La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

El Oraculo de Nurn


Dicen las historias que existe en Nurn, el rumor de una hechicera. Cuentan que cuando los borrachos van a las Grietas Libertinas, deliran diciendo que han visto una bruja, que les ha dicho el futuro e inmediatamente caen dormidos cuando despiertan dicen no recordar nada, pero el horror no se les despega de los ojos.

Tanto la elfa Inglin como el Sureño Lofar intentan mantener la calma y no darle mayor importancia al asunto, pero frente a los ojos observadores y de mente ágil, delatan un encubrimiento en su intento de ocultarlo.

Lentamente las luces se van apagando en las grietas, ya casi no queda gente consiente en la taberna. Luego de darle una orden a la camarera Inglin baja la escalera que conduce al exterior de la taberna. Un viento frió se desliza sobre sus cabellos acariciando sus mejillas, pero sin apuro la noldo comienza a caminar, deteniéndose de vez en cuando y mirando alrededor, hasta que al fin llego a las afueras de la ciudad. A medida que las casas escaseaban unos grandes árboles negros tomaban protagonismo, hasta que al fin cubrieron todo el paisaje dejando lugar a un ancho camino, que era por el cual transitaba la elfa en ese mismo momento.

Caminando infatigablemente al fin se detuvo frente a un pequeño hombrecito que dormía a los pies de un árbol -¿Ha llegado él ya?- Como única respuesta obtuvo un gesto positivo con la cabeza. Ante esa respuesta la elfa se interno en un camino lateral, acompañada solo del zumbar del viento en las ramas de los árboles, más antiguos aun que el residente de aquel lugar.

Cuando llego al fin del camino se topo con una entrada de piedra, la cual cruzo sin vacilar, una lechuza rodeo su cabeza, y volvió por donde había venido. Tomando un ultima curva, la elfa vio a una anciana sentada frente a un hombre que estaba de frente a ella y dándole la espalda a Inglin, pero ella no necesitaba verle para reconocerlo. Fue la vieja quien habló primero –Querida, te esperábamos, ven toma asiento- analizando la situación la elfa respondió –Nos encantaría quedarnos, pero Lofar y yo tenemos arduos asuntos que atender y no podemos, yo solo he venido a buscarlo aprovechando que esta aquí-. Levantándose de la silla Lofar acoto –Lo que dice mi compañera es cierto, pero no se preocupe, pronto volveremos a vernos y allí definiremos las cosas que faltan- Ambos parados en la salida de la caverna esperaban una respuesta, cuando pensaban que nunca llegaría y se disponían a abandonar el lugar la vieja hablo –Bien, escuchare su parte cuando sea debido, espero saber de ustedes lo mas pronto posible- haciendo una reverencia ambos salieron de la cueva por el mismo camino que había tomado la elfa antes, ambos caminaban pensantes, sin dirigirse la mirada hasta que finalmente el humano corto el silencio -¿Crees que esto beneficie a Nurn? - Inglin guardo silencio un rato hasta que al fin hablo –Mi mente no llega a concebir si será bueno para Nurn, pero te aseguro que si lo será para nosotros. El viento había calmado, solo sus pasos cortaban el silencio –Tienes razón- respondió él –hagamos el intento, no tenemos nada por perder –

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

No hacia mucho tiempo del ultimo encuentro entre el humano y la elfa, pero no podían esperar mas tiempo para verla, por eso ese día a primera hora habían acordado juntarse a la salida de las grietas. Poco a poco una figura apareció en el horizonte. Lentamente el caballo llego frente a ellos, sobre su lomo montaba un personaje ya conocido para ellos –Buenos días mis nurnitas, así que estas son las famosas grietas- haciendo un gesto con la mano Lofar la invito a pasar –Podemos pasar si así lo desea a esta hora no hay nadie despierto o con memoria- Soltando una suave carcajada la anciana respondió –Gracias hijo mío, pero no me acostumbro al olor del alcohol, arreglemos ahora y rápido todo este asuntos, hablen hablen que yo lo escucho-. Tomando la palabra el humano dijo – Hace algún tiempo Inglin y yo, alimentamos rumores en las grietas que decían que en Nurn habitaba una hechicera que podía adivinar el futuro. Se preguntara con que intención lo hicimos, sencillamente con el objetivo de atraer mas gente hacia nuestra taberna, en un principio funciono, pero luego la gente advirtió que era un juego nuestro y dejo de presentarse- Un cuervo trino en la oscuridad del amanecer –Por lo tanto –prosiguió la elfa- Nuestra intención es convertir ese rumor en una dura y cruel realidad- A estas palabras le siguió un silencio de tumba que no permitía el menor reproche –Así es –continuo lofar – Lo que debe hacer usted es alimentar ese fuego, que el Oráculo de Nurn deje de ser una historia de niños y se convierta en realidad. Un lugar donde solo se atreva a poner el pie él más valiente- Sus ojos ardían como fuego mientras decía esto, penetrando como carbón encendido en los de la vieja, hasta que al fin la elfa hablo – Señora esto es sencillo- agrego antes la posible indecisión de la vieja- Si usted acepta vivirá en Nurn bajo nuestra protección como ha hecho hasta ahora, de otro modo se largara por donde vino, para nunca jamás regresar- las miradas de ambos se clavaban en la de la vieja, pero no parecía darse cuenta – Bien, a pesar de que comprendo sus intenciones mejor que ustedes mismos, y conozco en que puede llegar a terminar todo esto, aceptare ¿Qué otra opción me dejan?- Tras estas palabras la vieja monto un viejo caballo gris y se despidió –Sé que recibiré noticias suyas, no necesitan acotarlo- y dicho esto partió al galope. Lofar e Inglin se miraron sin nada que decir, y entraron a las grietas, a pensar en el próximo paso de este juego.

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

Bajo la taberna, muchos metros bajo tierra, se abrían salas y galerías, galerías y salas, en innumerables pisos, en un descenso inacabable.

Nadie sabía para qué habían sido construidos, y muy pocos conocían su existencia.

Sí, por supuesto era conocido el \"sótano\", pero bajo él, y a través de una entrada secreta, abierta en un lugar sombrío e insignificante, se accedía a todo un mundo subterraneo, poblado de sombras y de ruidos extraños.

Uno de esos niveles secretos conducía a lo largo de oscuros y laberínticos pasadizos, hasta una sala... una sala de piedra... la sala de una cueva.

Pero esa era su entrada \"artificial\", porque la cueva se abría en una pequeña loma en un bosquecillo al Sur de Narmelost.

Era en esa cueva donde tenían pensado ubicar al oráculo.

Vestirían la piedra con tapices bordados con formas grotescas, harían arder unas pocas antorchas para que las sombras fueran negras y muchas.

Y estaría en una sala lateral de la cueva, a la que se accediera por vueltas y revueltas entre estalactitas húmedas, entre goteos misteriosos.

Y el Oráculo no podía estar nunca sólo, No. Tendría intérpretes y guardias, guardias oscuros e imponentes.

[Editado por Lofar el 20-07-2005 11:25]

En \'\'el sotano\'\' rara vez se oian ruidos, el goteo de algun que otro arroyo subterraneo se hacia sentir de vez en cuando haciendo sobresaltar a todos aquellos curioso que accedian a ese lugar con la intencion de averiguar su futuro. De vez en cuando se oian lo que la gente llamaba ruidos extraños, solo dos personas sabian de donde provenian esos sonidos, y no estaban dispuestos a contarselos a nadie.

Una vieja se mecia en una mecedora, una vela posada en una mesa toscamente labrada. Miles de hojas se mezclaban alli, y de vez en cuando una iba a para al fogoncito que se habria espacio en la pared. Susurraba palabras que se perdian en ese cuarto sin ventanas. En su mente se repetian las palabras de dos personas ¿ que pasaria si los abandonaba?, se preguntaba noche tras noche, nada bueno de seguro, ella no podia conpetir con sus armas.

Un grupo de hojas amarillentas fue a parar a la pequeña hoguera iluminando la sala y como respuesta se ollo un gemido que traspaso paredes. No era el primero que escuchaba.

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

Con paso vacilante, inmersos en una oscuridad fosforescente, un hombre y una mujer avanzaban. Eran un joven matrimonio cuyo único y primer hijo había desaparecido hacía una semana.

Dos hombres delante y dos detrás, vestidos de negro, empuñando pesadas lanzas, los guiaban. Los guardias caminaban silenciosamente y sólo los pasos de la pareja retumbaban en el techo bajo y húmedo de la cueva.

