La Guerra de los Clanes

El Renacer Del Pueblo

Escribiéndose...
Escrito el 17-07-2005 14:36 #1

Telimektar, llevaba varios días raros, no bajaba de su bajel y tampoco recibía visitas. Mas Narairë estaba preocupada por el, desde que llegara de la búsqueda de la Reina Neldoriel, ni una sola palabra había dicho ni siquiera en la boda de Laitainë y Archaon. En su mente las palabras de Neldoriel resonaban:

“Ahora mi destino me lleva lejos de estas tierras y una nueva Reina se alzara, nuestro linaje comparte- le dijo”

“Quien es mi señora, al menos dame su nombre, solo su nombre- le dijo

\"Bien conocida por ti es, tu sangre corre por sus venas, y tu hija será la elegida para conducir estos nuevos días- le dijo y esas fueron sus ultimas palabras”.

Este hizo llamar a un soldado y le dio un papel para que se lo llevara a Narairë.

El soldado bajo del gran bajel y monto en su corcel y con gran velocidad recorrió las calles de la ciudad y tras llegar al palacio busco a Narairë y le dijo:

-Mi señora, Telimektar le manda este mensaje- le dijo mientras le daba el papel

- Gracias y dale recuerdos a mi padre y que venga a palacio- le dijo mientras el soldado montaba en su corcel y se iba tras saludarla.

Fue entonces que Laitainë y Archaon entraron en el patio de armas y se dirigieron hacía Narairë que miraba extrañada el papel y Archaon le dijo:

-¿Aun no baja de su barco? Que es lo que le diría Neldoriel para que se quedara así- le dijo

-A lo mejor lo dice aquí- le dijo mientras habría el sobre y leía en voz alta- “Narairë convoca a los capitanes de las compañías esta tarde, al ocaso en el Gran Templo hay que hablar es urgente”

-¿Que ocurrirá?- dijo Laitainë

-Será otra sorpresa de las suyas- dijo Archaon riendo

-Si eso es lo que quiere que sean convocados, ahora mismo- dijo mientras llamaba a un soldado para que acometiera ese encargo.

Mientras tanto en el barco, Telimektar se colocaba sus mejores galas, bajó del barco y monto en su corcel y recorrió las calles tan veloz como si fuera una luz plateada.

Llego al templo y tras apearse del caballo entro en este e hizo llamar a un soldado y le dijo:

-Cuando lleguen los capitanes que pasen a la gran sala de los Valar y que nadie entre en el templo hasta que os lo ordene- le dijo

-Así se ara mi señor- le dijo

Telimektar entro en la gran sala seguido por Laurë y este se sentó a los pies de Tulkas mientras este preparaba junto a un grupo de mujeres la sala para la tan inesperada reunión. En la gran sala se coloco una bella mesa redonda de cedro y se colocaron las sillas para los invitados y en cada una coloco un papel con el nombre de cada uno de ellos. Este miro a las mujeres que estaban colocando jarras de agua y sus correspondientes copas fue entonces que les dijo:

-Gracias por haber ayudado en este cometido pero ahora quiere estar solo, aparte la sala ya esta preparada- les dijo

-Así lo haremos señor Telimektar si necesitáis algo solo debéis llamarnos y vendremos enseguida- le dijo una mujer mayor.

-Lo tendré en cuenta y gracias – les dijo mientras estas se iban de las ala y tras de ellas cerraron las grandes puertas y el silencio inundo la estancia.

Este camino alrededor de la mesa mientras cogía una vela y encendía las grandes pirras de incienso, un suave olor a canela inundo la sala y este pensó en que como que aun faltaba mucho para que llegaran pensaría en las palabras que le dijera Neldoriel mientras descansaba al regazo de Manwë, este se encaramo a la estatua y se tumbo en sus rodillas. Allí se quedo dormido pero un ruido lo despertó y poniendo la mano en su espada miro hacía abajo y vio a Dregnor sentado en el trono mientras que Narairë miraba las notas y esta dijo:

-Tenemos que irnos, mi padre a preparado una reunión de los capitanes- dijo

-I que ¿ acaso no somos los reyes? Tu mandas sobre el y acatara lo que le digamos- dijo riendo

-No me gusta que hables así de el- dijo Narairë mientras cogía un sobre y veía su nombre escrito- veo que yo estoy invitada al igual que tu

