La Guerra de los Clanes

Hón

Escribiéndose...
Escrito el 08-04-2006 23:35 #1

Esta ciudad es de donde proviene todo el bullicio de Fanyarëa. Así es conocida, por ser el centro de la región oriental del territorio dividido por Sorontarna, las montañas. Ubicada en la región mesopotamica conocida como Serkifána Sírotiën, se fundó cuando los pueblos ramalië se fusionaron con los campesinos de la región y establecieron la primer plaza de comercio. Hón es una ciudad construida en la confluencia del Morehtsir hacia el Sirhonë o Sirhón, el río más extenso de Fanyarëa, que llega hasta el mar. Por su particular enclave, Hón se encuentra dividida en tres partes, una en cada vertice de la confluencia, unidas por la monumental construcción de un puente que las interconecta, una obra en la que también se levantan algunas construcciones, por ejemplo la Alcaldía del Puente, y murallas.

Hón parece no dormir, y no callar. Constantemente circulan por sus callejas, mercados y humildes hogares y posadas gran cantidad de campesinos, pescadores, comerciantes y otros hombres de pueblo. Los ánimos son siempre vivaces y sencillos, y los modales son rústicos pero amables, atentos y generosos por lo general. Su atractivo particular, además de ser el principal centro y reserva de producción, le da una caracteristica promiscuidad, ya que en más de contada vez, la cantidad de gente albergandose y circulando excede la capacidad habitacional. A pesar de todo, la gente común del este, la prefiere. En ella, las tres facciones se mezclan en armonía, a pesar de las mentalidades de Soron-Taurafernar (o Soron-Taurafernëa), el Oeste.

Si bien las tres partes de la ciudad tienen predominancia de algún aspecto, comercio, pesca y fondas y tugurios, las actividades se distribuyen bastante equitativamente logrando una unidad que no permite hacer mayores distinciones entre los tres extremos del Puente.

Escrito el 27-04-2006 21:07 #2

Bohr despertó a orillas del Sirhonë. Tenía las uñas de la mano izquierda sucias de sangre. Estaba desnudo y arrastrado en la tierra húmeda del río.

Se levantó con mucho esfuerzo, el cuerpo le pesaba. Recordaba todo lo ocurrido hasta entrar a la Sala del Rey y mezclarse con la triste y pasmosa oscuridad.

Había estado con Laito Rawein y había intentado manejar sus sensaciones frente a él. Pero lo había lastimado, en un intento por contenerse al mismo tiempo que el de hacer desaparecer al heredero en ese preciso momento. Aunque había otros sentimientos por el pequeño rey, que aún se mantendrían reservados. Y Bohr no era hombre de meditar lo que sentía, así que no sería conciente de aquello por mucho tiempo.

Le preocupaba Lomëa Útyelnaikë. Esa parca elfa pondría precio a su cabeza, seguramente, no importaría lo que el niño dijera. Y no podía pedir consejo en Naredhel, tal vez ella hallara algo malo en él y lo privara de su don de ser libre. Siempre había sentido eso frente a Laito, pero esta vez se había tentado demasiado. La Yareari... sus miradas no lo dejarían dormir de ahora en adelante. Y la sombría de su personalidad sería una amenaza constante.

Tenía que encontrar algo con que cubrirse... y meterse entre el gentío de Hón, que no estaba lejos.

Escrito el 30-04-2006 02:24 #3

En el pueblo era un día común. Los hóndorië iban y venían a los apurones, canturreos aquí, tal vez una discusión en otra parte, los trabajadores, campesinos y comerciantes no gustaban de la quietud, así que, por si acaso, andaban.

Tal vez más tarde se percatarían, pero en principio, nadie se sorprendió con la llegada de un soldado, llevaba puesto un casco que no le cubría el rostro, la visera había sido quitada o destruida, tenía una armadura de la guardia de Vilwë, así que nadie tenía nada que decir al respecto, esas cosas no se obtenían si a uno no le correspondía...

