La Guerra de los Clanes

Felekgathol, Ciudad De Los Russan Rámar

Escribiéndose...
Escrito el 25-03-2006 03:41 #1

A mitad de ascensión de Orod Aina \"La montaña Sagrada\" se encuentra la ciudad de Felekgathol (s. \"Fortaleza de la Roca Tallada). Concebida como morada de los Russan Rámar y a su vez como bastión para defender Yarea Ramarëa, el santuario de los Ramalië.

La arquitectura de Felekgathol sigue los estandares enanos, y basicamente consta de 3 plantas que cruzan Orod Aina por dentro. La entrada oeste esta formada por un túnel que parece salir de la montaña y esta tallada en la misma roca de esta. Un inmenso arco de piedra decorado con motivos de los Ramalië corona el túnel. No consta de puerta, ya que de este costado los Russan nunca esperan ver llegar enemigos, que de cualquier forma, no conocen las trampas instaladas en el túnel de entrada.

El colosal portal de la entrada este permanece abierto en tiempos de paz y de él salen dos carreteras que se dividen hasta llegar a Laverëss, Tyalval Saessë, Hon y Osto Fendassë; las ciudades orientales de Heren Fanyarëa.

Escrito el 09-04-2006 18:17 #2

El nivel superior, y primero, de Felekgathol aloja las estancias de reunión de los Russan Ramar, fuentes y adornos embellecen la ciudad subterránea, incluso hay árboles plantados por los elfos en el patio de la entrada este. La sala del trono y el salón del reuniones son el punto central de este nivel.

El segundo nivel, el intermedio, es donde tienen sus habitaciones los habitantes de la ciudad, también incluye las armerías y los recintos donde se guardan las numerosas (e inmensas) máquinas de guerra de los Russan.

Por último, en el nivel más profundo se encuentra los talleres de forja, la sala del conocimiento (lugar habitual de reunión para los ingenieros), y los almacenes, que incorporan un sistema de ascensores para subir los suministros necesarios al segundo o primer nivel.

Todos los niveles constan de pequeños ventanales por los que se filtra la luz natural y el aire. Los Russan también inventaron un sistema por el cual canalizaron todos los manantiales naturales que había bajo la montaña de manera que hay diversas fuentes por todo Felekgathol de las cuales se puede extraer agua potable.

[Editado por udalraph el 15-04-2006 00:28]

Escrito el 14-04-2006 02:43 #3

Agotada de cabalgar día y noche, llegó por fin a la puerta Este de Felekgathol. Permanecían en la entrada dos enanos vigilando las carreteras y caminos. Alkalabrindeth bajó de su caballo y se acercó al más joven de ellos que la miraba deleitado por su belleza. Con una sonrisa en los labios ella preguntó:

- Aiya buen enano! podrías anunciar a tu amado rey que Alkalabrindeth, hija de Valglin, está aquí?

- Claro, claro mi señora... acompáñeme por favor. Apresurado dio media vuelta y corrió hacia el interior. Alkalabrindeth le sonrió amistosamente al enano que se quedaba y siguió tras del primero.

Adentro Alkalabrindeth admiró el lugar, el enano le pidió que aguardara ahí mientras avisaba su llegada. Esos momentos fueron aprovechados para recordar el día en que acompañó a su padre a plantar uno de los tantos árboles que ahora crecían vigorosos en el recinto de los naugrim. Anhelaba tanto aquellos días, y a la vez los árboles le restregaban el paso del tiempo inmesurable. Tocó delicadamente las hojas del árbol y sintió más vivo la sonrisa y el tacto de su padre, como un eco que en lugar de reducir sus ondas, éstas crecen y elevan su voz, pero de pronto todo se desvaneció al escuchar las zancadas del enano que ya venía de regreso y atrás le seguía un enano de armadura más fina. El primero pasó de lado sonriéndole tímidamente y haciendo varias reverencias, Alkalabrindeth le siguió con la mirada divertida hasta que se perdió de vista. Entonces se encaminó hacia el enano de mayor investidura e hizo una leve inclinación en señal de reverencia.

