La Guerra de los Clanes

Meril-Morn - La Rosa Negra De La Hechicera Loth-Loss, El Refugio De Una Mente Oscura

Escribiéndose...
Escrito el 26-10-2004 17:30 #1

\"Meril-Morn\"

En lo más profundo de Eryn-Dînen se haya enclavada entre marañas de vegetación, la vieja casa de piedra de Loth Loss.

La morada habitada por Loth-Loss es una casona de planta rectangular comprendida en dos plantas. Meril-morn no comprende una gran extensión sin embargo es suficientemente amplia como para vivir en ella con holgura.

Confeccionada en grisáceos y anchos bloques de piedra. Tiene aspecto antiguo, y desolador, pues en el aire que deambula por la zona apenas se atisba un ápice de alegría, parece haber permanecido allí enclavada durante siglos, olvidada por el mundo. Pese a ello en su interior se conserva en perfecto estado. Por sus paredes se encarama, casi cubriendo la superficie en su totalidad, la espesa y verde hiedra. Su techo esta confeccionado con espeso y frondoso musgo en el que destaca la amplia chimenea de piedra tallada, que representa un dragón de cuya boca emana humo permanentemente, ya que Loth-Loss jamás cesa de confeccionar todo tipo de ungüentos y pociones que luego vende en Barad-Avatel.

El interior de la casa, es rústico no obstante la muchacha lo tiene sinuosamente decorado, pues no rechaza nunca algún lujo del que pueda proveerse. Tanto es así que por ejemplo su lecho tiene los cabeceros en una simple madera tallada de pino y sin embargo sus sabanas y dosel están confeccionados en seda y terciopelo.

La planta primera, esta dedicada en exclusiva a estancias en las que Loth-Loss se dedica a sus labores y trabajos, estas son:

La amplia cocina, donde la joven suele pasar la mayor parte del día, en la que destaca un inmenso hogar de mármol gris en donde siempre hierve ruidosa una gran olla, la cocina está comunicada mediante una redonda puerta de madera de nogal, tallada con siniestros motivos, al huerto de donde recoge sus ingredientes mágicos.

La alacena, habitación próxima a la cocina, carece de ventanas pues la mayoría de los elementos que esconden precisan de la oscuridad para mantenerse, es muy surtida, sus paredes están cubiertas de grandes estantes excavados en la piedra, donde guarda los productos que utiliza para sus hechizos y donde almacena las pociones confeccionadas una vez terminadas.

Un pasillo comunica la cocina y la alacena con la entrada principal de la casa, al fondo del pasillo en la parte opuesta a ambas estancias existe una pequeña habitación a modo de armería donde repara y cuida sus armas, cuyo aspecto se asemeja más a un pequeño y rústico taller que a una armería propiamente dicha.

Por último se haya una curiosa habitación a modo de despacho lleno de manuscritos y recetas confeccionados y recopilados durante siglos. Esta es de las habitaciones más amplias de la casa, en ella destaca la hermosa chimenea de mármol blanco en la que sobresalen los relieves delicadamente confeccionados con motivos elficos, en el interior del hogar arde constantemente un misterioso fuego, la estancia esta decorada de una manera muy suntuosa, con ricos muebles y delicados objetos de valor.

La puerta principal de la casa, es un inmenso portón de madera de roble tallada, en la que se ve claramente la efigie de un dragón cuyos ojos confeccionados en rubíes trabajados, cuyas escamas engastadas y realizadas en nácar brillan a la luz del sol y la luna, en la boca de este sustenta una rica aldaba de oro.

Dicha puerta da a un pequeño recibidor, cuyas gruesas paredes están recubiertas con finos y complicados tapices, el suelo de mármol negro esta recubierto por una espesa y suave alfombra roja de doble nudo ribeteada con hilo de oro. Este recibidor comunica directamente con el pasillo y en una de sus paredes próxima al nacimiento del pasillo se encuentra un espejo oval enmarcado entre extrañas serpientes de lengua viperina que muestra a la elfa a todo aquel que ose acercarse hasta su morada.

Al fondo de la entrada destaca la gran escalinata de caracol, confeccionada en madera de ébano y cuyo pasamano tallado en plata, representa una cobra enroscada. El cual comunica las dos plantas que comprenden la vivienda, esta escalera sólo permite el ascenso a la dueña, cualquier extraño que ose subir por ella, se dará de bruces con el suelo al desaparecer los peldaños y ser sustituidos por una resbaladiza rampa.

La planta segunda esta dedicada únicamente a las dependencia privadas de la la elfa. Estancias privadas se comprenden en tres habitaciones:

Al subir por las escaleras tan sólo se encontrará un pequeño distribuidor, cuyas paredes están recubiertas en su totalidad por espejos sin marco alguno unidos entre si. La única luz del día que penetra en esa estancia pasa por un tragaluz con forma de estrella magníficamente acristalado que hay en el techo. Aparentemente no se encuentran puertas en el distribuidor y sólo Loth-Loss sabe la ubicación exacta de esta y el contra hechizo para penetrar en ella.

Esta puerta secreta da a los aposentos de la elfa, concretamente nada más traspasar el umbral se haya el tocador, se trata de una pequeña estancia, luminosa, en la cual solo se encuentra un delicado tocador de madera con un inmenso espejo, todos los utensilios que se encuentran sobre el, están confeccionados en cristal.

