La Guerra de los Clanes

Laverëss

Escribiéndose...
Escrito el 08-04-2006 23:36 #1

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[Editado por elessurendil el 19-04-2006 03:45]

Escrito el 10-04-2006 17:50 #2

Laverëss. Soledad Permitida. Situada en un extraño oasis, de medianas dimensiones, dentro del desierto de Cuin´a Fairë, Vida y Muerte. Es una ciudad silenciosa pero activa, azotada por los vientos del desierto por toda la Eternidad.

Avenidas espaciosas, salpicadas por aqui y por allá de establos, grandes torres de una forma picuda, y edificios grandes y extravagantes. Su población, sumida en sus propios quehaceres y pensamientos del día a día, avanza a través de callejuelas estrechas, resguardándose en sus ropajes del cortante aire del desierto, impregnado completamente de pequeños granos de arena. Cuando el viento sopla fuertemente y pasa sobre el embudo que forman sus estrechas callejuelas, silba lúgubremente, y parece como si grandes gigantes se formasen con los millones de pequeños granos de arena.

En los establos, con forma rectangular, se crian los grandes y poderosos caballos del desierto de Cuin´a Fairë, conocidos por su gran resistencia a los elementos y al agotamiento. Reciben entrenamiento desde que son pequeños potrillos, y con un adiestramiento continuo consiguen crear grandes caballos, que son los que más tarde conformarán la Élite de la Caballería del ejército de Heren Fanyarëa. Para los jóvenes nacidos en esta región es un gran honor convertirse en Jinete de los Vientos, los jinetes que llevaran a la batalla a los grandes y orgullosos caballos de Laverëss.

Las costumbres de este pueblo están arraigadas en la población desde tiempos inmemoriales, y están impregnadas de misticismo y magia. Laverëss, a pesar de dar la imagen de ser una ciudad un tanto bárbara, es un gran centro cultural, donde se guardan miles de documentos de eras ya pasadas, en nombre de civilizaciones ya olvidadas por el hombre de a pie. También es un gran centro cultural en cuanto a magia se refiere, habiendo alli almacenados manuscritos de incalculable valor, dispuestos alli para todo aquel que tenga el saber y paciencia necesarios para descifrarlo.

Su arquitectura es un tanto extraña. Las calles enlosadas circulan entre la vegetación que rodea unas pocas fuentes naturales que fluyen de las entrañas del desierto haciendo pequeños manantiales. Los edificios presentan intrincadas ornamentaciones, cinceladas por los maestros de este arte, los Naugrim. Los edificios más importantes de la ciudad presentan una estructura cónica, variando según que edificio y su importancia la anchura de la base y el largo de la techumbre afilada. Además de estas extravagantes características, los edificios de estructura cónica presentan grandes vidrieras, las cuales representan en su mayoría escenas de la lucha eterna del Águila y el Vampiro. Las vidrieras que están situadas en la parte superior de estos edificios representan el nacimiento de la Unión, y de como nació el pueblo de Heren Fanyarëa, y del Secreto.

Escrito el 14-04-2006 01:52 #3

Morlith posaba de cuclillas avivando el fuego para colocar la caserola y preparar los alimentos. Afuera sólo se oía el murmullo del viento y sin hacer el más mínimo ruido apareció una figura alta y esbelta en la entrada.

-Huele a carne fresca de liebre -dijo.

Morlith hizo caso omiso de la recién llegada y continuó preparando la cena. Alkalabrindeth se pasó y tomó asiento en un banquillo colocándose al frente de Morlith, lo observó de manera compasiva y callada.

- Qué te pasa ahora Alkalabrindeth, hasta aquí puedo sentir tu pesadez. Le dijo sin voltear a verla. Ella sonrió y soltó un leve suspiro.

- Voy a dejarte un tiempo. Morlith detuvo lo que estaba haciendo y dirigió lentamente su mirada a ella... mientras seguía hablando.

- No sé cuánto demoraré. He estado preparada desde hace mucho tiempo, lo sabes bien, aguardé por petición del rey, pero ahora he oído que ha muerto. Lo que me prometió ya no podrá cumplirlo... bajó la mirada intentando disimular su estrago, pero sus ojos se habían nublado de lágrimas, después de un instante prosiguió. - Es necesario buscar en otros lados, y decidí ir primero a Felekgathol, el rey de los enanos es noble y me escuchará.