Por fin llegaron a lo que podría llamarse el centro de la cueva... quizá no lo era en el sentido geométrico... ya que era imposible calcular el centro de ese laberinto. Pero sí era el sitio más espacioso. Grandes estalactitas confluían con sus hermanas estalagmitas formando enormes pilares de brillo transparente y húmedo, y se multiplicaban como árboles en un bosque sosteniendo una altísima cúpula calcárea. Ahí ardían varios pebeteros que quemaban con un fuego azul.

Hacia la derecha, siguiendo un tortuoso camino labrado en la piedra clara una puerta se abría de nuevo a la oscuridad. Cuando llegaron ahí, se detuvieron.

-Ahora debéis continuar solos, nosotros aguardaremos aquí... recordad, guardad siempre el debido respeto, arrodillaos ante el oráculo, su ira procede de lo más hondo de la tierra.

La joven pareja se internó, con las rodillas temblando, en la más profunda oscuridad. A sus espaldas un pequeño círculo de luz indicaba el lugar por el que habían entrado.

Afuera, en la gran sala de la caverna, uno de los hombres sacó su pipa.

-Aquí no puedes fumar, ya lo sabes.

-¿y porqué no? Nadie me ve y nadie lo va a saber- y miró con maldad a sus compañeros- ¿O sí?

-Haz lo que quieras, pero si Lófar se entera te va a arrancar las entrañas.

-Ohhhh, no me vengas con monsergas... yo he nacido en Narmelost, cada día contemplo Rúnya Mindon, no será un pirata quién me haga temblar.

-Ohhhhh, ohhhhhh, mirad a Drefa el valiente, vendré a visitarte cuando aúlles de dolor, cuando te arranquen la piel a tiras. Y me reiré ante tu cara sin piel y me reiré cuando mueras loco de dolor.

Lófar nunca había hecho nada así a nadie (por lo menos no se sabe de ello) pero las mentiras siempre corren más que la verdad, y Drefa en realidad sólo era un bocazas rudo y fanfarrón... se guardó su pipa refunfuñando. Queriendo desviar la atención de su acto vil habló refiriéndose a los dos jóvenes - La mujer es bastante hermosa y el hombre parece sano y fuerte... y son extranjeros... yo diría que estos van a ser “seleccionados”-

-¡Calla, estúpido!- Dijo uno de los cuatro hombres, uno que aun no había abierto la boca -Una cosa es fumarse una pipa y otra muy distinta hablar de Eso, sabes que no podemos hacerlo, ni siquiera entre nosotros, te comprometes a ti y a todos nosotros...- Se irguió en toda su altura y lo miró, airado, a los ojos -Yo mismo te mataré si vuelves a abrir tu bocaza estúpida-.

[Editado por Lofar el 27-07-2005 18:52]

Ella se llamaba Lafadi, había nacido en la orilla Sur del Rhun. Él se llamaba Brahun, y era natural del lejano Harad. Pero se conocieron en el exilio, en la miseria que une a todos los hombres.

Cuando se conocieron ella tenía 16 años y él 19, y se amaron desde el mismo instante que sus ojos se cruzaron. Y sus familias prepararon alegres los esponsales, única alegría entre tanta miseria y tanto hambre.

Habían pasado 6 años de amor verdadero y de cariño tierno, y ahora tenían un hijo de 5 años, se llamaba Talku, era un niño alegre que cifraba su felicidad con los arrullos y abrazos de sus padres.

Pero Talku había desaparecido hacía una semana. Sus padres lo habían buscado desesperados, muriendo a cada segundo.

Y luego oyeron hablar de un extraño oráculo a las afueras de Narmelost. Narmelost era un nombre que helaba la sangre, que invitaba a la prisa y a la fuga, pero Lafadi y Brahun se encaminaron hacia la ciudad maldita, en busca de respuesta... en busca de esperanza.

Les hicieron pagar tres monedas de oro, los ahorros de toda su vida y más (ese invierno tendrían que reducir las raciones... y pasarían hambre), pero no se lo pensaron ni un segundo: hubieran bajado alegres al reino de Mandos si hubieran sabido que ahí podrían recuperar a su hijo... pero ese invierno pasarían hambre.

Encontrar al oráculo no fue fácil, pero siempre había alguien que había oído hablar... o que había visto... o que conocía a alguien que... Así que al cabo de un mes de su partida, llegaron a la entrada de una oscura caverna flanqueada por frías y oscuras enredaderas.

Y ahora, después de un largo camino entre gigantescas estalactitas, entre resbaladizos suelos y entre el ruido callado del agua al colarse entre las rocas, avanzaban solos (los cuatro guardias se habían quedado a la entrada de ese último túnel) por un oscuro pasadizo. Y el frió de la piedra, la brisa húmeda que sorteaba las columnas calcáreas, habían dado paso a un calor insano, un calor húmedo y sofocante... y la luz había desaparecido del todo... sólo un pequeño punto de luz a su espalda les recordaba que eso era un túnel y que “probablemente” tendría una salida. Caminaban a ciegas, palpando con las manos, pegados a una de las paredes del pasadizo, lentamente... sofocados y terriblemente asustados.

Y por fin llegaron. Al principio no fue sino un vago fulgor, muy lejos, frente a ellos. Un fulgor azulado.

Y pronto entendieron que era la salida del túnel.

Desembocaron en una sala que les pareció magnífica (aunque sólo fuera una sala cavernosa de unos 200 metros cuadrados). Estaba iluminada por unas pocas antorchas de luz azulada, tenía otras dos entradas angostas: una cerrada por una puerta vieja y herrada con maestría y la otra abierta, por la que se colaba una siniestra oscuridad. Junto a esa puerta abierta había dos hombres, vestidos como los guardias que los habían acompañado pero con la cara tapada por una gran paño negro con bordados rojos.

-¡Entrad en la oscuridad!, la que Ve os espera- dijo uno de los guardias de rostro cubierto... o los dos... o ninguno.

Esa última estancia era realmente oscura. Un suave ruido de agua corriendo confundía el paso de los dos jóvenes, como si temieran caer en algún rió o lago subterráneo.

De pronto, de la oscuridad surgió una voz intemporal y clara –avanzad sin temor- dijo, y de repente varias antorchas se encendieron en la caverna.

No era una “sala” muy grande, quizá unos 400 metros cuadrados, pero era terriblemente alta. Gigantescas columnas pétreas, húmedas y frías, se perdían en busca de un techo que no se alcanzaba a ver, sumido en las tinieblas.

Entre un verdadero bosque de esas estalactitas se veía un claro camino reverberando con reflejos multicolores. Y al fondo, dos antorchas, flanqueando una figura pequeña y blanca.

Se acercaron todo lo que pudieron. Pero de repente el camino se interrumpía: un riachuelo lento y muy negro atravesaba la sala y, justo a los pies del “oráculo” se ensanchaba formando un pequeño lago de aguas insondables.

El Oráculo estaba, pues, al otro lado del riachuelo, inalcanzable. Pero pudieron verlo bien. Estaba sentada sobre una gran roca. Adivinaron que era una mujer anciana por sus manos arrugadas, sus largas uñas y su voz dulce... aunque su voz, su voz no era de anciana, era poderosa y vibrante. Y es que nada más de ella vieron. Iba vestida toda de blanca seda, con un vestido de amplios pliegues y mangas anchas y, sobre la cabeza, al igual que los guardias de la entrada de esa “sala”, llevaba una tela que le velaba la cabeza y la cara, en este caso no era negra como la de los guardias, sino blanquísima, como todo el vestido. Estaba sentada sobre sus rodillas y, con las largas uñas acariciaba la roca.

-Acercaos, acercaos más-

Los dos jóvenes avanzaron hasta la orilla del lago.

-Ahora sentaos- dijo con voz dulce pero dominante.

Mientras se sentaban sobre dos piedras redondeadas puestas ahí para esa función, se acercaron a ellos, surgidos de las sombras, dos hombres fuertes, cubiertos con túnicas negras y calzando sandalias, portaban una copa de plata cada uno.

-Bebed- dijeron a coro mientras ofrecían las copas al joven matrimonio.

Jamás habían visto una copa de plata... ni el líquido que contenía se parecía a nada que conocieran. Tenía un olor amargo y pegajoso, como de tierra o de hongos. Y bebieron. Y el Oráculo también bebió de una copa como la suya, sólo que otros grabados la decoraban.

Cuando los sirvientes se llevaban las copas dijeron en voz baja a la pareja: “Es Soma, la bebida de la muerte”.

