La Guerra de los Clanes

Yävetil, La Esperanza Erguida De Nuevo

Escribiéndose...
Escrito el 21-03-2006 15:45 #1

Yávëtil nació de una extraña alianza entre enanos y elfos Sindar. Estos dos pueblos enfrentados habían tenido que unirse para no perecer bajo el poder cada vez más creciente de Morgoth en esas tierras. Las huestes enanas junto a las de los elfos trabajaron afanosamente para construir la ciudadela de Yávëtil, esta estaba encaramada en al loma de un barranco por donde transcurría uno de los afluentes del gran río. El viajero que tras caminar largo tiempo la viera al observarla se encontraría con un gran muro de piedra gris que se alzaba varios metros del suelo haciendo que desde fuera nadie imaginara que detrás de esta se escondían aun cuatro murallas más, grandes rocas formaban sus murallas y parecían más la obra de gigantes que de elfos y enanos.

La muralla principal solo tenía una entrada y esta era la Puerta de Durín, en ella se hizo patente la destreza de los enanos al construirla, una doble puerta la configuraba sin abrir la puerta interior no se podía abrir la exterior, cuando se llegaba a ella se pasaba por un primer arco flanqueado por dos grandes torres de defensa, pero por detrás de estas dos se alzaban otras dos aún más grandes dándole a la puerta una doble defensa haciéndola el eje de la defensa de la ciudad. Tras cruzar sus grandes puertas el viajero se encontraba con una gran explanada empedrada en cuyos flancos se erguían dos edificios, uno era la Caserna donde habitaban elfos y hombres y el otro era un edificio adornado por dos caballos de piedra blanca en su puerta, eran los establos. El primer nivel era dedicado al ejercito, en el no habitaban civiles, más en este había algunas fraguas donde los enanos trabajaban fuera del bullicio de la ciudad. Tras atravesar la gran plaza te encontrabas con la segunda muralla, dos torres flanqueaban su entrada más a lo largo de esta muchos minaretes observaban a los que quisieran entrar en la ciudad más en todas ellas habían sido desplegadas grandes catapultas. La puerta era custodiada por una guardia elfa y enana, durante día y noche. Tras cruzar el primer nivel las puertas se abrían al viajero y ante el se erguían blancas casas a cada lado de la calle, en sus balcones flores rojas los adornaban, caminabas pos sus ascendentes calles más no se te hacía pesado, cuando menos te lo esperabas una fuente con un pequeño jardín sorprendía al viajero, sus aguas claras brotaban de los surtidores de plata y caían hasta llegar a regar las plantas, los pájaros trinaban en las ramas de esos árboles, más el viajero observaría que la flor preferida de la ciudad era la rosa cuya fragancia embriagaba a los allí sentados. En este nivel encontraría todo lo que un comerciante pudiera venderla, los artesanos trabajaban bajo el sol, podías tan pronto ver a un botero haciendo botas de vino como a una dama tejiendo. Las gentes que habitaban esta ciudad son amigables de por sí, aceptan con gusto al viajero que llega hasta ellos mostrándose amables y corteses en todo momento. Si seguimos nuestro ascenso por al ciudad nos encontraríamos con una gran plaza, la Plaza del Mercado cuyo edifico era de piedra blanca y repleto de pórticos y en su centro hay una estatua de Yavanna, muy venerada en la ciudad.

