No existe un camino al que pueda llamarse agradable para llegar a Nestnwelath. Sí hay senderos entre las laderas pedregosas y los montes. En el viaje cruzaremos un valle, que hace las veces de oasis para la región, habiendo dejado atrás aquel, la pendiente se hace más grave y las temperaturas disminuyen precipitadamente.
Desde cierta distancia ya puede divisarse una construcción saliente de la cima con una llamativa forma de vaso o tazón, que son las murallas de la ciudadela. También se distinguen edificaciones que ascienden como si fueran grandes tallos saliendo de un recipiente. Son torres, en algunas se alcanzan a ver movimientos flameantes, algunos de los toldos que los aéreos ponen aquí y allá.
Al llegar a la montaña donde se asienta y enclava la ciudadela nos encontramos con una amplia superficie mesetaria que la rodea sirviendo de respiro para las monturas y en la que se establecen los comerciantes y los puestos de paso, así como una cierta cantidad de viviendas sencillas. Desde allí se observa la cima, se alcanza a ver el muro inclinado clavarse en la montaña como si hubiese sido puesto entero, por una mano gigante, desde el cielo.
Allí comienza la calle en espiral que llega hasta las puertas de Nestnwelath misma. La ciudad está construida en forma de cono / pirámide que se introduce en la cima de esta montaña. Hacia la superficie brotan las torres por doquier, hacia el interior donde el cono se cierra en los calabozos y tesoros, confluyen los túneles o cavernas, naturales o excavados con las mismas herramientas de los Varna Rámar (no se permitió la intervención arquitectónica de los enanos). Así como hacia arriba se elevan miles de torrecillas, en cada capa de la construcción en cono se ubican distintos estratos. Así en la más cercana al exterior y la más amplia se dispone la ciudadela, con distintos recintos públicos, casas y locales ubicados en tres pisos, en cada uno de los cuales se extienden las galerías concéntricamente.
En el estrato inferior siguiente se halla el sitio de asamblea y reunión, también allí se organiza el ejercito y las armerías. A continuación, descendiendo tenemos en el estrato medio, las salas reales donde habita la corte y los principales nobles. Más allá donde la construcción se angosta, existe el recinto ritual, para las cuestiones propias de esta subcasta de los ramalie. Es desde allí hacia el interior donde nacen las cuevas que se pierden en lo subterráneo de la cordillera. En los últimos estratos de la pirámide invertida se hallan los guardianes más poderosos, protegiendo en un sitio los tesoros y secretos, así como más allá el oscuro calabozo.
Hacia el exterior podrán verse algunos ramalie caminando por los capiteles de las torres, y saltando de una a otra, a veces grandes alturas. Ellos en particular aman la altura y el aire, así que sentir el viento y dejarse caer hacia el breve vacío, es para ellos un gusto y un hábito. Los ramalie no poseen alas verdaderas pero tienen la habilidad de cruzar extensiones de aire con destreza, velocidad y control. No es extraño tampoco ver artefactos planeadores que permiten a los más aptos y imprescindibles desplazarse a mayor velocidad todavía. En las torres, algunas de las cuales llegan hasta lo profundo, existen tanto espacios abiertos, establecimientos y residencias. Las torres usan fuertes y móviles toldos en lugar de techos, para no quedar completamente desunidos del cielo.
Aquí habitan los Varna Rámar, la mayoría de los hombres ramalië.