Pero no fue la muerte lo que les proporcionó sino una más despierta visión, y las piedras parecían vivir y querer hablar, e incluso el lago, parecía tener vida... pero lo que esas aguas negras querían decir no lo querían saber, e ingenuos se taparon los oídos.

-Escuchad al lago, ofreceos a él- cantaba con voz melodiosa el oráculo desde su sitial de roca. Pero el más terrible terror atenazaba a los dos padres, que no se movían, ni reaccionaban. Y lenta pero inexorablemente el Soma embotó sus sentidos, y entonces, la falsa apariencia de sentirse más vivos, desapareció. Las piedras ya no parecían vivas, el lago ya no parecía vivo... ya todo era muerte y hablaba palabras de muerte.

El oráculo desató una pequeña bolsa de piel, y el sonido del cordel al deslizarse sobre el fino cuero pareció a los oídos de los dos jóvenes como el deslizarse de una soga de ahorcado.

Y con dejadez estudiada la oráculo sacudió la bolsita, y doce pequeños huesos humanos, grabados con antiguas runas, cayeron sobre la roca, retumbando a los oídos de los jóvenes, que miraban con ojos desencajados.

Y el lago les seguía hablando... y sólo hablaba de obscenidades horribles y de muerte eterna.

El Oráculo con sus largas uñas recolocaba las runas, las estudiaba.

Con voz siniestra les habló, y sus palabras lo dominaban todo, hicieron callar las crueldades del lago y las de las piedras, y les llenaron el alma:

Leyó el primer huesecillo: Las fauces del lobo...

El segundo: El pantano del mediodía...

El tercero: la ciénaga de la noche...

El último: Luz devorada...

La pequeña figura del oráculo les parecía ahora inmensa, ocupándolo todo. -Destino oscuro y cruel el que muestran los huesos... pero incluso en las fauces del lobo brillan los colmillos a la luz de la luna... aunque esa luz puede ser muerte... si no se actúa con prontitud-

El padre empezaba realmente a sentirse morir, las palabras lo subyugaban, lo esclavizaban: eso estaba bien. Pero le costaba respirar y tenía sudores fríos; y un puño de acero le atenazaba el estómago. Hasta que vomitó y cayó inconsciente.

-¡Malditos sean todos!- Pensó la anciana que hacía el papel de Oráculo... había salido todo perfecto... y alguno de esos estúpidos se ha vuelto a pasar con la droga... Bueno, ya lo arreglaremos... esa bobalicona aun sigue allí sin enterarse de nada... les haremos creer lo que queramos... como siempre... lo importante es que vuelvan, en secreto y sin avisar a nadie de a donde van...¡Malditos estúpidos!... con lo bien que me había salido esta vez.-

Mientras avanzaba en la noche cerrada y resguardada bajo su capa, iba pensando Nulkaiel en lo que había visto hacía escasos minutos en Las Grietas. Muchas caras conocidas y algunas nada agradables. Especialmente recordaba la de uno..

La lluvia ahora en las afueras de la ciudad era más fina, la tormenta parecía querer concentrar toda su furia en la capital. Había cruzado el puente y estaba en la otra orilla del río de lava. Se pasó la mano por los ojos para quitarse algunas gotas de la cara y poder ver mejor. Los rayos iluminaban cada pocos segundos la ciudad. El contraste del negro de la noche y el rojo de Nar-Falmar hacían de Nármelost un bello espectáculo. Sin lugar a dudas, era la ciudad más hermosa y terrible que había visto jamás.

Siguió su camino en dirección al Sur. Cuando llegó al pequeño bosque intentó descubrir alguna huella, una pisada que le indicara algo. Pero apenas se veía. La noche no era problema para sus ojos élficos, pero la lluvia se estaba encargando de borrar cualquier pisada. Se adentró un poco más. Solo oía el goteo de la lluvia al caer desde las hojas, pero el crujir de una pequeña ramita llamó su atención. Se paró y giró sobre sus talones.. no veía nada. Si se trataba de alguien o un pequeño animal buscando refugio pronto lo descubriría. En cualquier caso, fuera lo que fuera aun se encontraba lejos, bastante atrás.

Prosiguió su andadura hasta oír unas voces, primero una grave y luego otra más fina que respondía a la primera. Aceleró su paso hasta que los tuvo a la vista. Debía tratarse de un matrimonio. “No creo que hayan salido a pasear precisamente..” pensó la elfa. Al cabo de unos minutos, la pareja se paró y cuatro hombres vestidos de negro con enormes lanzas salieron a su encuentro. “¿de dónde han salido estos?”. La noldo frunció el ceño y agudizó su vista hasta detectar lo que podría parecer la abertura de una loma.

Dejando al matrimonio en medio. Las seis figuras desaparecieron adentrándose en la oscuridad de la loma.

“Bien, esperaré un poco antes de entrar, tengo interés por ver qué es lo que está pasando aquí” se dijo para sí misma.

[Editado por Neume el 03-08-2005 17:18]

\"Tan importante es una lúcida retirada como un ataque esforzado\"

Unos ojos ambarinos se clavaron en la oscuridad del lugar. No podian ver mas alla de la realidad, un elfa se adentraba en la profundidad del abismo hasta que los guardias la detuvieron. Con un grito tajante penetro en la oscuridad de la caverna, cuyos pocos conocian ,eran menos los que se animaban a hablar de su presencia alli y muchos menos aun eran los que tenian alguna remota posibilidad de mencionar el tema.

Con un suave batir de alas que no hubieran podido oir ni los odios mas adiestrados, suavemente se poso en el hombro de su dueña, que en ese momento manipulaba unos huesos, las personas que se encontraban frente a ella parecian temer algo, aunque poco entendian esos adiestrados ojos de los asuntos de la gente humana, solo sabia que debia informale lo que estaba pasando a su dueña, de otro modo no cenaria los deliciosos ratones con los que la que los tenia acostumbrados. Luego de emitir un agudo grito deslizo sus delicadas garras del hombro de su dueña sin causarle daño y emprendio vuelvo a la oscuridad de la noche.

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

Los minutos pasaban y no había movimiento. Aquel ruido que oyó atrás en el bosque no se había vuelto a repetir, y de la loma no salía nadie, y hacía ya un buen rato que la pareja había entrado. “¿Qué estarán haciendo?”.

Parecía que no hubiese más guardias en la entrada, y la elfa no creyó que hubiesen puesto una extensa vigilancia en una zona como aquella, tan apartada y solitaria. Así que se aventuró a adentrarse un poco más, saliendo del todo del bosquecillo y quedándose al descubierto, aunque oculta bajo la noche oscura. Sin embargo, el manto de la noche no fue suficiente. Dos guardianes salieron de la caverna y sin tiempo de reacción la apresaron agarrándola de las muñecas.

- vaya vaya, tenemos aquí a una curiosa…

- ¡Quitadme las manos de encima!!

Tiraban de ella hacia dentro mientras la elfa propinaba patadas. Necesitaba soltar una mano y poder sacar la daga que llevaba en la bota, pero era imposible. La fuerza de esos hombres era superior y estaba casi inmovilizada. Pero no iba a poner más resistencia, tan solo soltó una amenaza.

- ¡Os arrepentiréis de esto, bastardos!

Los guardias no sabían lo que tenían entre manos. Mantenía la capucha sobre el rostro, por lo que los soldados no habían averiguado su identidad. De lo contrario, la habrían dejado entrar después de una efusiva disculpa. Era mejor así, que aun no supieran quien era, pues sino se acabaría el juego. Sabía que se enteraría de más cosas si ocultaba su nombre, al menos hasta cuando pudiera.

Su vista se iba haciendo con el lugar. El ambiente era húmedo y el suelo brillaba y resbalaba. No tenía ni idea de por donde la estaban llevando. “La vuelta será muy distinta, tal vez me lleve una cabeza conmigo” pensó. Pasadizos, columnas infinitas... de vez en cuando oía el rumor del agua.

\"Tan importante es una lúcida retirada como un ataque esforzado\"

Llevaron a la Elfa con firmeza a través de unos pasadizos oscuros y húmedos, con continuos y perturbadores goteos; hasta que, de un empujón, la hicieron entrar una una pequeña habitación cavernosa, iluminada con grandes antorchas que habían ennegrecido la que antes fuera una blanca piedra.

En medio de la habitación había una gran mesa y tras ella un hombre de aspecto venerable, con larga barba gris y ojos negros. Dos guardias estaban junto a la mesa. Tras ellos se abría una nueva sala guardada por dos hombres más.

El hombre de barba larga estaba contando unas monedas de oro cuando la elfa irrumpió con violencia. En un segundo pasó de la rabia por la interrupción a un dulce sentimiento -aquí hay negocio- Pensó. Y es que se había fijado en el hermoso vestido y en la buena capa que vestían a esa Dama.

