Harma I Nóm, el Tesoro de la Sabiduría, se encuentra en las cercanías de Eryn-Dînen. A los ojos de los escasos viajeros de esas tierras se presenta como una gran mansión muy antigua a la que los numerosos años no han podido tocar. Por fuera es de un color dorado pálido, que imita a la gran Osto Telemna, y que resalta por sobre la vegetación del Bosque Silencioso. Es un edificio no muy alto pero su gran torre central le da un aspecto imponente y magnífico.
Ya el manto oscuro de la noche empezaba a caer sobre la Biblioteca de Harna-Dîn cuando Hwesta descendió lentamente del tercer nivel. Bajó por la hermosa escalera de caracol que se encontraba en el centro de la imponente sala. La semiespectra llevaba una vela con un candelabro de oro en sus finas manos. La luz que la bañó le realzó el color de la piel, no era un color cálido, humano. Era blanca, tan blanca que podría ser translúcida. Daba la impresión de poder atravesar el dulce cuerpo de la mujer con una mano cual condenado fantasma. Y los ojos... que alguna vez habían sido de un celeste intenso como las aguas del Nén-a-Yár, ahora eran grises, vidriosos, y siempre parecían dispuestos a romperse. Pero aún así eran brillosos y despedían una atrayente luz.
Dos visitantes la observaron temerosos mientras bajaba cada escalón como con un especial cuidado de no perturbar el silencio circundante. Probablemente no verían a la mujer en la oscuridad de la escalera si no fuera por el vestido color marfil que vestía la mayor parte del tiempo que contrastaba con la alfombra escarlata de los escalones. Hwesta bajó hasta el segundo nivel de la Biblioteca y se dirigió a uno de los cuatro grandes ventanales: corrió las pesadas cortinas de terciopelo escarlata y encendió los pequeños candelabros de oro que se encontraban a los lados del ventanal. Luego recorrió las largas filas de libros e hizo lo mismo con los tres ventanales restantes.
Ahora la gran sala se encontraba casi a oscuras excepto por las pequeñas luces del segundo nivel. La mujer bajó despacio al primer nivel y comenzó a prender las velas que se encontraban en las mesas redondas. Al pasar al lado de la mesa de los visitantes, notó que aún la miraban fijo, entonces les dedicó una fría mirada que recalcó toda su naturaleza espectral Esto atemorizó a los hombres y no dudaron en abandonar los libros que leían. Se levantaron precipitadamente de sus sillones de color escarlata y huyeron despavoridos dejando las puertas de entrada abiertas de par en par.
Hwesta Delwen observó la escena por unos instantes. Le resultaba divertido ver huir a los hombres de aquella manera, ellos que se ufanaban de tener gran coraje… Soltó una pequeña risa que se perdió rápidamente. El silencio espectral era obra de Eryn-Dînen y nada podía hacer contra ello.
Los hombres habían dejado una montaña de libros de hechicería en la mesa. La semiespectra humana empezó a ubicarlos en sus sitios correspondientes. Conocía esa Biblioteca por entero y podía deducir fácilmente adónde iba cada libro. No necesitaba ayuda para acomodarla. Cuando hubo terminado observó la enorme sala con orgullo: el primer nivel estaba recubierto de estanterías de madera muy trabajada, de un color marrón muy intenso, como lustrado en todo momento. No existían paredes en aquel enorme salón, sólo existían libros. Libros pequeños, grandes, antiguos y no tanto.
La mujer se dirigió a las pesadas puertas para cerrarlas pero al asomarse afuera vio la noche estrellada, los astros tiritando y la luna llena. No pudo evitar salir de Harma I Nóm para deleitarse unos momentos. Hwesta siguió el camino levemente marcado, apenas se distinguible de la hierba, que lleva hacia la Biblioteca y de pronto vio llegar a un hombre encapuchado. La semiespectra suspiró pero el Bosque se llevó el suspiro. El hombre pasó a su lado y la saludó con un leve movimiento de la cabeza. Ella asintió y se volteó para observarlo entrar. Al cabo de unos momentos, ella también entró a Harma I Nóm y cerró las puertas de madera lisa.
[Editado por Iriel el 10-11-2004 00:46]