Por una puerta disimulada por una cortina de seda violeta, se accede al dormitorio, cuyo interior esta cuidadosamente decorado, sedas y terciopelos en tonos morados y negros recubren la estancia, de suelo en mármol negro, la cama con dosel es la que domina el centro de la habitación y los muebles en su mayoría de madera están cubiertos por ostentosos objetos. Amplios ventanales cubiertos de hermosas vidrieras dan luz a la habitación. Una puerta acristalada da acceso a un pequeño cuarto realizado en mármol blanco en el que destaca una sencilla tina del mismo mármol, y que está iluminado únicamente por una ventana pequeña y circular.

Por la casa y alrededores ronda libremente su gata Undóme, que aparece y desaparece cuando menos se espera. Undóme es una gata persa de delicado pelaje blanco y profundos ojos azules, que brillan de manera especial. De cuyo cuello pende una cinta de terciopelo rojo que sustenta cascabel de oro que lleva tallado su nombre, el cual en ocasiones sirve para delatar su localización. Undóme rechaza a todos los extraños y sólo se deja coger y acariciar por su dueña.

En el terreno que rodea la casa existe una hilera de grandes setos que hacen las veces de muro, delimitando el fin del terreno de la finca con el bosque que la rodea.

En ese terreno, se encuentra en el lado de poniente bajo la sombra de un inmenso roble, una cabaña de madera que tiene la función de establo y cobertizo, donde Loth-Loss cuida y guarda a su caballo Morne, hermoso corcel de pelaje negro y de ojos rojos flameantes, que solo se deja montar por la elfa que lo adiestró.

Al lado izquierdo de Meril-morn, próxima a la puerta que da acceso a la cocina, se encuentra un pequeño huerto; en el que la joven cultiva sus propias plantas mágicas y de producción comestible, bordeándolo se encuentra un cuidado y armonioso jardín, plagado en su totalidad por rosas negras y rojas que nunca mueren.

En su terreno mana un manantial de aguas claras y limpias (que tienen la propiedad de hacer crecer más deprisa a todas aquellas plantas que reciben el limpio líquido) con las que riega el huerto y el jardín, y donde acuden las bestias del bosque a saciar su sed.

Al lado derecho se encuentra la siniestra pajarera de oro tallado en donde se halla Lumbo el cuervo de pico de plata, mensajero y ojos en las alturas de la hechicera, esta inmensa jaula dorada se haya franqueada por una inmensa rosaleda, que expande su delicioso aroma por toda la finca.

La parte posterior de la casa esta bordeada por una arboleda enebros, en cuyos espinosos nidos, habitan todo tipo de aves nocturnas, engarzada entre los enebros, se alza escondida una pequeña torre de piedra negra, antiguo bastión vigía que Loth-Loss utiliza como un siniestro palomar donde alimenta a sus aves y enseña a volar a sus poyuelos recién salidos del cascarón, a la parte superior de la torre se accede mediante una estrecha escalera de piedra de pequeños peldaños que dificultan la ascensión.

Meril-morn tiene un difícil acceso, pues la espesa vegetación que la rodea no permite encontrar el sendero que de con ella. Para mayor dificultad una espesa bruma gris cubre la zona, haciendo que se extravié cualquier intruso que por allí se tope. Sólo los miembros del clan saben su enclave exacto y pueden siempre que quieran acudir sin que Loth-Loss los hechice.

\"Meril-Morn\"

Escrito el 26-10-2004 17:30 #2

El sonido de la pequeña fuente que fluía desde el centro de la finca serenaba a la elfa, las aguas cristalinas brillaban con la luz del sol de mediodía, el canto de las aguas tan solo era interrumpido por el trino de algún pájaro.

Loth-Loss estudiaba un antiguo manuscrito bajo la sombra de un pequeño sauce. El pergamino se encontraba algo ajado y amarillento por el tiempo, pero que mantenía intactas las runas plasmadas en tinta verde, de cuidada y hermosa caligrafía, pues Loth-Loss era amante de las cosas bien realizadas.

Cuando el día era apacible Loth-Loss, salía al exterior, a disfrutar del jardín que rodea la finca, impregnandose en el delicioso aroma de sus rosas. Abandonado de esta manera, el acogedor salón de Meril-Morn, portando en sus delicadas y suaves manos de doncella, algún tomo ricamente encuadernado o un extenso rollo de pergamino. Casi siempre, al abandonar la casa, era seguida por su gata Úndome que exigía entre maullidos la atención de su ama.

Escogía el lugar a razón de la situación del sol, su estado de ánimo y el tiempo que iba a dedicarle. Una vez escogida su ubicación, Loth-Loss con un leve y grácil gesto se situaba y atusaba su elaborada vestimenta. Más cuando posaba su verde mirada sobre los escritos, su mente parecía absolutamente perdida entre las líneas.

La elfa leía con sumo interés y dedicación, ajena a la frondosa y extraña vegetación que la rodeaba, ni tan siquiera parecía percatarse del duro ir y venir de su fiel servidor Baruk. Ocupado siempre con las tareas más pesadas y duras de Meril-Morn.

Baruk un enano, de cabellos castaños, rostro de facciones duras ocultas por barba larga y espesa, de rudas formas y manos hábiles. Observaba de reojo a su ama entre idas y venidas.