-Permiso caballero- dijo un elfo que llevaba un bulto de lanas hacia el depósito frente al que Bohr se había quedado parado. Bohr se movió torpemente. Detrás del cargador venían otros dos conversando muy entusiasmadamente, uno arrastraba una bolsa de cuero. Bohr no sabía como tratar con la gente común de Fanyarëa, uno era un elfo y el otro parecía más un mixto...- Hey, vosotros... señores... usted... He cruzado a pie las orillas del Sirhónë, mi montura... tuvo que morir. Podría decirme usted donde encontrar un lugar donde descansar y...- El medioelfo lo interrumpió. - Mire, entiendo. Acerquese al Puente desde allí verá el puerto, si observa hay una peninsula, allí está el Refugio de las Naves, encontrará gente de su rango. No se preocupe,-habrá dicho por la expresión en el rostro de Bohr- pase un buen día en Hón.-

Bien. Bohr había mentido de palabra y de aspecto. A la gente de Hón no le importaba, si uno no tenía malas intenciones no había porque ser descortés. Ahora tenía un lugar adonde ir, pero tal vez fuera el lugar al que menos le convenía acercarse.

Desde donde estaba se veían los Puentes. Iría hasta allí y lo pensaría...

[Editado por elessurendil el 30-04-2006 17:36]

Escrito el 01-05-2006 02:08 #4

Mientras se acercaba a la cruz que formaban los puentes que unían los tres extremos de la ciudad. Bohr, el caballero de armadura real, se cruzaba con gente y más gente, de todas las clases, y muchos saludaban, y a muchos respondía el saludo. Le sorprendió la extraña belleza de una muchacha que iba junto con los pescadores llevando un tendal con una ristra de truchas. En el camino la volvió a ver una y otra vez, lo seguía y lo observaba, le sonreía, él le seguía el juego. Parecía más bien humana, cetrina.

Caminaba por la pendiente hacia el centro de la Y. Nunca en su vida, incluso si alguna vez había pasado por Hón, había visto tanta gente junta, parecían mas bien ratones, abejas, hormigas. Zumbaban, corrían, se molestaban , se disculpaban, se saludaban, sonreían. Desde las tapias de los lados podía apreciarse en toda su magnitud el cúmulo de personas que formaban la ciudad trínita, más los edificios, las tiendas y chozs, y las barcas en el río. Tambíen se percibía un poco la distancia, se veía un pueblecito a lo lejos al noreste.

Ese traje pesado no era de su preferencia. Le ajustaba y le molestaba en algunas partes. Pero de no ser por la benevolencia de algo superior habría llegado desnudo y se le habría complicado más estar donde estaba. Le concedió un túmulo a los restos del corcel, y se puso armadura y vainas, su propietario no estaba allí hacía mucho por lo que se notaba, no había rastros y el equipo estaba acomodado al pie de un alamo...

Se veía el puerto, y la península. ¡Que bella flotilla! El corazón le empujó hacia allí. Los pensamientos... en último termino tenía un montante que parecía peligroso. Lo tanteó y se acercó al borde del puente. Tenía ganas de andar por el reborde. Iría.

Escrito el 02-05-2006 03:43 #5

A los navegantes y a los pescadores le gustaba ver hombres del ejército rondando sus puestos. A la gente de la ciudad también, no era algo habitual, y les recordaba que eran protegidos por la patria a la que pertenecían. Más acostumbrados a ver soldados de Osto Fendasse, ver a un guardia de Sornosunë, hombres de Lyshiön era todo un evento. Pero también estaban ocupados, y debían mostrarse orgullosos junto a su trabajo y sus barcazas. Así que mientras el caballero recorría las calles de los muelles sólo algunos lo miraban con maravilla.

Estaba hastiado de esas ropas, pero eran lo unico que tenía, y acomodarse las irregularidades en ese momento no era aconsejable, tenía muchos ojos desconocidos encima. Unos lo saludaban con señas de los Yarear, y él respondía; qué suerte haber conocido al Maestro de Armas y haber aprendido aquellos movimientos, pensó.

En la peninsula se maravilló con las navecillas preparadas para combate. Dos eran casi completamente barcos de guerra. Los marinos, por el momento se preocupaban por sacarle brillo. El capitán se distinguía entre todos, era un hombre altísimo y fornido, detrás suyo, o más bien a su lado iba un enano con una pipa. El hombre caminaba por la popa de uno de los barcos, más tarde Bohr sabría que era una fragata. En su ilusión, fue un ruido que hizo su armadura la que avisó al capitán que él estaba allí. Con un andar tranquilo y aspavientos bonachones vino hacia él. Cruzó los dedos instintivamente.

