La Guerra de los Clanes

Posada De Helkelen Lara

Escribiéndose...
Escrito el 23-04-2006 18:10 #1

Uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad de Algalord, es la posada del Cuerno de Hielo. Este edificio se encuentra en la zona Nordeste de la ciudadela, muy próxima a la puerta Norte, que da directamente al camino que conduce al Aeglos.

La historia de esta singular posada comienza en el momento en el que el consejo del Helkelen Lára decide reconstruir la ciudadela de Algalord.

En sus inicios la posada no era más que uno de los tantos edificios habilitados para almacenar los materiales y las herramientas de reconstrucción. Más adelante con las obras de reconstrucción finalizadas, el edificio quedo en desuso por un breve espacio de tiempo. Ya que con el paso del Aeglos reabierto, el tráfico de caravanas entre el este y oeste comenzó a aumentar. Así que este antiguo almacén fue comprado por un grupo de comerciantes que se establecieron en la ciudad.

El edificio se reformo para adaptarlo a las nuevas necesidades: la primera planta se dividió en tres partes, la principal situada en la entrada serian las oficinas, al fondo del edificio se situara el almacén y las perreras. Se creo una segunda planta, para que los guías y pasajeros pudieran descansar antes de proseguir su camino.

Durante un tiempo los negocios fueron bien y el negocio prospero, hasta que debido a una serie de accidentes y negocios fallidos el establecimiento fue cerrado.

Un par de nuevos propietarios, aprovecharon la ocasión para comprar el local y reabrirlo como la posada del Cuerno de Hielo. Convirtiéndolo en un lugar de encuentro para viajeros, comerciantes y exploradores, donde pudieran llevar a cabo sus negocios. El negocio prospero y se convirtió en uno de los locales más famosos de la ciudad.

Pero estos no serían sus dueños definitivos, ya que se decía que aparte de ganar mucho dinero, lo gastaban todo en juego y otros vicios.

Fue en una de esas partidas de cartas donde la posada cambio de dueño, y fue a parar a las manos de su dueño actual Liceh, un viajero que llego con los exiliados. Realizando un par de nuevas reformas, para dotar al local con un aire mucho más acogedor y calido.

Nada mas traspasar las puertas de las posada, el viajero accede a un pequeño Hall donde a la izquierda encontrara la recepción de la posada, a su derecha una de las escaleras que dan acceso a la planta superior donde se encuentra los dormitorios, y en frente una gran portón que da acceso a la siguiente habitación. En la siguiente habitación, una gran sala iluminada por multitud de farolillos de aceite, varios fuegos y estufas donde los viajeros pueden calentarse. Esparcidas de forma caótica mesas y sillas donde poder sentarse y degustar las especialidades de las tierras de Coire. Al final de la habitación se encuentra la barra, atendida por varios posaderas y mesoneras, tras la barra dos puertas situadas en cada uno de los extremos dan acceso a la cocina. Y a cada lado de la habitación, se encuentran las escaleras que dan acceso a la parte superior.

En el exterior adosado a la parte derecha se encuentran las nuevas perreras y caballerizas, mucho mas adecuadas para estos animales, que las que había con anterioridad.

Escrito el 23-04-2006 19:34 #2

Apacen y Naulë entraron en el hall del Cuerno de hielo de repente se escucho una voz tosca:

-Lo siento amigo, pero los animales tienen prohibida la entrada en este local deberás.. – un tintineo de campanas se escucho aproximarse, y después una voz dulce interrumpió al hombre.

-¡Naulë! Exclamo la voz, ven aquí preciosa – A lo que la loba salió corriendo y se acerco a la mujer, dejando que esta la acariciara con dulcemente la cabeza y el lomo.

Apacen aprovecho para quitarse la capa hecha con las pieles del Ear, y descubrir la cara de un hombre pelirrojo, con el rostro marcado por varias cicatrices en los ojos, pero que emanaba una paz y una tranquilidad.

-Tranquilo Loguer, Naulë puede pasar – Dijo la voz dulce – A lo que le siguió una respuesta.

-Bueno Loguer si eres tan amable de indicarme el camino hacia la perrera – Respondió Apacen, mirando al portero, mientras dibujaba una sonrisa. Entonces el portero se percato de la ceguera del hombre, y comprendió la situación.

-Vamos no te pongas celoso, eso no va contigo – Le respondió la mujer en un tono burlón, acto seguido se incorporo y le agarro del brazo izquierdo, a lo que le acompaño el tintineo de las campañillas.

-Maria, no hace falta que me lleves del brazo, puedo seguirte perfectamente – Respondió Apacen.

