La Guerra de los Clanes

El Sexto Caballero

Escribiéndose...
Escrito el 15-04-2006 18:15 #1

Habían pasado dos días desde que Âglaras observara aquella bandada de cuervos volando por las tierras de Lempë Ohtari, algo poco habitual. Además de haber notado un gran cambio en el ambiente, por lo que ambas cosas hicieron al reino ponerse en alerta.

Los cuervos eran un mal augurio, quizás espías del enemigo, quizás portadores de inmundicias y maldiciones. En todo caso, el corazón del medio elfo latió incesante ante aquella visión sobre la cima de Orod Lindalë, mas no vaciló y corrió a informar a los demás.

Pronto se tomaron medidas en todo el reino, se intensificaron las guardias, se reforzaron las murallas, se impuso el toque de queda en las ciudades, y los capitanes se repartieron para liderar al ejército en tal caso.

Âglaras se preparó para partir de nuevo hacia Ciudad Cristal, pues sus murallas transparentes necesitarían una recia defensa en caso de guerra. Sin más montó en su felino y viajó hacia el sur.

En estos próximos días las nubes tornaran negro su color. El viento golpeará fuertemente los edificios con los que se encuentre, y un poder sobrenatural se levantará desde el fondo del abismo para caer como un rayo sobre las tierras de Lempë Ohtari...

Escrito el 15-04-2006 18:51 #2

La incertidumbre crecía en los limites de las tierras de Lempë Othari. La visión de Âglaras pronto había llegado a todos los oídos de los presentes en la ciudad de Mellon Vilya y el poderoso capitán no solía errar en sus deducciones.

Algo se removía en aquellas tierras y comenzaba a hacerse sentir. Además pronto las gentes corrieron a refugiarse en los muros de las poderosas ciudades afirmando haber contemplado un gran ejercito, aunque eran aun pocos y por su aspecto bien podrían ser simples vagabundos en busca de fortuna aunque no cabía la opción de la duda.

Mensajes de otras ciudades llegaron con un mismo asunto aunque sin saber a ciencia cierta cual era el temor y el miedo que aparecía. Incluso los recién llegados Darlak y Annamel fueron requeridos para intervenir en un hipotético ataque a otras ciudades del reino, así como la poderosa capital comenzaba a prepararse para una eventualidad que parecía ser del todo inminente

Escrito el 16-04-2006 00:27 #3

Mis temores se estaban haciendo realidad, la tensión aumentaba por momentos. En cuanto Erendel recibió mi mensaje envié otro de alerta y deseando suerte a mi gran amigo Aikanáro Tiwele y Yárfaila Veryawen. Me dirigí hacia el Grimoire que yacía en el palacio. Busqué ún hechizo que aprendí en mis años de juventud que al menos matendría a salvo a la población durante un gran tiempo bajo una enorme cúpula que se alimentarái de mis fuerzas...por eso necesitaba que la bella dama en camino se presentase cuanto antes...por si mis fuerzas pereciesen y conmigo Ostova Lorë...

Sin embargo aunque la alerta estuviese dada y el peligro acechase aún no había llegado y habí tiempo de organizar la posible defensa y contraataque...

En cambio a pesar de que mi mente residía en la organización y defensa de la ciudad mi corazón se hallaba en Yavëtil, preocupado por dos de las pocas personas que realmente me atrevía a decir que apreciaba: Yárfaila y Aikanáro.

Escrito el 16-04-2006 17:40 #4

Aikanáro y Yárfalia llevaban dos días sin pisar la ciudad explorando el gran palacio que había en la cima del Dedo de Valar, allí hablaron largo y tendido con las mujeres que habitaban el palacio. Pero la mañana del segundo día algo sacudió a Aikanáro que salió corriendo del palacio hasta chocar contra el muro, a sus pies Yävetil se alzaba majestuosa rodeada por un manto rojizo.

Pero desde esta atalaya se veía como una sombra iba apagando el color del bosque, sumiéndolo en una densa nube negra que se expandía rodeando la ciudad, y fue cuando de la ciudad las campanas tocaron a alerta. Yárfalia salió por una de las puertas del palacio corriendo, Aikanáro la miro y por un momento se olvido del tañido de la campana solo tenía ojos para ella, toda ella había concentrado su atención. Yárfalia se acerco a el y le dijo:

-¿Qué ocurre, a que se debe la alerta?

-No lo se pero debemos regresar a la ciudad, allí nos enteraremos de lo que pasa.