- No, no, no, señora, yo no soy el rey. Me llamo Brolin y soy el jefe de la Guardia del Rey Gimbur. Y al pronunciar su cargo y el nombre del rey se manifestó orgulloso, como si hubiese crecido en tamaño.

- Sabía que no eras el rey, pero os deseo honraros. Y bien, puedes preguntar a tu señor si va a recibirme.

-Oh no, no, no, no, señora disculpe mi torpeza, pero ha eso he venido, a informarle que mi Señor, el Rey Gimbur, se encuentra en Yana Ramarëa y no sé qué tanto tardará en regresar!!

Alkalabrindeth tuvo curiosidad por preguntar a qué había ido el rey de los enanos al santuario de la sacerdotisa, pero acalló, al fin de cuentas era probable que el enano no supiera los motivos.

- Bien, querido Brolin, he cabalgado desde Laverëss sin descanso alguno. Puedo quedarme aquí en espera de tu señor?

Brolin titubeó un poco, no se sentía del todo complacido. Eran tiempos difíciles y no podía confiar en nadie, sin embargo aceptó con bueno gana.

- mmmm claro señora, sígame la llevaré al segundo nivel, ahí tenemos habitaciones donde podrá descansar, y si necesita distraerse, salga a buscarme la guiaré por los impresionantes salones de Kelekgathol, ya verá como mis ancestros trabajaron en...

Ambos se alejaron, Alkalabrindeth escuchaba distraída las historias del enano. Ella sólo pensaba en cómo sería su encuentro con el Rey.

Escrito el 26-04-2006 13:51 #4

Las nubes obstaculizaban el haz de luz plateado que acompañaba a la luna en su viaje por el firmamento cuando una oscura silueta se divisó a duras penas sobre la falda de la montaña.

Su llegada no fue avisada, nadie le dió la bienvenida. Nadie se atrevía a hablar.

Todos los enanos de Felekgathol sabían que su señor tenía tratos con el elfo que tenían ante sí y que ambos se admiraban mutuamente, pero ninguna se imaginaba como habría comenzado tal extraña relación.

El viaje del noldo no fue solitario esta vez. Erestor había venido con su guardia personal, no por miedo a asaltantes ni enemigos que hubiesen venido a buscarle, sino simplemente porque se avecinaban tiempos de guerra, momentos en los que siempre era aconsejable ir preparado allá donde marchases.

A una voz de su capitán, los elfos allí congregados rompieron filas, descendieron de sus monturas y dejaron a los sementales, negros como las mas oscuras mazmorras de Utumno, paciendo la hierba que en aun en aquella altitud crecía en los alrededores de Felekgathol.

Erestor tambien dejó su caballo y se dirigió hacia el interior de la ciudad de los enanos. Caminó con paso firme y seguro por los corredores, sin dirigirse a nadie puesto que Erestor seguía sin tener buena estima de los enanos, con la excepción de su rey.

Por fin descendió al segundo nivel de la ciudad y como tantas otras veces se entretuvo contemplando aquella obra de arte. Los enanos nunca creía que los fuese a tener en buena estima, pero había que reconocer la calidad y belleza de su obra. Pero sus ojos seguían frio como el hielo y su paso se reanudó camino a las habitaciones que su capitán Gimbur siempre tenía dispuestas hacia él, aunque en la mayoría de ocasiones Erestor prefería el aire libre a l oscuridad de la caverna.

Cerca estaba de alcanzar su meta cuando una sombra se cruzó en su camino, deteniendose justo en frente de él.

Ya tenía la mano en la empuñadura de una de sus cimitarras cuando el elfo reconoció lo que allí había, y sus rasgos se suavizaron despues de tanto tiempo ...

Escrito el 26-04-2006 18:19 #5

- Mi señor, ha llegado el señor Erestor. También se presentó una elfa mediada la mañana, le di alojamiento en el nivel de los invitados, se trata de Alkalabrindeth, hija de Valglin. Espero haber obrado bien señor.