Jamás había visto permanecer ociosa a Loth-Loss. Las largas horas del día las empleaba: en el extremo cuidado que propinaba a sus animales, confeccionaba pociones e ungüentos entre los fuegos, ollas y pucheros en la amplia cocina de Meril-Morn, empleaba mucho tiempo bajo la reclusión en la sala principal del piso inferior, leyendo con avidez, escribiendo asiduamente y desempolvando algunos retazos de su amplio repertorio en magias y poderes oscuros, recopilados a lo largo de los años. Apenas probaba bocado y si se sentaba a la mesa era siempre durante breves instantes. Más de una vez la había visto partir sola o montando a Morne, realizaba extraños viajes entre la foresta de Eryn-Dînen y no solía regresar hasta que la luz del amanecer comenzaba a vislumbrarse en el horizonte.

El enano no osaba hacer preguntas al respecto, pues sabía que era mejor no provocar la cólera de la elfa, ya que esta, era muy celosa al respecto de sus quehaceres y estaba dispuesta a mantener su privacidad intacta. La última vez que vio a Loth-Loss furiosa, vio como Anna, la antigua doncella perecía bajo la ira de su ama, todavía se levantaba entre sudores tras recordar en alguna pesadilla nocturna, la dantesca escena de la que fue testigo.

Aquel fatídico día el mismo se ganó una horrible cicatriz, que le surcaba la mejilla derecha y que le llegaba hasta la boca, y que se la realizó Loth-Loss con el afilado Êgrhach, el puñal de hierro negro y empuñadura de oro que ella siempre portaba bajo sus ricos ropajes. Del comienzo de aquella disputa nada supo nunca, mas Baruk aprendió que tenía que andar con tiento, ser discreto y mantener satisfecha a su cruel ama.

Aquel Naughlath sentía una extraña atracción por su ama, a la que admiraba y defendía a capa partida. Pese a sus rarezas reconocía, que era hermosa, aun que aquella apariencia delicada, ocultaba a una elfa fuerte y combatiente con el destino y la adversidad. Sabia e inteligente, como buena nolda era hábil con el don de la palabra, solía dejar a su interlocutor sin respuesta alguna para tan elaborado e intrincado lenguaje.

Sin embargo a pesar de las diferencias de talante que tenia con su dueña y Señora, Baruk se sentía embaucado por aquellos misteriosos ojos verdes tan penetrantes y hechizantes. Cuando su ama le hablaba, procuraba no mirarlos directamente, pues era imposible queno quedase hipnotizado por su bruja mirada, y sin ser dueño de sus actos los observara embobado con total desvergüenza y falta de respeto hacia su Señora, hecho que con seguridad podría traerle severas consecuencias. Baruk no dudaba de que quizá se estuviera volviendo loco, pero aquella elfa de cabellos rojos cual la sangre despertaba una siniestra fascinación en él.

Loth-Loss levantó la vista del manuscrito durante un leve instante. Fue entonces cuando su mirada fría y orgullosa se encontró con la de Baruk. Este asustado y sorprendido tras haber sido descubierto por su ama, volvió presto y con paso liguero a sus ocupaciones. La elfa lo miró partir, con ojos inquisitivos. El enano nervioso apretaba el paso, sintiendo la verde mirada de su ama sobre su maltrecho costado, preso del pánico casi acabó perdiendo su carga por la torpeza de aquella acción forzada. Loth-Loss dibujo una maléfica sonrisa entre sus rojos labios al observar la asustadiza reacción de su siervo ante un gesto tan simple.

[Editado por Elen-Formen el 26-10-2004 17:31]

[Editado por Elen-Formen el 26-10-2004 20:01]

Escrito el 27-10-2004 17:24 #3

Al atardecer, las nubes, movidas por un frío viento norteño, cubrieron con un grisáceo y espeso manto, el cielo de Eryn-Dînen.

El crepitar de los troncos ardiendo en el hogar y el leve ronroneo de Úndome que dormitaba, sobre un grueso tomo que yacía abierto sobre la mesa, eran los únicos sonidos que se percibían en confortable la estancia.

Loth-Loss paseaba de un lado a otro del salón, sobre la suave y mullida alfombra, que amortiguaba sus pasos, tan ligueros que apenas eran perceptibles. Su mente estaba sumida en los más profundos de sus pensamientos. Ensimismada, concentrada en sus tejemanejes, se sentó en un cómodo sillón, mirando al fuego.

El viento comenzaba a soplar con fuerza, moviendo las ramas de los árboles y haciendo que las rosas perdiesen algunos de sus pétalos. Los densos nubarrones disminuyeron la luz del que fue claro día.

La verde mirada de la elfa, se perdió entre las crepitantes llamas, parecía seguir atenta el juego de luz y moviendo del fuego. La incandescente forma iluminaba la pálida piel de Loth-Loss, pronunciando levemente sus bellos rasgos, que adquirían severidad conforme avanzaba en sus propias cavilaciones.

Unos cortos golpes seco, en la puerta de nogal que daba acceso a la estancia, despertó a la elfa de sus pensamientos.

Sin volver la vista hacia la puerta y con voz clara y autoritaria dio la orden de entrada: - ¡Adelante Baruk! Podéis pasar-

El enano, penetró al salón, algo encogido por el respeto que le guardaba a su ama y por el frío que hacia en el exterior, y que había tenido que soportar hasta concluir sus tareas.

Úndome, tras el ruido que había provocado el enano, se despertó vagamente, se desperezó bostezando y se aseó rapidamete. Tras ello caminó con suavidad hacia el borde de la mesa y con suma maestría bajo al alfombrado suelo de un salto, sus pasos se dirigieron hacia la puerta entre abierta, saliendo del salón, seguramente se encaminaba con paso felino hacia la cocina donde podría calentarse en el hogar y dormitar deleitándose entre ricos y exóticos olores entre pucheros y cazuelas. Sus pasos se perdieron dejando los tintineos de su cascabel flotando en el aire.