Tras cruzar el mercado tendremos que ascender por una calle con grandes escalones, cosa que no impide que carros y caballos asciendan por ese nivel, Al final de esta calle encontraremos el tercer nivel, la zona residencial de la ciudad, mas allí viven las familias de los soldados y los miembros de la nobleza, en este nivel se yergue la entrada a la Casa Enana, es un edificio de piedra negra, de base redonda y con tres naves una de ellas un poco más alta que las demás, esta rodeado por un pequeño bosque de abedules donde el aire es fresco, el martilleo es constante en sus moradas ya que ellos son los que hacen muchas de las defensas de la ciudad. Tras traspasar este nivel entramos en un bosque de encinas y robles, allí los ciervos pastan entre ellos a salvo de los cazadores, en este nivel se encuentran esparcidos bajo la protección de los árboles los templetes a los Valar más parecidos a un mirador en cuyo centro hay una estatua del Vala al que a estado confiado. Si seguimos caminado por esta senda encontraremos las Casas de Curación donde la destreza de las Damas elfas se hace patente. El camino esta flanqueado por columnas de las cuales cuelgan unos faros que son encendidos de noche. El viajero puede detenerse y sentarse en los numerosos bancos que hay esparcidos y escuchar el sonido del agua al brotar por las numerosas fuentes que alimentan esta maravilla, bajo sus ramas el viajero encontrará la paz, esa zona era muy querida por las gentes ya que allí se celebraban las grandes fiestas bajo al atenta mirada de las estrellas, si seguimos por ese camino te conducirá hasta el último nivel donde se alzaba la primitiva Fortaleza de Yávëtil, esta estaba formada por una gran torre de defensa rodeada por una muralla y repleta de minaretes que ahora no servían mas que para intentar ver al enemigo que intentara atacarles de frente, ya que por sus espaldas solo podían ser atacados por el cielo, un profundo e inexpugnable acantilado la defendía junto a laformacion rocosa conocida como el Dedo de Vala la cual se elevaba hasta perderse en las nuves la defendian.

Escrito el 21-03-2006 20:24 #2

Había llegado hasta allí y el cansancio hacía mella en mi cuerpo ante mi se alzaban una gran puerta y el miedo me recorría...pero algo me resultaba familiar en aquella escena...mi vida había cambiado...mis emociones ahora viajaban sin rumbo y la única persona a la que me podía aferrar había desaparecido tras los extraños sucesos acaecidos aquella noche en el bosque...que ahora no quiero mencionar...

Necesitaba un descanso y no sabía como entrar en la ciudad la puerta era gigantesca y no tenía suficiente ánimo para valerme de mis poderes y pentrar en la ciudad...

Pero de repente escuché unos pasos que venían del interior y se acercaban...Aunque resultó ser no más que una vaga ilusión.

El aire me trajo las nuevas de la llegada de un viajero hacia tierras lejanas...Tenía que actuar...alcé mis manos sobre el cielo y convoqué una tormenta débil pero cargada y la dirigí hacia Mellon Vilya. Mi mensaje le llegará el agua lo transportará y recibirá mi llamada para que acuda junto a mí a cumplir parte de su destino...si él elige que así sea.

¡Aguas que fluís en mi esencia acudid y mostrad mi presencia, llevad hasta él mi mensaje y traedme aquí su elección!

Ahora he de descansar a las puertas de la ciudad.

[Editado por wiccano el 21-03-2006 22:18]

Escrito el 23-03-2006 11:09 #3

Estaba descansando en una rama del bosque de la ciudad cuando de pronto empezó a llover y al despertarme bruscamente fui a caer al suelo desde el árbol. Me levanté dolorido y medio dormido aun, me sacudí la ropa mientras me fijaba en que no llovía.

- Ya estamos otra bromita de Súleglîn, no cambiará siempre me las arma pero esta... - decía pero algo en mi había cambiado Súleglîn me llamaba.

Salí corriendo del bosque y cogí mi corcel, cabalgue por las desiertas calles atravesando las puertas de la ciudad mientras los soldados a duras penas tenían tiempo de abrirlas. Mas cuando llegué a la Puerta de Durín no encontré a nadie en ellas, los soldados patrullaban las murallas. Subí por una de las torres que dan a la muralla y desde una de las ventanas descendí hasta esta, miraba la extensa oscuridad del bosque tenuemente iluminada por los rayos de Isil, pero había algo alguien allí fuera, estaba tumbado en el suelo y fue cuando las nubes que tapaban Isil dejaron entrever al viajero.

Era Súleglîn, hice sonar uno de los cuernos y pronto los soldados que custodiaban la muralla se reunieron junto a mí.

- ¿ Es que acaso no veis quien esta allí tendido?, Es Súleglîn, saldré en su busca manteneos alerta no sé lo que esconde el bosque.