- ¿No es la medio-elfa de la que me habó Morlith?- se preguntaba a si mismo Gimbur. Había conocido al elfo ermitaño en uno de sus viajes por las fronteras de Fanyarëa, y le extrañó sobremanera cuando le dijo que una medio-elfa de la estirpe de los Ramalië era su protegida. Después de ordenar sus pensamientos se dirigió a Brolin.

- Por supuesto Brolin, no podrías haberlo hecho mejor. Manda al servicio que traiga bebida y víveres a la sala de reuniones y que no nos moleste nadie. Después retírate a descansar, ya que mañana vendréis tú y los dos capitanes, con Erestor, su guardia y yo mismo. Nuestro deber con los Ramalië nos llama.

- Así haré mi Rey.

Gimbur bajó las escaleras y picó a la puerta de Erestor. Una voz grave respondió en tono amenazante:

- ¿Quién osa molestarme a estas horas?

- ¿Quizá el delicado elfo tiene sueño y está cansado por un paseo a caballo?

Una carcajada precedió la abertura de la puerta - ¡Oh, por todos los demonios de Arda, Gimbur ! ¿Por qué nunca te presentas como es debido?

Los dos amigos pusieron sus brazos sobre los hombros del otro en un sincero gesto de camaradería.

- Acompáñame, tengo una visita, ¿conoces a Alkalabrindeth? Mientras te explico lo que me ha dicho Naredhel, la he visitado hoy.

Elfo y enano cruzaron el segundo nivel en dirección a los aposentos de las visitas mientras el enano le resumía su encuentro con la sacerdotisa.

[Editado por udalraph el 26-04-2006 18:20]

[Editado por udalraph el 26-04-2006 18:21]

Escrito el 26-04-2006 22:56 #6

Antes de la llegada del Rey Gimbur, Alkalabrindeth y Erestor Fëfalas ya se habían visto. Ambos se asombraron y se reconocieron a pesar del tiempo que tenían sus caminos separados... pero Erestor no se lo mencionó a Gimbur, y juntos avanzaron a la habitación de Alkalabrindeth.

Ella caminaba a paso lento, recorriendo su recámara, sintiendo el frío cálido del suelo en sus plantas desnudas. Meditaba muchos pensamientos, pero había uno principal que la atormentaba ¿Qué hacía Erestor ahí? su llegada sólo le indicaba que se avecinaba la tempestad... algo más extraño que sus impulsos estaba cambiando las cosas para los ramalië...

De pronto, se detuvo, y una sonrisa de satisfacción figuró en su rostro, ya no importaba el qué, lo grandioso era que tal vez más pronto de lo que creyera en un principio, la guerra tocaría a sus puertas. Como una ironía insaciable, el destino llevó al enano y al elfo llamar a su puerta justo cuando ese pensamiento le cruzaba en la cabeza.

Alkalabrindeth abrió la puerta y se topó con dos peculiares figuras, una alta y bastante conocida, y la otra pequeña pero lo suficientemente noble y orgullosa como para descifrar que se trataba de Gimbur, el único entre los ramalië que había entablado amistad sincera con Morlith, además de ella. El enano realmente era como ella lo imaginaba, por lo que con una amable sonrisa y reverencia, saludo a los llegados.

- Es un placer conoceros Rey de los Russan Rámar, hijo de Drainbur, el más honorable y fiel de los ramalië, según me ha dicho Morlith. Y con esto, miró de reojo al elfo, sonriéndole con cierta complicidad. - Yo soy Alkalabrindeth, hija de Valglin, he venido a buscar su ayuda y su consejo. Aunque al decir esto, desvío la mirada, pues era difícil que su corazón aguerrido e impaciente aceptara consejo.

Al parecer el enano no se percató de esto, él tenía más ansias de hacer a un lado las formalidades y llevárselos a la sala de reuniones, para celebrar un adecuado festín a sus invitados, escuchar lo que tenían que decir y exponerles las nuevas noticias... pero Erestor Fëfalas, uno de sus pocos amigos de antaño, sí lo notó.