- ¡Bienvenido hombre del bosque! ¡Jojo! ¡¿Qué importante tarea os trae aquí a nuestra armada?! ¡¿Valiosa no?! -dijo y la observó panorámicamente. -¡Noto que recien llegas, ¿No es verdad? ¡Eres humano! ¿O eres medio-humano? Bah, sirves a nuestra hermandad... algo de eso serás, jojojo!- No hizo falta mucho hablar, para notar que el capitán era un buen hombre, de poco hablar, y mucho gritar. Se sintió tímido.

- En realidad estoy sólo de paso. Me alejé demasiado siguiendo a unas bestias que andaban cerca de la ladera y se hirío en un pantanal, tuve que dejarlo junto al río...- La timidez servía para imitar la pesadumbre.

- Pues... dejame hospedarte amigo. ¿Cuál es tu nombre camarada? Mi nombre es Sántûra, pero prefieren decirme Santur...-

- Soy... - Bohr podía delatarse con sólo decir las palabras equivocadas. Intentó conjugar un nombre con sus recursos de elfico noldorin - Manë… - \"Bueno\", tenía que decir que era bueno. -...Col…Uë...- \"Carga vellocino\" recordó aquel hombre que le pidió permiso llevando aquella lana. -...Athean...nér...- \"Hombre varón\" al fin y al cabo eso se suponía que era. Y se calló la boca, seguir sería catastrófico.

Fue entonces cuando el enano que acompañaba al capitán lo miró con escepticismo. Y Bohr pudo ver, las facciones de aquel enano eran muy bellas y su piel era brillante, aunque sí, era narigón, su mirada tenía un encanto que no había visto en ningun naugrim. Además no era tan ancho y desproporcionado como sus pares. Era un enano extraño. Como todo lo que allí estaba ocurriendo.

El capitán pensó las palabras de Bohr-... así que... Mane...col...we...athean...ér... haremos una cosa, te diremos Wëathean si no te molesta! ¡Hasta que nos aprendamos tu nombre! ¡¿Sí?! - La ingenuidad del capitán agradó a Bohr, aunque luego lo preocupó, tal vez por ponerse a pensar, y encima en voz alta, lo había descubierto.

- Este es mi compañero, Shatdul-Bunffelak; éste ya sí que me lo recuerdo...- El enano arrimó el brazo con fuerza, y lo mismo hizo Bohr para responder al saludo. - ¡Vayamos, quizás Wethan quiera descansar, tomaremos una cerveza, sí, y descansaremos, sí!

Wëthan, es decir, Bohr, caminó entre Santur y Shatdul, temiendo, parecían los custodios de un prisionero encarcelado, uno a cada lado. Pero bien, iban a la taberna, a por una cerveza...

[Editado por elessurendil el 02-05-2006 04:39]

[Editado por elessurendil el 02-05-2006 04:44]

Escrito el 03-05-2006 13:06 #6

Un chillido de Águila rompió el cielo de Hon, y algunas cabezas se volvieron en busca de su causa, desacostumbrados como estaban a ver aves por aquel lugar, nido de la más sucia vertiente de la estirpe humana. Sin embargo, nadie llegó a divisarla, pues antes de que éste hubiera terminado, su causa inició un picado que concluyó en el interior de un pequeño pajar.

Allí Alsenot volvió a ser hombre, volviéndose en toga su plumaje, y ocultando sus rasgos una capa, y no una forma. Llevaba largo tiempo fuera del país, ocupado como estaba en largas y tortuosas negociaciones con sus vecinos, el Realengo de Farothdin. En aquellas tierras se hablaba de guerra, al igual que había hablado él meses atrás, sin ser escuchado por sus consejeros. Demasiado tiempo había estado Heren Fanyarea distraído del mundo, demasiados años conspirando en la corte, demasiado esfuerzo desperdiciado en destruírse a sí mismo.

El señor de los hombres comenzó a caminar entre sus súbditos, ocultando su identidad con ayuda de una larga toga. Bajo ella podía sentir el peso de su espada, afilada, pendente de un cinto que quizá no debería haber sido capaz de sostenerla. No tenía nombre, pues Alsenot no lo consideraba necesario, y nunca se lo daría, llevase a cabo cuantas proezas fueran necesarias.