Las puertas se abrieron y Aikanáro salió como un rayo cabalgando hasta la figura tendida en el suelo. Bajo del corcel y mirando al maia le dijo:

- ¿Estas herido?- le decía mientras lo ayudaba a levantarse

- Si estar agotado es estar herido si, pare un momento a descansar pero cuando quise levantarme ya no pude y por eso... - le estaba diciendo cuando Aikanáro le interrumpió

- Por eso me llamaste lo sentí cuando una misteriosa lluvia empezó a caer sobre mí y por culpa de ella tengo un chichón en la cabeza, ¿ no tendrás nada que ver tu con eso?- le dijo en tono sarcástico y burlón.

- Yo, noooo- respondió estallando en una sonora carcajada

- Anda regresemos a la ciudad y descansa allí.- tras decir esto subió a Súleglîn al caballo y el detrás y así regresaron los dos a la ciudad.

Entraron en ella y las puertas se cerraron no sin antes incrementar la vigilancia en las murallas el rumor a guerra se estaba propagando como el fuego entre la gente de la zona. Los dos amigos subieron ahora cada uno en un corcel hasta la fortaleza de Yávëtil y tras bajar de estos entraron en ella. Las doncellas miraron al maia y le dijeron:

- ¿Os preparamos el baño?

- Si gracias necesito un baño para quitarme todo este polvo-les respondió mientras se sacaba una pesada capa.

Aikanáro lo esperaba en el salón junto a los grande ventanales que daban al bosque, el aroma de este entraba en la estancia embriagándolo todo, no tardo en llegar Súleglîn ya aseado y mirando a Aikanáro le dijo:

- Siento lo de tu cabeza, no fue mi intención pero me hubiera gustado verlo jajajaja- decía mientras no pudiendo aplacar la risa estallaba en una poderosa carcajada.

- Ya te daré yo lluvia, ¿ no había otra forma que para despertarme me mojoras entero y sino fuera poco eso, voy y me caigo del árbol, para que sirve entonces lo que te enseñó Lorien?. Anda ven y comamos un poco antes de que se enfrié.- le dijo mientras señalaba una mesa colocada en el balcón.

El vino y la comida corrió por la mesa mientras los dos amigos cantaban y reían recordando tiempos pasados, Súleglîn era como un hermano para Aikanáro y se gastaban bromas constantemente y mas de una vez en Valinor les dijeron“ Sois como unos niños, siempre con vuestras bromas”

[Editado por tulkas_el_valar el 23-03-2006 11:21]

Escrito el 24-03-2006 01:59 #4

Mientras cenaba Súleglîn no satisfecho aún con las bromas decicidió gastar la penúltima. Cuando vio que Aikanáro iba a beber de su copa de vino Valandil dejó caer al suelo un trozo de pan, se agachó a recogerlo y murmuró sin que le viera unas palabras.

De repente se incorporó y notó como algo frío y blando se estrellaba en su cara...se paso la lengua por los labios estaba dulce...tras esto las carcajadas de Aikanáro eran enormes y no paraba de reir y señalar con el dedo al maia.

-Súleglîn a caso pensasté que tu truco de aguar y agriar mi vino antes de que bebierá funcionaría...

-Si pero ahora me encuentro con un dulce cambio de situación...

-¡Ja! Así aprenderás que eres más previsible de lo que crees...

Ambos volvieron a reirse...

Valandil necesitaba despejarse y desahogarse la vida en Ostova Lorë le tenían sumamente agotado...se acercó a Aikanáro y le preguntó:

¿Y si nos vamos al salón y asaltamos el mueble bar? Jaja...ahora esperaba respuesta de Aikanáro...

Escrito el 24-03-2006 09:59 #5

El vino ya había animado a los dos amigos y Aikanáro respondiendo a la pregunta de Súleglîn le dijo:

- Deja el mueble para las visitas normales, para un amigo tengo una cosa que hará recodar los tiempos en que asaltábamos la bodega de Yavanna- le decía mientras estallaba en carcajadas

- Ummm que dulce estaba ese vino y cuantas broncas nos llevamos por beber del vino de los Valar, es que eras todo un elemento Aikanáro pero siempre te librabas de las broncas con poner una carita de niño bueno- le decía mientras le alborotaba el pelo.