Maria, tiro de su brazo, y le obligo a caminar en dirección a la otra sala, entrando los dos cogidos del brazo.

-Y si me quitara las campañillas, ¿que harías entonces? –Pregunto la mujer.

-Puedo seguir el rastro de tu perfume, o el sonido de tu característica forma de andar, que seguro que vuelves locos a todos los hombres que pasan por aquí.

La mujer se sonrojo, y una sonrisa se dibujo en su rostro. – Bueno te dejare en una mesa y avisare a Liceh, que seguro que tenéis muchas cosas de las que hablar.

Maria los dejo en una mesa apartada del resto de clientes, fuera del alcance de miradas y oídos curiosos esperando la llegada de Liceh.

Escrito el 29-04-2006 18:30 #3

Apacen se quedo en silencio atento a todos los sonidos, aromas que impregnaban el lugar y las sensaciones que podía captar, intentando imaginar la escena que estaba sucediendo ante su atenta mirada.

Unos minutos más tarde llego Liceh, saludo a Naulë que salio a su encuentro y después colocó sobre la mesa un pequeño objeto envuelto en unas telas.

-Antes de entregártelo, porque no me explicas un poco más de que va todo esto – Dijo Liceh mientras pasaba la mano por el hombro derecho, y el dolor recorría su cuerpo dibujando una mueca de dolor en su cara.

-No me digas que has tenido dificultades en encontrar lo que te pedí, creo que mis indicaciones fueron bastantes claras y precisas, o acaso regentar esta posada te esta oxidando. Respondió Apacen en un tono burlón mientras se recostaba en la silla.

-Sigo siendo el mejor – Respondió en tono tajante, para luego suavizarlo y proseguir - lo que fallan son tus visiones, no hablaban de ciertas trampas, ni de un grupo de mercenarios que rondaban el lugar, antes de mi llegada.

Apacen frunció el ceño, se podía ver en su rostro la preocupación por las últimas palabras de Liceh. Entonces comenzó su relato:

Alguien del consejo en Ost-en-Äel me presento a un grupo de estudiosos y eruditos interesadas en llevar a cabo un proyecto para recuperar los orígenes de nuestro pueblo.

-Y claro no te pudiste negar, la búsqueda de los orígenes de tu gente suele nublar tu juicio, mas que la bebida – Interrumpió Liceh con una sonrisa en la cara.

-Es algo muy importante, somos un pueblo de tradición oral, hemos perdido nuestros orígenes y tengo que hacer todo lo posible por preservar y mantener las tradiciones que aun conservamos. Poco es lo que conocemos de la caída de Algalord, del éxodo, como eran y que hacían nuestros antepasados. Respondió Apacen, en un tono entre la exaltación y la emoción.

Tras una pausa retomo la conversación – Pero tras unas semanas empecé a tener extraños sueños sobre el legado de nuestros antepasados, algo no marchaba bien, deje de confiar en aquellos hombres.

-Y recurriste a mí, pero supongo que no les contarías nada del lugar al que me enviaste. - Interrumpió Liceh.-

Escrito el 29-04-2006 23:48 #4

La nieve crujía bajo sus pies al igual que sus articulaciones, pues el frío penetraba incluso a través de grueso abrigo que llevaba encima.

La callejuela refulgía en perpetuo blanco y solo un cartel medio congelado y desgastado se mecía entre las gélidas ráfagas de viendo que asolaban el desierto blanco.

“El Cuerno de Hielo”

Inmediatamente un recuerdo afloró de su memoria. ¿No era aquella una de las primigenias posadas de Algalord?¿Acaso no era la misma que de mano en mano y de dueño en dueño se había debatido durante años entre la clausura y el auge, la prosperidad y el declive?

<<Todo un caso.>>, pensó para sus adentros la joven, al tiempo que su mano liberada del molesto guante tanteaba el pomo de la puerta. Bastó un esfuerzo mínimo para que cediera dando paso a un aire cálido y sofocante proveniente del interior.

- Buen día. – añadió cortésmente al ingresar.

Escrito el 30-04-2006 19:47 #5

Ajenos a la entrada de la joven Liceh y Apacen seguían discutiendo sobre el asunto que les tenían entre manos, al cabo de un rato Liceh le deslizo el objeto que había encontrado. La excitación se dibujo en el rostro de Apacen, con cuidado desenvolvió el objeto, lo tomo con mucho cuidado y deslizo sus dedos por la superficie del objeto, escudriñando cada agujero, cada borde, estudiando el tacto y la textura, hasta poderse hacerse una idea de lo que era.

