La Guerra de los Clanes

Bajo El Hielo Eterno

Escribiéndose...
Escrito el 26-03-2006 22:59 #1

Allí donde las gotas de agua se vuelven estrellas...

Allí donde la luz del sol es sustituida por un bruma mortecina...

Allí donde la niebla y la nieve tiñen todo de blanco...

Allí donde el aire es una pesada losa sobre tus hombros...

Donde los muertos se compadecen...

Y donde los vivos caen en el olvido...

[Editado por atram el 26-03-2006 23:00]

Escrito el 26-03-2006 23:00 #2

Un desierto de frío hielo se extiende frente a ti más allá de lo que tu vista alcanza a ver. Sabes que la senda solo conduce al dolor, pero tus pies no responden a tus órdenes, ya no te pertenecen, ya no son tuyos... Una voz que retumba en tu cabeza. Es dulce, Es cálida. Te mantiene en pie, te hace andar más de lo que tus fuerzas te permiten, La melodía te reconforta, pero cada parte de tu cuerpo te duele con un dolor indescriptible. Pero tu sigues andando, porque esa voz te dice que lo hagas. No puedes negarte, no puedes contraatacar porque no eres dueño de tus actos. Y cada vez que cierras los ojos ves sangre, dolor, lágrimas, sufrimiento. Quieres llorar. Pero tu sigues andando. Y ella canta en tu cabeza. Tienes hambre, tanta hambre que serias capaz de comerte tu propio brazo, pero no puedes parar, ella no te deja parar. Lo único que hay en tu mente es esa voz y el largo camino que tienes frente a ti. Hielo, nieve, piedra. Miras hacia atrás y ves un rastro rojo sobre la nieve, es tu sangre, tus pies sangran. Pero tu sigues andando y andando.... y andando... y andando... hasta que todo se vuelve negro.

Escrito el 27-03-2006 02:52 #3

Bienvenido viajero a la senda del dolor.....la senda que te mostrara tu propia alma....y lo que existe en realidad en ti, saldra la luz de tu mente...........Tan solo existes tu y tu propia guerra personal.Tu eliges tu destino, tan solo tu decides.

Pero no te equivoques, si decides continuar viviras, pero si decides bandonar la eleccion sera la muerte.

Cantaba la reina para cada uno de los elegidos por ella.....-Asi eres y asi es......tu eres para mi y la reina te requiere.....Grandes cosas te esperan junto a mi, grandes hazañas se que eres capaz de realizar.....Tan solo ven a mi, ven a mi.....!!!!!.-

[Editado por eliahel el 27-03-2006 02:53]

Escrito el 28-04-2006 00:50 #4

Creación del PALACIO DEL HIELO ETERNO.

Una sola vez llore de rabia y dolor, por el pesar de hombres, elfos y enanos.

Una noche lúgubre y oscura de tormenta, llegaron a nuestras fronteras cientos de seres pidiendo auxilio y asilo en nuestro pequeño país. Eran tantos que tuvimos, tanto Ílimo el Rey, y yo misma implicarnos en las tareas de realojamiento de tantos seres. Escuchar todas sus historias además de los motivos que les habían hecho venir a Farothdin.

Hasta que, por la esencia misma de la naturaleza Maia, mi alma y mi corazón se convulsionaron. Sentí como algunos de los recién llegados, no eran quienes decían ser, no siendo tan inocentes como aparentaban ser. Así que, como hipnotizada, me dirigí hacia el único glaciar que existía al noreste de nuestras tierras. Detrás de mi varios de esos viles seres mentirosos y ruines me siguieron …Al llegar a la cima mas alta de Ost In Alassëa Esde, mi cuerpo se derrumbó desencadenándose, en una letanía de rezos, gritos y llantos…….Maldecía así el día de mi enfrentamiento con Melkor, por haber abierto en mi una puerta a la absertividad malévola hacia cualquier ser vivo.