- Encima yo, míralo él, el discípulo aventajo al maestro. Anda ven y prueba el dulce vino de Yávëtil no encontraras mejores vinos a este lado del mar que los que nacen entre estos muros- le decía mientras los dos ya bajan por una escalera lateral del balcón y empezaban a descender hasta llegar al bosque.

Allí en el bosque había un edificio de planta semicircular con una puerta y dos pequeñas ventanas, Aikanáro se adelantó y buscaba la llave que estaba sobre el postigo de la puerta y cuando la encontró miró al maia con cara de pillo, puso la llave en la cerradura y empujando la puerta entraron. Ante ellos una gran sala llena de botas de vino les esperaba, los dos se frotaron las manos y Súleglîn cogiendo dos jarras empezaba a mirar las botas hasta que encontró una y dijo:

- Esta, esta me parece bien para empezar

- Veo que sigues con el gusto intacto, vamos a ver si cae- le respondió mientras la habría y empezaba a llenar las jarras.

La noche pasó entre risas y canciones, dos botas cayeron en esa noche. El sol ya iluminaba el bosque mientras los dos dormían placidamente entre botas de vino, fue cuando una de las elfas que se encargaba de la bodega llegó y se encontró con los dos allí dormidos. Se acercó al maia y lo zarandeo hasta que este se despertó, miro a la elfa con los ojos entrecerrados y le dijo:

- Me duele la cabeza, ¿qué hora es?

- No me extraña que os duela la cabeza mi señor, os habéis bebido dos botas del vino más peleón que tenemos. Ya es mediodía señor- le dijo señalando a la puerta, por la cual entraba un potente haz de luz.

- Tendré que despertar a Aikanáro- dijo mientras se levantaba a duras penas, la cabeza le daba vueltas.

Se acercó a Aikanáro y lo zarandeo un poco, pero no había manera de despertarlo y de pronto vio un cubo lleno de agua. Se encaminó a él y tras cojerlo se lo tiro a Aikanáro el cual se despertó de golpe.

- ¡Que pasa, que pasa!- gritó mientras se llevaba las manos a la cabeza

- Pasar nada que es medio día y aun dormíamos la mona, anda será mejor que vayamos a comer algo y asearnos-le decía mientras le tendía la mano.

- Será mejor, dios que resaca, ¿ se puede saber que bebimos?- decía mientras miraba a la elfa

- Pos bebisteis señor el vino más peleón de la zona, tres jarras del ya tumban a un hombre fornido y vosotros os habéis bebido nada mas que dos botas, no me extraña que os duelan las cabezas.- decía mientras sacudía la cabeza.

Los tres salieron de la bodega y el sol les cegó un instante, subían bajo los árboles hasta que llegaron a la fortaleza allí les esperaba un soldado con una nota en la mano. Este se adelantó y mirando a Aikanáro le dijo

- Señor la dama Yárfaila Veryawen se dirige hacía aquí según nos notificaron llegara para comer.

- Dios no tenía otro día en que venir, pero que se le va a hacer, que lo preparen todo. Nosotros ahora nos vamos a ver si nos quitamos esta resaca de encima.- le dijo mientras entraba en palacio.

Cada uno se dirigió a sus aposentos donde ya les esperaban las bañeras llenas de agua caliente y ropas limpias. Aikanáro se saco la ropa que apestaba a vino y se metió en la bañera mientras se relajaba, pero de pronto empezó a cantar, cantaba una canción que le enseñaran las Oarni y su dulce y poderosa voz se escuchaba en los jardines que había debajo de su ventana abierta. La gente que la escuchaba se paraba y sentía la magia ancestral del canto de las doncellas de los mares. Cuando hubo terminado Aikanáro salió de la bañera y se vistió con ropajes de telas azules, como era su costumbre y salió en busca de su amigo el cual según le dijeron después se había quedado dormido mientras se vestí, decidió que durmiera su cansancio era grande y le convenía descansar y a él le iría bien descansar bajo los árboles del bosque de Yávëtil y así lo izo. Allí bajo las ramas sagradas se tendió en una rama y sacando una flauta empezó a tocarla cuando sintió la presencia de alguien, él la había visto pero ella aún no, era Yárfaila Veryawen. Su belleza era grande hasta el punto que se le podría decir hiriente, una luz irradiaba su rostro mientras su cabellera era acariciada por una dulce brisa, esta iba cantando una canción mientras caminaba por el bosque.