[Editado por IndisElbereth el 26-04-2006 23:01]

Escrito el 27-04-2006 10:26 #7

La expresión en la mirada de Alkalabrindeth divirtió a Erestor. Siempre había sido como ahora mismo era, una medio elfa orgullosa, que sabía aceptar un consejo ... siempre y cuando ese consejo fuese lo que ella tenía pensado hacer.

El rey enano, ajeno a todos los pensamientos que en la mente de sus compañeros se agolpaban, los mandó avanzar por medio de corredores alumbrados con antorchas hasta el gran salón de celebraciones, diciendo que esto era una buena ocasión para celebrar una fiesta para sus amigos.

Tampoco esto sorprendió al elfo, para el enano cualquier momento era bueno para celebrar una fiesta y beber cerveza hasta acabar con la dignidad tocada.

Así pues, las mesas se llenaron de manjares, las jarras estuvieron llenas a rebosar y el rey, tras un corto mensaje a todos los reunidos junto a él, cogió un buen pedazo de carne de ciervo y se lo llevó a su enorme boca, lo que al instante comenzó a hacer brillar su barba por la grasa en ella derramada.

Recordaba vagamente como conoció a aquel extraño enano, que ahora mismo parecía el más torpe de todos los de su raza allí reunidos, pero que era rey porque en verdad estaba escrito que ese era su destino.

Tozudo como el que más, sabía usar bien los consejos que le daban, tenía una mente despierta, perspicaz. Y sobre todo, pocas cosas se le resistían en el campo de batalla.

A su lado estaba Alkalabrindeth, por el momento callada, pensativa, quizás viendo como se desarrollaban los acontecimientos sin querer interferir demasiado pronto. Así era su forma de actuar, lógica y calculadora.

En verdad el Noldo no podía haber elegido mejor compañía para esa noche. Lástima que al finalizar la velada tendrían que discutir sobre el futuro de su querida nación. Para eso ambos huespedes estaban allí.

Pero eso sería más tarde, ahora las mesas se estaban apartando dejando el centro para que los allí reunidos comenzasen a bailar.

¿Alguno de ellos lo haría?

Escrito el 28-04-2006 15:29 #8

Gimbur se levantó de su silla cuando se retiró el servicio. Sin mirar a los invitados ni decir nada, se acercó a una repisa de mármol y cogió una pequeña y finamente tallada caja de madera. Tras volverse a sentar y estirar las piernas, abrió la caja y sacó lo que para él era el final ideal de cualquier comida, su hierba para pipa, que los enanos plantaban en las praderas bajo Sorontarma.

El enano metió un montocito de hojas en la cazoleta y se las encendió con una vela que había en una mesa próxima. Tras soltar la primera bocanada de humo con un sonoro bufido se dirigió a sus dos compañeros:

- Amigos míos, la situación es grave. Vosotros, más que yo mismo si cabe, estaréis al tanto del alzamiento de cierto sector noble de Sornosunë contra Naredhel - miró a Erestor y Alkalabrindeth, como esperando su aprobación. Los dos asintieron con la cabeza.

- Pues bien, la locura parece haber nublado la mente de esos ineptos ya que según Naredhel, ¡han firmado alianzas con los hombres salvajes del oeste! - La cara de Gimbur se torció en una mueca de desagrado.

- Al enterarme me he enfadado mucho, y la sacerdotisa me ha propuesto que un pequeño grupo viaje a la fontera occidental en busca de respuestas. Creemos que el sigilo es importante, por lo tanto deberá ser un grupo poco numeroso, pero a la vez capaz. Así que decidme, ¿cuál es vuestra opinión?

Gimbur se recostó en la silla, y aspiró nuevamente de la pipa. El humo se enroscaba en formas inverosímiles alrededor de la habitación, y el enano se abstrajo en sus pensamientos mientras lo observaba. A su lado Alkabrindeth y Erestor lo contemplaban pensativos...

[Editado por udalraph el 28-04-2006 15:30]

Escrito el 29-04-2006 02:00 #9

Y mientras la habitación seguía llenándose de humo, la mente de Alkalabrindeth se despejó y fue la primera en inquebrantar el silencio violado sólo por las grandes bocanadas.