De esta forma invoqué al agua y al aire y prestamente ambos respondieron ante mi llamada, transformando así una gran zona helada, la cual se encontraba completamente yerma, adornada por un gran palacio de hielo donde tan solo unas pocas plantas podían sobrevivir. Gran parte de las aguas del Siriaur se congelaron, creando de esta forma una pasarela entre esa zona y el resto del Realengo.

Hecho esto me alcé ante aquellos seres que me habían seguido, y ante ellos derrame mi justo veredicto que emanaba de lo mas profundo de mi ser: \"Seres viles y traicioneros, a mi habéis llegado por causas del destino. Así pues esta será vuestra ciudad….Tan solo una Fortaleza de hielo, que vuestras mentiras y traiciones han suscitado en mi la necesidad de crear; un Palacio de Hielo que jamás se fundirá, mientras aun quede con vida un solo corazón, una sola vida seccionada y sin perdón, una sola culpa en pie…..Aquí os quedareis, pues así lo ordena vuestro destino. . . y el mío.\"

Allí les dejé pues, y junto con mano derecha, Trasia, me dirigí hacia donde estaba Ílimo, preocupado por mi desaparición repentina. Le comunique lo sucedido, asustada por el horror que yo misma había vivido. El con suma tristeza aceptó que gran parte del tiempo yo debía estar pues en El Gran palacio de hielo, haciendo de aquellos villanos soldados de provecho, hasta que el último quedara en pie y aún hubiera maldad en él. Ílimo, mi amantísima alma gemela, se ofreció a ayudarnos a transportar y crear mobiliario para el Palacio, puesto que, el talle de dichos utensilios en madera era imposible para que de esta forma se mantuvieran en perfecto estado, se les encomendó a los herreros junto con los forjadores y cristaleros del reino, que crearan muebles para tal obra.

Al cabo de varios meses aquel desolado palacio era ya una gran fortaleza con mazmorras incluidas.

La sala del trono habían dos tronos de enormes dimensiones los cuales estaban tallados de fina plata, oro y piedras preciosas, en cuyo centro uniéndolos a ambos estaba la corona de Farothdin con una de las luces de Aman en la centro, a él se accedía por unas escaleras de hielo, en cuya base estaban los palios con la bandera del Realengo, siguiendo por la zona central de las mismas existía una alfombra tejida de seda roja metalizada, con finos bordados en recuerdo de nuestro origen y divinidad. A ambos lados de la sala existían columnas de piedra helada con capiteles ricamente ornamentados, realizados por los enanos que me siguieron el primer día de la creación y en las bases, los diferentes estandartes de todas las casas que formaban el Realengo. Entre columna y columna, existían ventanales por donde se veía el sol amanecer, y la luna y las estrellas surgir. Así pues en el centro justo, debajo de las escaleras, había una enorme mesa de piedra con sillas de metal para las reuniones de estado. Con un mapa en relieve sobre la tierras de la Aurora con cada uno de los reinos, ríos, lagos, montañas, llanuras, desiertos, praderas y bosques que lo formaban.

A dicha sala se accedía atravesando un enorme y pesado portón de grueso metal, que solo se abría con un medallón de plata y una piedra negra que había encontrado al llegar a aquel bello lugar, el cual poseía ya antes de formar el Realengo, y de tal forma, tan solo yo tenia acceso a él