Escrito el 24-03-2006 10:54 #6

La mañana se les había hechado encima debido a la juerga de la noche anterior...mereció la pena.

Valandil se encontraba aturdido y con un terrible dolor de cabeza así que decidio relajarse fue a tomar un baño que le habían preparado.

La dama Yárfaila Veryawen iba a venir a Yävetil...había que darle una gran bienvenida. Seguramente Aikanáro ya estaba preparando los preparativos fue en su busca y le dijo:

-¿Preparando todo para la dama Yárfaila?

-Si por su puesto pero aún queda ver que menú y algún detalle más.

-Bueno déjame que me encargue yo de lo que queda, pues te veo muy afectado por la juerga de anoche...

-¿Que pása que tu no tienes resaca?

-Je je no te voy a decir mejor porque no la tengo...Ja ja ja. Anda ves a descansar un rato o a pasear verás como se te pasa y para cuando llegue la dama Yárfaila Veryawen no tendrás síntomas de resaca...aunque mucho me temo que mañana despertaremos igual...ya sabemos que a nuestra querida Veryawen le gusta la fiesta tanto como a nosotros jejeje...y está noche tendremos que arrasar...En cambio ahora tengo que ir a la posada del Mazo de Troll poderes mayores se reunen allí quiero saber quienes son...regresaré justo antes de la comida, además ya está todo preparado y el cocinero ya sabe que le pedí.

Con la velocidad con que desciende el agua de una gran catarata partió hacia la posada...

[Editado por wiccano el 24-03-2006 11:50]

Escrito el 25-03-2006 19:20 #7

Aikanáro observaba desde lo alto de la rama y bajo su protección a la dama Yárfaila Veryawen, está andaba gracilmente por el camino que conducía la Fortaleza de Yávëtil cuando Aikanáro saltó de la rama y cayó delante de ella diciendole:

- Bienvenida a Yávëtil no te esperaba tan temprano- le dijo mientras se rascaba la cabeza

- Quería venir antes, ¿es que una dama no puede adelantarse en su llegada?- le increpó ella

- Sabes que si, aquí siempre se te tratara como una reina, anda ven y entremos dentro de la fortaleza. E preparado una cena como las que se que te gustan a ti, espero que todo este a tu gusto. Que tus doncellas dejen tu equipaje en tu cámara mientras nosotros damos un paseo por la zona antes de la cena.

Los dos pronto llegaron a la Fortaleza y allí tras ordenar unas cosas se marcharon con sus corceles a dar una vuelta por la zona. Las risas no faltaban entre ellos dos en todo el viaje, y Yárfaila era un buen arquero ya que con un solo disparo certero derribo a un ciervo, los soldados que les acompañaban recogieron la pieza y así terminó la salida, el tiempo había pasado muy rápido y tendrían que regresar pronto para estar presentables en la cena. El sol rojizo parecía que hiciera arder al bosque con su color que se reflejaba en las altas murallas de Yávëtil, atravesaron sus calles y ascendieron mientras el sol ya empezaba a descender cada vez más rápido, ante la puerta de la Fortaleza se despidieron pero solo por un rato.

Aikanáro tras dejar los corceles en los establos y revisar unos últimos detalles de la cena se encaminó hacía sus aposentos para preparase para la cena. Tras bañarse se puso un traje de color azul oscuro el cual llevaba bordado en un azul verdoso el emblema de su linaje, se colocó en la frente la lagrima de Uinen y salió en dirección al comedor.

Allí todo estaba preparado, una gran mesa baja junto a tres divanes en el centro de la sala, a un lado un grupo de músicos elfos preparaban sus instrumentos y justo al lado de estos un nutrido grupo de bailarinas con trajes vaporosos calentaban.