- Si todo está decidido, no demores más -le respondió Morlith con una frialdad que sólo él pudo creer, pues su interior gritaba el miedo que sentía de perder a Alkalabrindeth, su temor lo vaciaba de razón y sólo podía pensar en que él mismo la había enviado a su muerte.

Escrito el 01-03-2007 18:42 #4

...

Nadie espero lo que habría de ocurrir.

Pero era el destino que ya estaba escrito.

Muchas revoluciones habían transcurrido en Fanyarëa, su nobleza, su pueblo y sus soldados.

Acaeció entonces que Laito Rawëin, el único hijo del bendito rey Vilwë, cumplió once años. Ese día fue cuando decidió comenzar a intervenir directamente en los asuntos del reino, del pueblo y de la orden. Decidió que debía hacer llegar la verdad que él llevaba innata a los corazones, y acabar la guerra.

Laito Reunió a los cortesanos de Sornosunë y mandó a llamar también al pueblo. Sería mejor comenzar primero por una mayoría élfica, quienes tendrían menos resistencia a aceptar la realidad. A su lado, expectantes, la primera más que la otra, estaban Lomëa Utyelnaike y Náredhel Anariel.

Ante una multitud más grande que la que ante nunca había estado, el prodigio habló.

Habló de que pronto debería ser rey. Y que comandaría el camino de los ramalië, aunque el destino de nuestra gente estaba en manos de las elecciones del futuro, y del destino que ya estaba determinado. Él no podría más que ayudarlos a elegir bien.

Habló de la religión y sus vaivenes, de los seres Protectores, y del profeta que inició el camino. Pero sorprendió a todos, incluso fue negado por muchos como iluso, hereje y chiflado, por supuesto, considerar lo que decía como palabras de un niño, fue fácil. Pero aquello que dijo ese día, y quienes realmente lo oyeron comenzaron un proceso que ha quedado en los anales de los rastros del pueblo de los Cielos. Fue cuando expuso que el águila y el vampiro habían sido una creación y una degeneración logrados por otros aún superiores. Que eran los mismos que hundieron Beleriand en su último enfrentamiento.

Que aquel águila y aquel vampiro que lucharon o luchaban en unión sin fin tuvieron la única significación de dejar una huella entre los... “Nacidos”, Heren Fanyarëa, su Orden, la misma guardia de sus espíritus. Que no tanto ellos se debían al Águila y el Vampiro sino que estos se debían a ellos, a la gente que oía, a sus hermanos, y a sus héroes.

Y que la decisión de esta acción fue tomada por los verdaderos “poderes” del mundo. Luego de tal sacrilegio, el hijo de Vilwë y Marelaeth, venido al mundo para guiar a Heren Fanyarëa, recitó el Ainulindalë, completo. Y con absoluta dignidad, todos se mantuvieron en sus lugares hasta que no hubo terminado.

[Editado por Elessurendil el 07-03-2007 02:59]

Escrito el 01-03-2007 18:52 #5

Heren Fanyarëa no es un pueblo, sino un grupo de elegidos dentro del pueblo ramalië para ser guía y fortaleza bajo los poderes de la religión de la Unión.

Laito Rawëin montado en su potro. Y acompañado por la mayor parte de la plebe y nobleza de Sornosunë viajó al desierto, a la ciudad de Laverëss, sitio donde casi lo único que podía verse eran sacerdotes y caballos.

Nunca la ciudad recibió tal comitiva, pero sus gentes, silenciosas y sabias, se sintieron gloriosas ese día. Allí Laito convocó a Heren Fanyarëa, la Orden de los Cielos, para partir a la guerra. Una guerra que ya estaba existiendo, pero en la que el niño aún había tenido prohibido intervenir. Aunque... él era quien decidía, aunque nadie lo supiera.

Extrañó y preocupó a muchos la actitud del niño de once años. Incluso algunos protestaron. Otros lo aceptaron, lo apoyaron. Y otros incluso estallaron de regocijo. Pero el acontecer sería ese, y no habría vuelta atrás.

Laito Rawëin convocó allí a la Orden de los Cielos, y frente a los vecinos de Cuin’a Fairë hablaría del Enemigo y de cuánta sangre aún debía ser derramada incluso cuando este se mantuviera sometido fuera de los límites del mundo. Que ellos tendrían una misión para que aquella sangre no fuera mayor, y en vano. Les pediría que fueran en busca de la paz logrando proezas que sólo él parecía entender, que excedían la comprensión de los comunes, pero que, paradójicamente, implicaban tomar las armas y cercenar vidas.