-Acaso lo dudabas somos los soberanos- dijo y otra vez se rió

- Aun no- le respondió ella

Fue entonces cuando Telimektar salto desde lo alto de la estatua y quedo entre los dos y dijo:

-El momento ha llegado, sal del trono no te pertenece ya que la Alianza solo tendrá una Reina. No eres nadie para reclamar un titulo que te es negado, y si diera la casualidad que un día desposaras a mi hija yo mismo me encargaría de que no tuvieras ese titulo, eso tenlo por seguro- dijo mirándolo con furia

Fue entonces cuando las puertas se abrieron y por ella entraron los capitanes de las compañías, los más implicados en el ejército estaban allí. Una voz clara resonó en la sala y esta dijo:

-Gracias por haber acudido y ahora tomad asiento mis camaradas- les dijo mientras guardaba su espada

-¿Se puede saber que haces Dregnor sentado en el trono?- dijo Archaon

- Ahora sale de el tranquilo, se confundió de sitio, ¿ no es así Dregnor?- le dijo Telimektar

Este salio del trono pero no respondió a la pregunta de Telimektar y se sentó al lado de Narairë la cual miraba sin poder decir nada.

-¿Por qué nos as reunido aquí y a que se debe?- le dijo Laitainë

-Ahora lo sabrás mi bella dama, una última voluntad tengo que cumplir, ordenada por Neldoriel y ahora sabréis el motivo de mi clausura en el barco- les dijo mientras se acercaba a ellos.

Una calma tensa se poso en la sala y fue entonces cuando Telimektar dijo:

- Ya sabréis que salí a buscar a la Reina Neldoriel, lo que no sabéis es que la encontré pero ella no quiso regresar. Una charla tuvimos en el bosque y ella me dijo” El mal llama a las puertas de la alianza y yo ya no puedo defenderla, mi destino esta lejos de vosotros pero no os diré adiós, es una nueva era para el pueblo y necesita a una soberana capaz de defenderlos como yo no pude. Mi ultima voluntad es cederle el reinado a la joven pero no menos capaz Narairë, de un gran linaje desciende y con tu ayuda podrá reinar como se lo merece este reino, pero no la quiero imponer por eso habladlo con los capitanes y que se elija y no por imposición.” Eso es lo que dijo la dama Neldoriel y ahora os pregunto señores ¿Queréis como soberana a la dama Narairë?- dijo mientras miraba a cada uno de ellos.

Escrito el 17-07-2005 18:01 #2

Un gran siliencio se hizo en la sala, todos quedaron callados, mirándose los unos a los otros, al fin, Árchaon se puso en pie:

- Esa es la desición de mi hermana, y exijo que deba ser cumplida, pues mi corazón me dice que la joven Nararië ha de llevar el peso de esta Alianza, mas, sin duda alguna, guiada y servida de nuestra ayuda- Habló mientras se acercaba a la joven, después tomó su mano y se arrodilló ante ella.

Telimektar sonrió antes las palabras de Árchaon, y en seguida, volvió a sentarse en su correspondiente sitio.

Lo mismo dijo Malenril, apoyando la elección de la nueva reina.

Árchaon volvió a hablar:

- Sólo me queda aclarar una cosa, mas se de la relación entre Nararië y Dregnor, y opto por aclarar que el título de reina solo quedará reservado a vuestra hija, Telimekatar- miró al Maia y giró de nuevo la cabeza- No es nada personal contra vos, Dregnor, pero así ha sido determinada la voluntad de los Dioses...

Y de nuevo, un silencio abrumador inundó al estacia...

Escrito el 19-07-2005 04:23 #3

Mientras estos hechos ocurrían ante el resguardo del sol nocturno una elfa de fríos ojos verdes,de un cabello color sangre y de una postura digna de reyes....sin embargo lágrimas caían sobre aquel rostro oculto por lo pliegues de su capa,andaba lentamente por el camino sobre su caballo y acompañada por un felino de ojos tan verdes como los de su ama

Así llegaba a las puertas de la ciudad capital de la Alianza de Eithel-Glîn esta dama de cabellos ocultos

Escrito el 19-07-2005 18:34 #4

Laitaine se unió a lo dicho:

- Sólo existe el título de Reina, mi señor Dregnor, vos seríais el rey consorte, mas en mi opinión ese título no conlleva ningún derecho sobre el poder ni el trono. Pero si la voluntad de la Dama es cambiar esta situación, que así sea, aunque debo puntualizar que, como ya ha dicho Árchaon, la voluntad de los Valar es que sólo una Reina dirija la suerte de nuestra Alianza, y cambiar, o infringir, esa voluntad podría acarrear consecuencias que desconocemos.