-¡Es una mascara! – Exclamo denotando una mezcla de decepción y sorpresa.

-Y muy curiosa, me gusta la forma que tiene de cabeza de lobo – Añadio Liceh sonriendo. – Eso me ha dado alguna idea para organizar una fiesta de mascaras.

- ¿Pero donde esta el libro? –Pregunto Apacen irritado.

-¿Libro?, escucha yo seguí las instrucciones al pie de la letra, encontré el cofre y esto es lo que había en su interior. –Respondió Liceh rápidamente en tono enojando golpeando con las manos la mesa.

Apacen se quedo un instante pensativos, rascándose la barbilla con las manos.

-Perdóname, nunca vi el interior del cofre en mis visiones, y esperaba que hubiera algún manuscrito, pergamino o manuscrito. Dijo ya mas sereno.

-No te preocupes somos dos los decepcionados, yo esperaba algunos objetos de valor, así que a los dos se nos ha quedado cara de tontos – Añadió Liceh en tono conciliador.

Mientras tanto Longuer atendía a la recién llegada, con una ademen la saludo y le invito a entrar a la posada, haciendo sonar una pequeña campana llamo a una de las mesoneras para que atendiera a la joven. Con su voz tosca le invito a que aguardar unos instantes.

Acto seguido la puerta principal se abrió de forma brusca, dejando entrar el viento helado del exterior, poco después aparecieron unos personajes siniestros, embotados en pesadas capas oscuras, tan solo dejando entrever sus ojos. No tuvieron ningún miramiento, ni maneras empujando a la joven hacia uno de los extremos de la pared. Longuer se apresuro a intervenir, pero estaban fuera del alcance del guardaespaldas.

Escrito el 03-05-2006 01:38 #6

Su endeble saludo pareció ahogarse en el abismo de la indolencia ajena.

Por un instante pensó en marcharse, dejar atrás la hostil calidez del lugar y volver a sumergirse en el frío de un atardecer sin sol.

Pero un esquivo murmullo, un ajetreo inusual trizaba la perfección del silencio imperante.

Dos individuos de voces apenas audibles se debatían entre expresiones de desconcierto y decepción. Y de no ser porque por un fugaz instante entrevió un objeto en las manos de uno, habría girado y salido sin más del lugar.

La curiosidad la detuvo.

En tanto, se acercó un hombre de maneras un tanto artificiosas y, le pareció a Ezel, falsamente amables, que le invitó a esperar la atención de alguna atenta muchacha que estuviese de turno en la Posada.

A sus espaldas la puerta se volvió a abrir y un escalofrío recorrió su espina dorsal, mas esta vez la Atani no pudo precisar si era frío o a acaso algo más siniestro lo que provocaba su estremecimiento.

Sin acusar entrega, un manotazo potente la estrelló contra el muro mucho antes que siquiera adivinase el perfil de su agresor. No acertaba en hilar la razón.

Escrito el 03-05-2006 22:50 #7

Como la calma que precede a la tempestad, un tenso silencio se hizo en al posada. Las risas, los cánticos y las discusiones se acallaron. Toda la actividad se detuvo y las miradas se centraron en lo desconocidos.

Apacen se apresuro a envolver la mascara en las telas, y guardar entre sus ropas. Los ojos de Liceh se iluminaron, no estaba dispuesto a tolerar ese tipo de comportamiento en su posada. A grandes pasos se planto ante el portón que dividía la posada del hall impidiendo el paso a los dos hombres, detrás le siguieron Apacen y Naulë

-No saben que esta clase de comportamiento no se permite en este establecimiento. Dijo Liceh en tono autoritario, mientras observaba a la joven abofeteada en uno de los extremos.

-Son palabras muy valientes, viniendo de un ladrón- Dijo uno de los encapuchados – Tienes algo que estamos buscando.

-Esa es una acusación muy grabe, llamar ha alguien ladrón en su propia casa. - Dijo Apacen en un tono conciliador, intentando calmar la situación – till crick – a lo que Naulë respondió situándose entre la joven y los encapuchados.

-Tus palabras no tienen poder sobre nosotros, un ciego y un ladrón no podrán detenernos. – Respondió uno de los hombres en un tono más amenácenles, a lo que los demás hombres respondieron apartando sus pesadas capas y llevando sus manso a la empuñadura de sus espadas.

Liceh respondió de la misma forma, apartando su capa y dejando ver sus dos cimitarras que le colgaban del cinto. A lo que añadió en tono desafíate – Va a ser la pelea mas desequilibrada de las que he vivido, y eso que vivido muchas.