Los dos descendieron las escaleras como un rayo pero cuando llegaron al final la puerta estaba cerrada, la estatua entonces se giro y abrió los ojos y la montaña se abrió. Los dos atravesaron los jardines y sintieron el repicar incesante de las campanas mientras el sonido de las armaduras de los soldados se hacía cada vez más fuerte. Y fue cuando un oficial se les acercó y les dijo:

- Súlegîn os a enviado un mensaje algo le inquieta, algo se alza en el bosque y las ciudades han sido avisadas y todas han declarado el estado de sitio y temen un ataque.

- Que las defensas sean montadas y que se declaré el toque de queda en toda la ciudad que nadie entre cuando el sol se haya puesto.- respondió Aikanáro

- Los soldados ya forman en el primer nivel, os esperan en él para preparar la defensa de la ciudad.- respondió el oficial.

- Ahora iremos que preparen nuestros corceles.- respondió Yárfalia.

Los dos se fueron a sus aposentos a cambiar sus ropajes por las armaduras.

Escrito el 16-04-2006 22:06 #5

Había permanecido durante 4 días en aquel castillo, o habían sido 5?...no lo sabía con certeza, el tiempo parecía haber quedado estancado desde aquel momento en el que se presentó de forma tan impulsiva delante del mismísimo Rey Erendel.

Sabía que habría guerra, por eso se había presentado allí, pero lo que nunca sospechó es que la tuviese tan cerca, de todas formas no era ninguna cobarde, estaba dispuesta a darlo todo, incluida su vida, porque al fin y al cabo no tenía nada que la atase a ella.

Así que cuando Erendel le informó que era reclamada en Ostova Lore se sorprendió un poco, pensó que ayudaría en la defensa de Mellon. El rey había recibido un misterioso mensaje en el que se le pedía que la enviase allí, el señor de la ciudad la requería, Valandil era su nombre, nada más conocía de él, a excepción de su naturaleza maia, como la de su padre, lo cual la inquietaba sobremanera, pues desde que él partió no había vuelto a estar en presencia de ninguno, volver a sentir una naturaleza semejante podía traerle recuerdos dolorosos, pero por otra parte bien podía aprender mucho a su lado, ¿pero quién era Valandil, y cómo podía saber de ella? Era algo que no sabía aún, pero de lo cual se enteraría en cuanto pusiera los pies en Ostova, porque esta vez pensaba llegar con los suyos propios, nada de armar revuelo semejante al de Mellon, esta vez no había necesidad, ya que al parecer Valandil sabía quién era y la estaba esperando.

En eso pasó Annamel los 4 días, entre la partida de Aglaras y Darlak, los preparativos para la defensa de la ciudad, y sus propios preparativos y pensamientos, hasta que se hizo necesario partir, ya que el tiempo comenzaba a apremiar, y era muy necesario que llegase sin más dilaciones a Ostova.

La mañana del quinto día tomó Annamel a Umbar, el corcel negro como su propia cabellera que fuera último regalo de su amado padre, el cual llegó a las cuadras de Erendel en Mellon respondiendo a la llamada de su dueña, cuando esta fue aceptada en Lempe Ohtari, ese caballo era lo que más amaba en la Tierra Media, ahora que tantas cosas y tantos corazones habían desaparecido.

Susurró la elfa dulcemente en las orejas del hermoso caballo, y enseguida Umbar tomó el camino hacia Ostova Lore, llevando consigo a Annamel, vestida de terciopelo verde, con la capa ondulando al viento junto a su cabellera, y con una incertidumbre en el corazón, no sabía bien qué, pero algo que no acertaba a definir se lo agitaba.

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Escrito el 17-04-2006 01:01 #6

Un viento gélido empezó a soplar desde Orod Lindale, una señal de preludio de los dias convulsionados que le deparaban a las tierras de Lempe Ohtari. En ese momento, Darlak estaba sentado en una roca descansando despues de haber terminado de saborear la carne que se habia llevado pal camino. Apenas se dio tiempo para descansar porque tenia que llegar cuanto antes a la ciudad de Eru Andorya. Se montó en Rumirel, el bello corcel negro que el rey Erendel le habia dado antes de partir de Mellon Vilya, y se dispuso a continuar su camino hacia Eru Andorya, al este. El rey le habia tenido que dar aquel caballo porque Darlak habia llegado sin caballo a Mellon Vilya. Eso era debido a que el caballo que los elfos del bosque de Rhovanion le habian dado habia muerto en el largo viaje hasta Árador.