Las habitaciones Reales eran cálidas, y espaciosas, con dos grandes armarios, el primero situado al lado de la puerta de entrada a mis aposentos, donde guardaba todas mis túnicas y mi calzado. El otro estaba al otro lado de la habitación en la pared opuesta de las ventanas, allí era donde guardaba mi armadura y la ropa de guerra acompañadas por las capas y mis arcos con sus carcaj´s. Moviendo una palanca e introduciendo mi medallón en una ranura, se accedía a la parte posterior de la sala del trono justo por detrás de las escalinatas Reales. Una puerta secreta que tan solo mi esposo y yo conocíamos, así pues solo nosotros teníamos acceso a ella. El palo de reposo de Yiyinai (mi adorada lechuza) realizado en frío y duro cristal con forma de pequeño árbol, con ramas de plata donde ella solía jugar. Las camas eran altas y con dosel de gasas de fuertes colores. Una gran colcha dorada y negra, con algunos cojines (debajo del colchón siempre escondía una de mis dagas y en lado contrario mi espada) y dos mesas a cada lado de la cama. A los pies de la misma había un arcón de madera de los bosques de Valinor, en el cual guardaba algunas pociones, y mis joyas más preciadas; así como mi ajuar personal. Una cómoda y un escritorio también traídos de Valinor. Y dos enormes butacas con una mesa redonda, para mis desayunos con mi esposo y mis colaboradores más allegados. Era todo lo que tenia por mobiliario.

Justo al lado de mis aposentos estaban las de Trasia y Nessa….ambas eran mis más fieles servidoras. Mi Comandante e ingeniera Real la primera, cuyos aposentos estaban al lado derecho de los míos y que contenían también una gran cama y varios armarios. A diferencia de las dos butacas y la mesita en su recamara, había una inmensa mesa donde mi estimada Trasia hacia sus planos y diseños para la armas e inventos para la guerra con sus consecuentes tiempos de paz (cosa la cual hizo de nuestro Realengo una tierra prospera y avanzada para los tiempos que corrían). Trasia era ordenada y una excelente organizadora. En las paredes de sus aposentos existían estanterías llenas de planos y libros, los cuales se hallaban perfectamente clasificados y ordenados en caso de necesitar cualquier cosa, así el orden junto a la pulcritud de dicha sala nos permitía saber donde se situaba cada tema, edificio, arma o invento; siendo de esta manera fácil entrar y encontrar lo que yo o mi esposo deseábamos o necesitábamos de acuerdo a las necesidades de dicho momento. Daba pues, gusto entrar en aquella recamara para ver así como Trasia se hallaba concentrada en sus planos sin ni siquiera percatarse de nuestras visitas por sorpresa. Trasia tenía una debilidad…el Volcán de lo mundana zona la cual le regalamos, por toda su entrega a la Orden y al Realengo. Allí también tenía su zona de ocio, aunque demasiadas veces tuve que bajar e intervenir en las peleas que ella y Nessa provocaban por mera diversión. Castigando a ambas por su insubordinación.

Los aposentos de Nessa estaban ubicados al lado izquierdo de los míos. La general de mis ejércitos, era una autentica científica y una maga excelente, (aunque algo díscola para mi gusto, pero buena en su trabajo) .La Dama de la guerra, como le encantaba ser llamada a Nessa. Mas que en sus aposentos, los cuales era un autentico desorden de papeles y libros hasta en la cama con dosel por que tanto pidio a nuestros artesanos que hicieran para ella, botellas, hiervas y pócimas extravagantes, traídas de todos los rincones de EÄ, ella hacia su vida entre su laboratorio, las mazmorras, caballerizas y corrales, las canteras y cantinas junto con soldados, guerreros y animales creados por ella misma. Dicho laboratorio estaba situado en el primer sótano, justo por encima de las mazmorras de la fortaleza. El peor castigo para aquellos que nos traicionaban o no cumplían con sus obligaciones; no era estar en las mazmorras frías y húmedas; si no ayudar o mejor dicho ser victimas de la propia Nessa en sus experimentos. Cosa con la cual yo también me divertía. El laboratorio era también algo caótico ya que era todo una amalgama de papeles, escritos, archivos, formulas amontonados en una mesa, donde no cabía prácticamente ni una miga de comida. En la otra mesa estaba llena altramuces, varios decantadores de esencias, tubos de ensayo, probetas, pipetas, cuencos y varios artilugios extraños diseñados por Trasia a petición de Nessa. Varias camas duras y altas las cuales se podían poner en posición vertical, con ligaduras de cuero donde se ataban a los convictos para los experimentos y torturas para interrogarlos. También tenia un enorme hueco de chimenea donde había un caldero y a su lado un camastro donde normalmente se la encontraba meditando después de una noche de juerga y casi siempre bien acompañada.

