La Guerra de los Clanes

Sornosunë, Ciudad De Los Yarëar Rámar

Escribiéndose...
Escrito el 12-04-2006 06:08 #1

(...)Hay un lugar donde la luz de un bosque se entremezcla con la sombra de otro bosque…un sitio donde las tramas de la oscuridad y la claridad de ambas florestas se funden para ofrecer un espectáculo sin precedentes, una visión más digna del reino de los sueños...

Seas bienvenido, caminante de otros lados, tus pies se posan en la tierra que alberga la ciudad de Sornosunë, capital de Heren Fanyarëa. Pero primero, eleva tu vista y recrea tus ojos en la ciudadela que cuelga de los árboles, sutil como una tela de araña: allí podrás sentir, pero ni ver ni oír, los ojos que velan y las manos que defienden Sornosunë.

Pero no has de detenerte allí. Puedes sentir la vida que late en el ambiente y sin embargo, no la ves. Miras a un lado y al otro, hasta que tus ojos se detienen en un gran arco de piedra que surge de la parte mas tupida del bosque, y tus manos acarician reverentemente los hermosos trazos de dibujos y figuras de la puerta de piedra que tienes ante ti.

Franquea las puertas, forastero, y contempla los muros depositarios de miles de años de historia, leyendas de amor y de odio, de honor y traiciones, de alegría y de oprobio. Algunas de ellas se plasman en la piedra desnuda, otras en la memoria, los únicos murales que son incorruptibles para el tiempo, pues su resistencia es la vida de Arda, el ciclo vital de la Historia(...)

Así hablan los bardos y poetas de Sornosunë, ciudad de los Yarëar Rámar y capital del reino, fundada después del hundimiento de Beleriand, por aquellos del pueblo élfico que siguieron al Rey Vilwë Tarinya y a la sacerdotisa del Culto, Naredhel Anariel, en la larga marcha al sur.

De las ramas de las hayas de Taur-Haldafernë y Taur-Kalafernë, una red de telain se extiende un par de kilómetros a la redonda, rodeando las puertas de entrada al mundo subterráneo de la capital: son los puestos de la guardia que vigila la entrada a la ciudad. Nada ni nadie puede atravesar este perímetro por tierra o por aire sin ser visto.

Desde las puertas que dan acceso a la ciudad, I Ando Yarëaiva, se extiende un túnel escalonado que desciende varios metros por encima del nivel del suelo, el cual está iluminado por antorchas ubicadas en las paredes. Los escalones desaparecen mas tarde para dar paso a una puerta más pequeña que la anterior, decorada con el emblema del Águila y el Vampiro, anunciando y a la vez ocultando, la Unión que ya no podemos olvidar. Una vez traspasado el umbral, la ciudad se divide en dos niveles, una laberíntica e intrincada red de cavidades de todos los tamaños, a menudo traicionera.

En el primer nivel, detrás de esa puerta, un largo pasillo flanqueado por columnas se extiende hasta donde se pierde la vista. Estos pilares, que por su altura adentran en la oscuridad del techo, están talladas con el primor y la delicadeza que solo poseen las manos élficas. Relieves de flores y pájaros, plantas y otros habitantes del bosque que parecen cobrar vida gracias a los juegos de luces y sombras que proyectan las lámparas que cuelgan de ellas.

A los lados de este túnel podemos encontrar las entradas a cientos de las cavidades que constituyen la ciudad. Dichas cavernas se comunican entre sí y con el segundo nivel mediante cortos túneles y pequeñas escaleras. Pero no todo es piedra aquí: el paciente cuidado y el amor que sienten los Eldar por las cosas que crecen, han hecho que árboles y flores crezcan en pequeños jardines repartidos por toda la ciudad. Fuentes y cascadas en miniatura acompañan estos jardines, acunándolo todo con el murmullo de sus cantarinas aguas.

