alsio volviéndose hacia el, por un segundo temió lo peor- Ella ya es mía. Siempre lo ha sido, pero ahora se ha hecho realidad. Acaba conmigo si quieres, pero ella vendrá conmigo... Nuestra muerte nos unirá para siempre.. "está viva..." recuperó la tranquilidad y la frialdad que le eran habituales.

- Eso no es cierto - respondió la reina, aunque no con total seguridad. - Será nuestra muerte la que nos separe para siempre, Capitán - remarcando la última palabra, como había hecho con Rialath hacía varias noches enfatizando su condición de Soldado, Rialath lo recordó bien- Porque mis pasos me llevarán más allá de Mandos, y de regreso a Valinor la Hermosa. Y los vuestros erraran en la noche, presos por siempre del destino de los hombres. Clavad vuestro puñal, y morid si así lo deseais, pero eso sólo servirá para separarnos para siempre.

Eran palabras sabias en el momento oportuno, Alsio pareció dudar, hubo un segundo en el que Rialath no se movió, quizás fuera posible no derramar sangre esa noche, pero fue una esperanza vana. Alsio se incorporó velozmente tratando de acuchillarle, Rialath suspiró resignado mientras con un simple movimiento, vigoroso y preciso, decapitó al desdichado enloquecido. Mas sangre manchaba ahora sus manos, Rialath no pudo evitar entristecerse cuando oyó el pesado golpe del cuerpo contra el suelo. Dio dos pasos atrás, se inclinó ante la reina y no sin cierta crueldad, quizás por el despecho creado por el desprecio sufrido noches antes:

- A su servicio, de un simple soldado- Enfatizó con desprecio esa palabra, del mismo modo que la reina noches antes, dio media vuelta y salió, allí fuera ´no había nadie despierto, todo había pasado sin que nadie alcanzara a descubrir los graves asuntos ocurridos, de no ser por Rialath, solo al dia siguiente habría sido descubierto el crimen. Rialath, al salir y ser golpeado de nuevo por un viento frio se sintió liberado de una gran carga, había pagado su deuda.

Escrito el 20-10-2006 17:27 #9

En Laure Lopa cambió de embarcación. Ahora remontaba el río navegando en un pequeño barco de un mástil, de vela cuadrada, y diez remeros.

El viaje desde Eirë Esteldor duraba ya una semana y el tedio se había apoderado de Báldor que, indolente y distraído, jugueteaba con su daga, clavándola en la madera de la borda ante la mirada airada del capitán del barco (que se limitaba a maldecir en silencio).

El caballo del senador no parecía tampoco muy satisfecho: el cambio de sus cómodos y cálidos establos por esa tabla moviente no había sido de su gusto y lo demostraba golpeando insistentemente la cubierta.

Así pues, Báldor, aburrido y su caballo, nervioso (únicos pasajeros) se acercaban a las antiguas ruinas de Tabarcerta.

Escrito el 20-10-2006 18:34 #10

En otro lugar...

Los dias pasaron...tras abandonar Anar cruzaron la provincia de Rogrant.Llegaron Sîrtal.Alli consiguieron una barca que les serviria para ir hasta Lingwilóce.Tras llegar al puerto cogieron un barco que le llevo al puerto de Lauro Hópa.

Gracias, al buen tiempo consiguieron llegar a Lauro Hópa en una semana.Desde alli irian a pie hacia Tabacerta.Partieron tras aprovisionarse partieron rumbo a Tabacerta.Ya en camino Sul intentó entablar una conversación con Kael:

-Oye en todos estos dias no te he visto sin esas capas...¿no tienes calor?¿no te has cambiado?

-Y eso que te importa niño...Pss que tu te cambies no significa que yo deba cambiarme asi que cierra la boquita...-Kael bajó el tono de voz.-Nos siguen.

-¿Cómo que nos siguen...? ¿Ein?No me entero...

-Tú calla y observa...son unos ladrones de poca monta.-dijo en alto provocando a los bandidos.

Los bandidos surgieron de unos arbustos.Los tenian rodeados:

-¿Ahora que?Te vamos a destrozar...

-¿Tú crees?-dijo Kael.-¿Puedes con la Serpiente roja del desierto?

-¿Angocarnë?-dijo un bandido asustado.-Mierda...jefe este tipo es peligroso...larguémonos...

-¿Que dices imbecil?Un niñato como tú y ese idiota desarmado contra diez hombres de Yurael....jaja no me hagas reir los vamos a destrozar...

-Basta.-dijo serio Kael.-No pienso ni desenvainar mi espada.¡Toma Sul!-le arrojó a Sul una espada envainada, su espada.

Kael dejo caer las capas y sacó una cadena. Pero era una cadena especial había sido forjada para Kael. Cada eslabón era como un arpón. Un arma para matar...la serpiente roja cuando se envolvía en sangre...la leyenda del desierto volvía a la vida mientras las marcas de Kael volvían a extenderse por su brazo .Ya llegaban a su mano. En su cara también se veían. Incluso su ojo izquierdo cambio. Era como el de una serpiente. Algunos bandidos ya estaban asustados.De repente Kael desaparecio.Aparecio tras un bandido y solo dijo:

-El primero.

Su cadena envolvio el cuello del bandido.Kael apretó.La cabeza del bandido cayó.Su sangre salpicó a Kael.Los bandidos se asustaron...:

-Jefe te lo dije este tipo es Angocarnë...Yo abandono soy muy joven para morir.-de repente el bandido se llevó la mano al corazón y le dijo a Kael.-¡Angocarnë!¡Te juro lealtad!

Kael observo divertido pero no se detuvo.El segundo,el tercero,el cuarto...siguieron sucediéndose las muertes.Le tocaba al lider de aquellos ladrones...Aquel seria la decima victima...se merece un trato espcial pensó Kael.

Kael aparecio a su lado y le susurró al oido:

-Ahora...¿que?¿donde están tus hombres?¿esas palabras que prometian mi muerte?¿dime donde estan?...¡Habla!

-No..no se.-dijo a duras penas la cadena de Kael envolvia su cuello.

-Muere.

La cabeza cayó, sesgada, con un ruido sordo.Entonces Kael envolvio el brazo del que le habia jurado lealtad:

-¡Jefe!¿Que haces?Ese te ha jurado lealtad.¡Dejalo!

Pero Kael estaba dispuesto a matar...Sul con los ojos humedos se lanzó y detuvo a Kael.Aquello refrenó totalmente a Kael:

-Perdon,niño.-Se agachó a quitarle la cadena y curar las heridas del joven que le habia jurado lealtad,Estaba llorando.-No llores más ya pasó...venga niño dejame curarte...

-¡Yo no soy un niño!

-Pss no tendras más de 25 años...eres un niño...

-¡No!¡Eso no!¡Lo que digo es que soy una mujer!Y tengo 21 años no me eches más...

-No me lo creo....

-¿¡Que no!?

El joven(o la joven) se levantó y se quito las ropas viejas.Bajo esas ropas se ocultaba una figura esbelta de una joven.Era simplemente...hermosa.No tenia ni demasiado ni poco.Su pelo negro caia en una melena sobre la espalda.Sus ojos eran verdes como los de Kael.Sul se quedó embobado mirandola...:

-¡Wow! Que guapa....jeje

-Si que eres hermosa.-dijo Kael.-Venga...si quieres venir con nosotros vale por mi¿Qué opinas tú Sul?

-Si si que venga...

-Bien pues vendras con nosotros...vamos a Tabacerta-dijo Kael.

-Pues vamos...

Los tres continuaron el camino adentrandose en la ciudad....