Baruk se quedo cerca de la puerta franqueándola, miró fríamente a la gata al pasar por su lado, pues de todos los animales de la finca tan sólo Úndome le propinaba una merecida desconfianza. Los oscuros ojos del enano dieron un rápido vistazo por el salón, hasta que se percataron de que la elfa se hallaba parapetada en un sillón frente a inmensa la chimenea que gobernaba el salón. Pese a que estaban algo distantes no se atrevió a dar un paso al frente, al menos no, hasta que ella se lo pidiese.

- ¿Terminasteis ya con vuestros quehaceres? – Pregunto con desgana Loth-Loss desde el gran sillón en el que estaba acomodada.

- Así es mi Señora, he realizado todas las tareas que me han sido encomendadas, hasta ahora – afirmó el enano.

- Espléndido, Baruk – dijo ella fríamente, sin dirigirle la mirada – ¿Y bien? – Añadió con cierto desprecio- ¿Se puede saber a que esperáis, para dar luz a esta sala? ¡Por Morgoth, cada día estáis mas torpe!-

Tras estas palabras, que resonaron por todo el salón, la elfa se levantó airada, dirigiendo sus pasos hasta el píe, de la imponente chimenea de mármol.

Mientras Baruk oprimido por su despiste, observó como en los claros ojos de su ama brillaban las llamas del fuego que se consumía en el hogar, o quizás eran las llamas que reflejaban su propia ira. No se detuvo a comprobarlo y presto abandono la estancia con un rápido: - Con vuestro permiso mi Señora –

Regreso presto con los instrumentos necesarios para iluminar la media docena candelabros de plata que había en el salón. Tardo algo de tiempo en prender todas las velas, pues cada candelabro tenía siete brazos por iluminar y aquella era una tarea cuidadosa.

Loth-Loss se encontraba apoyada en el alfeizar de chimenea, sus finos dedos recorrían con las yemas los elaborados relieves tallados en el mármol.

Un brusco cambio en la dirección del viento hizo que la elfa dirigiera su vista hacia los amplios ventanales que dominaban todo el jardín hasta los setos, perdiéndose el horizonte en la arboleda del frondoso bosque. Ante tal hecho los ojos de la elfa se agrandaron y sonrío con franqueza, sus espesas y pésimas cavilaciones se habían disipado en un instante.

Baruk que la había observado desde un rincón de la hermosa sala osó preguntar: - ¿Ocurre algo mi Señora?-

La sonrisa de la elfa se mostraba rara vez, y el enano estaba convencido de que había percibido algo bueno sin duda pues la expresión de su bello rostro había cambiado por completo, y ahora se mostraba contenta.

Loth-Loss clavó al fin sus verdes ojos sobre el barbudo rostro de su siervo y le habló con voz melodiosa y alegre: - Dejad eso que estáis haciendo Baruk, partid a la cocina y preparad una abundante cena, pronto sabréis que sucede…-

Y el enano marchó presto y condescendiente a las órdenes de Loth-Loss hasta la cocina, murmurando palabras en su inteligible lengua. Extrañado dey algo confuso, sin acabar de comprender muy bien que era aquello que se avecinaba y que congratulaba de sobremanera a su ama.

Escrito el 28-10-2004 18:39 #4

La noche calló rápidamente sobre Eryn-Dînen, fría y ventosa. La oscuridad nocturna acabó adueñándose de la escasa claridad que los densos nubarrones habían dejado persistir. Las nubes tomaron una forma más contundente y la tormenta estalló finalmente sobre Meril-Morn.

La lluvia caía espesa sobre crecida hiedra que trepaba por las paredes de la casona. El musgo que recubría el tejado succionaba las continuas gotas que caían del cielo. Las fuertes ráfagas de viento azotaban la arboleda que rodeaban la casa, retorciendo sus ramas y agitando su recargado follaje. Las bestias del bosque y los animales de la finca, se habían refugiado en sus guaridas desde mucho antes del ocaso, pronosticando así la futura tormenta que estaba por llegar y que finalmente descargó con furia todo su poder.

En la morada de Loth-Loss, los habitantes permanecían ahora, ajenos a lo que sucedía en el exterior de las cálidas alcobas que componían la ilustre casona, debido a que una ferviente actividad había tomado la casa, pues se preparaban para la extraña visita que iban a recibir. Los preparativos se aceleraban a medida se acercaban a la media noche. Puesto que la Señora de Meril-Morn, había predecido para entonces la llegada, de aquellos a quienes esperaba.

Los cristales de los amplios ventanales de la cocina estaban empañados, debido al intenso calor que proporcionaba el del hogar repleto de leños ardientes y de los pucheros puestos al fuego que exhalaban continuamente vapores.

Loth-Loss tras anunciar sus planes para aquella desapacible noche, se había recluido en la despensa, ella misma se dedicó intensamente a la elección de las viandas que llenarían la mesa. No escatimo en absoluto, ni en cantidad, ni en la calidad de los manjares delicadamente escogidos. Incluso abrió se una barrica en la que guardaba el mejor de sus vinos.

Baruk como siempre se dedicaba al trabajo más sucio, el despiece y deshuesado de las piezas, el trasporte de los ingredientes de la alacena hasta la cocina e incluso se vio obligado a salir a la intemperie pese a la horrible noche en la que se hallaban, para abastecerse de leños y echar un vistazo cuidadoso a los animales de su Señora, para ver como se encontraban.