Hon era la ciudad de la campiña situada más cerca de la frontera norte, y por ese motivo había sido escogido por Alsenot para hacer su primera parada. Allí tendría ocasión de reposar antes de su regreso a Nestnwelath, y de paso, podría comprobar con sus propios ojos el estado de la flota que, se suponía, residía en aquel lugar. En ese momento, más que nunca, sería importante que las tropas estuvieran listas, pues resultaba imposible saber cuándo se iniciaría el conflicto que pronto azotaría aquellas tierras.

Alsenot sabía que aquella era la mejor manera de hacer las cosas: personalmente y por sorpresa, para impedir que la situación se adornase en exceso por aviso de su llegada, y al mismo tiempo para evitar que las noticias se corrompiesen en el trayecto de los ojos del informante hasta su boca, y desde su boca hasta los oídos del informado. Lo vería por sus propios ojos, y juzgaría.

La actividad del lugar le sorprendió, aunque no agradándole en exceso. Toda clase de negocios febriles y turbios se cocían a su alrededor, y muchos le eran ofrecidos constantemente. Sintió deseos de revelar su identidad en algún momento, solo para comprobar qué efecto provocaba su aparición, y para tomar nota del grado de avergonzamiento que sentían aquellas gentes lascivas, pero sabía que sería una estupidez, y que le costaría perder la ocasión de sorprender a los capitanes de marina.

Fue en mitad de esa actividad cuando Alsenot pudo comprobar con sorpresa que no era el único miembro de la alta casa que se movía por aquellos lares de incógnito. Su vista de águila, entrenada para captar con minuciosidad cada detalle, le mostró un sorprendente evento: su hijo, por algún motivo, se encontraba allí.

-Bohr- murmuró Alsenot, y comenzó a seguirle. ¿Qué haría allí?. Por un momento, deseó que tuviera una buena excusa, pero no guardaba demasiadas esperanzas. Su hijo siempre había sido un desastre en todos los sentidos, y lo más probable era que estuviese en aquella ciudad intentando impresionar a alguna moza con sus galones para llevársela a la cama.

Lo peor es que aquella vestimenta no se correspondía con la que debería ser, así que resultaba aún más evidente que Bohr estaba tratando de pasar desapercibido.

El trayecto comenzó sin parecer seguir ninguna dirección concreta, pero pronto culminó en el puerto. El bienamado puerto, al que Alsenot se habría dirigido de todos modos.

La flota que allí residía parecía sólida, y los soldados estaban bien puestos en su sitio. Dos galeotes estaban perfectamente armados, con armazones y recubrimientos que los protegiesen de armas enemigas, e incluso algún precario sistema de asedio para situaciones complicadas. Sobre el resto se trabajaba aún, con mucho retardo y parsimonia, al tiempo que los soldados disfrutaban del sol y bromeaban. Nada indicaba que aquella armada fuese a estar lista a tiempo, ni que en el horizonte de Árador se vislumbrase guerra. Habría que cambiar aquella situación.

Sin embargo, por el momento le interesaba más ver qué hacía su hijo. Para su sorpresa, se dirigía a hablar con el capitán de uno de los navíos, aunque parecía casualidad en muchos aspectos. Quizá hubiese aprendido alguna interesante maniobra diplomática, pensó Alsenot, pero tardó poco en desengañarse. El capitán, su hijo, y un enano abandonaron el barco a los pocos minutos, y enfilaron directos hacia la taberna más cercana, fácil de percibir entre el gentío por un grande y destartalado cartel de madera que rezaba \"La Jarra de Hon\".

Decidido a dar un par de escarmientos aquel día, Alsenot esperó con paciencia, deslizándose hasta un callejón oscuro, dónde nuevamente se tornó en águila. Esperó a que el trío alcanzase la taberna, y entonces avanzó hacia ella.

Escrito el 04-05-2006 05:47 #7

En la Jarra de Hón, Bohr supo mucho de Santur, cualquiera diría que supo demasiado, el capitán más experimentado de la pequeña flota de la confluencia de los ríos. Supo de muchos lugares de los que había conocido, y de las mujeres que había amado y de las que no tanto, supo de las batallas que había librado y de los enemigos que había vencido.

