La Guerra de los Clanes

Yana Ramarëa

Escribiéndose...
Escrito el 19-03-2006 18:57 #1

Las Montañas Cobrizas se elevan al cielo, intentando tocar la cúpula celeste con sus picos de piedra y metal. Y desde los boques de Taur-Kalafernë y Taur-Haldafernë, mirar al cielo supone mirar la sombra que producen sus cumbres, y rezar.

Cientos. Miles de escaleras serpenteadas ascienden, talladas en la roca, hasta las cumbres nevadas. Una ascensión que representa una penitencia a veces. Un camino hacia el mismo cielo donde se guarda el Secreto, dejando atrás el mundo terrenal y los placeres que lo acompañan.

Una enorme edificación parece surgir de las entrañas de la montaña, que alberga en su seno una paz reverente. Diez inmensas columnas estriadas presiden la entrada, sosteniendo sobre ellas una cúpula triangular. En el friso, el mármol jaspeado de azul que conforma toda la edificación, ha sido tallado con delicadeza extrema. Águila y Vampiro, parecen fundidos en lucha eterna, suspendidos en el aire. Las garras del Águila parecen enterrarse en la carne del Vampiro, y éste a su vez intenta envolver al Águila entre sus alas, con las fauces abiertas. Preparado para un ataque mortal. Ambas figuras han sido recubiertas de láminas de cobre, y sus ojos, rubí y zafiro, parecen mirar el camino que lleva a su santuario, dando una sobrecogedora impresión de viveza.

Avanzar entre las enormes columnas que guardan el Secreto provoca una extraña sensación de pequeñez. Tras ellas, una puerta cerrada de cobre se alza hasta casi tocar el techo. Dividida en cuadrantes, sus tallas cuentan una historia lejana en el tiempo. Una batalla sin cuartel sin vencedores ni vencidos. Y un pueblo que nació bajo la influencia de ese poder.

Sólo en ocasiones especiales, durante las grandes ceremonias rituales, la puerta se abre dejando entrever los misterios que guarda. El resto del tiempo permanece cerrada, y ante ella se extiende un camino de cestas y ofrendas. Frutas y flores, cualquier tipo de alimento. Velas encendidas día y noche en pequeños nichos abiertos en la pared.

Traspasar la gran puerta supone la entrada a una sala cerrada, donde reina un silencio sepulcral, envuelto en una oscuridad cerrada. Se dice que entre sus muros se encuentran algunas de las reliquias que los Ramalië recogieron de aquella batalla. Pero nadie, salvo la Suma Sacerdotisa de la Orden, y los pertenecientes a la Orden Sacerdotal, saben exactamente lo que adorna esas paredes.

Una segunda puerta da paso a una enorme sala circular. Sólo puede ser abierta desde dentro, aunque saben que hay una entrada escondida, que da lugar directamente a esa sala. Pero el secreto se guarda, y nadie ha conseguido encontrarla aún.

La sala permanece a oscuras, mientras aquellos destinados a traspasar la puerta avanzan a tientas en su interior. Sólo cuando la puerta se vuelve a cerrar, los velos que cubren las pequeñas aberturas de la cúpula de piedra caen, dejando pasar la luz, y descubriendo la fastuosidad de su interior.

En el centro se alza el Altar Mayor. Un bloque de mármol blanco tallado, de forma circular. A su lado, una enorme pila de piedra, cuyo interior parece teñido de rojo y negro. Pues allí es donde se deposita la sangre de los dioses, que da lugar a esa tinta especial para la Marca de los Ramalië. Y es allí, donde los Ramalië reciben la marca, en una ceremonia que se repite, año tras año, en el crepúsculo del séptimo día de la primavera.

Al fondo, dos enormes figuras envuelven un trono tallado en la roca, y cubierto de pieles blancas. A la derecha, El Águila, majestuosa, con su noble mirada de zafiro. A la izquierda, El Vampiro, sobrecogedor, con su inquietante mirada de rubí.

Y sobre el trono de piedra, una enorme tela azul, sombreada apenas de rojo y negro, con el emblema de los Ramalië. Una enorme daga alada, con ala de águila, y ala de vampiro. Y la sangre de ambos descendiendo a través de su filo.

Escrito el 24-03-2006 07:06 #2

El eco de sus pasos acelerados sobre el suelo de mármol jaspeado era el único sonido que rompía el reverencial silencio. Salvo quizás a lo lejos, escapando del encierro de las profundas salas de los Sacerdotes, el murmullo constante de un rezo.