El ambiente en aquella estancia era un tanto asfixiante, o al menos así le parecía al siervo de Loth-Loss. El mandil de cuero de Baruk estaba ensangrentado así como parte de su rostro, salpicado por las vísceras sanguinolentas de los animales que tuvo que despellejar para cena. De vez en cuando el enano maldecía en voz baja, aquella inesperada visita que triplicaba sus tareas y que con plena seguridad le privarían de sus horas de sueño hasta casi el alba.

- Dejad de gruñir en esa horrible lengua, Baruk, y terminareis antes vuestras tareas – Sentenció elevado su voz de entre el bullir de las ollas Loth-Loss – Mas os valdría apuraros y cesar vuestras absurdas quejas-

Baruk silenció sus palabras mas sus pensamientos cruzaban su mente, que trabajaba a brazo partido igual que sus extremidades, cansadas ya, de tanta actividad realizada.

El enano sabía, que en Meril-Morn no se recibía a cualquiera, pues la casa estaba encantada y su paradero era totalmente desconocido e imposible de encontrar, para aquellos que no tenían algún vínculo especial con su ama.

Baruk se veía exhausto, mas no hubo tiempo alguno para el descanso. Y para cada desfallecimiento suyo, había una nueva orden dictada por la melodiosa voz de su ama, que en tono elevado y autoritario perseguía a su siervo por la cocina y la alacena apremiándolo continuamente, pues el tiempo se les echaba encima.

Aquella noche para sorpresa del naughlath, fueron las delicadas y finas manos de Loth-Loss quienes prepararon la cena.

Baruk no pudo ocultar una mirada de sorpresa, que apareció enmarcada debajo de sus gruesas y pronunciadas cejas. La elfa al observar el gesto de su siervo, opto por un gesto de desprecio y clavando su mirada esmeralda en el barbudo rostro del enano dijo hirientemente:

- Esta noche tendremos el placer de compartir mesa y mantel, con gente de suma importancia y que gozan de gran estima por parte de tu Señora. Y no pienso estropearlo con tus burdas y pesadas recetas – Se volvió un instante hacia Baruk para sentenciar con una liguera sonrisa triunfal en sus labios – Acercaos aquí y fijaos bien, mezquino naughlath, quizás con algo de fortuna aprendáis algo de cocina-

La elfa para preparar las viandas se había recogido su larga y sedosa melena, en un moño que pendía sobre la nuca y que era sostenido por una redecilla de hilo de oro engarzada con diamantes. Sus delicados ropajes los protegía con un largo delantal de lino blanco decorado sencillos bordados. Las mangas de su vestido estaban retiradas hasta más allá del codo.

Loth-Loss se desenvolvía con gran soltura y habilidad entre ollas y pucheros. Ponía gran cuidado en la condimentación de los alimentos, utilizaba tan sólo las mejores especias que elegía según el tipo de carne que iban a consumir, jamás abusaba de ellas, sólo le daba el toque justo. Pues como dijo ella a su siervo:- El buen cocinero no ahoga el sabor genuino de su producto principal- El enano se amedrentó, sabía que él cocinaba con excesiva condimentos y especias. Mirándola incrédulo, aun, se preguntó si su mal proceder entre los fogones era la causa de que su ama no probase bocado alguno.

Úndome paseaba a lo largo y ancho de la estancia, relamiéndose su hocico y olisqueando aquí y allá. Esperando un descuido de alguien para meter sus zarpas y comer a gusto. Prestando especial atención a las carnes, plato muy de su gusto. Perseguía con insistencia a su ama y buscaba su atención mediante ligueros maullidos y restregándose entre las piernas de su ama. Loth-Loss observando los azules ojillos golosos de se gata decidió darle trozos sobrantes, una que el felino terminó de engullir, la elfa acarició la blanca y suave cabecita del animal y la dijo: - Ya no habrá mas Úndome- La gata como si entendiera a su ama desapareció de la cocina con la barriga llena.

Más de una vez Loth-Loss chocó con el enano que amedrentado y quieto ante la inactividad en la que se veía envuelto, al tercer encontronazo, la elfa encolerizó ante la ineptitud que le mostraba su siervo aquella noche y alzando su clara voz oredenó: - Apartaos de mi vista, Baruk. Sois peor que una piedra en el camino-

De repente al ver marchar al enano, que marchaba feliz, pensando en un merecido descanso, cambió de opinión al ver la mesa desnuda y le ordenó: - Volveos sobre vuestros pasos, pues os voy a encomendar una nueva tarea – Lavaós vuestras sucias manos y poned la mesa-

El enano lavó sus manos en la pila de piedra que traía en curso desviado agua tibia del propio manantial. Las frotó a conciencia para quitar la sangre seca que aun perduraba en ellas. Después dispuso la mesa para tres comensales, pues el no estaba incluido, vistió la mesa con un mantel de seda roja bordado con hilo de oro, colocó delicados platos de cristal azulado tallado y tres copas de cristal con engarces en plata. La iluminó con dos candelabros de plata ricamente elaborados que representaban las figuras de dos dragones llameantes y aumentó la comodidad de los sillones de suave y confortable piel, con unos cojines de pluma, elaborados en terciopelo negro. La elfa otorgó su toque femenino introduciendo un centro de rosas rojas y negras cultivadas por ella misma en la finca de Meril-Morn.

Con gran esmero se desenvolvía la elfa entre ollas y pucheros, la cocina parecía no tener secreto alguno para ella, con tranquilidad y buen hacer lograba excelentes resultados, su paciencia era infinita incluso con lo más tedioso.