Wethan era un buen oyente para el capitán gritón. En las condiciones en las que se encontraba, le convenía callarse y no meter la pata, así que tenía que esforzarse muchisimo por no imponerse, de tanto suponer lo que los Numearámar, como allí alguno que otro llamaba a los nobles de Fanyarëa, estarían planeando, creía que estaba en juego su propia vida.

Wethan, al fin también le cayó bien a Shathdul-Bunffelak, el enano era buen tipo, conversador y ameno, solemne cuando había que serlo, y simpatico cuando correspondía. Pero algo le inspiró Shathdul a Bohr que nadie le había mostrado hasta ahora, se suponía que era un Russan Rámar, y por momentos parecía tampoco estar ni con unos ni con otros. Bohr vio en Shathdul a un ser perdido, realmente perdido, solo. Le caía bien, pero trataba de evitar detenerse mucho en el tipejo, le causaba tristeza. Y Bohr no iba a ponerse a sentir tristeza! Él tenía, aunque fueran para él algo pobres de espíritu, gente, parientes, afectos, enemigos (si así cabía decírsele), estaba rodeado de otros. Shathdul no..., y no parecía haber forma de darle solución.

Después de tomar bastante, el bastardo terminó por ponerse ebrio. Se río también con otros de los cuáles tendría que volver a aprenderse los nombres, aunque éstos tampoco le pronunciaban las palabras con mucha sobriedad.

Bohr olvidó que llevaba puestas incomodas partes de una armadura, algunas habían quedado revolcadas por el suelo de la taberna. Aún llevaba la vaina del espadón. Y sí, la empuñadura estaba ahí, o más bien había tres...

Algunos salieron de allí rumbo a donde fuera que vivían o dormían. Con éstos Bohr se reía de las leyendas que se contaban sobre los cuervos... y salió también. Todavía no era la madrugada.

Caminó con algunos por el muelle. Un puesto de pescadores no había sido del todo desmontando.

- Hey, que va a llover?-

- Siquiera está nublado, para donde dices que miras?-

Bohr se tuvo que sostener sobre un... elfo¿? Era bastante fuerte para sostenerlo mareado, con acero y mithril encima.

- Hey, pirata, no te conozco??? - dijo Bohr aguzando la vista.

- Todavía te falta mucho por conocerme, Numearamár - le respondió una voz de niña.

Era la muchacha que Bohr se había cruzado horas antes en el puente. Era atractiva. Se había infiltrado de alguna forma entre los marinos. Lo había hecho para no perderlo de vista. Era una niña que no dejaba cuentas sin saldar. Ella lo llevó hacia un callejón todavía oscuro, casi cuando estaba por comenzar a amanecer. Wethan obviamente dejó que su instinto... eructara por sí sólo.

Escrito el 04-05-2006 13:18 #8

Alsenot observó en silencio, paciente, observando sin sorpresa como su hijo se revertía lentamente en los turbios placeres que aquella ciudad ofrecía a todos los que allí se presentaban. Tendría unos cuantos problemas por su conducta, pero antes había algo que él, como señor de los hombres, debía hacer.

Un águila sobrevoló la flota, acercándose por doquier, flanqueándola y observándola desde todos los ángulos. Era una armada tranquila, a la que un ataque habría masacrado de un manotazo, sin piedad. El momento ya estaba escogido.

Cuando el capitán regresó al barco, ebrio y desorientado, un águila se posó frente a él, esperando en el encabezado de la plataforma que permitió al turbio Santur alcanzar la cubierta. Bohr se había perdido de vista hacía un rato, secuestrado por las atenciones de una muchacha que sin duda sería el culmen de su tarde de desmadre. El capitán del barco, en cambio, se plantó quieto, observando fijamente al ave que, oculta por las sombras nocturnas, le observaba fijamente posada sobre la baranda.

- Traicionas la confianza del señor de los hombres, Santûra, iniciando a su hijo en el mal vicio de la bebida y las mujeres y olvidando a su suerte la flota que te fue confiada por tu supuesta pericia en el mar.