La elfa se detuvo un instante, y continuó:

- Pienso que es mejor aceptar esta voluntad, pues si ese es el deseo de Eru Ilúvatar, debe ser respetado, ya que él ha asignado este poder sobre nuestra Señora, indirectamente. No cambiemos el Destino por una banalidad. - Laitaine se dirigió a Dregnor- Si os unís a la Reina, supongo que será por amor, y no por un lugar en el trono. En este caso, el título de Rey os debería resultar indiferente.

Después de esta reunión, la elfa marchó a descansar la mente.

Amanecía ahora un nuevo día tras las cortinas de la habitación de Laitaine. Un rayo de sol las traspasaba, posándose sobre el rostro de la elfa. Ésta se incorporó, y fue a lavarse la cara a la fuentecilla que estaba en la esquina de la sala, rodeada de plantas trepaderas. Después de desayunar frutas recién recogidas del bosque, Númeniel fue informada de que una extraña había llegado a la ciudad, y que al parecer tenía intención de quedarse. Fue a reunirse con el resto para darle la bienvenida. Una vez hechas las presentaciones y dadas las benciones, la dama fue invitada a un banquete como recibimiento. En verdad era misteriosa aquella dama.

Laitaine fue la encargada de asignarla sus aposentos, así que nada más terminar la comida, se levantó para enseñárselos.

- Mi señora, si no le importa seguirme, le mostraré la que será su habitación.

Ambas se dirigieron a la puerta que conducía al pasillo principal. Tras atravesar grandes salas envueltas en vegetación, y largos pasillos de piedra, llegaron por fin a una puerta labrada.

[Editado por Laitaine_Numeniel el 19-07-2005 21:55]

Escrito el 20-07-2005 02:17 #5

Eleanor se sorprendió por tan caluroso recibimiento y con total prudencia se mantuvo callada.

La elfa al ser llevada ante aquel banquete simplemente retiro la capucha de la capa demostrando su cabello de aquel color rojo intenso y sus ojos fríos.

Notó que el soldado que la conducía aquel lugar se sorprendió por la extraña apariencia de la elfa mas continuó guiandole.

Allí se encontró con seres de distintas razas con los cuales sólo se miro.

Al terminar aquel manjar una elfa se levanto diciendo:

>Mi señora, si no le importa seguirme, le mostraré la que será su habitación.

Sonriendo ella se levantó también aunque su sorpresa iba en aumento....así ambas se dirigieron a la puerta que conducía al pasillo principal. Tras atravesar grandes salas envueltas en vegetación y belleza,por interminables pasillos de piedra, llegaron a una puerta labrada en madera.

En este lugar le dejo la elfa a la cual le dirijio unas palabras que ella habría de entender....Ronaele dijo >Hantalë y la elfa sonriendo se retiró

Aquella habitación era sencilla pero agradable.

Una dulce vista se veía desde aquella habitación,el sol parecía ingeniarselas para iluminar más de lo necesario aquel lugar...la frescura de la brisa que por la ventana entraba deleito a Eleanor

Envuelta por este manto de belleza se baño y cambio sus ropas por un vestido blanco que apenas contorneaba la figura de la elfa.

Sus cabellos quedaron atrapados por una diminuta red roja que desaparecía entre sus cabellos.

Así bajó y nuevamente se maravilló...por la mente de este ser apareció la idea de residir un poco de más tiempo del planeado

Escrito el 23-07-2005 19:51 #6

Una vez dejó a la Dama Eleanor en la puerta de sus aposentos, Laitaine salió de palacio, hacia la Gran Biblioteca. Allí pasó todo el día y parte de la noche, envuelta en historias sobre grandes hazañas que ocurrieron antaño, antes incluso de que los Noldor volvieran a la Tierra Media. Tanto tiempo transcurrió leyendo, sumida casi en un trance, que no notó siquiera la llegada de la noche, y siguió entre los libros iluminada por la luz de la Luna. Sólo la sacó de ese sueño las risas de alegría de unos hombres que paseaban por las calles, y que problamente llevaran más vino de lo normal en su sangre.

Númeniel se dispuso entonces a dejar la gran sala, y descubrió al hacerlo que el celador había dejado la gran llave que la cerraba a los pies de su sillón.