Cuando todo era cuestión de espera, puesto que los alimentos necesitaban tiempo para terminar de cocinarse y se hallaban sumergidos en agua en la olla, Loth- Loss anunció al enano: - Me retiro a mis aposentos, preciso prepárame antes de la cena – Antes de abandonar la cocina dio las últimas órdenes a su siervo – Debéis marchar a cambiaros y por una vez, Baruk, asearos como es debido, puesto que ese aspecto que tenéis es indigno e impresentable tanto para mi como para cualquiera que pise esta mi casa, poneos el uniforme negro. Cuidad de lo que se encuentra en la marmita no se eche a perder. ¡Pobre infeliz de ti, miserable, cómo algo se queme! ¡Cuidaos de vuestra propia torpeza, porque un simple desliz y lo pagareis muy caro!-

- Así se hará mi Señora, palabra de Baruk- Se limitó a decir el enano mientras hacia la reverencia correspondiente.

- No se, si fiarme de la palabra de un simple naughlath, pero sabéis bien que os conviene que sea así- Sentenció la voz autoritaria de la elfa mientras se perdía tras la puerta.

[Editado por Elen-Formen el 28-10-2004 18:53]

Escrito el 29-10-2004 19:06 #5

Loth-Loss subía la gran escalinata de caracol con paso suave. Para facilitar su ascenso, levantaba sus largas faldas de terciopelo azul con su mano derecha, en un gesto que encarnaba suma gracilidad y elegancia.

Sus delicadas polainas de seda brocada, pisaban con seguridad, los pulidos y relucientes escalones de ébano. Los escalones se mantuvieron firmes, pues reconocieron a la dueña. La escalera principal de la casa, daba a los aposentos de Loth-Loss, ella misma se las había ingeniado para evitar que otros pisaran su alcoba, encantando dicha escalera para que sólo ascendiese quien ella creyese oportuno. Si un extraño pisaba los escalones para acceder a las habitaciones superiores estos se convertían en una resbaladiza rampa.

Sus amigos consideraban que Meril-Morn era parte de la elfa y que la propia casa, pese a ser una construcción realizada con anterioridad a su llegada a la orden de Telpe, se había adaptado a la perfección a su nueva moradora. Regenerándose y adquiriendo un inmejorable aspecto. Después de todo era Loth-Loss quien la habitaba quien la otorgaba una nueva vida.

La mano izquierda de la elfa paseaba jugueteando por el pasamano de plata, que representaba una cobra enroscada, las escamas de esta, estaban labradas con laboriosidad y precisión exactas. Pese a ello tenia un tacto bastante agradable.

Al llegar al distribuidor, Loth-Loss observó coqueta sus numerosos reflejos, que se representaban en los espejos que recubrían en su totalidad la pared. Antes de acercarse a una de las esquina de la sala. Allí frente a uno de los numerosos espejos pronunció unas bellas palabras envueltas en un susurro, estas palabras eran el contrahechizo que daba acceso a las estancias privadas de la elfa.

El espejo desapareció, dejando paso a la Señora de Meril-Morn. La elfa camino entre la penumbra que llenaba la estancia. Se dirigió sin problemas hacia los candelabros de plata que había en una pequeña mesilla de madera de cedro, cercana a la puerta.

La elfa pasó su blanca y delicada mano de doncella por encima de las mechas de las velas que sustentaba candelabro y estas se prendieron. La luz invadió el aposento, el espejo del tocador relucía con las pequeñas llamas de las blancas velas.

El tocador estaba confeccionado en madera haya, de planta rústica y contundente, pero de hermosa forma. El mueble era de importante tamaño, en su parte inferior estaba franqueado por dos filas de amplias cajoneras, cuyos los tiradores eran de plata repujada.

En los cajones, forrados en terciopelo, la elfa guardaba sus numerosas joyas y alhajas, estos sólo los podía abrir la elfa, que era la única que conocía el secreto de su apertura.

El marco del espejo representaba a dos elaboradas y estilizadas figuras elfas que lo sustentaban. Sobre la mesa descansaban, dos candelabros de cristal de un sólo brazo, así como los hermosos y objetos de tocador de Loth-Loss que estaban confeccionados en cristal labrado.

A la izquierda del amplio ventanal que daba luz a la sala se encontraba una amplia vidriera, en la que reposaban, los perfumes, aceites y esencias que ella misma elaboraba. La variedad de estos era asombrosa, los había de todos los tipos de flores y plantas.

La elfa cogió el delicado pomo de la puerta de la bella vidriera entre sus finos y sedosos dedos y con sumo cuidado, tiró levemente de ella. Abriéndola y dejando paso libre a la cuidada selección que en ella se encontraba. Los verdes ojos de Loth-Loss tantearon diversas opciones entre las decenas de frasquitos que se hallaban frente a ella. Finalmente se decanto por unas suaves esencias de lavanda.

En la parte posterior al tocador unas puertas labradas de haya que presentaban cuidadosos relieves, ocultaban una pequeña habitación, que carecía de ventanas que se encontraba repleta de los caprichosos y elaborados ropajes que poseía la elfa.

La elfa se acercó por a la ventana, retiró levemente los aterciopelados cortinajes encarnados y observó durante un breve instante el exterior. La lluvia continuaba cayendo intensamente sobre el jardín. El pequeño manantial pese a la abundante lluvia que había caído no parecía amenazar con desbordarse. Loth-Loss cruzó la estancia y traspasó el umbral que le daba acceso a su habitación.