Hacia unos cuatro dias que habia salido de la capital para ir a socorrer a la ciudad que recibia el nombre de \"La puerta de dios\". Todo habia sucedido rápidamente desde que la alarma se habia generalizado por la ciudad.Âglaras habia visto una bandad de cuervos cruzar el cielo y eso habia hecho ponerse en alerta. El temor a una desgracia cuya naturaleza aun no se conocia se extendio rapidamente por todos los habitantes de la capital y los alrededores. Se temia una invasión del reino debido a la época tan inestable que estaba sucediendo. Ademas, se decia que varias tribus de hombres orientales se estaban instalando en las tierras de alrededor de Árador, y que cada vez mas se veian mas bandadas de orcos. Por eso se temia que los cuervos que habian aparecido por el cielo de Lempe Ohtari fueran una señal de un terrible y desconocido mal. Erendel habia decidido avisar a las ciudades del reino para que todos sus gobernantes estuvieran preparados. Âglarás se marcho entonces hacia la Ciudad de Cristal para organizan su defensa. Se mandó un mensaje a las ciudades de Eru Andorya, Ostova Lore y Yavetil para que sus gobernantes hicieran lo mismo. Sin embargo, Valandil, el maia que protegia Ostova Lore y que antes se habia comunicado telepaticamente con Darlak para darle la bienvenida al reino y para pedirle ayuda para gobernar su ciudad, notificó que Yárfaila habia viajado a Yavetil y que no le daba tiempo a viajar a su ciudad y organizar la defensa. Entonces, Erendil decidió que para que el recién llegado demostrara su capacidad y su confianza debia organizar la defensa de Eru Andorya. Por eso, Darlak decidió aceptar el reto del rey de aquellas tierras y viajar al este.

El viaje habia transcurrido sin incidentes apenas mientras que Darlak notaba como el tiempo empeoraba poco a poco por el oeste. Aunque sabía que era un reto la tarea que se le habia econmendado, Darlak tenias ganas de enfrentarse a la batalla. No obstante, aun tenia que buscar un herrero para que la espada que traia rota, Gurthang, aquella que llevaron en su tiempo Bereg y Turin, pudiera de nuevo refulgir en el combate. Asi al cabo de cuatro horas, cuando a la izquierda del camino apareció una aldea, decidió detenerse para buscar un buen herrero que pudiera forjar de nuevo Gurthang. Se desvió por el camino que conducia a esa aldea y se adentró en la misma.

[Editado por aratir el 17-04-2006 14:35]

Escrito el 17-04-2006 14:40 #7

El viento transportaba un dulce aroma a través de los árboles...entre la confusión y la alerta sembradas Valandil encontró un tiempo para poder salir a pasear por el bosque y recordar viejos tiempos:

-Este olor...es tan dulce que embriaga mi ser...se está acercando...lástima que no podrá ser recibida como ella y tan solo ella merece...como una reina de reina...Oh Elbereth mi amada iluminadora...sería mucho pedir que las estrellas iluminasen su viaje y que limpiaran el camino de sombras...Oh Elbereth sería mucho pedir si te rogase que esta noche las estrellan brillasen en armonía con su ser....

Un sentimiento vivo y poderoso crecía en su interior...algo que jamás había sentido un remolino de sensaciones le animaban a pesar del miedo que tenía a no ser capaz de defender la ciudad...pues si algo carecía en él era la confianza en sí mismo...

-He de regresar, tengo aún muchas tareas que realizar y tengo aún que conjurar muchos hechizos de protección debo proteger el Grimoire algo que me dice que lo que se acerco no solo busca la destrucción de las tierras de Lempë Ohtari,-.

Antes de entrar en la ciudad Súleglîn se dio la vuelta y contemplando al cielo vio que las estrellas brillaban con tal intensidad que a los ojos de más de un mortal una ceguera temporal les habría causado...

-Por cierto...gracias mi querida Elbereth...siempre estaré a tu servicio--

Escrito el 19-04-2006 14:41 #8

El medio elfo había partido hacia Ciudad Cristal ese mismo día. Había recorrido gran parte del bosque blanco, pues Ciudad Cristal estaba en el extremo sur del bosque.

Estaba anocheciendo. Âglaras desmontó de su felino, y observó atntamente a su alrededor. Todo era oscuridad, pero solo un pequeño atisbo de luz bastaba para que sus ojos de elfo pudieran contemplar.

- Vamos amigo, allí hay una pequeña aldea en donde podremos descansar.