Mientras caminaba, su mano izquierda frotaba con nerviosismo el tatuaje de su muñeca derecha. Y meditaba. Todavía rondaba en su mente la reciente muerte de Tarinya y Marelaeth. Todavía se preguntaba qué era lo que había ocurrido en aquella habitación cerrada, y que había cambiado tanto su mundo. Y el de todos los Ramalië.

No esperaba respuestas de aquél a quien esperaba. Desde luego, no sería él quien las tuviera... ¿o quizá si? La sombra de Kharsinna apareció frente a ella. Y a pesar de los años comprendió que todavía seguía presente entre su pueblo.

Un escalofrío recorrió su espalda a pensar en su pueblo. Por que ahora lo era. La Marca de sangre que llevaba tatuada era señal innegable de ello, aunque era quizás un simple signo externo. La Marca interior era mucho más importante.

Mientras abría la puerta de la Sala del Fuego, sólo podía desear que no la hiciera esperar demasiado.

Escrito el 24-03-2006 17:46 #3

Se había presentado como Bohr Daedth ante quienes se había cruzado en el camino. Había observado la magnificencia haciéndole frente, si bien, aunque no quisiera, lo impresionaba profundamente.

Acababa de traspasar las columnas evitando mirar las imagenes, se sabía la historia, pero no quería saber más nada con ella. Observando las superficies de jade que se extendían por todo el edificio decidió que se llevaría un poco de él, si le gustaba no había un porqué para que fuera suyo, al menos un fragmento. Pero se contuvo de intentar romper o cortar algún saliente ya que tal vez, si alguien lo veía, podría ofenderse.

Ahora se encontraba en la oscuridad, sus ojos intentaban adaptarse a lo tenía al frente. Se paró derecho, se acomodó la capa de plumas, y tomó un porte orgulloso. \"Nada que le dijera la sacerdotisa le causaría preocupación\", en su ansiedad eso se repetía a sí mismo.

Escrito el 26-03-2006 19:26 #4

El sonido de la puerta al abrirse fue la única diferencia. Nada más. La oscuridad seguía siendo intensa alrredor, pero más allá de ella, un leve resplandor titilante marcaba el rumbo a seguir. Cuando finalmente avanzó lo suficiente para dejar atrás la primera sala, la puerta se cerró trás él, y la luz fluyó mientras los velos que cubrían los ventanales caían ondeando suavemente.

El trono de piedra se encontraba vacío, pero la tela azul que se hallaba trás él pareció moverse un instante.

- Adelántate Bohr - dijo una voz suave desde el fondo.

El hombre pareció dudar mentalmente, pero sus pasos avanzaron con firmeza.

Y la Sacerdotisa salió desde detrás del lienzo. La luz iluminó sus cabellos de cobre, hábilmente recogidos en una trenza larga que caía por su espalda desnuda. El vestido blanco sin mangas dejaba ver cada uno de los intricandos dibujos que llevaba en los brazos, realizados por las sacerdotisas del templo. Sobre su frente, una corona de hojas dibujada en plata era el único signo de su poder sagrado.

- Tenemos que hablar - sentenció, mientras se acomodaba en el trono de piedra.

Escrito el 26-03-2006 23:33 #5

Bohr ocultaba sus ansiedades, y aun cuando se las ocultara a sí mismo, eran claramente perceptibles hacia el exterior. Observaba a la Sacerdotiza, en estos momentos la autoridad máxima de su mundo. De todas las personas, humanos y elfos, que el niño conocía, Naredhel era a quien más respetaba, y ante quien, casi, sometía su terquedad. Existía una parte de él que se acercaba por interés, pero sus sensaciones estaban más allá de eso, la sangre Vanyar era algo que de verdad lo maravillaba. Podía pretender subestimar a cualquier elfo, pero no a una elfa de Amán. Si bien la cultura de los Varnalië, y de todos los Ramalië, desconocía el poder del Oeste, la emoción ante los unicos ojos que conocía que llevaban el espíritu de las Tierras Imperecederas era hermosamente pasmosa.

Por eso la voz de Naredhel hizo despertar sus alarmas, aún ante ella Bohr mantenía un mínimo de su prepotencia. Pero quería aprender, no evadiría los significados que le transmitiera la elfa. En ella veía con calma el camino al universo infinito que pretendía conocer.