-Espero que si algún día vuelven a atacarnos, no esté por ese entonces leyendo, porque de ser así seguro que sería la última en enterarme y la primera en morir. - pensó la elfa para sus adentros, y una sonrisa escapó de sus labios.

Cogió la gran llave, y cerró la puerta a sus espaldas. Laitaine dirigió sus pasos hacia uno de sus rincones favoritos, en el que la maleza y un arroyo del bosque atraviesan las murallas de Tyelpëosto. Se sentó en una roca, y hundió sus pies y parte de sus vestido en una charca. Últimamente no dejaba de pensar en ciertas cosas. Estaba ella entonando una dulce melodía cuando oyó algo moverse entre las ramas. Antes de que pudiera mirar arriba, su hermano había dado un salto y se había sentado a su lado.

- ¡Fëathoron! Vaya susto me has dado...¡suerte has tenido de que no llevaba mi daga encima! - dijo Laitaine abrazando a su hermano.

- Alassëa lóme, Uibrana, - la elfa sintió un escalofrío cuando escuchó ese nombre.- y dentro de poco tendré que decirte: Alassë \' aurë. ¡Llevas todo el día desaparecida! - su hermano se descalzó y también metió sus pies en el agua.

- Verás...últimamente...el pasado me ronda demasiado en la cabeza...

- ¿A qué te refieres? - la interrumpió su hermano, que a pesar de estar la noche bien avanzada, seguía fresco de mente.

- Pues...no sé...siento ganas de volver a lo que yo era...a salir por las noches a los bosques, a sentarme en una gran hoguera con las gentes de los pueblos y escuchar su música...realizar aquellos rituales en honor a Elbereth...

- ¿Estás diciendo que te quieres marchar? ¿Volver a nuestra antigua vida? ¿Errando sin sentido de un lado para otro? - la reprimió Fëathoron.

- ¡No! No es eso...amo esta ciudad, aquí he encontrado mi sitio, te he encontrado a ti...y no quiero volver a vagar...sólo...no sé...tal vez lo que necesite es desmadrarme...

- ¿Más? - rió su hermano - No creo que sea eso lo que quieres...Laita - él la abrazó - Pasas demasiado tiempo en tu mundo, y eso es lo que te trastorna. Lo que necesitas es algo más de alegría, de fiesta...

- Hermano, eso es lo que te acabo de decir...- Laitaine rió- Bueno, no así exactamente, no tan radical...

- ¡Alegría, hermana! - ambos se levantaron- Vayamos ahora a dormir, y si es lo que quieres, iremos durante un tiempo al bosque, así te demuestro lo buen montaraz que soy. Pero aún es pronto, dentro de unos días se llevará a cabo la coronación, y eso es algo que no nos podemos perder.

Númeniel y Fëathoron fueron cada uno a sus aposentos, y descansaron sus mentes. Hermosos sueños les rondaron, y una sonrisa asomaba en sus rostros dormidos.

[Editado por Laitaine_Numeniel el 23-07-2005 19:59]

Escrito el 25-07-2005 02:09 #7

Cuando Fëathoron finalizó la conversación con su hermana este partió a sus aposentos a descansar, a la mañana siguiente se dirigió a la posada, en el camino encontró en la ciudad a una joven muchacha cuyo rostro relucía con el sol del mediodía pero era contrarestado con sus negros cabellos que parecían absorber dicha luz , mediante un sutil mecanismo…

Fëathoron se acerco a la desconocida y se presentó:

-Aiya , mi nombre es Fëathoron soy hermano de Laitaine y desde hace poco deje de vagar por los bosques para unirme a la defensa de la hermosura de esta ciudad, y vos ¿quien sois?

Tras la presentación y un rato decidió partir a la posada el motivo no lo sabía pero tenía que ir … al llegar junto a él una ave que le resultaba familiar le entregó el siguiente mensaje:

”Señores de Eithel-Glîn,

Os remito la presente con motivo de unos hechos acaecidos en las lejanas tierras del Norte, en los territorios de los Señores de Nurn. Para nuestra indignación, una ciudadana vuestra ha osado quebrantar nuestras leyes, atacando una guardia armada de Elfos que custodiaba las Mazmorras de Las Grietas de las Libertinas.

No toleraremos este ultraje, y habéis de saber que ha sido apresada y trasladada a los lugares más oscuros de Nurn, las Mazmorras de Yaimë Farnë, en Narmelost.

