Orodril contemplaba el túnel con cierta impaciencia, pero haciendo una valoración aproximada del tiempo transcurrido quizás ya no faltara tanto.
Como tantas veces la reina Illurë parecía haber echo odios sordos a sus consejos de tomar un camino más prudente y más directo hacia la zona alta de la ciudad, y había hecho un recorrido más escalonado, alimentado su imagen de poder y majestuosidad entre sus súbditos. Todo ello bajo los diferentes equipos de seguridad montados con anterioridad, y del cual el elfo era el único encargado y el único culpable dado el caso.
Al final varias luces en la lejanía comenzaron a bañar con su luz las paredes del túnel. La reina Illurë había llegado, y su entrada provocó una cierta agitación y breves comentarios entre la mayoría de los gobernantes, que se encontraban apostando a la espera a ambos lados de la escalera que conducía a la zona alta de Astan Neuma. Tan solo el emperador Yago de la provincia de Edon (salvo Uzab-Kibil y yo, para quienes no era nuestra primera visita real) permaneció sereno, exultante bajo su imagen de poder y riqueza, orgulloso y soberbio. El resto estaban absortos en la imagen de la reina, quien había optado de nuevo por usar como montura a Liantur, una grotesca araña, pariente de Ungolianth, en sobre manera alimentado, siendo su altura de unos tres hombres erguidos.
A su lado montando un bello corcel negro, cabalgaba Rael, anterior gobernante de Astan Neuma, que ahora ocupaba el cargo de auditor real bajo el sobrenombre de Curumaruth, y tras una máscara de piel confeccionada a partir de pálidas caras humanas. Y a pesar de la lejanía aun entre ambos sus miradas se encontraron, provocando un brillo y sonrisa en el ranquendi y una faz agria en el camkiri.
-¿Es hermosa no crees? Su belleza bien podría ensombrecer a la de muchas elfas- susurró la voz bañada en el amargor de Dyshira, apostada a su lado.
-No es ella precisamente quien ensombrece en este lugar- respondió el elfo quien no tenía ojos mas que para Rael, a quien bien hubiera deseado dar muerte tiempo atrás, más bien sabía que de que se hubiera dado el caso, la suya hubiera sido la siguiente cabeza en haber rodado.
Pero aquellos pensamientos funestos desaparecieron al fin, pues bien no sabía como, Dyshira se le aproximó más a él y rodeo con ternura con el brazo diestro su cintura. Su mirada brillaba ahora y en su rostro hubo un leve amago de sonrisa, evitado por el momento de profundo protocolo.
-Orodril-
-Si mi señora- respondió veloz ante la voz.
-Muéstrenos el camino hacia la cámara de gobierno-
-Así sea- y tras una leve reverencia condujo al escueto sequito a través de las escaleras y de los jardines, a la cámara de gobierno, más concretamente a la sala de regencia, donde se encontraba una gran mesa de mesa con tres asientos a un lado (de los cuales uno tenía un aspecto más bien de trono) y siete al otro, rodeado de cuadros, tapices, estatuas, y decenas de ornamentos, como una bella lámpara que vestía la sala, sin llegar a sobrecargarla.
-Pensaba que nos reuniríamos en el parlamento, como en ocasiones anteriores- se atrevió una voz un tanto entrecortada a su espalda, quien no tardo en identificar como la del califa Tarik Al-yasar, un hombre sabio, que era más un intelectual que un soldado, tan cómodo en aquella situación como una oveja descarriada entre una manada de hambrientos lobos.
-El parlamento esta relegado ha tratar temas más relevantes. Esta no es una reunión para los señores de la guerra, ni para los dirigentes de órdenes o gremios, tan solo los gobernantes de las siete provincias, y solo ellos, nada de duques, condes, vizcondes, o cualquier otro grado de aristocracia. Ahora pues tomen asiento.- concluyó Orodril. Y así pues, los siete asientos fueron ocupados por los siete gobernantes de las provincias, mientras quien los otros tres fueron ocupados por Illurë, Rael y Orodril (quien a pesar de ser rey junto a Dyshira, su esposa, de la provincia de Nasta Netula Men, no era él, sino ella quien ostentaba el bastón de mando, y por tanto ocupa asiento junto a su reina, como representante de ésta en el Matriarcado de Harniâth).-Acto seguido puede comenzar la reunión.-