Una gran sonrisa se dibujo en el rostro de Apacen – La verdad es que creo que están más ciegos que yo pues no ven la clara desventaja.

Los hombres soltaron una gran carcajada, que quedo acallada por el atronador sonido del desenvaine de los cuchillos, dagas y espadas de los que allí estaban presentes. Tras ese nuevo movimiento inesperado los hombres cesaron en sus amenazas y se retiraron.

Apacen se acerco a la joven, tendiéndole la mano le pregunto ¿Os encontráis bien?

Escrito el 04-05-2006 05:50 #8

Confusión y pusilanimidad pero por sobre todo desconcierto, llegaron a revolver los ánimos de Ezel.

Todo se mezclaba de abstrusas formas, los hilos se enredaban y la razón perdía sentido para cuando pudo volver a flote la lucidez, tan solo desposada de la indignación.

-¡Claro que estoy bien! – repuso algo malhumorada la hija de hombres, más dulcificó su talante al ver tendida una mano amable que la invitaba a incorporarse.

Por una vez olvidó el orgullo que con obstinación regía sus modales y aceptó el gesto como uno impulsado por piedad sincera. Incluso le dedicó una sonrisa.

Pero bajo su propio abrigo, podía sentir el roce de una daga ceñida al cinturón. El metal templado por el contacto con su cuerpo le recordaba su presencia a cada instante.

No dudaría en usarlo de resultar inevitable, y poco y nada le amedrentaba uno de los hombres en cuestión, que con espada en mano describió figura una elíptica en el aire antes de volver a enfundar el arma.

Sus fríos miembros se cerraron sobre la cálida mano del hombre.

¿Había querido Mandos que su destino se enlazara al de la misteriosa atmósfera del lugar? O acaso aquello representaba una distracción pasajera...

No acababa de entender muchas cosas y con cada segundo las preguntas brotaban multiplicadas en su cabeza. Tantas eran, que no sabía por cual partir.

- ¿Quién sois? – arremetió de pronto.

Escrito el 05-05-2006 23:05 #9

Apacen tomo la mano de la joven, con el leve roce noto, el frío, el miedo y el desconcierto. La tomo con ternura y suavidad, de el no tenia nada que temer, muchas cosas pasaban por la mente de la joven, algunas de ellas podría aportar alguna luz, otras serian rebeladas a su tiempo, y las demás permanecerían ocultas en la marea del tiempo.

Al cabo de unos instantes la joven articulo unas palabras, una simple y directa pregunta ¿Quién sois?

-Donde estarán mis modales, la gente me conoce como Apacen, a Naulë ya la conoces – dijo señalando a la loba – y mi amigo Liceh, dueño de este establecimiento. Respondió Apacen en un tono cordial y amable.

-Por favor aceptad mis más sinceras disculpas, y permitid que os compense de algún modo. –Añadió Liceh.

Sin darle mucho tiempo a reaccionar, la joven se encontró sentada en una de las mesas, frente a los dos hombres, unas camareras trajeron todo tipo de manjares y bebidas, mientras la frenética actividad de la posada se retomaba.

Apacen tomo la palabra, ante la abrumada joven, que no sabía muy bien donde se acababa de meter y si confiar o no en aquellos hombres. Podríamos continuar con las presentaciones, ahora que estamos mas relajado y fuera de las miradas de curiosos, quien sois y que asuntos os traen por estas tierras.

Escrito el 08-05-2006 06:33 #10

En apariencia estaba tan serena como el agua de un estanque, mas sus manos la delataban. Estaba prácticamente estrujando una servilleta. La retorcía solo para volver a estirarla, mientras su mirada vagaba perdida en el tiempo.

Estaba meditando que decir.

De pronto respiró profundamente y clavó una mirada en su interlocutor.

Solo entonces se percató que era ciego.

No supo precisar si aquello la aliviaba o abrumaba, o tal vez las dos cosas.

Por lo menos ya podía estar segura que no estaba viendo su rostro de desconcierto, pero estaba convencida que el temblor de la voz o las manos era mucho más elocuente.

-Me llaman Ezel, aunque sería lo mismo si me llamasen Avariel o Amanišal. – replicó amargamente la joven que detrás de su absurdo nombre clausuraba la puerta al pasado. – Estoy al servicio del Reino.

Acto seguido sacó un anillo de su bolsillo.

Un lobo tallado finamente en plata demostraba la confianza del gobernante, mas seguramente había sido pensado para la mano de un fornido guerrero y no para los delgados dedos de una muchacha. No le quedaba. Que paradoja.

Se lo tendió a Apacen que si bien no lo veía con los ojos, muy seguramente lo describiría con las manos.