El castigo más severo le será inflingido, a menos que enviéis un representante con labores diplomáticas, a fin de llegar a un acuerdo que satisfaga nuestra terrible cólera.

Sabed que aquél que porte esta carta, gozará de un salvoconducto que le permitirá entrar en los territorios de Nurn, y dirigirse exclusivamente a Las Grietas de las Libertinas, donde le estaré esperando.

Sin más que decir,

Delissë Yestariel, Señora de Nurn”

Inmediatamente pensó en Eleanor y partió en su búsqueda sin previo aviso mas que una carta que pasó a su hermana por debajo de su puerta la cual decía:

”Hermana en busca de Eleanor mi corazón y mi mente me han empujado, mas no me puedo demorar ahora he de partir al encuentro de mi destino y afrontarlo con serenidad, no se cuanto durará mi partida y mientras dure quiero que tu seas la encargada de portar aquí mi sonrisa y mis lágrimas pues tu eres parte de mi y yo lo soy de ti, recuerda que te quiero mucho un gran abrazo. Fëathoron”

P.D.:”Da un apretón de manos de mi parte al gran maestro Malenril, un beso en la frente de mi parte a mi querida reina Naraire, un recuerdo a mi amigo Archaon, y deja un gran adiós en el clan en mi nombre y que todos me recuerden como Fëathoron, sangre de tu sangre”

Y este partió sin demora hacia el desconocido reino dominado por los nurnitas.

Su partida era clara como el agua que recorre los ríos desde las montañas deslizándose suavemente hasta desembocar en grandes mares, su regreso turbio era como la sangre estancada de una batalla que arrastra consigo la pena, tristeza y la maldad…

Fue Raven la última en verlo desde que partió de la hermosa ciudad y quien sabe si sería la última en verlo con vida.

Escrito el 25-07-2005 20:06 #8

Vagaba por el Taurënúva cuando una silueta vio a lo lejos. Un caballo portaba un cuerpo encima y salía de la ciudad con gran rapidez.

El Maia silbó, y al poco un precioso tigre albino salió de entre los árboles: Silvaron.

- Vamos hermano a averiguar quién es.- Sonrió al tigre mientras subía a su lomo.

Rápidamente salieron del bosque, Silvaron recorría ahora raudo la distancia que los separaba del hombre a caballo, y en poco tiempo se colocaron a su altura. El caballo se detuvo. El muchacho descubrió su rostro. Se trataba de Fëathoron.

- ¿Dónde vais con tanta prisa, amigo?- Sonrió Árchaon mientras estrechaba su mano.

- Parto hacia las tierras de Nurn, pues un asunto me empuja allí, Eleanor ha sido hecha prisionera por un delito que cometió, ahora responderé por ella.

- ¿Os acompaño?

- No, Árchaon, pues agradezco la ayuda, pero yo sólo me presentaré ante la Señora de Nurn..

- Está bien Fëathoron, que os sea leve el camino. Nai Eru varyuva len e Mára valto.

- Häntalë Árchaon. Namarië.

- Namarië hermano.

Así, el elfo marchó al galope mientrasel Maia observaba como se alejaba su compañero.

En seguida volvió a la ciudad, mas había escuchado la noticia de que un nuevo miembro había llegado hasta allí, una elfa, y la presintió y la buscó.

Una elfa de pelo oscuro, de ojos verdes cuales los del Maia.

Se acercó a ella y le habló:

- Aiya mi señora. Soy Árchaon, Capitán de la Quinta Compañía del ejército de la alianza.

- Aiya Árchaon- tendió una sonrisa.- Encantada de conoceros, mi nombre es Muineth Edledhriel.

- Encontrad aquí todo lo que merezcáis, mas mi corazón me dice que vuestra vida no ha sido fácil. Sabed, pues, que os ayudaré en lo que necesitéis. Ahora debo irme, ya nos veremos mi señora.

Y tras mostrar una sonrisa se alejó por entre la gente...

Escrito el 25-07-2005 20:12 #9

Como una sombra sobre un caballo silencioso.

Así entró Muineth Edledhriel en la capital de Eithel Glîn.

Venida de muy lejos, la elfa atravesaba el portón de entrada casi sin ser percibida, para su alegría y también para su pesar. No quería atraer las miradas de los extraños, pero echaba de menos una palabra dirigida a ella.