A la mente me viene como encontré por primera vez a Nessa de niña; arrogante y atrevida a su vez que los motivos los cuales me hicieron enlazar su destino al mío. Y a Trasia cuyo atrevimiento por tratar de robarme en mí propio Palacio de la capital del Realengo hicieron que me fijara en ella, como mi ingeniera y espía; mi mano derecha, y a Nessa mi consejera y mi mano izquierda en temas de diplomacia y guerra.

La fortaleza en sí era de hielo y roca. Nada podía provocar que se derritiera, ni se derrumbaran sus cimientos. Ya que estaba formada por el odio y el desprecio que todas aquellas mentes y corazones dejaron en mí cuando me introduje en sus mentes y almas y comprendí que aquellos sentimientos no tan ajenos a mí, pero que me causaban gran dolor eran indestructibles y firmes como la maldad que existía en el mundo.

Sus 4 torreones eran tan altos que se podían divisar desde casi todos los rincones de las Tierras de la Aurora. En ellos había varios soldados elfos guardianes de una de las armas más poderosas que poseíamos en nuestro reino. Consistían en una enorme placa de metal reflectante y unos 3 metros de las mismas unidas por barras metálicas ignífugas unas velas protegidas por pequeñas mamparas para que no se pagaran las velas, la cuales al enfocar hacia el campo de batalla o bien mover de forma determinada las placas podían provocar tan pronto la destrucción de todo un ejercito como avisar de una invasión al resto del reino. Esa misma arma también existía en la frontera contraria de donde se ubicaba la fortaleza del hielo eterno.

Pero había un torreón central desde el cual se accedía desde mis aposentos pos unas escaleras de caracol y donde tenía ubicado mi altar con un enorme espejo de marco de bronce, y conchas marinas, encima de una pila con forma de concha, desde donde podía visualizar todo aquello que el espejo podía mostrarme tanto dentro como fuera de mis dominios y desde donde contactaba con mis guerreros, victimas de mis hechizos o llamados. La pila estaba incrustada en un pie de metal en forma de tronco recordando a los Árboles de Valinor y a cada lado una lámparas con una parte de la Luz de las Lámparas de Aman (traídas y guardadas por mi esposo para no olvidarnos de nuestro origen y el motivo por el que no habíamos arribado a esas tierras) las cuales nos protegían y ayudaban a visualizar mejor aquello que el espejo y la concha me mostraban.

Unas plantas más abajo se encontraban la ya citada sala del trono, mis aposentos y la de los generales, capitanes y demás miembros de mi sequito y ejercito personal. Cuan mas bajo era su cargo las habitaciones o camaretas cambiaban su forma y su ubicación en plantas más cercanas a las plantas bajas, sótanos, mazmorras o caballerizas dependiendo del cargo de cada elfo, enano o ser humano. A los pies de la fortaleza estaban las viviendas (también creadas de hielo y piedras), varias tabernas, las caballerizas, los graneros y varios corrales. La zona de entrenamiento para los lanceros, arqueros, y espadas. Los caballos llevaban herraduras especiales fuertes y resistentes, antideslizantes y mas altas de resto de caballos del reino haciendo parecer a nuestros equinos mas altos esbeltos y fuertes para evitar caídas y resbalones que pusieran en peligro la vida mis tropas, por que el suelo era en su mayor parte de hielo, roca dura y fango algo peligroso. Al estar acostumbrados a temperaturas de extremo frío y calor nuestros equinos eran tremendamente resistentes y fuertes y ágiles eran temidos por cualquier tropa enemiga.