Hacia el final del mismo, veremos las puertas del Salón del Trono hechas de plata, que giran silenciosamente sobre sus goznes al abrirse. Detrás de las mismas, se extiende una gran sala, con el trono de madera negra e incrustaciones de plata al fondo y un Águila y un Vampiro se contemplan silenciosamente con las alas plegadas. Pequeños y escondidos candiles iluminan tenuemente la estancia; primorosos y ricos tapices ocultan a la vista las entradas en las paredes del salón que acceden a los aposentos del Rey y del resto de la realeza. Otra de esas entradas pertenece a la sala donde se reúne el Rey y su consejo, sitio donde se discute y decide el destino no solo de Sornosunë, sino de todo Heren Fanyarëa. Escaleras y pasadizos descienden desde estas estancias al segundo nivel.

Es en este lugar donde se aloja la guardia y el ejército. Otro largo pasillo, casi idéntico al del estrato superior, divide la red de cavernas en dos mitades. Es aquí donde también se encuentran la herrería y la armería de la ciudad, además de una de las cavernas más grandes de todo el recinto, utilizada como sala de entrenamiento para las tropas. Otro de los sitios mas importantes de la ciudad se aloja en este nivel. Son las salas de estudio y la Biblioteca, donde alejados del bullicio de arriba y en el extremo opuesto a las forjas y las salas de entrenamiento, los maestros del saber y sus discípulos aprenden y plasman, en sus mentes y en papel, el mayor de los poderes: el Conocimiento. Existen también aquí pasadizos que comunican directamente con el exterior, camuflados y escondidos con habilidad, vías cuya salida da a cualquiera de los dos bosques, según sea la posición de la misma.

(...) Esta es Sornosunë, Fanyaremírë, la joya de Heren Fanyarëa, iluminada por la belleza, la vida, las risas, la música, el amor…ensombrecida y opacada por la vergüenza, el deshonor, la venganza, la traición y la muerte (...)

[Editado por Vardilme el 19-01-2007 03:00]

Escrito el 12-04-2006 21:03 #2

Sabía que el bosque lo observaba con desprecio. No era que Bohr despreciara en sí a los elfos, y menos a estos que habían sido la salvación para los suyos, sino que de alguna forma tenía que hacerles discriminación, porque eran la competencia, los que le robaban poder. Pero a los Yarëar Rámar tenían vastos motivos para desagradarle Bohr Daedth.

Hasta el momento no lo había detenido nadie. Todavía no estaba en Sornosunë propiamente... pero había oído algún \"hwakafelda!\" en susurros casi imperceptibles que venían de la espesura del follaje. Y eso ya lo había puesto molesto, más aún porque aunque aguzara la vista no lograba distinguir a nadie.

Dio unos pasos más. Sabia que pasaba bajo los telain. Haría lo que debía hacer, y nadie tenía porqué detenerlo, él era Bohr Daedth, príncipe de los Varna Rámar, y no creía tener que pedir permiso para ingresar a la Ciudad Interior.

Dos flechas se clavaron en la tierra unos metros más adelante, una venía del frente, y otra de detrás. Bohr desenvainó a medias.

- ¡Alto! - dijo una sola voz.

Bohr estaba muy molesto. No pretendía que se derramara sangre. Pero esperaba ansioso echarles en cara a estos \"elfos monos\" que venía como emisario de Naredhel.

Bohr siguió caminando hacia la profundidad de Sornosunë, sin decir una palabra, pero con un gesto odioso...

Escrito el 13-04-2006 02:56 #3

Otra flecha fue a parar cerca de los pies del hombre. Bohr Daedth detuvo su caminar y en ese momento, una figura vestida de negro y gris saltó de la rama mas baja de un haya cercana y cayó grácilmente al suelo a su lado.Antes de que el mortal se diese cuenta, la figura apuntaba otra flecha a su corazón.

Una voz dijo desde las profundidades de la capucha:

-Cuando en estas tierras oyes una orden de alto, quizás deberías hacer caso de ella, es solo por tu propio bien- dijo sin atisbo de amenaza.