Craven y el medio elfo siguieron andando hasta que llegaron a las primeras casas, justo en ese momento unas lanzas apuntaron a su garganta.

- ¿Quiénes sois viajero?- Al parecer debería ser el líder de aquel grupo.

- Soy Âglaras, Capitán y Señor de la Guerra de Lempë Ohtari, gobernador de Ciudad Cristal, así que ya podéis quitar vuestras lanzas de mi cuello.

- ¿Y cómo sabemos que sois quén decís?

El medio elfo mostró el anillo con el emblema del clan.

- Ahora por favor, quitadme esas puntas de mi gargante o me enfadaré.

Aquellos hombres bajaron las lanzas, pero no se disculparon. Mas no pertenecían a Lempë Ohtari. Eran pequeñas tribus nómadas que, con el permiso del rey, pasaban algunas temporadas en las tierras de Dôr Aman.

Âglaras dejó a Craven en las caballerizas de aquella posada ambulante, y el entró en su interior. Allí encontró una confortable cama en la que pronto concilió el sueño.

Una mano tocando su dedo. Estaba soñando...¿ o no? Âglaras habrió los ojos. Un encapuchado trataba de robarle el anillo con el emblema de su ciudad.

Con un rápido movimiento el medio elfo lanzó al suelo a aquel desconocido y colocó una daga en su cuello.

- Me has tratado de robar, inmundicia. Eso te costará la vida.

Levantó su espada para degollar al ladrón, pero unas manos lo agarron por su capa de viaje y lo lanzaron hacia atrás llegando incluso a salir de la tienda.

Su genio aumentaba a cada instante. Se puso en pie y observó a su alrededor. Había siete hombres frente a él, todos encapuchados y con sus espadas desenvainadas.

- Está claro que no me han recibido como yo esperaba- pensó hacia sí.

Tiempo atrás Âglaras hubiera tratado de huir, pero ahora había algo que lo impulsaba hacia ellos, incluso le decía que fuera él el que se lanzara hacia ellos...y así lo hizo.

Descargó la primera estocada en el pecho de uno de ellos que cayó al suelo en ese mismo momento. Al mismo tiempo, su daga entrechocó varias veces con una espada, para que, segundos después, su espada manchada de sangre penetrará en la barriga del mismo.

Entre ataques y esquivas los brazos de Âglaras no cesaban de moverse, al igual que su cuerpo, que acompasaba, junto al ritmo de sus brazos, una danza de muerte que no encontraba su fin.

Entonces, una espada se precipitaba hacia el cuerpo del medio elfo, pues poco a poco más de aquellos hombres se sumaban a la carnicería. Pero allí estaba él, Craven se precipitó sobre aquel que intentaba matar a su amigo y lo degolló con sus garras.

Poco despues, garras y espada acabaron con la vida de todos ellos, no sin sufrir, por supuesto, varias heridas en su agotado cuerpo.

- ¿Estáis bien?- Preguntó una voz.

- ¿Quiénes sois? Colocaos ante mis ojos.

Una señora de avanzada edad apareció ante el medio elfo, que, respirando con dificultad, trataba de identificar la sombra que había aparecido ante él.

- No es necesario que sepáis quien soy. He venido a curaros, y a deciros algo que debeís saber.

Al instante el cuerpo magullado del medio elfo se tornó sano y recuperado, fue cuando aquella misteriosa habló de nuevo.

- Muchacho, hay un gran poder oculto en vos.

- ¿! Pero que decís!? Sólo soy un joven de cuarenta años, inexperto en la guerra.

- Sí, tenéis razón. Pero tanto vos, como los otros cuatro, recibísteis un gran poder.

- Lo sé- interrumpió.- Mi virtud, el Coraje, ha sido útil hasta ahora, pero por su culpa estos hombres me podrían haber matado. Él me ha impulsado hacia ellos, y me superaban en número.

- Os equivocáis. El coraje que corre por vuestras venas os impulsa en la batalla, os niega el miedo de la demás gente, pero no es estúpido. Si os ha impulsado hacia ellos es porque sabía que podríais vencer.

Âglaras no dijo nada, y pensó en aquellas palabras.

- Para finalizar- prosiguió la anciana- tened en cuenta, vosotros, Los Cinco, que en esta guerra póxima, descubriréis el verdadero don que habéis obtenido. Recordadlo....

La anciana desapareció. Y con esas palabras retumbando en su mente, Âglaras partió hacia Ciudad Cristal...