- Eyyyy muchachos, ¡qué son esas maneras tan bruscas!

- Señor, la hemos sorprendido husmeando.

- Ummm... no nos gustan los husmeadores, No. Pero quizá sólo sea una Dama con ganas de preguntar al Oráculo ¿verdad?, esto es un lugar Sagrado... y no nos gustan los husmeadores... pero no parece una espía ni una fisgona... yo diría que está dispuesta a pagar las 3 monedas de oro, que desea conocer el pasado y el futuro que desea preguntar a la más venerable Oráculo... la que ha vuelto del reino de Mandos... ¡la que todo lo Ve! ¿Verdad?-

Los soldados se acercaron, empuñando sus pesadas lanzas, con una extraña sonrisa, quizá esperando que la desconocida les diera la ocasión de emplear la violencia.

La humedad a medida que avanzaban hacía que el ambiente fuera cada vez más sofocante. Pequeñas gotas del techo, si a eso se le podía llamar techo, le caían cada pocos pasos.

El guardia que la sujetaba a su derecha la empujó por la espalda, y Nulkaiel entró a trompicones en una habitación, que tan solo estaba iluminada por unas cuantas antorchas. El aspecto no era del todo desagradable para ella. Conocía sitios peores.

Un hombre entrado en años se levantó de la mesa y recriminó a los guardias. Las palabras del anciano llenaron aun más de curiosidad a la noldo. Aquello empezaba a ser interesante. Por una parte tenía a unos hombres que no sabían que tenían ante su presencia a una Señora de Nurn, y por otra, un negocio del que no se tenían noticias en el Señorío, pero que a juzgar por la cantidad de monedas de oro que tenían el hombre en la mesa, no les iba mal.

No pasó desapercibida para Nulkaiel la mirada de arriba abajo que le echó el hombre. Su alta condición la delataba, aunque por suerte no llevaba puesto el anillo de los Señores.

“Así que de eso se trata.. un Oráculo”..

Cuando el hombre terminó de hablar, la elfa no pudo reprimir una carcajada, ante la atónita mirada de los soldados que ahora se habían acercado un poco más con sus lanzas apuntándola.

- Lo siento, pero no he traído ni una sola moneda. Nadie me avisó del precio a pagar.

- Quizá puedas pagarnos a nosotros de otra forma – dijo uno de los soldados con una sonrisa estúpida.

Los que a simple vista parecían unos ojos dulces de color miel, le dedicaron al soldado una fulminante mirada, que hizo que el guardia bajara la vista. \"Ya ajustaremos cuentas tu y yo\" pensó tragándose la rabia.

- Pero quizá esto pueda serviros- dijo quitándose un colgante y ofreciéndoselo al anciano. – Aunque eso sí, antes de entregaros este bien, creo justo saber vuestro nombre y quién es el dueño de este.. “lugar”.

\"Tan importante es una lúcida retirada como un ataque esforzado\"

El anciano miro el colgante minuciosamente por unos largos minutos, bajo la intrigada mirada de la elfa, el sonido del agua deslizandose en los lejanos pasadizos subterraneos se deslizaba por los oidos de la elfa, haciendola entrar en un ambiente de calma, tratando de simular el lugar ideal, donde uno estaria todo el dia sin pensar un solo segundo en irse. Al fin el anciano hablo -Realmente en toda mi larga vida no he visto joya tan preciosa ni tan valiosa, pero no me concierne a mi decidir si sera tomada como parte de pago- Las palabras salian lentas pero firmes, no habia nada en su aspecto que diera pie a una posible discusion -Mas has de saber que las preguntas aqui las hacemos nosotros- El mismo guardia de antes dejo escapar una torpe risa, que se vio apagada ante la insistente mirada del viejo - Espero que seas paciente, pues tendras que esperar, luego hablaremos de la forma de pago-.

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

Al anciano se le iluminó la mirada cuando vio el colgante. “Le gusta. Así será más fácil sacarle información” se dijo ella. Pero el hombre se hacía de rogar, algo que era comprensible, solo los bocazas dejan suelta su lengua a la primera.

Estaba claro que él no llevaba más que las cuentas del negocio, por lo que la noldo estaba convencida de que había alguien más detrás de aquello. Y no se iría de allí sin averiguar quien era y por qué no habían pedido permiso para montar semejante espectáculo.

Ella no había firmado ningún permiso de apertura, no había ninguna licencia solicitada del estilo, y casi siempre estos asuntos pasaban por sus manos o por las de Shulak. Y el Oriental no le había informado de nada.

- No dispongo de mucho tiempo. Si os pregunto por el dueño o dueña de este lugar, es porque desearía hablar con él, y es un asunto que no puedo tratar con nadie más. Tan solo decidme donde puedo localizarle y con eso me bastará. Nunca tendréis una oportunidad así de fácil de conseguir una valiosa joya por tan poco esfuerzo.

- ¡Pero qué prisa tenéis mujer! ¿Acaso no queréis visitar al Oráculo?

- Es posible que en otro momento, ahora ya os dije lo que necesito. Y me gustaría no tener que pedirlo dos veces. –la elfa le quitó de las manos el colgante.

- Señorita, aquí no valen las amenazas –dijo el anciano con semblante serio. –No debisteis hacer eso.

Nulkaiel notó el contacto de la punta de una lanza. Uno de los guardias se había acercado por detrás. Ya no podía esperar más.

- ¡Estúpido!. Me habría gustado hacerlo fácil, pero sois un necio. –La elfa echó la capucha atrás dejando su rostro visible a la luz de las antorchas.

Para su sorpresa el anciano ni se inmutó. Pero al ver que los centinelas le hacían una reverencia a aquella mujer, se alertó, y sus peores temores empezaron a invadirle.

- Pero.. ¿quién sois señora?

- Precisamente eso, una Señora de Nurn. La dama Nulkaiel Milyawen.

El anciano empezó a ponerse pálido…

- No.. no sabía nada – acertó a decir tartamudeando.- De haberlo sabido yo…

- Sí, si, lo sé, pero de este modo fue más divertido, ¿no te parece?. Y ahora, responde lo que te pregunté.

- Veréis señora, yo soy solo un humilde contable. Si queréis saber más deberíais preguntarle a.. –el anciano dudó por un momento. “solo mencionaré al pirata, si encubro a la señora Inglin quizá me ayude” pensó – deberíais buscar a Lófar.

- ¿Lófar? No tengo ni idea de quien es ese. Y no pienso ir tras él. Hacerlo llamar. Y manteneos calladitos, no quiero que sepa quien soy.

\"Tan importante es una lúcida retirada como un ataque esforzado\"

Había abierto la ventana del estudio y estaba sentado en el hueco, la espalda apoyada en el marco y la pierna derecha dentro de la habitación.

Había estado mirando un gran mapa de Haldanóri. Quizá el subconsciente le había llevado a revisar por enésima vez el plan de fuga –Sólo el Morelimbar me ofrece una mínima oportunidad... maldita ciudad, es más difícil escapar que entrar... quizá debería irme ahora que puedo- Se había sentido atrapado por el ambiente cálido de la casa y se vio en la necesidad de abrir la ventada a la fría noche.

Fumaba su pipa con desidia (ya se le había apagado dos veces) y perdía su mirada a lo largo de la calle negra y húmeda: fachada tras fachada, casonas de dos plantas, todas iguales, todas viejísimas.

Un hombre dobló la esquina y enfiló por la larga calle con paso apresurado. No tardó en ver a Lófar, fumando en la ventana, y llegar a su altura.

-Le estaba buscando señor, fui a la posada y no lo encontré, es algo importante, creo-

-¿Importante? ¿Qué ocurre?-

El ánimo del pirata se había repuesto completamente después de esos segundos de duda ante el detallado mapa, pero ahora volvió a sentir el peso de Narmelost sobre su cabeza y la noche ya no le dio calma, notó la oscuridad de la Capital densa y agobiante. Abajo, el joven jadeaba y le buscaba la mirada. Con respiración fatigada continuó –Me envían desde “La cueva” señor, no sé qué ocurre, sólo me han dicho que es muy urgente.

-bien, pues si es tan urgente... no me queda más remedio que ir- dijo con una sonrisa burlona pero con auténtica preocupación.

Se palpó la bota para asegurarse que el puñal estaba en su sitio y bajó a la calle.