Pese a que mi tropa eran en su mayoría malhechores, ladrones, borrachos, traidores, mentirosos, ladrones y demás escoria. Gracias al poder que mis dos Damas y yo ejercíamos sobre todos, nos eran leales y fieles, estaban bien considerados a la vez que temidos por el resto de tropas del Realengo. Tan solo a nosotras obedecían sin rechistar, aunque de vez en cuando había algún rebelde, espía o traidor el cual era castigado de las formas más crueles que éramos capaces de inventar entre las tres.

[Editado por eliahel el 28-04-2006 02:13]

Escrito el 30-04-2006 05:26 #5

Ya terminaba, vio caer su cuerpo por tremendo esfuerzo antes de sentir que la jalaba hacia abajo, hacia su propia carne. Abrió los ojos y vio a los cuervos revolotear a su alrededor.estoy bien mis niños, ahora guienme por el camino correcto. pensó, los cuervos alzaron el vuelo y avanzaron rumbo a Ost In Alassëa Esde. Narquelië se paro lentamente, se acerco al caballo, saco una cantimplora y tomo mucha agua. Necesitaba recuperar fuerzas antes de seguir.

Cuando estuvo lista subió al corcel y avanzo por la brecha que indicaban sus cuervos, pasarían 13 días con sus noches, para que por fin observara el Palacio del hielo eterno, espoleo al caballo y salio disparada...

La puertas se abrieron solas, camino por la sala, pudo mirar a sus cuervos que se posaban en los ventanales atentos a cualquier movimiento de su señora, entonces la vio. Ahí sentada estaba Izilsurias,ella la habia llamado a travez de su canto, Narquelië recordo entonces a la figura blanca que seguía a su espíritu mientras su cuerpo se hallaba en un trance; aquella figura era poderosa y grandes cosas le esperaban si se quedaba a su lado. Pero una cosa sabia bien, ella seguía a su conveniencia y ya vería la forma de hacer su santa voluntad aun cuando le pesara a medio Farothdin.

-El canto decía : \"tu eres para mi y la reina te requiere.....Grandes cosas te esperan junto a mi, grandes hazañas se que eres capaz de realizar.....Tan solo ven a mi, ¡ven a mi.....!\", y yo he venido.- le dijo pasando por la gran mesa de piedra, poso su mano en la ultima silla y la miro altiva y orgullosa.

-Bienvenida a Farothdin, Quariel. Te he esperado durante largo tiempo.- le contesto la reina levantando se de su trono

- Sin embargo no estaba en mis planes venir, al parecer el destino tenia otra cosa planeada para mi.- sonrió con sorna y después agrego.- ¿En donde me quedare?, necesitare demasiado espacio y una cosa mas.- Miro hacia los ventanales y a alcanzo a oír el graznido de sus fieles siervos.- Mis cuervos se quedan.

La reina sonrio y se acerco a ella, tan rapido que no se dio cuenta que ya la tenia junto a su cuerpo.

[Editado por tari el 02-05-2006 02:49]

Escrito el 02-05-2006 01:36 #6

-No me seas arrogante niña...Si estas aqui, es por que yo te he llamado y tu has decidido contestar a mi llamada.Pese a los avatares del camino has llegado hasta aqui, mientras que muchos otros dejaron en el camino hasta su propia vida.

Izilsurias miro de arriba abajo a Narquelië, sucia y andrajosa como estaba....aun mantenia su orgullo y la forma de exiguir que sus cuervos se quedaran la hacia mucha gracia.

Yiyinai la lechuza real, miro atentamente a esos graciosos animales impacientes por conocer la respuesta de aquella curiosa figura...

-Para tu imformacion he mandado hacer, una jaula en la planta inferior a esta donde estaran tus aposentos. Dirigite pues hacia alli y encontraras un buen baño de agua caliente, ropa limpia y buena comida.

Izilsurias desaperacio en mitad de una brisa fuerte dejando a Narquelië sola en aquella sala.