Escrito el 21-04-2006 20:45 #9

Aikanáro estaba organizando a un grupo de soldados que partiría para escoltar a los que llegaban a la ciudad y con ellos saldrían los 6 jinetes más veloces de la ciudad, con la intención de explorar el territorio y recabar noticias de las otras ciudades ya que nada se sabía de ellas, buscaba a Yárfalia con la mirada pero no lograba encontrarla entre tal caos, la gente no paraba de llegar a Yävetil buscando la seguridad de sus murallas infranqueables. Fue cuando una mujer exaltada se acercó corriendo a Aikanáro y le dijo:

- Señor no tenemos noticias de un grupo de niños que salieron hace cuatro días y tememos que les haya ocurrido algo ya que la última noticia que tenemos es que estaban cerca de los lindes del bosque.

- No temas, ¿sabemos cuantos son y con quien iban?- respondió Aikanáro.

- Son doce niños de entre 6 y 10 años mi señor, y les acompañan las doncellas de Yavanna. Les estaban enseñando la magia del bosque- respondió la mujer.

- Prepararemos un grupo para ir en su busca- le decía Aikanáro mientras hacía sonar el cuerno de Makar y los jinetes de la ciudadela descendieron como rayos hasta llegar al primer nivel.

Allí reunió a una veintena de los mejores jinetes de la ciudad y cuando hubo preparado todo izo abrir la Puerta de Durín no sin antes dar un mensaje para Yárfalia

“Te confió la protección de estas gentes mientras este ausente, no tardare”

Tras darle la nota salieron al galope mientras a su lado veían como no cesaban de llegar elfos de los bosques y algún que otro hombre de las granjas cercanas. Algo estaba sacudiendo el reino y no le gustaba, en su interior notaba como si ya conociera ese mal, como si ya lo hubiera vivido en otro momento pero no lograba recordar donde ni cuando.

Entraron en la espesura del bosque y este parecía haber enmudecido, ni un pájaro ni el susurro de las ramas se escuchaba, galoparon como el viento entre los grandes árboles y cuando llegaron a la encrucijada se separaron de los exploradores, ahora su destino estaba en esos hombres, de su premura para encontrar el mal que se aproximaba.

Pero mientras cabalgaban escucharon los gritos de los niños, Aikanáro espoleo a su caballo y se adelanto a los demás que a duras penas podían seguir el ritmo marcado por este. Allí en un claro estaban los niños detrás de las elfas que sostenían unas pequeñas dagas para defenderlos de los dos wargos montados por orcos que las rodeaban. Aikanáro junto a los soldados cogieron sus arcos y apuntaron contra las bestias, y fue en ese mismo momento cuando estas se lanzaban contra los niños que una sabana de flechas salió por detrás de estos e impactó contra los cuerpos malditos, un aullido rompió la quietud del bosque junto al revoloteo de los cuervos.

Los jinetes desmontaron y se acercaron cautelosamente hacía los cuerpos ahora inertes de los Wargos y de los dos orcos que los montaban y cuando estuvieron a una cierta distancia hundieron sus largas picas en esa carne maldita. Aikanáro miraba a los niños cuando de pronto unos aullidos sonaron en la distancia, más wargos habían sentido la llamada del moribundo, miro a una elfa y le dijo:

- ¡Montad cada uno en la grupa de un jinete, no tenemos tiempo!

Cada uno cogió a uno y salieron al galope, Aikanáro tenía a una niña de dorados cabellos sentada delante mientras de reojo miraba hacía atrás y fue cuando lanzo un grito:

- ¡Corred mis soldados corred, los tenemos detrás, corred y demostremos lo que es premura!

Un gritó salió de las gargantas de los soldados y los corceles incrementaron su galope, detrás de ellos una veintena de wargos los perseguían y cada vez estaban más cerca y fue cuando por arte de magia un muro de ramas y raíces se alzó detrás de ellos, atravesando a dos wargos, ahora nada los perseguía pero apresuraron mas su paso aprovechando que ya llegaban al linde del bosque y los muros de Yävetil se alzaban delante de ellos.