- Os oigo, su... Majestad. ¿Que es lo que nos preocupa ahora? ¿He cometido acaso alguna falta según vuestra consideración? ¿Hay algo en que pueda servirte ahora en la noche, o en los días por venir?

Escrito el 27-03-2006 10:51 #6

Reprimió una sonrisa. Pero de ningún modo pudo ocultar la risa en sus ojos dorados.

- Acércate Bohr, príncipe de los Várna Rámar. Pero no olvides inclinarte ante la piedra sagrada, pues esa sería una falta que sabes no podría dejar sin castigo - dijo entonces. Le producía una especial satisfacción doblegar la voluntad del hombre, siempre tan rehacio.

Él se acercó, primero con gesto altivo, pero no desobedeció su orden. Se inclinó, rígido, sin convicción. Sin fé tal vez. Pero se inclinó. Y llegó hasta ella con la mirada fija en sus ojos, sin pudor alguno.

- Necesito de tus servicios. Ahora en la noche, y en los días por venir. - dijo ella con voz suave - Pero primero dime, príncipe. ¿Qué se esconde en el corazón del pueblo de los hombres? Pues poco tiempo hace de la muerte del Rey Vilwë, El Amado, y sus extrañas circunstancias han debido llegar también hasta las alturas de Nestnwelath.

Escrito el 10-04-2006 00:43 #7

Cuando Bohr oyó que Naredhel iba a necesitar de él se sintió entusiasmado. Lo hacía sentirse importante. Y siempre le gustarían los desafíos y las tareas que implicaran incorporar más experiencia. Además se lo decía a él, y no a otro, así que fuese como fuese era importante para la sacerdotisa. A Bohr no le interesaba tanto la función política de sus tareas y encomiendas como la acción misma de ir y hacer algo, además de ponerle una cuota de su \'talento\'. Todo eso lo embriagaba.

Cuando Naredhel preguntó por las implicancias de la muerte de Vilwë en Nestnwelath, él seguía con el pecho erguido y la mirada recia haciéndose ideas. Pero medio en las nubes desenvainando y desenvainando, medio en Yana Ramarea allí en el frío jade, respondió igualmente:

- No sé qué se esconde en Nestnwelath, Suprema Sacerdotisa. - La palabra sutileza existía a la fuerza en el vocabulario de Bohr, no porque él lo quisiese, así que, lisa y llanamente, hablaba de lo que sabía sobre lo que no estaba implicado en sus intenciones, aquello no \'se escondía\', simplemente era, no había porque andar explicándolo todo el tiempo. O sea, Bohr no era estúpido, pero su simpleza le hacía pensar sólo en lo que le convenía decir, lo demás no tenía porque interesarle a nadie; no lo hacía por malicia, así funcionaba su cerebro. - No voy a decirte que mis hermanos no están atentos y que les concierne a lo que ocurre en Fanyarëa... Alsenot... mmmm, padre, habló conmigo, y anduvimos escrutando a los demás, y los demás a otros. Kain colaboró con nosotros. Estuve en las cuevas y no hallé nada extraño. Supongo que... Padre... ya se proclamará en la asamblea. Él respeta al Niño, y aceptamos que seas nuestra \'regente\'. Supongo que... de no ser por la diplomacia... estamos en tierras humanas según Las Palabras, aunque algunos las desprecien... La gente discute mucho, allá en Nestnwelath sobre Las Palabras, mucho estos días.-

El andar de Naredhel alrededor de Bohr lo ponía nervioso, parecía que el blanco se hacía más blanco, y los contornos que se destacaban como eclipses en el cuerpo de Naredhel se hacían más intensos, el entorno parecía brillar en rojos y violáceos. La mirada de la sacerdotisa se clavaba en él, que permanecía en su lugar, como en penitencia, y la larga trenza se movía de un lado a otro, como una serpiente recostada sobre la espalda de la vanyar.

Bohr entornó los ojos y respiró hondo. Haciéndose de coraje siguió diciendo: -El Niño camina sobre tierras de mi prima y sus ancestros. Hay lamento también por Vilwë, era respetado y amado también, y por Marelaeth más que nada. Hay odio también... por la injusticia... por la muerte.-

- Es lo que sé de mi ciudad, Naredhel... -

[Editado por elessurendil el 10-04-2006 00:46]

[Editado por elessurendil el 10-04-2006 00:49]

Escrito el 10-04-2006 02:22 #8

Se detuvo finalmente. Cuando pareció haber terminado su explicación. Quizás había más. Recovecos escondidos en su mente que no quería expresar abiertamente. Pero tampoco dudaba de su sinceridad. Al menos no aún.

