El padre no se divisaba. Y la avar se alejaba. Bohr apuró el caballo hacia la cima del risco más cercano. Allí abajo otra montaña sobresalía hacia el sur. Se bajó de la montura, y le hizo señas a ambas bestias para que siguieran por el camino, lo abandonaron de inmediato. Bohr se quitó el abrigo que se había puesto. Y saltó del risco, pronto aferrandose a la pared del precipicio. En algunos movimientos fue desplazandose por las salientes hasta llegar a distancia y altura considerables de la ladera del pico vecino. Llegó hastá él. Lo circundó a la mayor velocidad que pudo. Y desde allí atravesó un desfiladero que unía esta montaña a la otra, mayor. Entonces escaló la pendiente sencilla agradecido. Y desde allí dio con el camino con un poco más de dificultad.
Llevaba su espada al lomo.
Lomëa cabalgaba ya con conocimiento del recorrido, tan rápido como su corcel pudiera sin lastimarse. Además del sentimiento que tenía por la naturaleza del animal, sería muy desagradable quedarse a pasar la noche entre esos inhospitos y fríos gigantes y abismos. En ese momento captó un movimiento desde uno de los lados. Rápida captó un hombre deslizandose velozmente por la ladera y desenvainó por precaución. Su semblante se mantenía seguro y triste.
- ¡Bohr Daedth! ¡Maldito! ¡Los Varna Rámar están absolutamente desquiciados! ¡Heren Fanyarëa castigue vuestra rebelión! - Y Lomëa apuntaba hacia el entrecejo de su enemigo como si su espada fuera una flecha apunto de dispararse del arco.
Bohr estaba en su propio territorio. Esa era una terrible desventaja para la elfa. Quizás hasta ella no fuera lo suficientemente conciente de lo que el espacio significaba para Bohr. - Has venido de visita y no te has quedado a pasar la tarde.- Dijo con su típico sarcasmo.
Lomëa no comprendía. La imbecilidad del atani era demasiado para su razonamiento.
Bohr desenvainó la espada con brillos blancos de su mística concha marina.- Viniste a llevarte algo, pues pelearás por ello. ¿O acaso le bastan a tu corazón las amenazas políticas?-.
La Yarear se relamió el alma. Esa bestia le estaba dando un regalo entre tanta miseria que estaba girando en torno a ella. -Sabrás que tal vez no te mate, Bohr. Mi tarea es llevarte a Sornosunë, capital de la Orden, a que seas juzgado por...-
- ¡Pelea ya, elfa! - Bohr le clavaba la mirada en los ojos negros. Su pupila se dilató. Ambos compartían el entrenamiento de Lyshiön Morkarendil, pero Bohr disponía también de las enseñanzas de su familia materna, del arte de los vampiros por Kain, y algo también del señor de los Ramalië, Alsenot. Si alguien hubiese visto sin prejuicio la mirada del joven habría distinguido en la profundidad de su porte, la efigie del Águila.
Fue él quien primero atacó, y la elfa ladeó la hoja del humano arrimando rapidamente la punta de la suya hacia el rival, evitando el impulso de arremeter. \"Te rendirás cuando te venza, no eres mejor que yo\" pensó. Ella golpeó una y otra vez con destreza. Con la misma destreza Bohr resistió los golpes.
Transcurrido un momento, Lomëa reconoció que no era la mejor estrategia la embestida. Así que dejó que Bohr intentará herirla, evitándolo tantas veces. Pero la victoria se daría pronto, cuando le ganó la posición al humano y le arrebató el arma de la mano. Bohr dio un salto atrás sin dejar de atravesarle los ojos con los suyos. Ella tomó la pesada espada. -¡Basta niño! ¡¡Ríndete!! -.
- Aún no me has vencido, titta...- Y esgrimió un guiño en la comisura de la boca; una sonrisa maligna vio la sobrina de Vilwë. Y atacó con ambas armas pensando en que la fragilidad de Laito Rawein estaría más a salvo con un perverso menos en Arda. Bohr se movía en ademán de huída.
- ¡Todas estas tierras, Lomëa, en todos los bosques, montañas y llanuras que crees tuyos yacen humanos! ¡La Palabra dice que estas tierras son nuestras y que tu raza nos las usurpa, elfa!- Dijo, destacando la distinción racial.
Utyelnaikë estaba ya fuera de sí, como hacía mucho que no se exaltaba. -Lo que está escrito es que tú nunca deberías haber nacido... escoria.- Con una furia sobrenatural embistió una y otra vez persiguiendo a Bohr por el espacio en el que él seguía dominando.
El movimiento que siguió fue el más duro. La espada jaspeada cortó el aire con brutalidad sobrenatural, Bohr se defendió con el brazo derecho. Intentó soportar el corte a la misma altura que él hirió a Rawein. Y la sangre brotó haciendo una herida profunda, no sólo en la carne.
- ¡Aggggg, lo lograste... Lomëa!- Dijo Wethan, un nombre con el que había simpatizado y con el que se sentía orgulloso, seriamente. -Vengas la herida, y sufres de furia tal como yo he sufrido ante el heredero, primo nuestro, desde que él ha nacido. Me importa muy poco que ahora me mates. Vengamos la herida.- La guerrera se había calmado, intentó contradecir a Bohr pero este siguió hablando con voz más grave. Alsenot era noble, eso era indiscutible, y había sacrificado su orgullo en pos de valores; su padre, a pesar de todo, era virtuoso. Él tenía que serlo entonces también si quería sentirse digno. Y hacía rato ya que necesitaba respirar un poco de dignidad.
-... Pero... no soy \"malo\",- dijo sin comprender del todo el concepto, aunque sí un poco.- Señora. Si debo ser juzgado en Sornosunë, llévame, no me resistiré. Tal vez así deba ser. ¿No?- Concluyó con cierta inocencia. Mientras se sostenía el brazo del cuál la sangre de los Varna Rámar brotaba casi satisfecha.