La mirada del capitán se tornó desorbitada, al enfocar a una figura encapuchada que ocupaba el lugar del ave pocos segundos antes. Retrocedió por el sobresalto y cayó de espaldas, provocando un estruendo que alertó a varios guardas. Dos de ellos avanzaron sosteniendo sus lanzas hacia la figura ignota, amenazándola y ordenándo a su dueño que mantuviese la compostura y no moviese un músculo. Hubo un destello un instante, cuando el acero abandonó su vaina, y con una agilidad insospechada una espada recta salvo en su punta trazó dos semiarcos en el aire, arrancándole a las lanzas las puntas, y al tiempo la figura ganó la espalda de sus rivales, golpeando al primero con el canto no afilado de la hoja en la nuca, y derribando al segundo de un certero golpe de talón tras la rodilla. Entonces Santur reaccionó por fin, y tratando de sonar contundente a pesar de las jarras de cerveza, gritó un \"quietos\" que impidió una masacre.

Saboreando la sangre que sus dientes habían derramado en sus labios, Alsenot avanzó con parsimonia hacia el capitán del barco, increpándole de nuevo.

- Veo que tus hombres están habituados a tu alcoholismo, pues te obedecen incluso bajo los efectos del más áspero vino. Sin duda son leales, aunque me pregunto si no es cosa del miedo, más que de tu autoridad, lo que les impide seguir avanzando.

- Lo siento, mi señor. - Santur estaba avergonzado. Se levantó como pudo del suelo, tambaleándose por el peso de su armadura, e invitó a Alsenot a su camarote. Los marinos volvieron a sus puestos, extrañados.

Una vez en el camarote, Alsenot tomó asiento sin esperar a que se lo ofreciesen, como acostumbraba a hacer, comenzó a hablar.

- ¿Sabes lo que he estado haciendo durante los últimos meses, Santur? ¿Sabes donde ha estado el señor de los hombres?

- No, mi señor. Los asuntos del águila solo el águila debe saberlos.

- Bien, pues tú los sabrás... al menos en parte. Llevo meses moviéndome por todo Árador. He dejado atrás mis tierras, Fanyarea, para observar pacientemente lo que ocurre a nuestro alrededor, mientras nuestra corte se impregna de conjuras y engaños, y tiene los ojos vueltos hacia sus cuencas. Sin embargo, antes de irme, dejé encargado a una serie de personas ciertas tareas que consideraba importantes, y entre esas personas estabas tú, Santur. ¿Has cumplido lo que yo, personalmente, te encomendé?

- La flota está muy mejorada desde la última vez, mi señor.

- ¿Muy mejorada? - el tono de voz de Alsenot no se alteró - No fue eso lo que te dije. Te dije \"lista\". Preparada para el combate. No tienes ni la mitad de las naves ocupadas, no hay disciplina militar, y, para más inri, te dedicas alegremente a emborracharte, dando un pésimo ejemplo a tus marinos. A tus soldados, Santur.

- Lo siento mucho, mi señor.

- Quizá, pero con sentirlo no basta. Llevo meses viajando por árador, y ¿sabes qué he visto?: guerra. Soldados, armadas, conflictos de intereses, enemistades. Los pueblos aclaman por la sangre de sus vecinos, las naciones se exigen y se reclaman unas a otras responsabilidades por hechos pasados que nada tienen que ver con nosotros. Pronto habrá conflicto alrededor de nuestros mares, y nosotros no estamos preparados para ello. Y créeme que llegará hasta aquí, y si todos los capitanes a los que confié la preparación de una armada han hecho como tú, no lo estaremos a tiempo.

Santur bajó el rostro, ocultándolo de la vista de Alsenot. El señor de los hombres se levantó del asiento, y le hizo un gesto, indicándole que le mirase a los ojos. Estaba consternado por la situación.

- Permanecerás en tu puesto por el momento, pero alejarás a tus hombres del vicio que infecta esta ciudad. Te pese o no, has perdido el mando de esta armada. En cuanto a ese asunto, quiero que sepas que has estado emborrachándote con el inútil de mi hijo esta tarde. No se lo digas a nadie, al menos no hasta que yo le localice. Pronto partiré a Nestnwelath, donde me reclama me nación, pero no antes de solucionar cierto aspecto aquí. Allí me encargaré personalmente de asignar a un oficial adecuado para asumir el mando de esta armada. Tú quedarás como simple adjunto, pero seguirás en el puesto. Salva tu honor, y termina la labor que te encomendé antes de que llegue el hombre que hará de verdad el trabajo. Pero más te vale saber que esta vez estarás vigilado.

