El sonido hueco de los cascos del caballo resonaba en la tierra húmeda levantando terrones de hierba a su paso. La capa de Ílimo hondeaba al viento sin dejar mirar atrás y su sombrero de ala ancha se batía en un deseo de aferrarse a su dueño. De lejos llegaban los sonidos de canciones del los elfos errantes, o las miradas incautas de los hombres que dejaban sus labores del campo. Pero ninguno vió parar al jinete que en ese momento solo deseaba llegar cuanto antes a Hrotä Elerrina. Únicamente a mitad de camino haría un descanso, cuando encontrase la orilla del Río Siriaur, para que descansase Ínar el blanco, uno de los más nobles de sus caballos.
Y cuando el río se volvió a oír de lejos y el camino empezaba a estar flanqueado a ambos lados por enormes álamos blancos que se levantaban como pilares de mármol, distinguió una compañía de enanos que se tambaleaban a cada paso. Se hicieron a un lado con desgana cuando me oyeron y se apoyaron pesadamente en sus callados mientras esperaban con la mirada que pasase cerca. En otra ocasión me uniría a ellos, pero esta vez llevaba algo demasiado brillante conmigo como para arriesgarme a despertar la codicia de su naturaleza.
A medio día llegué a un poco mas de la mitad del trayecto, Ínar quedó libre de ataduras y siguió su camino, solo hasta que volviese a necesitar de su ayuda. Me había adelantado a la hora convenida y no tenía otra cosa mejor que esperar a que viniesen a buscarme. Como solía hacer desde hace mucho tiempo, me apoyé en unas rocas de la orilla del Siriaur, y eché mi sombrero hacia la cara, protegiendo mis ojos del brillante reflejo del sol en el agua, intentando quedarme dormido hasta ser despertado, sin preocuparme de nada, porque ya sabían los que me buscaban, que me encontrarían donde siempre.
…
Pero esta vez no fue como siempre. Hasta ahora nunca había oído semejante mezcla de barullo: Ramas rotas, chasqueo de yescas, potes de metal chocando contra todas partes, notas aisladas de algún instrumento siendo afinado…enanos al fin y al cabo. Supuse que la compañía de antes había elgido justamente descansar en la ensenada que tanto me gustaba. Era de ver, y más cuando se acercaba la hora de comer. Seguro que no tardarían en descubrirme e interrumpir mi sueñecito con alguna pregunta poco original...[I]
__A las buenas tardes viajero, ¿queda mucho hasta Hróta Elerríma,?
__Llegarán a la hora de la cena si se apuran, al paso que llevan puede que tengan que esperar a que les abran las puertas por la mañana _dije con poca gana_
__ Usted nos pasó antes, ¿perdió su caballo?
__ No exactamente, estoy esperando que vengan a buscarme
__ um, nosotros vamos por nuestro propio pié, paramos a comer algo en este bonito lugar antes de empezar de nuevo ¿quiere unirse a nosotros?
[I] Antes de responder miró furtivamente hacia donde había escondido la urna de barro y comprobó que estaba bien oculta. Solo así aceptó la invitación.
__Y no les he preguntado... no se si seré muy indiscreto pero… ¿que trae por estos lugares a un grupo de Enanos?__comentó Ílimo__
__No somos más que canteros y albañiles que viajamos a las ciudades del norte, acudimos por recomendación del caballero Thelidor. Nos explicó que tal vez el señor Ílimo necesitase de nuestra ayuda y nos envió a esa ciudad.
__Supongo que allí seran contratados y si son tan habilidosos como cree el caballero Thelidor, puede que su cuadrilla sea recomendada para trabajar en las obras de Ost in Alassëa Esde, o incluso en las de la mansión de Hielo que la reina está haciendo mas al norte…
__¡ Ojala sea así!, desde el cataclismo mis hombres y sus familias están deseando dejar de viajar de un lado a otro. Esperamos encontrar un lugar apacible donde vivir y trabajar, fuera del alcance de todo mal y sin vivir a la intemperie. Es una suerte que nos mostrara el camino a estas regiones aquel Búho Blanco. Hasta el momento no nos ha faltado alimento en esta tierra tan fructífera y el clima es lo suficientemente generoso como para dormir al aire libre sin pasar frío. Pero no se porque hablo tanto, le estoy aburriendo con mis historias de enano viejo y no le he preguntado a donde se dirige usted, si no es mucha indiscreción, claro __dijo el viejo enano con una sonrisa pícara__
__Mi destino es la capital, pero antes pasare una temporada visitando las obras de Hróta Elerríma, si no es que se necesita mi presencia en otro lugar antes.
Y así pasó el tiempo, mientras los canteros enseñaban a Ílimo sus aperos y presumían ante él de la calidad de sus herramientas. Le hablaron de su obras pasadas y de sus méritos, pensando que aquel hombre les recomendaría allá donde fuese, o que intercedería por ellos ante el señor Ílimo para que les concediese encargos en su ciudad, ignorando que era él en persona. Cuando la comida estuvo lista tomaron carne de ave cazada durante el camino, verduras silvestres asadas y un postre a base de fruta del tiempo que no llegaron a terminar porque un grupo de barcazas atracaron en la orilla y de ellas bajó un séquito de elfos verdes, que se presentaron en el convite con una reverencia.
_Rey Ílimo, cuando desee __dijo el que parecía ser el cabecilla, señalando con un ademán sinuoso las barcazas con forma de cisne.
__Nos acompañaran este grupo de enanos con sus familias.__Gilthanas__ El viaje será así menos duro. Vienen recomendados por Thelidor, nos serán de mucha ayuda.
__¡ Levantad el campamento maese enano ! __gritó Ílimo dirigiéndose a todos en general__ y no temáis al Siriaur en Farothdin, pues aquí se atiene a mi autoridad y como mucho os dormiréis en el viaje oyendo su susurro encantador. Antes del anochecer contemplareis los portales de Hróta Elerríma, y descansaran por todos los viajes que habéis hecho.
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[Editado por gorathion el 26-04-2006 17:29]