Viajaba por todas las tierras que se iba encontrando, sin rumbo y sin prisa. Había sido expulsada de su hogar por una injusticia hacia ella… no, no debía pensar eso: se le había apartado de los demás elfos por su crimen, un horroroso crimen… totalmente fortuito. Pero así era la ley de los Eldar.

No prestaba atención a las calles que iba atravesando, no veía el mármol de las hermosas estatuas ni las bellas fuentes plateadas que daban nombre a la ciudad. Sus ojos vagaban sobre las crines de su caballo Sador el Fiel, el único amigo que le había acompañado al exilio. Estaban empapadas de sudor a causa del calor y del largo viaje. El valiente animal estaba exhausto.

- Sí derithannen, Sador – “pararemos aquí”, dijo la joven, porque joven era, incluso para los mortales. Aunque la amargura tocaba su rostro, sus ojos no tenían la profundidad de varias eras vividas.

Muineth bajó del caballo y lo llevó hacia una de las fuentes. Allí se sentó, acariciando al animal mientras bebía, y dejó su mente vagar entre el verde follaje de su bosque natal…

- Aiya, mi nombre es Fëathoron soy hermano de Laitaine y desde hace poco deje de vagar por los bosques para unirme a la defensa de la hermosura de esta ciudad, y vos ¿quien sois?

Cogida por sorpresa, la muchacha pegó un respingo y miró al altísimo elfo con ojos agrandados por el miedo. Este le sonrió, y la doncella se relajó un poco. Observó su túnica oscura y… notó algo familiar en ella, pero no lograba saber el qué…

- Suilad, Brannon… - dijo con voz dulce, como el susurro del viento en las hojas- Saludos, Señor. Disculpad mi comportamiento, pero… no estoy acostumbrada a que los míos…

De repente, sus palabras se quebraron. Una nube de tristeza y malos recuerdos empañaron sus ojos de esmeralda. Feäthoron, intrigado por la reacción, preguntó su nombre.

- Mi nombre… -la chica recuperó la compostura, pero hablaba tan bajo que Feäthoron tuvo que inclinarse para oírla- Allá, en Eryn Daergalen, era conocida por… - un suspiro escapó de sus labios otrora rojos, ahora pálidos por el esfuerzo de recordar tiempos penosos- Muineth, la Joven Querida.

Muineth, absorta en sus recuerdos, no notó el cambio de expresión del elfo al conocer el origen de la mujer. Los recuerdos se agolpaban en la mente del majestuoso elfo… pero quería saber más sobre su joven -y asustadiza – pariente lejana…

- Un nombre muy hermoso –sonrió el elfo-, apropiado para vos… ¿Quiénes son vuestros padres? Tal vez haya oído hablar de ellos…

-

Muineth negó con la cabeza. Su cabello negro como el ónice se alborotó sobre sus hombros. Cuando habló, lo hizo con amargura.

- Mi familia y mi nombre me fueron negados tras mi…– Muineth calló; había hablado demasiado sobre su vida pasada, ¡pero hacía tanto tiempo que alguien de su raza no le dirigía la palabra!-… mi partida.

- ¿Y cómo debo llamaros entonces, joven dama? – preguntó Feäthoron, curioso ante la reserva de la joven.

Muineth se sintió desconcertada por la amabilidad mostrada por ese elfo, que adivinaba era de más alcurnia que ella… y seguramente habría viajado mucho más.

- Ya que os he dado mi verdadero nombre –dijo, sonriendo débilmente-, llamadme así: Muineth.

- Así lo haré, Heryn Muineth o Eryn Daergalen– dijo Feäthoron, devolviéndole la sonrisa. Parecía tan desprotegida… dudaba mucho que pudiera siquiera levantar la extraña espada que escondía bajo su negra capa.

“Si necesitáis algo, voy hacia la posada “El Dragón Dorado”. Allí estará mi hermana, Laitane. La reconoceréis enseguida: es alta, y lleva un brazalete de plata con un delfín. Os acogeremos con gusto en el seno de nuestros amigos. Cuio Mae, Meldis nîn”. Y dicho esto, Feäthoron partió.

- Cuio Mae, Brannon… - murmuró como en un hechizo Muineth mientras veía alejarse al elfo. Había sido encantador con ella, como no lo había sido ningún elfo desde su caída en desgracia… pero, ¿qué era un delfín?

