Sobre los árboles se alza la capital del reino de Nan-Tasarion situada en algún lugar de Taurë Nan-Tasariona. La espesura del bosque y de la permanente niebla que lo rodea, conforman un laberinto para aquellos extranjeros que la cruzan. Solo aquellos que saben guiarse entre los enormes sauces y la niebla pueden encontrar la senda que conduce a la ciudad sagrada de Sulëdaelessar. Sulëdaelessar recibe el nombre de la gran piedra que descansa bajo esta. Esta piedra es, según cuenta la leyenda, una estrella que cayo del cielo en los días antiguos dejando tras de si jirones de llamas malvas. Adorada durante años por tribus salvajes de elfos y medianos, la gran piedra malva, descansa en un viejo círculo de piedras sagrado. Es este círculo la antesala de la ciudad y él que indica la llegada a ésta a través de las ramas, donde sus bellos edificios élficos se engarzan como joyas alrededor de las copas de los árboles, la mayor de las cuales es el capitolio, el edificio de reunión de los señores de Nan-Tasarion y donde se toman la mayoría de las decisiones. Es en el capitolio donde se guarda el Cuerno del Árbol Férreo, símbolo del concilio y regalo de los ents vecinos en la edad del primer concilio, en la que se hicieron los juramentos de ambos pueblos y los ents prometieron acudir a la llamada del cuerno cuando los señores, protectores del bosque, se vieran comprometidos.
Fueron en las tierras de la Sulëdaelessar donde se forjaron las bases del Concilio de Nan-Tasarion, y en las que aún permanecen intactas y pulcras.