El hombre miró hacia el lugar de donde provenían estas palabras, y un reflejo de un azul acerado le devolvió la mirada. La voz prosiguió:

-Deberías empezar por decir quién eres y qué te trae aquí- le invitó la figura embozada. -Adelante, forastero, deseo saber qué a guiado tus pasos hasta Sornosunë, y decidir si eres mi prisionero o mi invitado-.

Escrito el 13-04-2006 04:10 #4

- Ajá,- dijo Bohr con acritud. - debes ser la sobrina de Vilwë... mmmm... sí, nos conocemos... ehhh, Lomëa...sí. Pues no soy ni tu prisionero, ni tu invitado. Vengo en nombre de vuestra Reina, y voy a ver a Laito Rawein, tu primito... - Su rostro hacía una mueca cada vez que se refería a él. - Así que permiteme ordenarte, en tu propio \"refugio\", sí, que bajes ese arco y te hagas a un lado. -

Bohr estaba furioso por dentro, pero no lo demostraba, envainó del todo para mostrar que no le importaban las cientas de flechas que podían estar apuntando hacia él.

- Ya deberías conocerme, doncella, tal vez un día no tendrás otra opción... mmmmm... y por lo tanto no hace falta que te encapuches en mi presencia, es de mala educación para una señorita elfa como tú, además hace mucho que no te veo, y me gustaría recordarte bien.- Hizo ademán de seguir el paso. -¿Gustarías acompañarme? - preguntó con una falsa reverencia.

[Editado por elessurendil el 13-04-2006 05:19]

Escrito el 13-04-2006 06:09 #5

Lómëa miró el brazo que le ofrecía sin ofrecer expresión alguna y meneó ligeramente la cabeza.

-Yo no me doblego ante ti, mortal- le dijo con voz calmada, pero con el fuego de la ira asomando a sus ojos. -Quizás deberías aprender unas cuantas cosas antes de dirigirte a los demás, y también expresarte como se debe al referirte al heredero del trono de los Ramalië-.

La elfa hizo una seña con la mano a dos de los guardias y estos se adelantaron por el camino.

Lómëa giró sobre sus talones e hizo señas al resto de la compañía y al príncipe humano de que la siguieran. Sin detener su marcha, dijo por encima del hombro:

-Y serás tú quien me siga a mí, no olvides el lugar que te corresponde en este sitio-.

Escrito el 13-04-2006 07:13 #6

Esta elfa no entendía.

- ¡Excelente!- farfulló Bohr. Luego se puso sarcástico nuevamente. - ¿Podría usted quitarse esa capucha por favor?... Así tal vez le se le aclaren los pensamientos. ¿O toooodos ustedes ahí arriba son así de, buuuu, misteriosos? - Bohr probaba la paciencia de los Yarear.

- Soy hijo de Alsenot, y vengo de parte de Naredhel. Creo que eso es suficiente como para moverme por Sornosunë con libertad y sin escolta.- Por supuesto que Bohr se creía lo que estaba diciendo.

También aprovecharía para preocupar a estos elfos \'hostiles\': -Además... extraño al hijo de mi prima, y es buena ocasión para visitarlo y ver qué necesita con mis propios ojos.-

Un guardia sostuvo a Bohr de un hombro. Mientras llevaba la mano a la espaducha miró al vacío que hacía la caperuza de Lomea, aunque vio un destello dentro. -Dile que no es bueno que los Varna anden por ahí cortándole brazos a los Yarear, dile que no me deje sin opciones.- Con un movimiento se liberó del elfo, pero no hizo que mejorara la forma en que este le apuntaba la mirada.

Ya estaba cansado. Era hora de ir al grano. Y cometió la estupidez, (o tal vez fuera lo que debia hacer...) No había cerca árboles de los que crecieran flores de Niphredil, el viento habría arrastrado una, en estado no tan decrépito como se esperaría de una flor caída y arrastrada. Bohr no conocía sobre flora de Beleriand. Se agachó y tomó el primer vegetal que encontró, un Niphredil. -Creo que será mejor que comencemos de nuevo... Aiya, soy Bohr Alsenotiad, me envía Naredhel a cuidar de vosotros, permítanme un obsequio para vuestro líder.- Acercó la Niphredil a Lomëa, observó un segundo la flor con un atisbo de ternura, y se la apoyó suavemente en el hombro izquierdo. Los elfos se pusieron alerta, pero no había peligro en la mano del joven...