-Bien, haz dicho más de lo que esperaba. No está oculto a nadie lo que mi corazón desea, pero por ahora haré a un lado la petición que venía a haceros, y si me lo permites, quiero ser vuestra acompañante. Haz de saber que estoy preparada para cualquier cosa.

Por breves instantes, los dos permanecieron inmóviles después de escuchar sus palabras. De pronto Gimbur se inclinó hacia la mesa dando un gran golpe, mostrando su impetuosa emoción, y sin dudar de lo que ella habló, dijo:

-Me alegra que no sea yo al único que le indignan estas cosas ¡¡Bienvenida a la misión!! Pero en seguida dirigió su mirada cuestionadora hacia Erestor. El elfo seguía sin demostrar ningún asombro, el enano ya conocía su respuesta, pero se impacientaba por escucharla de su propia voz.

Alkalabrindeth intuía que esta misión tarde o temprano, desencadenaría su deseo y concluiría la pasividad de los ramalië. O en todo caso, le ganaría la confianza del rey Gimbur y la sacerdotiza, por lo que después no le negarían su ayuda... Abandonó sus pensamientos al percatarse de la situación, Gimbur había puesto nueva hierba a su pipa, y su desesperación ya era más que evidente, entonces Alkalabrindeth recorrió su mano lentamente por la mesa, y tocó la mano de Erestor, quien reaccionó y voltió a verla. Alkalabrindeth

dirigió su mirada pasiva y discreta señalándole al enano, Erestor vio entonces el gesto de su amigo y soltó una agradable carcajada...

[Editado por IndisElbereth el 29-04-2006 02:29]

Escrito el 29-04-2006 03:34 #10

Esa mano le devolvió a la realidad de sus oscuros pensamientos.

Mirando al rey enano y viendo su mirada interrogativa tuvo que soltar la carcajada. ¿Acaso necesita palabras una respuesta tan sumamente clara?

- Gimbur, por algo me he traido a la élite de mi guardía. Sabía hasta cierto punto lo que se estaba llevando a cabo y me imagine que no podría darse el caso de que tuviesemos que actuar.

Y haciendo un amplio gesto con las manos le dijo: - Y como comprenderás, esa misión no la vamos a poder realizar con más enanos que tú mismo, aunque tengo la esperanza de que no escuchen tus pasos a más de cien leguas.

El rey, orgulloso incluso entre los de su raza le miró con cara ceñuda y hasta cierto punto enfadada, aunque tras unos segundos comenzó a reir con ganas y mirando al elfo gritó.

- Nunca cambiarás elfo, siempre creyéndote tan superior a los demás. ¿Acaso necesitas que te demuestre con mi hacha lo que podemos hacer los enanos además de un gran ruido con nuestros pasos?

Tras esto el elfo le volvió a sonreir. Sabía de lo que eran capaces aquellas callosas manos y no tenía ningún interés en volver a verlas en acción ... al menos contra él.

Tras esto, miró a Alkalabrindeth y admirando la enorme belleza que pocos entre su raza podían conseguir se sintió embargado por una agradable sensación de tranquilidad.

Pocos podrían igual una compañía como la suya. Bella y terrible, dura y agradable. Quizás el enano no sabía lo que podía conseguir Alkalabrindeth, pero Sincarion estaba muy al corriente y tenía ganas de, tras mucho tiempo de estar sin observarla, poder contemplar a la elfa en acción de nuevo.

Así que sintiéndose impaciente porque ocurriese el nuevo día, les dijo a los presentes:

- Creo que será mejor que descansemos por hoy - y mirando al enano con una sonrisa continuó - o quizás mañana más de uno sienta un terrible dolor de cabeza que le hará ser todavía más torpe de lo que normalmente lo es.

De esta forma todos dieron su consentimiento y se levantaron de sus sillas, comenzando a marcharse cada uno a los aposentos que les habían sido otorgados.

El día siguiente prometía ser un día peligroso, pero quizás fuese un calentamiento contra todo lo que comenzaba a moverse en todos los territorios de Arador.