Aikanáro entro en la sala y se dirigió al diván central donde se sentó y cogiendo una copa de cristal la llenó con un dulce vino rosado. Fue cuando alzaba la copa y miraba por ella, cuando ella entró en la sala. Toda voz enmudeció ante su presencia, todos los ojos estaban puestos en ella, en su radiante belleza.

Descendía las escaleras con una sutil gracia, ataviada con un traje rojo carmesí que tenia un corte en un lateral se ceñía a su cintura como si fuera un guante subiendo hacia un pronunciado escote más que generoso que dejaba entrever su dorada piel y el comienzo de sus senos; su cuello era rodeado por una extraordinaria gargantilla de diamantes que hacía aun resaltar mas su belleza, sus labios de un rojo nacarado tan deseados por todo hombre que los viera dejaron entre ver una sonrisa perlada, sus penetrantes ojos negros lo miraban haciéndolo derretirse en el más placentero infierno, su melena cobriza estaba recogida con una diadema que simbolizaba dos lenguas de fuego, así la vio descender Aikanáro y solo podía observarla todo parecía palidecer ante su belleza pero sabía que nada ni nadie podría domarla jamás, era un como una fiera salvaje peligrosa pero a la vez atrayente que no se dejaría domar por nadie.

Esta se acercó hasta Aikanáro y le dijo:

- ¿No éramos tres para cenar, donde esta Súleglîn?

- Envió a un mensajero no podrá cenar con nosotros, me a rogado que le disculpes pero unos asuntos requerían de su presencia en Ostova Lorë- le dijo mientras se levantaba y le tendía la mano para que se sentara en el diván.

La fiesta empezó y pronto la música y la danza llenó la sala para deleite de Aikanáro y Yárfaila Veryawen, la cual se emociono cuando entro en la sala un grupo de fornidos hombres que hacían juegos con fuego.

Escrito el 25-03-2006 21:33 #8

- ¡En verdad me apreciáis mi señor Aikanáro!- dijo Yárfaila con una pícara mirada- Realmente no sé si me agrada más el fuego del que estoy hecha o los hombres que lo portan en este momento.

Yárfaila sirvió más vino a Aikanáro, y mientras sujetaba la copa, ésta lamió el borde, haciendo que unas pequeñas llamas surgieran tras el paso de su lengua. Salud, dijo, mientras le ofrecía la copa. Ambos comenzaron a reír. Volver a Yävetil había alegrado el corazón de la dama, era allí donde tenía a sus amigos, y experimentaba extrañas sensaciones que no podía explicar.

Seguidamente entraron cortesanos con las bandejas repletas de comida, el ciervo que había cazado la dama anteriormente tenía un olor irresistible hasta para el más saciado.

- Y decidme, querido, ¿cómo fue la ciudad en mi ausencia? ¿Murieron los hombres de frío? ¿O por fin esas refinadas y delicadas elfas agradaron el ambiente?- Yárfaila rió sonoramente

- Bueno, desgraciadamente eso aún no ha ocurrido. - contestó el medio elfo.

- Aburridas...tantos años de vida y aún no han aprendido que no hay que derrochar ni un sólo segundo, y experimentar todas las sensaciones y todos los sentimientos posibles...Bromas aparte Aikanáro, ¿ocurrió algo nuevo? ¿Alguna que otra ostilidad por parte de forasteros? - Veryawen acercó uno de sus finos dedos a los labios del medio elfo, que casi instintivamente se apartó. - Aunque parezca mentira, no quemo, amor. - Aikanáro sonrió.- Sólo iba a limpiaros una miga de lemba.

[Editado por Laitaine_Numeniel el 25-03-2006 21:35]

Escrito el 26-03-2006 13:55 #9

Aikanáro miro a la dama y le dijo mientras daba un sorbo a la copa de vino:

- Os encanta hacerme sentir indefenso ante vuestra presencia, os gusta ver como un caballero que no tiembla ante el mayor ejercito se doblegue ante ti.

La maia dejo entrever una sonrisa picara y dijo:

- No os negaré que no, os sonrojáis como el adolescente que ve por primera vez a una mujer en su plenitud y eso me divierte ya que desde el primer día que nos vimos, ¿te acuerdas Aikanáro?- le dijo mientras le llenaba la copa de vino.