De un sopetón, tironeó de la capa de Utyelnaikë y dejó su cabeza al descubierto. -¡Perdón,- se tragó una carcajada. -Su Majestad!- Dejó que la elfa se acomodara unos segundos y prosiguió: -Bien, ahora tengo que ir a lo que vine, de acuer...-

Iba a pronunciar la pregunta con prepotencia, pero se topó con la severa y desencajada mirada de la elfa, sobrina de Vilwë, el rey perdido, y vaciló tres segundos.

[Editado por elessurendil el 13-04-2006 07:15]

Escrito el 13-04-2006 14:44 #7

Lómëa se acomodó el embozo nuevamente con pulso firme.

-Nunca más vuelvas a poner tus manos encima mío, príncipe, o serás tú quien me deje sin opciones a mí- dijo la elfa elocuentemente y miró sus brazos.

-Y para tu desgracia- prosiguió -sí necesitas escolta para moverte por Sornosunë, porque es mi casa y así lo decido yo. Es más, yo seré quien \"vele por tu seguridad\"-.

La elfa tomó con delicadeza la flor que aún estaba sobre su hombro y la depositó en la hierba, se incorporó nuevamente y a una señal suya la compañía volvió a moverse en dirección a las puertas.

Escrito el 13-04-2006 19:00 #8

Esta elfa seguía sin entender. Iba camino a I Ando Yarëaiva.

Bohr ya había pasado la furia, ya había empujado suficiente para seguir adelante y atravesarla. Su mente ya había atravesado los niveles de razonamiento e ira. Era su estado preferido, el empujar como el viento, como el huracán por el cuál se dejaría llevar. Los Yarëar Rámar seguían tan cerrados como hace 300 años.

- Veo que no entiendo ni un diantre de ciudadanía fanyara.- Y no quedaría así. Ya lo llevaría a la asamblea, y a la sacerdotisa. Pero ya no discutiría, ahora simplemente cumpliría sus intenciones.

Se quitó la capa de plumas de águila, y la tiró a los pies de otro de los guardias. -Agradezco vuestra cortesía, guardadla bien, elfo. Es demasiado valiosa como para descuidarla.- Debajo llevaba una chaqueta y pantalones hasta la pantorrilla, de fino y ajustado cuero. En el pecho desnudo llevaba pintado en finas lineas rojas la marca de Heren Fanyarëa.

Se dirigió a Lomëa, pero no la llamaría por su nombre: -Iremos al frente, hija de Runya, sobrina de Vilwë. Que los que quieran de tus guardias nos sigan. Primero iré a ver a Rawein. Luego llevame a donde creas que haya habitantes o visitantes que puedan labrar intrigas. Más tarde me llevarás a conocer a quienes yo podría suponer que construyen traicioneras maquinaciones a tu servicio, o \"con\" tu sumisión.- Que Bohr no era buen detective estaba claro. Pero, sin ignorar esto, por algo habría sido que Naredhel lo elegió. -Hagamoslo rápido, tengo mucho que hacer en Sornosunë, tal vez tengas que dejar de dormir unos días, yareannië, a menos que me quieras semanas rondando por tu preciada \"casa\".- El joven tenía impulsos estúpidos, pero las pocas veces que usaba la cabeza, en sí no lo era.

Bohr intentó acercar su nariz a Lomëa. Por su izquierda, una espada le frenó el movimiento. Miró al elfo y asintió con cortesía, y disculpa. Observó el arco de piedra... algunos de los que lo seguían, menos la jefa, le siguieron la vista... y de golpe, movió su nariz al cuello de Lomëa, sin tocarla. -Bonito olor, señora.-

Lomëa desenvainó, y así dos guardias más. Todos apuntaron a Bohr. -¡Estás advertido!-, dijo ella, mejor dicho, gritó ella.

