Dicen las historias que existe en Nurn, el rumor de una hechicera. Cuentan que cuando los borrachos van a las Grietas Libertinas, deliran diciendo que han visto una bruja, que les ha dicho el futuro e inmediatamente caen dormidos cuando despiertan dicen no recordar nada, pero el horror no se les despega de los ojos.
Tanto la elfa Inglin como el Sureño Lofar intentan mantener la calma y no darle mayor importancia al asunto, pero frente a los ojos observadores y de mente ágil, delatan un encubrimiento en su intento de ocultarlo.
Lentamente las luces se van apagando en las grietas, ya casi no queda gente consiente en la taberna. Luego de darle una orden a la camarera Inglin baja la escalera que conduce al exterior de la taberna. Un viento frió se desliza sobre sus cabellos acariciando sus mejillas, pero sin apuro la noldo comienza a caminar, deteniéndose de vez en cuando y mirando alrededor, hasta que al fin llego a las afueras de la ciudad. A medida que las casas escaseaban unos grandes árboles negros tomaban protagonismo, hasta que al fin cubrieron todo el paisaje dejando lugar a un ancho camino, que era por el cual transitaba la elfa en ese mismo momento.
Caminando infatigablemente al fin se detuvo frente a un pequeño hombrecito que dormía a los pies de un árbol -¿Ha llegado él ya?- Como única respuesta obtuvo un gesto positivo con la cabeza. Ante esa respuesta la elfa se interno en un camino lateral, acompañada solo del zumbar del viento en las ramas de los árboles, más antiguos aun que el residente de aquel lugar.
Cuando llego al fin del camino se topo con una entrada de piedra, la cual cruzo sin vacilar, una lechuza rodeo su cabeza, y volvió por donde había venido. Tomando un ultima curva, la elfa vio a una anciana sentada frente a un hombre que estaba de frente a ella y dándole la espalda a Inglin, pero ella no necesitaba verle para reconocerlo. Fue la vieja quien habló primero –Querida, te esperábamos, ven toma asiento- analizando la situación la elfa respondió –Nos encantaría quedarnos, pero Lofar y yo tenemos arduos asuntos que atender y no podemos, yo solo he venido a buscarlo aprovechando que esta aquí-. Levantándose de la silla Lofar acoto –Lo que dice mi compañera es cierto, pero no se preocupe, pronto volveremos a vernos y allí definiremos las cosas que faltan- Ambos parados en la salida de la caverna esperaban una respuesta, cuando pensaban que nunca llegaría y se disponían a abandonar el lugar la vieja hablo –Bien, escuchare su parte cuando sea debido, espero saber de ustedes lo mas pronto posible- haciendo una reverencia ambos salieron de la cueva por el mismo camino que había tomado la elfa antes, ambos caminaban pensantes, sin dirigirse la mirada hasta que finalmente el humano corto el silencio -¿Crees que esto beneficie a Nurn? - Inglin guardo silencio un rato hasta que al fin hablo –Mi mente no llega a concebir si será bueno para Nurn, pero te aseguro que si lo será para nosotros. El viento había calmado, solo sus pasos cortaban el silencio –Tienes razón- respondió él –hagamos el intento, no tenemos nada por perder –