Cuando llegaron, al cabo de unos minutos, a la entrada de la gruta, ya se había enterado por el soldado de unas cuantas cosas más: la noche había sido muy tranquila, sólo habían entrado 5 personas, la última una dama encapuchada. Los guardias de la puerta, cuadrados ante su “patrón” no supieron decirla nada más, sólo que era “el viejo” quien lo llamaba. –Se llama Astorth- les corrigió Lófar.

Mientras entraba en la caverna, flanqueado por dos hombres fuertes, ordenó máxima atención a los que se quedaban guardando la entrada del bosque.

-Como esto no sea más que una falsa alarma alguien va a pagarlo- se dijo Lófar mientras avanzaba con rapidez por los tortuosos y oscuros pasadizos.

Lo primero que vio cuando entró en la sala fueron los ojos asustados del viajo Astorth y después a cuatro hombres fuertes, empuñando pesadas lanzas, con pose indecisa. Y en un banco de madera, en un rincón sombrío de la estancia, estaba sentada una hermosa dama elfa de mirada dulce y pose arrogante.

Intuyó el problema y confirmó mentalmente que su arma estuviera en la caña de la bota. -Ha ocurrido más pronto de lo previsto- pensó –pero tarde o temprano tenía que pasar, tengo las espaldas cubiertas- Y con el aplomo que dan años de enfrentarse con la muerte, con la firmeza que exige ser el capitán de un barco pirata, con la seguridad de que, pese a todo, ahí, en esa caverna, era él el amo y señor, después de decicar una sonrisa educada y encantadora a la elfa, miró a los ojos del Viejo y le preguntó: ¿Qué, qué ocurre?

-Ya le hemos mandado llamar, Señora. No tardará mucho.- dijo el anciano.

Nulkaiel se sentó en un banco que había en la sala. Apoyó la espalda en la pared rocosa, y esperó mientras su mente intentaba adelantarse a lo que podía pasar en unos minutos. Cruzó las piernas y los brazos, y antes de romper el silencio, le dedicó una sonrisa burlona al guardia que le había amenazado con la lanza.

-No pongas esa cara de asustado, que lo ahuyentaras.

No tuvieron que esperar mucho, aunque al anciano y los soldados se les hizo eterno. Oyeron unas voces primero, y luego los pasos de tres personas que se acercaban.

-¿Cómo te llamas? – le preguntó al anciano.

- Astorth, Mi Señora.

- Astorth, cuando entre el tal Lófar, despide a los soldados, aquí hay mucha gente innecesaria, y es un asunto privado.

Y al fin llegó. Un humano de estatura media, de pelo largo y negro, que llevaba recogido atrás, apareció en la sala. Era un rostro nuevo para la noldo. La miró y le dedicó una sonrisa, que aunque cortés, la elfa la notó forzada.

-¿Qué, qué ocurre? –preguntó el humano

El viejo miró a Nulkaiel, pero los guardias mantenían los ojos muy abiertos, como si quisieran transmitir con la mirada una señal de aviso a su jefe, un “cuidado con lo que dices”.

- vosotros, salid. Vamos a hablar en privado –les dijo el anciano a los guardias.

Cuando se hubieron marchado, Lófar volvió a preguntar qué sucedía.

- Esta dama –comenzó a decir Astorth- desea hablar con vos.

- ¿Y para eso me habéis hecho venir hasta aquí?, bien podríamos habernos reunido otro día, sin tanta prisa, y en otro lugar, ¿no?.

Nulkaiel se levantó del banco de madera, estiró las arrugas de su vestido y se acercó a ambos con paso tranquilo. Observó el cuello del hombre, estaba tenso. Al pasar junto al que se suponía era el dueño del negocio, le llegó un olor agradable. Aunque ella no fumaba, el olor de las hierbas quemadas en pipa le agradaba y era fácilmente reconocible.

Por más que estuviera tranquila, la actitud del viejo estaba delatando la situación.

- Veréis señor Lófar, este buen anciano solo intentaba cumplir mis deseos. A veces me vuelvo un poco caprichosa –sonrió- Me habían hablado de este lugar y quise verlo en persona, y conocer al dueño para así tener una pequeña charla, y ya que estáis aquí… supongo que no tendréis inconveniente, ¿verdad?

\"Tan importante es una lúcida retirada como un ataque esforzado\"

Al mirar la cara de Astorth, contraída por el miedo y la indecisión, Lófar estuvo a punto de echarse a reír. Pero no, ese no era momento de reír, conocía a esa señora de Nurn, se llamaba Nulkaiel, y tenía un alto rango dentro del clan. Poco más sabía sobre su \"invitada\" salvo que debía andar con los pies de plomo y que no debía perder la autoridad sobre sus hombres: eso sería fatal. –un momento señora, ahora estaré por usted- sabía que era arriesgado impacientar a uno de los señores de Nurn, pero peor era dejar que esos atolondrados salieran y comentaran quién sabe qué con sus compañeros de guardia. Lentamente salió de la habitación y llamó a los guardias, que ya se perdían cuchicheando en las sombras de la gruta. –Vosotros, quedaos aquí, ¿Dónde creéis que vais? ¡Fuera de la sala, pero de guardia! por si quiero ver otra vez vuestra fea cara,.. ¡y callados! Entró de nuevo en la sala – Tú, viejo, vete de aquí, hoy ya no te necesitaré, ya no entrará nadie más. Mañana vendré a primera hora, tengo unas cosas que comentarte- Sí, pensó, unas cosas que comentarte y un palmo de acero que regalarte.

-Bien señora- Se dirigió cortésmente a Nulkaiel –ya estamos solos y podemos hablar con tranquilidad, no es un sitio para un dama, es húmedo y oscuro, y sólo tengo un poco de vino para ofreceros, si es que os apetece, ¿de qué queríais hablar?- señalándole una silla la invitó a que se sentara.

Cuando Lófar salió de la sala para hablar con sus guardias, Nulkaiel agudizó su oído para captar fragmentos de la conversación. El eco producido en aquellas galerías ayudó a la elfa a enterarse de gran parte de la reprimenda.

El hombre echó al anciano de la sala, y ambos quedaron solos, uno frente al otro.

-Bien señora- se dirigió cortésmente a Nulkaiel- ya estamos solos y podemos hablar con tranquilidad, no es un sitio para una dama, es húmedo y oscuro, y solo tengo un poco de vino para ofreceros, si es que os apetece, ¿de qué queríais hablar?- señalándole una silla la invitó a que se sentara.

La noldo se sentó en la silla que le ofreció el humano.

- Es un sitio oscuro sí, pero no le temo a la oscuridad. Después de largos años en estas tierras, una se acostumbra a los lugares sombríos. Hay cosas peores que la oscuridad, quizá vos mismo las comprobéis, -dijo la elfa mientras levantaba la vista y la clavaba en los ojos negros del humano, - Y aunque mi apariencia os haga pensar que soy frágil y delicada, no os confundáis. Pero acepto con gusto ese vino. La lluvia ha empapado mis ropas. Una copa no me vendrá mal para entrar en calor.

Esperó a que Lófar sirviera la copa para seguir hablando. Por un momento la elfa pensó si podría fiarse de aquel vino. “No será tan estúpido de intentarlo, además no sabe si he venido sola, o si esperan mi regreso…”

- Y decidme Lófar, ¿os reporta considerables ganancias esto del Oráculo? Lo digo porque parece que no os va mal – la elfa señaló la mesa donde había estado Astorth contando las monedas de oro – Pero.. es curioso… ni Shulak ni yo teníamos noticias de este lugar – y dio el primer sorbo. Todo aquel que desee establecer un negocio en estas tierras ha de pagar un tributo, y no creo que vos lo estéis pagando, ¿o me equivoco?

\"Tan importante es una lúcida retirada como un ataque esforzado\"

Con aire natural sirvió el vino en dos grandes copas de cristal reluciente que desentonaban bastante con el ambiente sórdido que los envolvía. Era de un rojo brillante y de aroma exquisito. Dejó la botella de cerámica amarilla y sin ninguna etiqueta identificadora sobre la mesa. Y por fin se sentó, frente a la elfa, mirándola a los ojos.

Sin rendir la mirada bebió un pequeño sorbo, más que nada para aclararse la voz y para dar naturalidad a la extraña situación.