- Hey. No os he tocado, kwetnissë. ¡Que susceptibles! ¡He conocido gente más simpática en esta ciudad! ¿Adonde andarán ahora?... ¿Podemos seguir con lo que nos acude?- El humano se iba a divertir con esta elfa melindrosa.

Todos se callaron, aunque los rostros seguían terriblemente expresivos.

Atravesaron las Puertas.

Escrito el 13-04-2006 19:55 #9

Una figura oculta entre el espeso follaje de hojas muertas del bosque observaba la escena con aire divertido. Envuelto en unos ropajes oscuros, lo único que se podía distinguir de su fisonomía eran sus ojos casi albinos. Lyshiön enfilo el camino que llevaba a I Ando Yarëaiva, con la intención de encontrarse con Bohr Daedth, Príncipe de los Varna Rámar, y con su querida Lómëa Útyelnaike, sobrina del Rey Vilwë, a la que hacía largo tiempo que no veía.

Después de mucho vagar por tierras lejanas y extrañas, volvía a la Capital del Reino de Heren Fanyarëa, en busca de la quietud de los bosques, y anhelando un largo y merecido descanso. Avanzo hasta llegar a la altura de la Elfa, y posando una mano en su hombro, la miró largamente y dijo:

- Largo tiempo hace desde la última vez que te vi, Lómëa, sobrina de Vilwë, y sin embargo nada has cambiado- dijo Lyshiön.

- Veo que el tiempo tampoco te ha tocado a ti, Lyshiön, Maestro de Armas. Me alegro de verte- respondió Lómëa, mirándo al Maestro de Armas a los ojos.

Bohr lo miró con un gesto entre amigable e impasible, y estrechó la mano que el Noldor le ofrecía.

- También me alegro de verte a ti, Bohr Daedth, Príncipe de los Varna Rámar.

Un viento suave sopló del Oeste, y el extraño grupo, encabezado por un reticente Bohr, avanzó por el largo sendero, alfombrado de hojas muertas.

Escrito el 14-04-2006 17:01 #10

\"¡Al fin un elfo cuerdo!\". Bah, no podía decirse de Lyshion que fuera del todo cuerdo, ni del todo elfo, pero para Bohr era más familiar. Sabía que tenía una extraña relación de concordia y celo con su tio Kain, y rondaba mucho por Nestnwelath. Era una bendición que se apareciera allí, aunque, pensandolo dos veces, se perdería la diversión de molestar a Lomëa. Tenía una misión que cumplir.

- Lyshiön...!- mientras hacía un gesto propio de los Ramalië y le mostraba ostentoso \"la marca\" en su pecho al Maestro de Armas, que de seguro reconocería el donaire de Bohr.

El Noldo hizo un gesto de aprobación. Aunque tenía un ojo en la mirada fastidiada de Lomëa. -Creo que iban hacia algún sitio... ¡Y que bueno que lleven guardia! Los resquemores se apropian en estos tiempos de la gente, y es conveniente evitar conflictos, la guardia de Sornosunë calmará los ánimos... que he sabido, están turbulentos. Os acompaño un tramo...-. Lyshion hablaba con doble sentido. Advirtiendo y castigando con burla a los príncipes.

Bohr no desaprovechó la oportunidad. Mientras avanzaban se puso del otro lado del extraño amigo de Vilwë,... antes que lo hiciera Lomëa, haciendo un sutil ademán de esconderse.

- Veo que estás al tanto de la locura que está atrapando Fanyarëa, Lyshiön. Mientras avanzamos, cuentanos... cuentanos... qué cosas has conocido en tu viaje! Me servirá en la misión que cumplo en tu ciudad.

Ya estaban dentro de la ciudad subterranea propiamente dicha. Bohr no sabía si se sentía ahora más incómodo que enfrentando a la Yarear... Lyshion tenía algo importante que decir, aunque se lo estaba reservando.