¡Salve Laito Rawëin, Hijo de Vilwë y Príncipe de Fanyarëa! ¡Salve Heren Fanyarëa, la Orden de los Cielos, protectores de la Unión!

[Editado por Elessurendil el 13-03-2007 02:30]

Escrito el 02-03-2007 02:00 #6

El portazo que siguió a las últimas palabras de Laito reverberó en la estancia. Lómëa se levantó de su asiento y dirigió sus pasos hacia la chimenea. Contempló el hogar apagado y luego se giró para volver a mirar la puerta. No volvería, de eso estaba segura, porque la resolución en la voz del niño era suficiente prueba de ello.

"¿Niño?", pensó, "parece que ha dejado de serlo, de la noche a la mañana". Un suspiro escapó de sus labios, al recordar que había intentado de mil maneras retenerlo en Sornosunë, retenerlo en su niñez. Una etapa que, a todas luces, había quedado atrás desde ese día.

Le había rogado, le había amenzado, suplicado...En fin, habían sido infinitas las formas en que le había pedido que se quedara, que siguiera con ella. Le había recordado, presa del dolor de la pérdida, que ella lo había cuidado y educado y le había dado el cariño que nadie más le dio. Amenazó con no dejarle salir de Sornosunë, pero él le recordó, con el desparpajo que le quedaba del niño que fue, que ella era la Señora de la ciudad, pero que él, Laito, era su rey.

Después de aquellas palabras, Lómëa agachó la cabeza y no dijo más. Oyó abrirse la puerta y al ver que no se cerraba inmediatamente, levantó la vista. Laito le dijo así:

"-Eres libre de seguirme a Laverëss, señora. Pero no debes olvidar que tu protegido ha muerto hoy y que en su lugar a nacido un rey. Adiós-" y cerró de un portazo. Pasó una hora, dos y muchas más y llegó la noche y Lómëa seguía allí, dándole vueltas a la conversación.

Una sonrisa amarga bailoteó en la comisura de sus labios y la coraza de frialdad e impasibilidad volvió a ella. Con paso firme y seguro, abandonó la sala en dirección a sus aposentos.

Al poco rato, las puertas de la ciudad se abrían y Hísië salía al galope como una centella en dirección a Laverëss.

Escrito el 02-03-2007 11:30 #7

Rialath había acompañado a la comitiva, como miembro de la guardia de la reina regente. DEspertó su interés el discurso del joven, pues mientras hablaba expresaba lo que él mismo creía desde hacia largos años. No veía con buenos ojos la religión oficial del país, y cuando vio en algunos rostros poco amor por las palabras de Laito él mismo se dijo que era necesario proteger al niño, tal consejo debía darle a la regente, hasta que éste fuera capaz de defenderse a si mismo y de demostrar a los mas incredulos de su pueblo la verdad que encerraban esas palabras. Y mientras pasaran los años y el osado niño adquiriera experiencia, el prepararía también el camino, mas, si el niño se revelaba hereje... la ira del numenoreano se cerniría rápida y mortífera sobre la cabeza del príncipe. Pero tampoco se entretuvo demasiado en aquellos pensamientos, él mismo no había jurado lealtad en ningún momento a nadie, podía ir y venir a su antojo y no tenía previsto permanecer hasta el fin de sus días en aquél país, pocos eran los que le habían tomado en verdad aprecio y él servía a la regente, no a un niño.

Mas si la regente cedía la plaza a un niño, no era asunto suyo, Rialath era un guerrero, un combatiente, con el tiempo... de echo desde que entró en el reino ramalië, se había convertido en una especie mercenario. Su espada estaba temporalmente al servicio de Heren Fanyarëa, mientras durara la guerra o hasta que lo expulsaran del territorio, luego quien sabe a que fines serviría esa misma espada. ¿quizás se le permitiría volver a Numenor la bella? no, y aunque se le permitiera ¿que haría? su familia había perecido, había sido desarraigado de la isla y sentía que ya no era su patria amada, ahora solo podría añorarla y a la vez repudiarla.