Por las vidrieras de su alcoba los relámpagos resplandecían, provocando un atractivo juego de colores sobre las paredes y las diversas superficies de los muebles que cubrían la habitación. Loth-Loss iluminó la estancia de la misma forma que había hecho en la primera.

La elfa se descalzó con un breve y rápido movimiento, dejando que sus pies disfrutaran de la mullida alfombra que cubría el suelo. No pudo contenerse y se tumbó sobre la redonda cama que ocupaba, todo el centro de la habitación. Suspiró levemente y se dejó acariciar por la suavidad de las sedosas sabanas.

Más presta tuvo que incorporarse y se dijo “-Ya habrá tiempo para el descanso, ahora es primordial, prepararme para la cena-” La elfa se desnudó, lenta y pasivamente. Se deshizo de sus ropajes y delicadamente los colocó sobre una cercana butaca. Abrió una cómoda, sacando del tercer cajón una gran sabana de lino blanco y cubrió su desnudez con ella.

Ataviada de tan extraña manera, se encaminó hacia la última de las habitaciones, esta última estaba separada de la alcoba por una puerta acristalada de pomo de oro. Dicha estancia estaba confeccionada en su totalidad con mármol blanco, y en su centro se hallaba una ovalada e inmensa tina del mismo mármol.

La grandiosa tina se llenaba mediante a un sencillo mecanismo de presión de agua que hacia que el agua subiera hasta la estancia, uno de ellos traía el agua tibia del manantial de la finca, y el otro agua de un manantial cercano a Meril-Morn de termales aguas calientes, que llegaban a la finca mediante un desvió artificial al curso normal de dichas aguas.

La elfa llenó la tina, hasta casi el borde de la misma, dejando que las aguas tibias y calientes fueran a la par. Mientras las aguas fluían, mezcló en ellas, parte del frasquito del esenciero. Las claras aguas se volvieron violáceas y despedían una delicada fragancia a lavanda. Loth-Loss introdujo su blanca mano en el agua encontrándola de su gusto.

Finalmente, se despojo de la sabana de lino que la cubría, y dejo que su tersa piel se entregara a las aguas y al placer del baño.

Escrito el 02-11-2004 17:03 #6

Un suave vapor con olor a lavanda impregnaba la blanca estancia, el mármol pulido con gran esmero, brillaba con intensidad, reflejando en su perfecta superficie, el tintinear constante de las llamas, que ardían en las blancas velas, que daban iluminaban tenuemente la marmórea habitación.

La Señora de Meril Morn, mantenía la lozanía de su piel intacta, su perfecto cuerpo, tanto en proporciones como en belleza era similar al de una doncella humana de pocas primaveras. Su rostro de bellas facciones y de gesto aniñado, adquiría gran contundencia con aquella clase y porte, que sólo una elfa de su posición lograba obtener. Su aspecto cuidadosamente juvenil, se perdía en la inmensidad de sus ojos, verdes y brillantes como esmeraldas. En aquellos hermosos y magnéticos ojos, la elfa difuminaba su sabiduría conjugada con los años que había visto pasar ante ella.

El contorneado y hermoso cuerpo de Loth-Loss estaba sumergido en las tibias aguas, de la gran tina de mármol. Las calientes aguas bordeaban el final de la blanca tina. La espuma, violácea, debido el empleo de la esencia de lavanda, recubría la tersa y pálida piel de la elfa, que disfrutaba con gesto relajado de los beneficiosos placeres de un buen baño. El tiempo parecía pasar más lentamente, en aquella armónica estancia, mientras Loth-Loss se entregaba en cuerpo y alma a su propio relax y descanso.

La elfa dejó que el tiempo pasara, pausadamente, sin prisa alguna, pese a la inminente llegada de los comensales, pues de todos los placeres banales, este era uno de sus favoritos y gustaba de disfrutarlo con pasmosa actitud.

Y así fue, hasta que la elfa notó que su cuerpo ya estaba limpio y purificado. Sólo entonces, La Señora de Meril Morn se vio lista, para abandonar la cómoda tina. Con gesto elegante recogió de un borde de la marmórea tina, una toalla, blanca y gruesa, confeccionada en algodón. Con cuidado abandonó las ya tibias aguas y dejo vaciar la tina. Y secó todo cuerpo cuidadosamente.

La elfa sentada en la escalinata que daba acceso al la grandiosa tina, se detuvo un brebe instante, recordando de una forma un tanto vaga, a la que fue su doncella de cámara y sirvienta, Anna, aquella que por su osadía había asesinado algún tiempo atrás. Loth-Loss extrañaba los servicios de una muchacha que la sirviera pues una Dama de su categoría estaba acostumbrada a ser atendida en todo momento.

Fue entonces cuando en su mente apareció la siguiente cavilación: -Quizás sea necesario que vuelva a traer a mi lado a una muchacha que me sirva – Su bello rostro adquirió un gesto de desaprobación acordándose de la pasividad y poca constancia que tenía su antigua doncella y sentenció: - Mas no aceptare a cualquiera quien me vaya a servir a de trabar sin descanso y sin queja. Y a de aceptar ttodo lo que yo diga e imponga, sin el más mínimo reproche-

Loth-Loss dejó que la suavidad del algodón cubriera su delicada piel. Cubierta de esta manera, su desnudez, abandonó la habitación de mármol blanco, con paso ágil y decidido.

