(...)Hay un lugar donde la luz de un bosque se entremezcla con la sombra de otro bosque…un sitio donde las tramas de la oscuridad y la claridad de ambas florestas se funden para ofrecer un espectáculo sin precedentes, una visión más digna del reino de los sueños...
Seas bienvenido, caminante de otros lados, tus pies se posan en la tierra que alberga la ciudad de Sornosunë, capital de Heren Fanyarëa. Pero primero, eleva tu vista y recrea tus ojos en la ciudadela que cuelga de los árboles, sutil como una tela de araña: allí podrás sentir, pero ni ver ni oír, los ojos que velan y las manos que defienden Sornosunë.
Pero no has de detenerte allí. Puedes sentir la vida que late en el ambiente y sin embargo, no la ves. Miras a un lado y al otro, hasta que tus ojos se detienen en un gran arco de piedra que surge de la parte mas tupida del bosque, y tus manos acarician reverentemente los hermosos trazos de dibujos y figuras de la puerta de piedra que tienes ante ti.
Franquea las puertas, forastero, y contempla los muros depositarios de miles de años de historia, leyendas de amor y de odio, de honor y traiciones, de alegría y de oprobio. Algunas de ellas se plasman en la piedra desnuda, otras en la memoria, los únicos murales que son incorruptibles para el tiempo, pues su resistencia es la vida de Arda, el ciclo vital de la Historia(...)
Así hablan los bardos y poetas de Sornosunë, ciudad de los Yarëar Rámar y capital del reino, fundada después del hundimiento de Beleriand, por aquellos del pueblo élfico que siguieron al Rey Vilwë Tarinya y a la sacerdotisa del Culto, Naredhel Anariel, en la larga marcha al sur.
De las ramas de las hayas de Taur-Haldafernë y Taur-Kalafernë, una red de telain se extiende un par de kilómetros a la redonda, rodeando las puertas de entrada al mundo subterráneo de la capital: son los puestos de la guardia que vigila la entrada a la ciudad. Nada ni nadie puede atravesar este perímetro por tierra o por aire sin ser visto.
Desde las puertas que dan acceso a la ciudad, I Ando Yarëaiva, se extiende un túnel escalonado que desciende varios metros por encima del nivel del suelo, el cual está iluminado por antorchas ubicadas en las paredes. Los escalones desaparecen mas tarde para dar paso a una puerta más pequeña que la anterior, decorada con el emblema del Águila y el Vampiro, anunciando y a la vez ocultando, la Unión que ya no podemos olvidar. Una vez traspasado el umbral, la ciudad se divide en dos niveles, una laberíntica e intrincada red de cavidades de todos los tamaños, a menudo traicionera.
En el primer nivel, detrás de esa puerta, un largo pasillo flanqueado por columnas se extiende hasta donde se pierde la vista. Estos pilares, que por su altura adentran en la oscuridad del techo, están talladas con el primor y la delicadeza que solo poseen las manos élficas. Relieves de flores y pájaros, plantas y otros habitantes del bosque que parecen cobrar vida gracias a los juegos de luces y sombras que proyectan las lámparas que cuelgan de ellas.
A los lados de este túnel podemos encontrar las entradas a cientos de las cavidades que constituyen la ciudad. Dichas cavernas se comunican entre sí y con el segundo nivel mediante cortos túneles y pequeñas escaleras. Pero no todo es piedra aquí: el paciente cuidado y el amor que sienten los Eldar por las cosas que crecen, han hecho que árboles y flores crezcan en pequeños jardines repartidos por toda la ciudad. Fuentes y cascadas en miniatura acompañan estos jardines, acunándolo todo con el murmullo de sus cantarinas aguas.
Hacia el final del mismo, veremos las puertas del Salón del Trono hechas de plata, que giran silenciosamente sobre sus goznes al abrirse. Detrás de las mismas, se extiende una gran sala, con el trono de madera negra e incrustaciones de plata al fondo y un Águila y un Vampiro se contemplan silenciosamente con las alas plegadas. Pequeños y escondidos candiles iluminan tenuemente la estancia; primorosos y ricos tapices ocultan a la vista las entradas en las paredes del salón que acceden a los aposentos del Rey y del resto de la realeza. Otra de esas entradas pertenece a la sala donde se reúne el Rey y su consejo, sitio donde se discute y decide el destino no solo de Sornosunë, sino de todo Heren Fanyarëa. Escaleras y pasadizos descienden desde estas estancias al segundo nivel.
Es en este lugar donde se aloja la guardia y el ejército. Otro largo pasillo, casi idéntico al del estrato superior, divide la red de cavernas en dos mitades. Es aquí donde también se encuentran la herrería y la armería de la ciudad, además de una de las cavernas más grandes de todo el recinto, utilizada como sala de entrenamiento para las tropas. Otro de los sitios mas importantes de la ciudad se aloja en este nivel. Son las salas de estudio y la Biblioteca, donde alejados del bullicio de arriba y en el extremo opuesto a las forjas y las salas de entrenamiento, los maestros del saber y sus discípulos aprenden y plasman, en sus mentes y en papel, el mayor de los poderes: el Conocimiento. Existen también aquí pasadizos que comunican directamente con el exterior, camuflados y escondidos con habilidad, vías cuya salida da a cualquiera de los dos bosques, según sea la posición de la misma.
(...) Esta es Sornosunë, Fanyaremírë, la joya de Heren Fanyarëa, iluminada por la belleza, la vida, las risas, la música, el amor…ensombrecida y opacada por la vergüenza, el deshonor, la venganza, la traición y la muerte (...)
[Editado por Vardilme el 19-01-2007 03:00]