-No es mal negocio, señora -dijo mirando algunas monedas de oro rojizo que habían quedado desperdigadas sobre la mesa de Astorth- A la gente le gusta conocer su futuro, encontrar lo perdido, saber las causas de su desgracia. Y las palabras del oráculo, aun ser oscuras y enigmáticas, difícilmente yerran, la fama se extiende rápidamente y rápidamente muere…-Se estaba alargando demasiado con vaguedades inútiles- En definitiva, Señora, que el negocio no parecía que fuera a funcionar tan bien, nos ha sorprendido a todos, no pretendíamos hurtar a la ciudad lo que es suyo, sin ningún problema pagaremos lo que debemos al Clan-

El pirata quería concentrar la atención de la elfa en el negocio del oráculo y no sabía si era conveniente mencionar el nombre de Inglin. Sin duda eso le reportaría cierta protección ante posibles contratiempos pero también podría hacer pensar demasiado: ¿qué hacía una gran señora de Nurn involucrada en un simple \"negocio\" de baja estofa?

Lófar bebió otro sorbo de vino, mientras observaba a la gran señora juguetear con la copa y observar el vino deslizándose sobre el cristal, como perdida en sus propios ensueños; pero un brillo en sus grandes y dulces ojos y su porte marcial, mostraban que estaba totalmente atenta, escondiendo su fiereza, aparentando indiferencia. Y Lófar se decidió por no tentar más la suerte.

-Sacamos tajada de un Oráculo, Ella utiliza sus propios recursos, no nos metemos en eso… no sé si es realmente buena o si sólo es una farsante, sólo nos interesa el dinero.- Volvió a coger la copa para beber de nuevo, pero la dejó sin probarlo (ya había bebido suficiente y no era momento de bajar la guardia)- Se habrá fijado, Señora, que hablo en plural, no es que tenga delirios de grandeza… es que no estoy solo en este “negocio”, alguien de Nurn me avala, alguien poderoso. Por eso no pensé que fuera necesario actuar como el resto… posiblemente me equivoqué, y pido disculpas por ello -hizo una pequeña reverencia acompañada de una mirada pícara de la que se arrepintió enseguida- Estúpido pirata loco -se dijo a si mismo- No es éste momento para flirteos.

[Editado por Lofar el 31-10-2005 12:06]

A la mañana de aquel dia Herod permanecia oculto debajo de un arbol. Su pelaje negro brillante, pasaba desapercibido para cualquiera que hubiera entrado en la taberna, pero nadie lo hizo hecho que mejoro la perspectiva. Aunque eso delataba que el oraculo no estaba marchando bien y habria que arrgeglarlo. En cuestion de minutos aparecio Haradriel montada en un bello corcel, freno en la puerta de las Grietas sin bajar del caballo -Bien, veo que eres puntual- señalo Inglin -Haradriel, confio en ti, no te recomiendo medir mi confianza pues soy nurnita y no saldrias favorecida, pero te aliento a que no me desilusiones, de otro modo ambas lo lamentaremos. Sigueme, no es un camino largo pero es facil extraviarte.

Tomaron la calle de las Grietas hasta que la elfa estuvo segura de que las vueltas a las esquinas fueran suficientes, y de decidio a tomar la calle que llevaba al pequeño bosque. A medida que avanzaban el lujo y la aristocracia diminuian y las casas pertenecientes a los esclavos nurnitas comenzaban a internarse en el paisaje. Inglin no estaba segura, pero creia que Haradriel no estaria acostumbrada a ese tipo de paisaje, pero no miro hacia atras, debia hacerla creer que su confianza en ella era ciega.

Siguieron cabalgando hasta que al fin todo rastro de civilizacion desaparecio, y llego al lugar donde mucho tiempo atras, encontrara a un viejo sirviente borracho. La oscuridad era casi absoluta dentro, sin vacilar Herod se introdujo alli, haciendo lo mismo el otro corcel tras ellos. Habia tramos en que presisaban bajarse de los caballos dados que los arboles les impedian el paso montadas. Hasta que llegaron a la puerta de la taberna. Inglin se bajo y le dijo unas palabras al oido a su animal, que se perdio en la espesura. Mirando por primera vez a Haradriel desde que salieran le dijo- Puedes dejar a tu animal suelto, no hay nada que temer- Dicho esto dio media vuelta y entro a la taberna- Ven, no hay nada que temer, aun-

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

El vino se deslizaba lentamente por la copa, y cuando llegaba al borde, antes de que pudiera derramarse, la elfa volvía a incorporar el cristal. Durante unos segundos no miró al hombre mientras este hablaba. Sus ojos estaban fijos en el líquido rojo y en el suave balanceo de la copa.

De momento él estaba reaccionando bien, era listo. Sinceridad y vaguedad a partes iguales. Pisaba con cuidado, y reconocía el error.

Y entonces volvió a hablar, y esta vez la elfa le sostuvo la mirada, escudriñando en sus ojos, intentando descubrir cualquier resquicio de engaño en sus palabras. Pero no halló tal cosa la elfa.

Sus sospechas habían sido ciertas, “alguien poderoso” estaba metido en el negocio.

- Desde luego que os equivocasteis. – dijo la elfa. – Nadie está exento ni goza de tales privilegios. Por muy avalado que esté. No sin consultarnos antes a Shulak, o a mí, cosa que no hicisteis. Quien quiera que os aconsejó, se olvidó de ese pequeño detalle. Por otra parte, este negocio que habéis levantado está demasiado bien organizado. Tenéis vuestros propios centinelas, un contable, pero sin embargo no lo frecuentáis a menudo según parece. Y se os ve bastante tranquilo, a diferencia de vuestros guardias. No me cabe duda de que alguien con suficiente influencia os respalda – dijo con tono más suave.

No pasó desapercibida tampoco para la elfa la mirada que le dedicó Lófar al terminar su argumentación, “sería tan fácil”, pensaba la noldo mientras se levantaba y paseaba lentamente por la estancia. Solo tendría que tentarle y Nulkaiel sabía que aquel mortal caería en la trampa. Más le valía no jugar, y más le valía decir toda la verdad.

- Decidme entonces, ¿quién es esa persona?

\"Tan importante es una lúcida retirada como un ataque esforzado\"

La elfa penetro en la taberna rapidamente y tras llegar a una amplia sala poco alumbrada le dijo a Haradriel que esperara alli sentada, que no tardaria mucho, pero que no tratara de escapar pues seria en vano. Sin esperar respuesta recorrio los antiguos corredores de ese lugar llegando a una gran sala que se encontraba casi desabitada de no ser por un guardia que se encontraba en un extremo -¿Donde esta Lofar?- El hombre señalo la puerta que pertenecia al despacho del pirata que se encontraba en el oto extemo de la sala. Despacio y sin hacer ruido se dirigio a la puerta y se apoyo en la pared que estaba al lado de la puerta, les llegaron unas palabras distantes pero claras -decidme entonces, ¿quien es esa persona?- Nulkaiel... penso Inglin esbozando una sonrisa. No se encontraba en el peor de los casos ni en el mejor, pero estaba alli para solucionarlo, su mano roso el picaporte pero no abrio la puerta. Seria mejor ver que respondia el pirata, de ese modo podria ponerlo a prueba, por lo tanto permanecio escuchando.

[Editado por Carlita el 04-11-2005 00:54]

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

La pregunta era directa y no dejaba espacio para subetrfugios. Debía contestar. Hubiera preferido mantener el nombre Inglin en el anonimato un poco más de tiempo pero, de todas maneras, un día u otro debía conocerse. Y no en vano había hecho negocios con ella.

-Inglin... la señora Inglin, hermosa elfa de Nurn, es la que amablemente ha decidido compartir este pequeño negocio. Espero que no sienta que la he traicionado al decir su nombre. De hecho no hay nada que esconder, sólo que, en este tipo de negocios, el misterio ayuda en mucho a que el oro fluya con libertad- Dibujó una sonrisa discreta y bebió un lento trago de vino sin apartar la mirada de la elfa en ningún momento. Quizá esperando que sus últimas palabras invitaran a esa gran Señora a mantener el secreto... pero no, eso era desear demasiado... y sabía que cuantos más dirigentes de Nurn supieran de la existencia del oráculo, más posibilidades había de que el \"verdadero y oscuro\" negocio quedara al descubierto... pero de momento no quería preocuparse de eso.

Las cartas (las que de momento podía mostrar) estaban sobre la mesa.

Habia llegado a la hora en la que la via sitado Inglin,mientras avanzaban la muchacha sentia un vuelco en le corazon aquellas casas estaban llenas de sufrimiento y dolor, la muchachas bajo la cabeza triste y musito al viento una pequeña oracion de consulo para aquellos sin fortuna que vivian ahi; cuando llegaron eh Inglin le pidio que soltara a su compañero ella ser resistio, pero la elfa tenia razon era seguro o al menos eso parecia, solto a Elvaralas y le pidio que no se alejara de ahi, luego entre con paso sigiloso a la taberna y se sento, a escuchar entre sombras solo eso.