< No la hagas y no la temeras mi joven humana> Oyó decir en su mente

Narquelië. <Muahajahajahajaaaaaa!!!!!!!>

Escrito el 02-05-2006 03:53 #7

La palabras de la reina le zumbaron en los oidos; Quariel habia conocido a una maia , pero esta era muy diferente a la extraña mujer. Sonrio, pasarian cosas interesantes estando ella en aquel palacio, miro a Yiyinai y por alguna razon extraña, sentia que su busqueda habia terminado.Estaba lejos de la tierra de su gente, el pueblo que alguna vez le llamo reina, lejos de todo aquello que la ataba; sin embargo no se sentia libre, en el fondo Narquelië sabia que obtendria muchismo poder, tendria todo lo que alguna vez deseo, su espiritu llegaria a estupores grandiosos, ya podia sentir a su cuerpo moverse en la danza de los vientos y a su espiritu volar por las estrellas; pero ahora estaba atada a aquella mujer, habia aceptado el llamado y con ello habia renunciado a su libertad.

-No la hagas y no la temeras mi joven humana.- repitio sus palabras.- bien, al parecer me convertire en la niña malcriada.- las palabras las dirigio al ave que seguia mirandola atentamente.- porque yo solo sigo mis propias reglas, a tu dueña le costara trabajo controlarme, que las pases bien Yiyinai.- termino su frase y salio de la estancia muy lentamente.

Al salir, los cuervos volaraon hacia ella, por un momento se quedo quieta, despues las aves volaron lejos; ya les llamaria cuando fuera necesario. Se dirigio pues a la planta inferior y encontro un jaula hecha especialmente para sus siervos, a su lado estaba la puerta de los aposentos, la abrio lentamente, la estancia era muy amplia, en la cama habia ropa y en la mesa una charola con comida. Se quito sus ropas del viaje sucias y andrajosas, despues miro el baño, en el centro habia una gran tina(del tipo romano), el agua salia caliente y habia varios jarrones dispuestos con aceites y perfumes, los olio y puso un poco del que tenia un color rojizo, se quito lo que faltaba de ropa y se sumergio...

Escrito el 06-05-2006 02:22 #8

Al irse la humana de la sala del trono, la camra quedó aparentemente vacia.......Al cerrarse el porton Yiyinai voló hacia el trono de la reina y como surgida de la nada....Izilsurias aparecio sentada en el.

Acariciando a su mascota Izilsurias la dijo.....

- Querida mia, esta fortaleza se esta poniendo cada vez mas peligrosa, con cada odio y muerte a traicion se hace mas grande y fria....algo me dice que si mis tropas, sirvientes y artesanos traicionaron, vendieron y mataron con anterioridad a los sus propios hermanos y semejantes...¿Quien no me garantiza que lo intenten con el Rey y conmigo?....Hummmm las intenciones de esta humana me inquietan. No sé, si creera que su camino aqui va a ser una precioso sendero de rosas.Tendremos que vigilarla a ella y a sus cuervos igual que al resto de seres.

La reina sonrió maliciosamente y subió a la gran torre central de la fortaleza, desde donde nada se escapaba a su visión; desde los pensamientos mas horripilantes de los mas simples orcos, hasta el cantar de cualquier pajaro o criatura desde la otra punta de la tierra media.

-Tendre que buscarme a alguien de mi entera confianza, para conseguirnos una buen protrección. Penso Izilsurias sentada ante su altar.

Algo le habia sido mostrado para avisarla del peligro. He de hacer mi llamado, ya se que quien podrás protegernos. Vete Yiyinai y avisa al Rey rapido....No podemos dejar las cosas en manos del Destino.

Escrito el 06-05-2006 04:58 #9

Cuando salio de la agradable ducha, sus pertenecias ya estabas dispuestas en los lugares correspondientes; se vestio con un vestido rojo y despues poso su mirada en los tesoros mas preciados para ella. El libro con la carta de su querido amigo estaba en la mesa, sus espadas luz y sombra se encontraban a un lado, su daga dispuesta sobre ellas, como si fuera la mas poderosa de las tres y las joyas de su padre envueltas en terciopelo negro. Tomo el collar y los aretes y se los puso lentamente, cuando se miro al espejo se sintio mejor.

