Agotada de cabalgar día y noche, llegó por fin a la puerta Este de Felekgathol. Permanecían en la entrada dos enanos vigilando las carreteras y caminos. Alkalabrindeth bajó de su caballo y se acercó al más joven de ellos que la miraba deleitado por su belleza. Con una sonrisa en los labios ella preguntó:
- Aiya buen enano! podrías anunciar a tu amado rey que Alkalabrindeth, hija de Valglin, está aquí?
- Claro, claro mi señora... acompáñeme por favor. Apresurado dio media vuelta y corrió hacia el interior. Alkalabrindeth le sonrió amistosamente al enano que se quedaba y siguió tras del primero.
Adentro Alkalabrindeth admiró el lugar, el enano le pidió que aguardara ahí mientras avisaba su llegada. Esos momentos fueron aprovechados para recordar el día en que acompañó a su padre a plantar uno de los tantos árboles que ahora crecían vigorosos en el recinto de los naugrim. Anhelaba tanto aquellos días, y a la vez los árboles le restregaban el paso del tiempo inmesurable. Tocó delicadamente las hojas del árbol y sintió más vivo la sonrisa y el tacto de su padre, como un eco que en lugar de reducir sus ondas, éstas crecen y elevan su voz, pero de pronto todo se desvaneció al escuchar las zancadas del enano que ya venía de regreso y atrás le seguía un enano de armadura más fina. El primero pasó de lado sonriéndole tímidamente y haciendo varias reverencias, Alkalabrindeth le siguió con la mirada divertida hasta que se perdió de vista. Entonces se encaminó hacia el enano de mayor investidura e hizo una leve inclinación en señal de reverencia.
- No, no, no, señora, yo no soy el rey. Me llamo Brolin y soy el jefe de la Guardia del Rey Gimbur. Y al pronunciar su cargo y el nombre del rey se manifestó orgulloso, como si hubiese crecido en tamaño.
- Sabía que no eras el rey, pero os deseo honraros. Y bien, puedes preguntar a tu señor si va a recibirme.
-Oh no, no, no, no, señora disculpe mi torpeza, pero ha eso he venido, a informarle que mi Señor, el Rey Gimbur, se encuentra en Yana Ramarëa y no sé qué tanto tardará en regresar!!
Alkalabrindeth tuvo curiosidad por preguntar a qué había ido el rey de los enanos al santuario de la sacerdotisa, pero acalló, al fin de cuentas era probable que el enano no supiera los motivos.
- Bien, querido Brolin, he cabalgado desde Laverëss sin descanso alguno. Puedo quedarme aquí en espera de tu señor?
Brolin titubeó un poco, no se sentía del todo complacido. Eran tiempos difíciles y no podía confiar en nadie, sin embargo aceptó con bueno gana.
- mmmm claro señora, sígame la llevaré al segundo nivel, ahí tenemos habitaciones donde podrá descansar, y si necesita distraerse, salga a buscarme la guiaré por los impresionantes salones de Kelekgathol, ya verá como mis ancestros trabajaron en...
Ambos se alejaron, Alkalabrindeth escuchaba distraída las historias del enano. Ella sólo pensaba en cómo sería su encuentro con el Rey.