Viendo la gloria de las celebraciones pudiera parecer que Heren saldría victoriosa, mas el curso de la guerra no se había decantado aun por nadie, todo aquello era demasiado precipitado para el gusto de Rialath, que prefería que las cosas se hicieran pensándolas detenidamente, pero habría que adaptarse a los nuevos tiempos, no iba a prestar juramento de ningún tipo a ningún iluminado advenedizo, si no lo quería en Heren se iría, pero mientras, su espada seguiría en defensa de la regente, a menos que le destinaran a otro lugar. Pues solo la regente se había ganado la lealtad del soldado.

[Editado por daedel el 22-03-2007 23:48]

Escrito el 05-03-2007 13:01 #8

[Editado por Elessurendil el 07-03-2007 03:02]

Escrito el 13-03-2007 01:07 #9

- ¡Mi Señora, Mi Señora! - la voz precedía al anciano que corría hacia ella, mucho más despacio de lo que a él le hubiera gustado. Pero los años no pasaban en balde, y sobre sus hombros llevaba ya un número importante de ellos.

Ella detuvo su caminar hacia la mitad del enorme pasillo de mármol blanco. Desde la derecha, los últimos rayos de sol penetraban por la arcada tallada que daba al enorme jardín central. Se volvió despacio, y sus cabellos de cobre ondearon levemente al acompañar el movimiento.

- Dime, Delmir. No será tanta la prisa, ni yo voy a desaparecer de improviso. - sonrió al pensarlo. Quizás no tan de improviso como a algunos les gustaría.

- Mi Señora ... - Delmir interrumpió la frase mientras trataba de recuperar el aliento, apoyándose en un arco - ¿Cómo... - respiró profundamente - ... cómo habéis permitido que ocurra ésto? Las palabras del joven Laito... el pueblo no está preparado, Mi Señora. Vos lo sabéis.

El rostro de ella se endureció de pronto.

- ¿Y quién lo está, Delmir? Pero la verdad no podía esconderse por más tiempo. Y era éste el momento.

- Pero mi Señora ¡es un niño! - los ojos de Delmir denotaban incredulidad. Y el gesto de su boca indicaba que de no haberse encontrado ante la Reina, hubieran salido objeciones mucho mayores de sus labios. Quizás poco recomendables de mencionar ante ella.

- Lo se. No estoy ciega, Delmir, si es lo que quieres insinuar - la sonrisa volvió a su rostro - Pero estaba escrito en su destino, y en el de todos nosotros, que así debía ser. Él debe ser quien de la señal. Y entonces - hizo una pausa, y miró al hombre con sus enormes ojos dorados - ... entonces el pueblo estará preparado, Delmir.

[Editado por Indil el 08-04-2007 23:54]

Escrito el 07-04-2007 23:57 #10

Desde que nació, Bohr tuvo un aberrante desprecio por el infante. La lucha por el dominio dentro de la Orden había sido parte esencial de la comunidad de "alados". Y de alguna forma estaba implantado en la inconsciencia de cada uno de ellos, en su espíritu. Habían llegado los tiempos en que todo eso podría cambiar.

Laito ya había hecho efecto en el hijo de Alsenot, como hijo de su prima hermana, llevaba la sangre de sus abuelos. Pero había nacido gracias a la "compensación", y aunque siempre hubo quienes intentaron detenerla, con la excusa de que este proceso detendría el poderío de los ramalië, que el permanente conflicto era su fuente de energía.

El destino había logrado que Bohr, ante Laito Rawein, quebrara su parte de la incordia. Tal vez el precio que le había hecho pagar era haber entregado su alma a otra podredumbre, a otro cáncer. El pacto entre Bohr y Laito había sido ese, explícitamente, el niño había convencido al adulto, Bohr había decidido cargar con toda la impureza de los ramalië, llevandola lejos, sin entender bien cómo, para lograr la paz. Bohr, en su falta de sabiduría comprendería muy tarde como sería, pero ahora que tocaba la parte de Laito, él estaría allí. Acompañándolo a ciegas.

Él, junto con Niëlúne, viajaron juntos hacia "Soledad Permitida", ninguno hablaba con el otro desde unos meses atrás. Tenían mucho que decirse, pero extrañamente, juntos, permanecían callados. Incluso habían dormido en el mismo lecho, pero habían omitido las palabras. Y el camino hacia la ciudad del silencio había sido así. Lo hicieron en camellos. Cuando llegaron allí, a ese lugar donde el viento y la arena eran los senescales, y la sabiduría el demonio que todo lo envolvía... se dirigieron hacia los establos, en cuyos campos corrían algunos potrillos. La medioelfa fue a quien le llamaron la atención, y él fue tras ella.