Y así abandonó Alsenot el camarote de Santur. Se tornó nuevamente en águila, y marchó a descansar a un risco afilado, esperando el momento de reencontrarse con su hijo.

Escrito el 05-05-2006 07:01 #9

- ...te ofrezco este medallón, fíjate es de un guerrero cetrino de Taurëlinque.-

- ... no, déjalo, ya te dije que no, y que es...- decía la muchacha, cubierta con unas mantas. Hacía calor, pero estaba desnuda. Bohr le dio un brazazo al despertarse.

No le pegó fuerte, pero lo suficiente como para que se asustara y se callara, fue sin querer. Ahora a ambos les dolía la cabeza, por motivos diferentes.

Bohr estaba en un callejón sucio de algún rincón de Hón. Estaba revolcado entre trapos. Partes de una armadura de la Orden estaban amontonadas junto a la pared. Encima, ropa de mujer, de la mujer que tenía al lado.

Tres hombres discutían con ella. Se había puesto a observar la espada de Wethan. Era una espada larga y ancha, pesada, característica porque su hoja estaba compuesta en partes por metal y en partes por algo que parecía nácar, se iban superponiendo en franjas y trozos por lo visto macerados en una forja luego. Él no le había prestado tanta atención aún. Los hombres eran comerciantes, piratas y, pasando por ahí la vieron y querían comprarla.

- ¿Que es lo que está pasando? – dijo Wethan despabilándose, aunque con la resaca como verdugo pervertido.

- Te damos por tu precioso acero... Mmmmm... ¿Cuánto pretendes?- dijo uno de los tipos.

- No se vende, es tuya, Wethan, déjalos...- dijo la chica.

- Bueno, bueno... déjenme despertar... Vosotros, si quiero venderla los buscaré, dónde puedo encontrarlos...?- Ella lo miró con un sobresalto.

Los hombres le dijeron a Bohr dónde estarían, y los vio marcharse casi conformes, intuición de comerciantes.

- Ya, ya, ya! Al menos quería que se fueran. No sé qué voy a hacer con...- Le contestaba a la muchacha, para contener sus reproches antes de que dijera nada. - ¿Quién eres?- la ubicuidad característica de Bohr.

- Mi nombre es Nikhe. No te acuerdas, pero nos conocimos ayer... y anoche.- No era una timorata.

- ¡Sí que me acuerdo! Aunque no todo. Y... – miró y recordó la molesta armadura.- ¿Qué ropa me pondré para salir de esto? ¿Dónde estamos?-

Ella le explicó en que escondrijo de los Puentes estaban. También le habló de cubrirse un poco con las telas sucias y algo de la ropa de ella, y de conseguir algo en el mercado. Que ella sabía dónde en el mercado conseguir un verdadero valor por esa espada si es que él quería negociarla. Bohr se recostó un poco, estaba bastante aturdido.

- ...¿Y? ¿En Nestnwelath tienes alguien con quien vivir para siempre?-

- ¿Vivir para siempre? – Bohr no entendía ese concepto, lo asociaba con los elfos. – No soy elfo y...- Además había sido criado entre hombres que apenas habían podido conocer el concepto de fidelidad, primero educados por los elfos de la Unión, después viviendo salvajemente en las ruinas de un infierno helado.

- No es cosa sólo de elfos. Somos jóvenes, pero... nunca pensaste en cuándo seas viejo y tengas una ancianita a tu lado?-

- No, la verdad, jamás se le había pasado por la cabeza. Su propia madre no había sido una “esposa”. - Un día moriré, así que, cómo creer que viviré para siempre. Ya moriré, no todavía...-

...

- ...preguntas mucho, pero... peleo contra el enemigo, está más que claro que el enemigo es “malo”.- Bohr no se refería al Enemigo, sino al rival, al que fuese en el momento que fuese, para él en eso consistían el bien y el mal.

- jajajaja, no seas tonto, digo, la mala gente, los malos espíritus, el “daño”...- Ella no era tan inteligente como para entender que Bohr no entendía. Mejor así.

Él hizo una mueca. – Y, es que si nadie te dijo nunca quien es que hace daño, no te enteras hasta que tienes su hacha clavada en el pecho, pero ya sería tarde...- Ella volvió a reírse de sus “bromas”.

...