- Como olvidar ese día, te vi salir de la negrura del bosque y ascender el túmulo mientras los rayos de Isil iluminaban tu rostro y por un instante te confundí con la Valie Nessa, pero cuando llegaste hasta nosotros tu belleza supero a todas las que había visto haciéndome empequeñecer como si fuera una mariposa que se quema ante una potente luz.- le dijo mientras miraba por el gran ventanal y donde las estrellas brillaban como nunca antes.

- Siempre tan caballeroso, nunca cambiarás palabras dulces siempre salen de tus labios hacía mi y es lo que me gusta, no me ves como los demás hombres. Ellos observan una figura envidiable deseosa de poseer pero vos veis más que ellos. Un guerrero eres pero dentro late un poderoso corazón- le dijo mientras posaba su mano en el pecho de este.

- Veis otra vez colorado os gusta ponerme colorado- le decía mientras los dos estallaban en carcajadas.

La cena transcurrió como estaba planeado, las bailarinas danzaban ante los invitados mientras los hombres hacían juegos con el fuego atrayendo la mirada de la maia. Fue cuando Aikanáro dando la señal hizo entrar a dos esbeltas elfas, estas llevaban dos dagas y un escudo, se acercaron a los comensales y tras hacer una reverencia se dirigieron al centro de la estancia.

Aikanáro vio como la maia lo miraba extrañado y le dijo:

- Es un espectáculo que vi en la corte de Makar, bellas elfas luchando con solo dos dagas y una mascara en el rostro, creo que os gustara- le dijo mientras le pasaba una fuente con fresas.

- No dejáis de sorprenderme, veo que tendría que haber ido mas por la corte de Makar- decía mientras cogía una fresa y se la llevaba a sus rojos labios.

Escrito el 11-04-2006 19:30 #10

A las espaldas de la fortaleza se yergue desafiante el Dedo de Vala una gran formación rocosa que se eleva a centenares de metros por encima de la ciudad rodeada por el río menos por el lado que da a esta. En los recovecos de su pared crecen las flores rojas tiñéndola de tonos rojizos, mas aun no se han borrado las cicatrices que dejaran las llamas que consumieron Yavetil. En el jardín de la fortaleza hay una base de mármol blanco flanqueada por cuatro estatuas de bronce de gran tamaño que representaban efigies de mujeres con alas alzabas que extienden sus brazos para recibir al sol.

Aikanáro salió de la fiesta el calor era insoportable y necesitaba una bocanada de aire puro y fue cuando miro a las estatuas, se encamino a ellas y rozó sus fríos rostros de metal, caminaba mientras extraños recuerdos asaltaban su mente y cada vez eran mas intensos.

Se sentó en un pequeño banco que había cerca de un estanque y cerró los ojos por un momento y cuando los volvió a abrir vio que estaba rodeado por las estatuas que lo miraba mientras se iban acercando, Aikanáro se llevo la mano a la espada pero cuando iba a desenfundarlas estas hablaron:

“EH AQUÍ QUE REGRESAÍS NUESTRO SEÑOR, VEMOS QUE REGRESAÍS CON LA LLAVE, ¿ACASO NO ABRIREIS LA PUERTA?”

Aikanáro no entendía nada, las estatuas estaban hablando y se movían como si fueran mujeres reales. Este de pronto empezó a cantar y no sabía el motivo, pero parecía que era lo que querían las estatuas ya que dejaron de avanzar. Su voz, heredad del linaje de su madre le proporcionaba tal destreza y belleza jamás escuchada en esta ciudad, empezó a cantar una dulce melodía pero a la vez cargada de sentimiento pero de la espesura del bosque una voz terciopelada se unió a la de Aikanáro embelleciéndola si cabe aún más, la voz pertenecía a Yárfalia la cual se aproximaba por el otro extremo de la base de mármol, esta se acercó hasta donde estaba él y las dos voces se unieron formando una sola.