Un griterío se alzó en los muros, sus perseguidores no había muerto, ahora eran menos pero fue cuando en un descuido de Aikanáro la niña se resbalo del corcel cayendo al suelo, este salto del caballo y corrió hacía la niña mientras los wargos cada vez se acercaban mas a ellos, y fue cuando los gritos de los apostados en las murallas le hizo mirar hacía un lado. Un corcel había sido derribado y el jinete estaba tumbado bajo el peso del caballo y el wargo encima, pero este miraba al niño que estaba junto al jinete. Corrió tanto como pudo y cogiendo a la pequeña que se le resbalara la alzo del suelo y se la dio a un jinete que pasaba por su lado. Corría tanto como sus piernas le daban, tomo el impulso con una roca que había cerca y con el hacha en sus manos se lanzó sobre la bestia y con un golpe certero de arriba abajo cortó al orco en dos, el wargo lo miro mientras los demás se agrupaban entorno a Aikanáro. Este miró al solado y pudo comprobar que estaba muerto, Aikanáro se interpuso entre la bestia y el pequeño y le gritó:

-¡Corre cuanto puedas y no mires atrás, corre!

Y el pequeño salió corriendo hacía las murallas, las puertas se abrieron para dejar paso a los primeros jinetes y ahora se escuchaba como se preparaban para salir al rescate de Aikanáro, tenía que darle tiempo al niño y entretenerlos como fuera.

Escrito el 25-04-2006 20:13 #10

Cada día que pasaba la sombra de la duda y la guerra se volvía más oscura en todos los rincones de aquellas tierras. Un lento y constante peregrinar de aldeanos de las pequeñas villas de alrededor acudían a defenderse los más desvalidos y a proteger sus hogares los más osados, que podían manejar un arma con mayor o menor destreza.

Algunas caravanas con alimentos y muchas de aquellas gentes fueron llevados a varias millas de la ciudad en busca del refugio de unas cavernas ocultas en las montañas, al abrigo del bosque, pues no se sabia cuales serian las armas de un enemigo que se intuía peligroso y una precipitada huida de la ciudad, por los túneles ocultos seria demasiado precipitada y tal vez trágica si esta llegaba a caer,. Además gran número de las gentes acudían con muchas de sus pertenencias y el sitio escasearía para que las defensas pudiesen desplazarse con la celeridad y premura que la guerra acarreaba consigo.

Las lágrimas corrían por los rostros de muchos al ver como sus hogares peligraban y gran parte de sus pertenencias quedaban atrás. Eran momentos difíciles, emotivos y de gran dolor porque aun quedaba la separación más difícil y dura pues muchas familias habían de ser separadas como resultado de las guerras. Para algunos seria la primera vez que se enfrentasen en un combate y para otros experimentados y dañados ya por otras luchas y enfrentamientos suponía el dolor de reencontrarse con la muerte y volver a salir victoriosos de su abrazo mortal. Una tensa calma se respiraba dentro de aquellos muros.

Erendel por su parte se preparaba para la batalla. Había ordenado ya a algunos de sus hombres el encargo de la vigilancia de las murallas mientras a otros se les había encomendado la tarea de instruir o refrescar la memoria para los nuevos defensores.

Y mientras tanto la vida en lo mas interno de la ciudad seguía en parte como siempre, con algunos tímidos puestos de verdura, pues las provisiones frescas habían sido cortadas en su suministro y las gentes que se decidieron por quedarse tomaron la precaución de proveerse de provisiones suficientes, o eso esperaban . Pero no todos los ocupantes de la ciudad permanecían allí para la defensa de sus casas sino para ayudar a los soldados y no era de extrañar ver como aguerridas mujeres ayudaban tanto en las labores de cocina o como defendían las murallas prestas a enfrentarse en batalla.

La mañana se presentaba fría y unas tenues nieblas se mantenían aun flotando en leves jirones a lo largo de toda la ciudad. Erendel contemplaba desde la ventana de su habitación el cielo plomizo y una sensacion extraña le recorrió el cuerpo entero. Antes de que el día terminase intuía que el enemigo mostraría su rostro y la guerra estallaría por doquier. Se retiró al interior de la habitación y tras un baño que por un tiempo le borró las preocupaciones de la mente, acudió al vestidor y eligió un atuendo adecuado para el enfrentamiento. Vistió una coraza de cuero endurecido junto con unos pantalones del mismo material, facilitándole la libertad de movimientos. En el pecho llevaba gravada la enseña de Lempë Othari, y tras contemplarla y deslizar su mano por el fino bordado salio de los aposentos rumbo a las murallas. Poco tiempo después de que llegase a tomar posiciones y ser informado de la marcha de la noche, en la lejanía se apreció el humo negro procedente de la quema de una pequeña aldea.

El peligro llegaría pronto a los muros de la ciudad y los valientes soldados junto a su rey estaban dispuestos a enfrentarlo sin dudar.