“Hace ya mucho tiempo que decidí que mi lugar está en el centro y adelante. Ahí es donde elegí estar y es ahí donde permanezco”

“Así que es ella, menuda sorpresa”, pensó la elfa. A Lofar le había costado pronunciar el nombre, y en sus ojos había dudas. Pero Nulkaiel sabía que estaba diciendo la verdad. Las dudas no eran más que el temor a delatar a un poderoso de Nurn. Los riesgos eran considerables, y no eran pocos los castigados por hacer acusaciones falsas.

No era propio de Inglin ocultar información, pero antes o después todos los señores habían participado en algún negocio del que no querían dar conocimiento. Pero Inglin era consciente de que debía haberles informado. Todo aquello le resultaba extraño y curioso a la noldo. “¿Será posible que Inglin haya sucumbido a una farsa como esta solo por unas monedas?”. No, debía haber algo más.

- No puedo pasarlo por alto, a pesar de que os respalde una Señora. Por tanto, pagaréis lo que debéis a las Arcas Nurnitas. Y lo seguiréis haciendo conforme os corresponda de aquí en adelante, si queréis que vuestro negocio continúe. Si lo hacéis así, se os dejará en paz.

A medida que iba hablando, una idea tomaba forma en su mente. La curiosidad que sentía aumentaba a cada minuto. “¿Por qué no?” se dijo.

- Señor Lofar, me gustaría ver el Oráculo… Querría que también estuviera Inglin pero supongo que esta vez no será posible – dio el último sorbo a la copa.

\"Tan importante es una lúcida retirada como un ataque esforzado\"

Lófar había guiado a la elfa, Señora de Nurn, por el húmedo y sombrío laberinto: caminos resbaladizos en la penumbra rota por escasas antorchas; luego habían entrado en el Túnel negro, y a la antesala... y allí se quedó el pirata.

Nulkaiel entró sola a la gran sala cavernosa del oráculo.

Al acompañar, tranquilizadoramente, a Nulkaiel, había roto, en parte, el encantamiento alucinador del viaje en el miedo y en la oscuridad (elemento básico de la adivinación, en el descubrimiento mistérico), pero Lófar confiaba en que los elementos que quedaban por descubrir a la elfa fueran lo suficientemente impactantes como para sugestionar adecuadamente a esa gran señora. Aunque dio ordenes estrictas para que se moderara la dosis de Soma.

-sólo faltaría que intoxicara a uno de los gobernantes de Nurn, entonces sí que podría darme por muerto- Se dijo Lófar mientras el guardia desaparecía en la tiniebla con las inequívocas instrucciones de su patrón.

El Soma ya corría por las venas de Nulkaiel, había vaciado la copa un tanto desconfiada, pero con la seguridad que da sentirse dueña de todo, señora de la vida y la muerte.

Y muerte fue lo que le susurró la caverna, las piedras, el lago,... todo hablaba palabras negras, palabras de gusanos royendo, devorando lo muerto. Y el lago era lo peor (oscuro y metálico): de sus frías aguas brotaba un hálito siniestro, susurros pardos y de obscena maldad que hurgaban dentro de la mente de la elfa.

Sólo la voz del oráculo, el roce de sus ropas,... las runas al caer, hacían callar a la caverna.

Los huesecillos rebotaron en la piedra y el oráculo las observó detenidamente.

Leyó, en silencio, las suertes:

- La serpiente en la noche, La dama verde, Los hermanos...

Con sus largas uñas recolocaba los huesos (blanquísimos y con Angerthas grabadas) y leyó de nuevo. Estudiaba las runas, las interpretaba... y a través del paño blanco que le cubría el rostro, leía también en los ojos de la elfa, en su alma.

Las estalagmitas se elevaban hasta perderse en la oscuridad, las antorchas danzaban en el viento húmedo y opresor que se deslizaba por las galerías y grandes salas de la cueva, y Nulkaiel escuchaba, absorta, sentada ante el abismo que representaba el lago negro, en la oscuridad palpable, frente al Oráculo.

Al fin, con voz vibrante, dijo su oráculo:

-Ninguno de los Tres obtuvisteis, y él fue condenado por engaño y traición, y aun no os lo perdonáis-

El guardia le ofreció una pequeña copa de cristal con base metálica. Contenía un elixir que nunca antes había visto. Miró con desconfianza el líquido, y después de olerlo disimuladamente se lo tomó decidida a acabar con aquella farsa.

Sentada al otro extremo del lago, la figura pequeña y encorvada que había visto nada más llegar, seguía allí, quieta e impasible.

No habían pasado más que unos minutos desde que tomara el brebaje, cuando los sonidos se hicieron mucho más perceptibles para Nulkaiel.

La noldo creyó oír una voz que le hablaba en susurros, ¿pero de dónde provenía?. Estaban las dos solas, y oía también voces masculinas… Los susurros cesaron por un momento. La elfa miró a su alrededor, sin descubrir más que las estalagmitas y la oscuridad penetrante de la caverna. Y empezó a perder el control de su mente. Las paredes de la cueva le hablaban, “esto no es real”- se decía a si misma, intentando conservar algo de cordura.

Un soplo helado la rodeó, un soplo que parecía surgir del lago negro, y que traía consigo algo más que frío. Traía palabras de muerte, palabras siseantes y oscuras que la desconcertaban. Palabras que no quería oír. En un acto instintivo se llevó las manos a los oídos para dejar de escucharlas, pero fue en vano. Dentro de su mente oía muchas cosas, pero una de ellas sonó en su interior con claridad y fuerza, ”no luches, no te servirá”. La elfa levantó la vista y vio como el oráculo la observaba. A pesar de la tela blanca que caía sobre su rostro, Nulkaiel podía sentir su mirada clavada en ella, y como ahondaba en su mente y en su corazón. Y la noldo se rindió. Se quedó quieta frente al abismo, perpleja y confusa, esperando salir de ese trance, deseando que todo acabara.

La figura se agachó y tiró contra el suelo unos pequeños objetos blancos.

Y entonces la volvió a escuchar, pero esta vez solo a ella, el resto de las voces habían callado.

- Ninguno de los Tres obtuvisteis, y él fue condenado por engaño y traición, y aun no os lo perdonáis-

Sus ojos color miel se abrieron de pronto de par en par. “Nekarion… Annatar“ ¿Cómo era posible que lo supiera?” Era algo que ningún nurnita conocía. Algo que había sucedido varios siglos atrás… a muchos kilómetros. Y solo uno podía saberlo aparte de ella, aquel a quien Nulkaiel culpaba.

- Pero… cómo sabes tu…¿Tienes tratos con Él? – preguntó la elfa, aun bajo los efectos del alucinógeno.

- No, no tengo nada que ver con El. Solo he tenido que leer en tu alma, Selmarien.

La última vez que alguien la había llamado así fue en el año de la invasión de Eregion, y ese nombre desde entonces había quedado prohibido hasta para ella misma.

Todos los sentimientos que ella había procurado mantener ocultos se destaparon en un instante, como si quisieran vengarse por llevar tantos años encerrados.

- Sé que la opinión que te merece este lugar, ha cambiado ahora… –dijo el oráculo- Confiaba en veros por aquí.

- ¿Sabías que vendría? –preguntó incrédula la noldo.

- Así es. No solo alcanzo a ver hechos pasados. Era importante vuestra presencia en estos momentos. Hay algo que debéis saber pues afecta a estas tierras… Pero no sois la única que ha de conocer. Espero la llegada de alguien más.

\"Tan importante es una lúcida retirada como un ataque esforzado\"

La puerta donde se encontraban Lofar y Nulkaiel se abrio lentamente, Inglin que se habia relajado y ahora se encontraba a merced de que la elfa la encontrara fisgoneando, a ella, su compañera en Nurn, no, no podia permitirse esa humillacion. Haciendo lo primero que le vino a la cabeza se puso detras de la puerta que en ese momento el pirata estaba abriendo, dejando pasar primero a su superior.

Los vio partir hacia aquella sala ya conocida para esa, donde junto a su compañero habian planeado tantas pero tantas maldades que no habian llegado a concretar, y hoy bajo el quieto silencio de las grietas, se encontraba alli una superior de Nurn, ¿como habia sido tan inocente de pensar que esto no iba a pasar?.

Una vez que ellos desaparecieron de su vista sigilosamente siguio sus pasos pero un guardia le prohibio la entrada -¿Que haces imbecil?- Le grito la elfa roja de furia -El señor Lofar dio la orden que nadie entrara aqui mientras durara la sesion- Respondio el guardia -O me dejas pasar o te mato, en nombre de ese que llamas señor- El guardia se corrio de la puerta dejando pasar a la elfa la cual la cerro con llave lentamente sin causar tumulto.