Las estatuas se encaminaron hacia la pared de la montaña y ante los ojos incrédulos de Aikanáro y Yárfalia la pared se abrió ante ellos y apareció un gran arco de varios pies que sobresalía por encima de las copas de los árboles, este estaba colocado de tal forma que los rayos de Isil se reflejaron en las incontables betas de mithril que lo recorrían, pero lo que mas llamó la atención fue que en el centro de este había el torso de una estatua de mujer que antaño sostenía algo entre sus manos. Fue cuando un rayo de luz se proyecto desde los aposentos de Aikanáro y los dos se giraron, y Yárfalia dijo:

- ¿Qué esta ocurriendo Aikanáro, que representan estas estatuas, esta puerta y la luz que ha salido de tus aposentos, dímelo?

- No se nada, solo se que algo tiene que ver con los caballeros, por algún motivo la encontré y me a traído hasta aquí.- le dijo mientras veía como la luz pasaba sobre sus cabezas e iba hasta la estatua.

La estatua abrió los ojos y estirando sus dorados dedos apresó la esfera y volvió a cerrar los ojos, las estatuas hicieron el ademán de que entraran y estos dos entraron por la puerta y delante de ellos una gran escalera se alzaba, Yárfalia fue la primera en poner el pie en el escalón cuando de pronto las antorchas de la pared se encendieron iluminado la vastedad de las escaleras. Los dos empezaron el lento ascenso de las escaleras, una extraña sensación les invadía a cada paso que daban, mientras tanto las estrellas empezaban a retroceder ya que Anor dentro de poco reclamaría su reino, Aikanáro sujetaba con fuerza la empuñadura de su espada mientras Yárfalia intentaba escuchar algún sonido que no fuera el de los dos corazones latiendo, pero nada escuchaba a aparte del crepitar de las antorchas. Pero en la última vuelta ante ellos se erguía una gran puerta tallada en la pared, Aikanáro se adelanto a Yárfalia y mirándola apoyo sus manos en las dos grandes hojas de madera, las cuales cedieron con suma facilidad.

Una luz cegadora entró desde fuera haciendo que los dos se taparan con las manos la cara, un dulce aroma a flores junto al rumor del agua les llego con esta. Ante ellos un gran jardín bellamente cuidado conducía a un gran palacio. Una avenida cruzaba este jardín, pero les llamo la atención que esta estuviera flanqueada por estatuas similares a las del bosque, los dos caminaban bajo los rayos de Anor cuando de pronto vieron ante ellos el mayor palacio jamás contemplado.

Era un edificio de grandes torres cuadradas donde crecían jardines como los de la ciudad de Yárfalia, era de un mármol tan blanco que rivalizaba con las nieves de Taniquetil, subieron por unas blancas escaleras cuando ante ellos encontraron una pequeña plaza flanqueada por una torre a cada lado y estas a la vez unidas al edificio por un porche, en su centro había un estanque donde una estatua de una mujer sostenía un gran globo de cristal, atravesaron la plaza y subieron otras escaleras y bajo un porche columnado encontraron las puertas del Palacio, eran unas puertas robustas y que se elevaban a gran altura adornadas con motivos naturales, Aikanáro miro a Yárfalia y empujo la puerta un poco, entró y a nadie encontró, ante el había una gran sala flanqueada por estatuas y grandes columnas rojas como el fuego, dos puertas a los lados de esta sala conducían a otras salas mas esplendorosas. Fue cuando un ruido alerto a Aikanáro, que con suma rapidez desenfundó su espada y se puso delante de Yárfalia, algo o alguien había allí con ellos y no se hizo de esperar. Ya que de la escalera que conducía a otro nivel apareció como por arte de magia dos mujeres elfas. Estas les apuntaron con sus arcos pero cuando los vieron se extrañaron y una de ellas se arrodillo y dijo:

- Perdonadnos señor, desde que partierais a la batalla no hemos sabido nada. El nos trajo aquí, trajo a las mujeres mas bellas de la ciudad para que fuéramos sus esclavas por eso os hemos apuntado, pero entrad en vuestra morada señor- le dijeron mientras le cogían de la mano.

[Editado por tulkas_el_Valar el 11-04-2006 19:34]