Para su asombro, su caballo dejó de beber y empezó a correr tras Feäthoron. Por mucho que lo llamara – Sador, Tolo! “¡Sador, ven! – el animal no obedecía… al cabo de un buen rato persiguiéndolo por la ciudad, lo encontró ante una puerta con un dragón dorado pintado en ella. No había duda: estaba en “El Dragón Dorado”, la posada que el Elda le había dicho.

Ató al animal en una posta mientras lo reñía, y entró en el local. Multitud de seres de todas las razas se sentaban en la barra o comían en las mesas, mientras reían ruidosamente. En medio de todos ellos, una elfa de pelo rubio-castaño, asombrosamente parecida a Feäthoron, parecía ajena a la diversión. Muineth brincó al ver el brillo de un brazalete en forma de un animal extraño… supuestamente, “eso” debía ser un delfín…

- Suilad, Heryn –saludó Muineth en su lengua- Mi nombre es Muineth y creo saber que sois Laitane, hermana de Feäthoron…

- Y yo creo saber que vos sois la muchacha de Eryn Daergalen de la que mi hermano habló antes de marchar… -dijo la bella Laitane con una voz que a Muineth le sonó a las olas del mar… aunque nunca había visto el mar- Sed bienvenida a Eithel Glîn.

¿Marchar?

- ¿Vuestro hermano ha salido de viaje, señora? –preguntó con tristeza la muchacha: le había caído bien… y lo que era más importante: era el primero de su raza que le hablaba en tanto tiempo…

- Así es, me temo… pero no es un viaje cualquiera –Laitane hablaba con calma, pero en su voz se notaba un deje de temor-: una emisaria de este reino está en problemas en las tierras de Nurn y él ha acudido en su ayuda. Con la ayuda de Elbereth volverá pronto…

Muineth no habló. Había estado en Nurn no mucho tiempo atrás, y sólo gracias a su habilidad para escabullirse había salido indemne de esas tierras de guerra…

Acarició la empuñadura de Cristaras, su espada con empuñadura de cuerno de ciervo, como siempre hacía cuando se encontraba angustiada…

- Si me necesitáis, Señora… -su voz sonó temblorosa, pero sincera- mi espada está a vuestro servicio.

Escrito el 25-07-2005 20:47 #10

Laitaine Númeniel tenía aún la carta de su hermano entre sus manos. Estuvo pensando bastante tiempo y, finalmente, se dirigió a la biblioteca de Tyelpëosto. Allí escribió estas palabras a Fëathoron:

Hermano mío,

La noticia de tu partida me ha tomado completamente por sorpresa. Ten cuidado. Y libera lo antes posible a la Dama Eleanor. Pero no podré esperar a tu regreso, sabes bien que llevo días escuchando en mi mente la llamada del Bosque, de la vida errante, y no puedo desoírla. Creí que partiríamos juntos, mas no puedo demorar más este ansia en mi pecho. No te preocupes, cuando logres salir de las tierras de Nurn, sabrás donde encontrarme.

Uibrana

Firmó estas palabras con un sello con la marca de dos delfines entrelazados. Enrrolló el pergamino, y lo ató a las patas de Henmegor, su halcón. Salió la elfa a una gran terraza, y le soltó. Laitaine le siguió con la mirada, hasta que sus ojos de elfa no fueron capaces de seguir a su ave, rumbo a las tierras de Nurn.

Mas tarde bajó la elfa hacia la posada, y allí se encontro con la Dama Muineth. Al conocer los hechos, ésta no dudó en poner su espada a al servicio de Laitaine, hecho que ella agradeció:

- Se lo agradezco enormemente, mi señora, pero no creo que pueds, podamos, hacer nada por ahora. - Su mirada denotaba tristeza. - Y, decidme, ¿cómo que nunca habéis estado en el Mar? - Se detuvo momentáneamente, y siguió. - Aunque debo deciros que, el verlo una sóla vez, a él y a sus criaturas, por muy hermoso que sea luego te deja un gran peso en el corazón. Por eso yo procuro estar cerca de él.

- Si, he oído historias sobre el Mar, mas nunca a nadie he oído nada acerca de los delfines, a excepción de a vuestro hermano.- Respondió Muineth.

- ¿Delfines? Son las criaturas más hermosas que existen. Mirad. - La enseñó el brazaleta que llevaba. - ¿Bonitos, verdad? - Laitaine sonrió a la recién llegada, y pidieron algo para almorzar.

[Editado por Laitaine_Numeniel el 25-07-2005 20:49]