Bohr parecía una extraña mujer de Cuin’ a Fairë con barba de varios días, enroscado en unas telas, con botas de acero y una enagua que escapaba por debajo. Le iba preguntando a Nikhe sobre su aspecto. Ella le dijo que en el mercado nadie le prestaría importancia. Y él medianamente se conformó.

Mientras caminaban pasaron por su cabeza muchas cosas juntas, el grupo de marinos conversando sobre sus extrañas aflicciones, la imagen de Shathdul intentando pertenecer, la herida de Laito Rawein, la chica que iba a su lado, vivir para siempre, lo malo, lo bueno, la espada nacarada, la risa generosa de Santur y lo agradable que fue oírle contar sus tonterías sin intervenir, Nestnwelath, su madre, las fragatas, la flota, Sornosunë... Basta! Estaba pasando mucho tiempo ocioso y su cerebro aprovechaba para atacar con los pensamientos que tenía acumulados. Tenía que detenerlos, no le gustaba lo que cada cosa le provocaba. Se explicaba a sí mismo que tenía resaca. Aunque el resultado de pensar, en realidad, lo que le causaba era angustia.

Iría al mercado o a algún lado. Tendría que aprender a manejarse con el mercado y esas cosas, despedirse de Nikhe y conseguir la manera de seguir escapando, y de saber qué era lo que pasaba en casa. Tenía que pensar menos y ocuparse más. No se sentía cómodo, algo lo estaba incomodando. Cuando giraban para entrar en el mercado le pareció que alguien lo observaba, quiso mirar pero no había nadie ahí. ¡Lo que le faltaba, ahora se sentía perseguido! Pero no, no era su apariencia, aunque se acomodó las enaguas para que se vieran menos, había alguien ahí. Esperaba que no fuera quien él pensaba. La última persona que pretendía ver en aquel momento...

Y Alsenot, Señor de Nestnwelath, adalid de los Varna Rámar, sí estaba por ahí, apunto de encarar a Bohr, a su pesar, su hijo.

Escrito el 05-05-2006 13:25 #10

- Hola, Bohr. Te estaba esperando.

En mitad de la plaza del mercado se oyó un sobresalto, cuando cientos de personas vieron un águila tornarse en hombre frente a sus ojos. Hubo murmullos, y muchos salieron corriendo, gritando maldiciones para la perversión de Hón, mientras Alsenot avanzaba impasible hacia la figura enmascarada de su hijo.

Iba acompañado de una muchacha, la misma que había conocido al día anterior, y quedó anonadada al oír el nombre viniendo del mismo ser que antes era un águila.

- ¡¿Es que los hombres ya no recuerdan a su guía?!, ¿Hasta que punto se asombrarán de ver al señor de Nestnwelath, posándose entre ellos con ojos observadores?¿Cuántas batallas ha ganado ya Kaín, mi hermano desaparecido, si en todos los lugares en los que me poso mi presencia es sorprendente y mal recibida?¿Qué hacías tú, Bohr Daeth, hijo y heredero del gobierno de Nestnwelath, oculto y vestido de forma grotesca, que no estabas cuidando del buen nombre de nuestra casa, sino pervirtiéndote entre los mismos hombres a los que habrías de mandar?

Dos miradas se enfrentaron. Bohr sintió como la mirada de su padre le acosaba, agobiándole, presionando sus pupilas que intentaban permanecer firmes, sin éxito. Una voz femenina a su lado fue lo que le derrotó finalmente.

- ¿Wethan?

Bohr bajó la cabeza, sin saber que hacer. Alsenot dio un paso, nuevamente, y se volvió hacia la muchacha.

- Este hombre no se llama Wethan, ni de ninguna otra forma que te haya podido decir. Su nombre es Bohr, y debería ser mi heredero, el de Alsenot, señor y guía de los hombres.

Turbada, la chica retrocedió, y bajó la cabeza, como si quisiese disculparse por su impertinencia. Pero Alsenot no le prestó atención.

- Me debes una explicación, Bohr, pero no aquí en medio. Vayamos a un lugar más recogido. Allí me dirás porqué estás aquí, ocultando tu identidad, y dejando de un lado tus deberes. Y más te vale haber pensado en una buena historia.

Y con una mirada severa, Alsenot comenzó a caminar, guiando a su hijo, abriéndose paso entre el resto de hombres, que se apartaban temerosos de la presencia del águila.