Se acercó a el, con una sonrisa en los labios, y el rostro ligeramente inclinado hacia la derecha. Alzó la mano y acarició los labios del hombre con un dedo.

- Esta bien entonces - dijo, y se giró para dirigirse a la pila central - Me tranquilizan tus palabras, si bien no lo suficiente - su voz parecía crecer en intensidad y pasión por momentos - Los Yana Ramarëa no estan tranquilos en absoluto. Nunca han aceptado demasiado bien los cambios, y este ha sido quizás el más drástico y sorprendente de todos. Y muchos se preguntan si un mestizo tiene derecho a gobernar sobre ellos, siendo como será siempre, un mortal.

La mirada interrogante de Bohr estaba cubierta de preguntas, pero no se atrevió a interrumpirla.

- Pero esa decisión, en último lugar, sólo depende de Iluvatar mismo. Ninguno de nosotros podrá en modo alguno cambiar lo que ha de ser. Ni con todo el poder de Las Palabras. Y ellos, que se niegan a respetar el derecho Divino, aquél que Los Dioses del Cielo otorgan, menos aún. - se detuvo un momento, para mirar al hombre a los ojos - Aplacaré cualquier intento de sublevación con sangre sagrada si hace falta. Y parece que los movimientos han empezado. La nobleza de Sornosunë ha buscado aliados más allá de nuestras fronteras, me temo. ¡Estupidos! - gritó, golpeando con el puño cerrado la fuente de La Marca - No alcanzan a comprender que eso significaría el final no sólo del Niño, sino de toda nuestra cultura. El final de los Ramalië y de todos sus conocimientos. Y no lo permitiré...

La furia de sus ojos se tornó en dulzura mientras volvía a acercarse al hombre.

- Y es ahí donde os necesito, príncipe. En esta lucha interna que parece a punto de estallar. Necesito que encontreis al instigador de esta traición. Todos mis espías parecen haberse encontrado con un muro de silencio por parte de la conspiración. Desde la frontera oeste llegan noticias de movimiento de tropas. Y el ejército debe estar preparado...

Sus últimas palabras quedaron suspendidas en el aire un instante. Pareció que iba a continuar, pero no añadió nada más. Una suave brisa descenció desde el techo, acariciando su rostro.

Escrito el 10-04-2006 20:45 #9

Las palabras de Naredhel produjeron emociones encontradas en el oriental. Ella misma le pedía, a él, que llevara a cabo una de las tareas que se sabía más le importaba a la sacerdotisa. Pero a su vez, él de alguna forma no estaba plenamente libre de pecado, al menos de pensamiento. ¿Y si las carreteras de la investigación lo llevaban de nuevo al punto de partida, a él mismo? No estaba seguro de que la elfa aprobara todas sus acciones. ¿Y si lo que él hacía era lo que ella consideraba traición? Pero Bohr no era un ser de darle mucha vuelta a las cosas. Ella se lo pedía y el lo haría, qué diablos?! Fuera lo que fuera ya lo obnubilaba la idea de ser el encomendado de Naredhel y enfrentarse a Sornosunë, mmmmm, se le hacía agua la boca, aunque su honorabilidad tal vez intentara reprimir el sentimiento. Eran las visceras las que volvían a hablar. Era el don y maldición de los ramalië... y a Bohr Daedth, en sus profundidades, eso le encantaba...

Dio su aprobación a Naredhel juiciosamente. Y a ella pareció encantarle la idea de que él aceptara. Aunque ya sabían de antemano, de todos modos, que habría de ser así.

- Mi Sacerdotisa, - dijo transcurrido un momento. - me gustaría reposar un poco. ¿Me permites pasar la noche aquí? - Pasar lo que quedaba de la noche en Yana Ramarëa, y bajo el mismo techo que Naredhel sería fabuloso... El jovenzuelo estaba ansioso.

Escrito el 11-04-2006 03:33 #10

Le miró un instante, y se dio la vuelta en silencio, dirigiéndose hacia la oscuridad de uno de los pasillos laterales. Alzó la mano y deslizó suavemente la tela que cubría la entrada, y volvió el rostro hacia él con una sonrisa en los labios.

- Por supuesto, príncipe - dijo - Pero debéis saber que no encontraréis en el Santuario distracciones dignas de vuestra nobleza. Seguidme.

Y se sumergió en la oscuridad, sintiendo los pasos del hombre tras ella.