La suciedad del camino se habia esfumado por completo y el rostro de nuevo estaba revitalizado, el ultimo de sus rituales habia sido demasiado agotador dejandola casi sin fuerzas, sin embargo ya no se notaba nada de eso, ahora Narquelië miraba a una hermosa mujer que parecia no saber nada del mundo a excepcion de los vestidos y las joyas que portaba. Volteo hacia sus armas, tomo la daga y la guardo lentamente entre las ropas, despues acaricio las dos espadas, hacia ya mucho que nos las utilizaba y en verdad que deseaba practicar con ellas. Pero aquel no era el momento para eso, asi que las guardo en unos de los armarios y salio de los aposentos, Quariel se pregunto ¿donde estaria la reina?, la pregunta se le borro de la cabeza, lo que necesitaba en aquel momento era conocer aquel Palacio.

Necesitaba un guia, en ese momento vio salir a Yiyinai volando y se pregunto si la reina estaba segura de quererla ahi junto a ella.

Escrito el 06-05-2006 17:44 #10

Yiyinai volaba por el largo corredor y de vez en cuando se posaba en el alfeizar de una ventana a la espera de que Quariel la siguiera. Al principio le pareció raro, pero definitivamente la lechuza quería que la siguieran, así que Quariel la siguió.

El corredor era largo y luminoso. No porque entrara luz por las ventanas, porque lo único que se distinguía a través de ellas era una bruma blanquecina, si no porque las paredes reflejaban una claridad azulada propia del hielo, una claridad que te helaba la sangre y los huesos. Pero no hacía frío, tan solo te sentías desprotegido. Los muros parecían permanentemente mojados, como si el hielo se fuera derritiendo poco a poco haciendo pequeños ríos que resbalaban tranquilamente por la pared. Quariel no pudo evitar alargar su mano para tocar las gotas que a cada momento iban apareciendo en la superficie azul. Para su sorpresa, la pared estaba totalmente seca, fría, pero seca. Era como si entre el hielo y ella hubiera una capa de vidrio que no consiguiera ver, pero notaba con sus manos temblorosas como el hielo iba consumiendo el calor que emanaba de su cuerpo. Desde la punta de los dedos un escalofrío iba poco a poco avanzando en dirección a la palma de la mano. El color moreno de su piel iba dejando paso a un tono pálido y ligeramente morado mientras pequeños calambres convulsionaban sus dedos. La extraña ola de frío subía y pronto le alcanzó la muñeca pero la humana no sentía miedo, tan solo frío mientras sus dedos se paralizaban, los calambres llegaban a su muñeca y la palidez al codo...

Yiyinai chilló y de pronto toda sensación desapareció. Quariel buscó a la lechuza en el alfeizar donde la había visto por última vez pero no estaba ahí, si no posada en el hombro de una persona. Morena y vestida de terciopelo negro le pidió que la siguiera mientras se levantaba la manga descubriendo una muñequera de cuero para que la lechuza pudiera posarse cómodamente sobre su antebrazo.

- Te aconsejaría que si vas a permanecer en este palacio, vayas con cuidado con lo que tocas, la magia levantó estas paredes y la magia reside en ellas. – Dijo la mujer mientras iba dando poco a poco pedacitos de galleta a Yiyinai, la lechuza como recompensa picoteaba suavemente su hombro. – Soy Trasia, la Reina me ha pedido que te haga de guía. Quiere que conozcas la que será tu casa a partir de hoy. Por favor, sígueme.

Y Quariel la siguió a lo largo del corredor. Su semblante era tranquilo, ordenado, impasible. El terciopelo negro resaltaba contra las paredes azuladas donde ahora, las gotas habían desaparecido y ligeras betas tornasoladas aparecían a medida que avanzabas. Quariel no quiso aceptarlo a primera vista, pero no había duda de que esas betas dibujaban la caras. Caras de personas que sufrían.