Desde una distancia prudente observo como Lofar le daba de beber a Nulkaiel de aquella copa de la que tomaron los siervos que vinieron al oraculo desde miles de kilometros buscando a sus hijos, esperanzados en conocer la clave de la venganza, la posion de la muerte, o el modo de embrujar a sus amigos. Insensatos, es de barbaros el pensar que una vieja agitando una pluma les diria eso, no, ni mucho menos. Su misma ignorancia los llevo a perecer bajo su seno. Pero ellos no tenian la culpa no, eran los insensatos aquellos quienes ofrecian su cuerpo y ellos lo tomaban.

Lofar inclinado sobre el marco de la puerta miraba como su señora era tomada como un conejillo de indias sobre las manos del oraculo. Espero a que la maldita droga hiciera efecto y acercandose sigilosamente desde atras, tomo a Lofar de su vestimenta y lo acerco a ella a tal punto que lo que se dijera entre ellos no lo escuchara nadie mas. Alli dentro se oia la voz del oraculo rebotar en las paredes, resultaba insoportable.

-¿ A que juego estas jugando Lofar? ¿Cual es tu intencion, pedirle a Nulkaiel que forme parte de este intrincado juego? ¿Cual es tu intencion al drogar a un señor de Nurn?. Sabes bien que aqui tu no pierdes, en cambio yo pierdo todo ¡Todo! ¿Me oyes?- La elfa parecia salida de sus casillas. Solto a Lofar.

-Esperare a que todo pase aqui, ambos vamos a dar la cara por esto, no voy a permitir mas estupideces de tu parte- Y sentandose en una silla de piedra que habia fuera del cubiculo del oraculo se destino a esperar a que todo terminara, o a que finalmente empezara.

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

Inglin parecía realmente alterada, y eso divertía al pirata... pero hubiera sido más divertido si su cuello no estuviera en riesgo; y es que Lófar era muy consciente de que, aunque era inevitable que esa parte del \"negocio\" se hiciera pública, estaban en una situación delicada... probablemente no ocurriera nada, no en balde se había aliado con una señora de Nurn, pero sin duda estaban bailando sobre una cuerda floja.

- No he tenido otra opción que acompañar a la Dama Nulkaiel hasta el oráculo... insistió en ello... y no es aconsejable negarse a la voluntad de un Señor de nurn. Ha encontrado la entrada de la cueva y ha entrado haciéndose pasar por una simple \"clienta\"-

Parecía que todo había acabado dentro de la sala del oráculo, ya se oían pasos. Se acercó a Inglin y le susurró al oído -Pero nada sabe de nuestro otro negocio, no ha hecho sinó rascar en la superficie... espero que la oráculo haya sido convincente- hizo una pausa mirando a la puerta por donde de un momento a otro aparecería Nulkaiel y luego continuó en su susurro -He dado ordenes estrictas de que le dieran poco Soma, no podemos arriesgarnos a intoxicar con un potente alucinógeno a alguien como ella... aunque esa vieja loca siempre insiste en que la \"bebida de los dioses\" nunca es perjudicial-

Tras la discusión con Lofar y la inesperada aparicion de Nulkaiel, la elfa había puesto en evidencia quien era el nurnita que colaboraba en el oráculo. Pero no hubo mucho tiempo para aclarar las cosas pues el oráculo se acerco a Inglin y le susurro unas palabras al oído – Alguien te esta esperando en Las Grietas Libertinas, sino te apuras, podrías perderlo para siempre- Tras escuchar estas palabras la elfa miro primero a Lofar, el cual miraba a cualquier lado menos a sus ojos y luego a Nulkaiel que parecía media confundida, sin dudarlo tomo una de sus manos y le dijo – Tengo que partir, sabes que me puede encontrar en las Grietas, te buscare lo antes posible. Discúlpame por dejarte así, confió en que podamos hablar tranquilas –Y tras bajar la mirada un momento se dirigió a Lofar que estaba enfrente de la elfa –Si me llego a enterar de algo malo, lo pagaras- Y esbozando una sonrisa salió de la caverna.

Una vez en la salida busco a Haradriel y le dijo –Vete a las Grietas, allí hablaremos de tu situación. Si para mañana no has llegado, mandare a que te busquen y si te encuentran, no te daras cuenta de que te han encontrado, en verdad no se de que te daras cuenta, pues yo nunca mori. Haz lo que te digo, te conviene- Y sin esperar respuesta dio vuelta y volvió a entrar a la cueva, pero tomo un camino diferente al que había tomado la vez anterior.

No hay peor cobarde que el que no quiere aceptar

Inglin Señores de Nurn

Tenia los ojos cerrados y trataba de pensar, pero las voces en su cabeza no la dejaban,¿que trato tendria Inglin con esa gente?, ¿porque tanta discusion?, en ese momento aparecio la elfa, tal vez para responder sus dudas, pero esa idea fue deshechada rapidamente, Inglin le estaba pidiendo, no, le estaba exigiendo que regresara a la grietas, despues de un momento la elfa desaparecio dejandola con la mismas dudas.

¿Pero a que estas jugando Inglin?, ¿Que piensas tenerme como tu juguete?

la muchacha camino de un lado a otro, ella que tenia una paciencia grande con la gente, comenzaba impacientarce, estaba harta de estar en aquellas tierras, estaba aburrida, cerro lo ojos otra vez y salio rapidamidamente de ahi, llamo a Elvaralas, subio en el y se dirigio a las grietas, ya hablaria con la elfa de su condicion y no precisamente pidiendole.

“Hace ya mucho tiempo que decidí que mi lugar está en el centro y adelante. Ahí es donde elegí estar y es ahí donde permanezco”

Por más que intentaba poner las cosas en orden, nada le encajaba. Nada de lo que había oído, por más que supiera que era real, tenía sentido. Y aquel dolor de cabeza no se le iba. Nulkaiel se llevó las manos a las sienes y apretó con fuerza –maldita bebida, ¿qué diablos llevaría?- ¿Y qué diablos hago yo aquí?.

El tiempo se le había hecho eterno, aunque no habían pasado más que unas horas desde que se aventurara a salir de sus cómodas habitaciones en Rúnya Mindon, para comprobar los rumores que le habían llegado. La anciana hacía unos minutos que había dejado de hablar pero la elfa se había quedado un rato más allí, sentada con la mirada perdida. La noldo se levantó intentando no perder el equilibrio. Respiró profundamente y buscó con la mirada al humano que se hacía llamar Lófar. Pero no había nadie más allí. Sin embargo, a lo lejos le pareció oír unas voces. Se acercó y, acostumbrada como estaba a caminar sin ser oída cuando quería, avanzó por el suelo mojado hasta que las voces se hicieron completamente perceptibles para sus oídos.

“¿Inglin?!”

- Así que eras tu… -dijo apareciendo ante la vista del humano y la elfa

- “Tengo que partir, sabes que me puedes encontrar en las Grietas, te buscaré lo antes posible. Discúlpame por dejarte así, confió en que podamos hablar tranquilas “

-

“¿Y eso es todo?” pensaba la noldo. Esas últimas palabras en susurros que le había dedicado a Lófar no le habían pasado desapercibidas.

- De nuevo solos señor Lófar… ¿me acompañaréis a la salida? – Mientras deshacían todo el laberinto de pasillos y salas, la elfa rompió el silencio. - Aunque reconozco que esto es más “serio” de lo que yo pensaba, todavía hay muchas piezas sueltas para mí en este juego. Por cierto, acabo de recordar algo. Necesito ver a vuestro querido anciano. Me debe algo.

Cuando llegaron hasta la salita donde Astorh seguía contando el dinero, la elfa se acercó hasta la mesa.

- me quedo con esto – dijo recogiendo el collar – no lo merecéis, y el dinero veo que no os falta.

Se reunió con Lófar que esperaba fuera y se dirigieron a la salida.

- Creo que no quiero saber que más hay a parte de lo que vi hoy. Prefiero no indagar ni obligaros a hablar, y sabéis que lo haría. Nada diré a Shulak de esto, siempre y cuando sigáis la orden que os di antes. Pero procurad ser discretos en vuestros asuntos.

Nulkaiel aun no había decidido si ordenaría que le siguieran vigilando mientras pronunciaba estas palabras. Y tampoco era momento de pensarlo, aun estaba aturdida.

\"Tan importante es una lúcida retirada como un ataque esforzado\"