Seguidamente se presentó en su tocador. Abrió de par en par las inmensas portezuelas talladas y confeccionadas en madera de haya, que daban paso a su magnifico vestidor.

En el interior del vestidor se encontraba el inmenso y magnifico, abanico, de ricas vestimentas que Loth-Loss poseía. Frente a ella una gran duda se le presentaba, ¿Qué debía ponerse? Y lo más difícil ¿qué elegir? entre tanta y asombrosa variedad.

La elfa, paseó, con la cabeza erguida, con ojos inquisidores y estrictos, entre aquella vorágine de bellas y delicadas confecciones. Tras varias vueltas y tras tantear varios vestidos que consideró apropiados. Se decantó finalmente, con gran acierto, por un vestido de raso negro ribeteado con hilo de plata, y con delicados encajes en mangas y despunte del las faldas. El vestido era de larga cola y amplias mangas que se abrían a la altura del codo. El escote en barco dejaba desnudos sus hombros, así como una pequeña parte de su espalda y permitía ver el nacimiento de sus senos. Y el conjunto resaltaba su asombrosa palidez, así como su larga y cuidadosa melena roja.

Tras haberse vestido, seleccionó un calzado cómodo, pero a juego con la vestimenta que luciría aquella noche. Los escogidos fueron unos delicados zapatos, con punta corta, realizados en terciopelo negro y decorados con diamantes, que se ataban a sus piernas con largas cintas de oscuro raso.

Vestida totalmente, se encaminó hacia el tocador, cerrando tras de si las puertas del vestidor. Se sentó cuidadosamente, en el sillón de rojo terciopelo, que había frente al tocador, para no arrugar la larga cola de aquel hermoso vestido.

Loth Loss se miró coqueta, sobre la superficie del espejo, y se sonrío, su rostro presentaba un aspecto inmejorable pese al duro día de trabajo que había tenido y las dudas y cavilaciones que habían asaltado su cabeza durante el día.

Se observó su roja cabellera, esta había adquirido unas pequeñas ondas con la humedad de la tina. Lejos de disgustarla, le pareció que estas le daban volumen a su liso pelo. Y decidió dejarlas así, aquella noche dejaría su larga melena suelta. Tan sólo la adornó con una pequeña rosa negra, que quitó de un jarrón de cristal que se encontraba sobre la mesa, y que posó sobre su oreja derecha, retirándose levemente el cabello.

Escrito el 03-11-2004 18:29 #7

Loth-Loss cogió entre sus finos y delicados dedos el elaborado tirador de plata que representaba una hoja, abriendo el segundo cajón de la parte izquierda del imponente tocador. El interior del cajón estaba repleto de las más hermosas joyas que jamás se hubieran visto, las cajoneras tocador estaban repletas de estas exquisiteces.

En su mayoría, estas alhajas fueron realizadas por las diestras y hábiles manos de la Señora de Meril Morn, algunas de ellas realizadas en el mismísimo Tirion, aquel que fue su hogar, antes de partir engañada por las palabras de Finwë, otras ya las realizó en la Tierra Media y alguna de estas joyas había sido elaborada en el pequeño taller que poseía en su finca. También algunas tenían procedencia ajena, ya que eran presentes de amigos y admiradores.

El maestro joyero y orfebre Turgwaew, nunca reconoció el gran talento de su hija para estas artes, y trató de alejarla del taller, más ella seducida por aquel magnifico trabajo, se dedicaba en secreto y a escondidas de su progenitor a elaborar sus más ansiados caprichos.

Sólo cuando aconteció la muerte de su padre, preso de sus propias melancolías y locuras. Loth-Loss fue libre para ejercer con plena libertad como maestra en tan bello arte.

Más tarde por derecho y por la plenitud de sus capacidades para seguir la estela de su padre, y pese a la vergüenza de muchos, que la juzgaron simplemente por nacer hembra, adquirió el taller y desempeño uno de los mejores artes que la encumbraron y la ensalzaron, tanto en nombre y en palabra, como en alma y ser.

Los largos y suaves dedos de Loth-Loss jugueteaban con las joyas y las gemas, pasándolas con delicadeza entre sus yemas, Apreciando y sintiendo la caricia de los fríos metales y la tersura de las superficies pulidas de las gemas y piedras preciosas.

La Elfa dibujaba una sonrisa en sus labios carmesí, al recordar la cómo había confeccionado sus más preciadas joyas. Las examinaba con un gesto complaciente que resplandecía en su hermoso rostro y relajaba su general aspecto altivo.

Ensimismada en sus pensamientos se decantó finalmente por una delicada cadena de plata que engastaba diecisiete diamantes de tamaños medio.

Decidió prescindir de lucir más joyas, que la dicha cadena y del anillo de cristal, que antaño perteneció a su madre Ninniach, que fue regalo de Ulmo, y llamado Gildin por el especial resplandor de este. Dejando por esa noche de lado a la hermosa gema azul, favorita, entre muchas otras debido a su magnifico esplendor, Luinil era presente de Finwë. Más ella dejó que esta descansara en el interior de un cajón. La elfa se decantó por dicha opción pues consideraba excesivo y de pésimo gusto el recargamiento de su ya de por si imponente presencia con alhajas varias, que solo desvirtuarían su natural belleza.

El viento aun se zarandeaba entre la frondosidad de las ramas de los árboles de Eryn-Dînen. Loth-Loss se acercó de nuevo hacia el ventanal, corrió con un simple gesto firme de su mano, los amplios cortinajes, y fijó su verde mirada, allende la oscuridad que lo cubría todo en el exterior.

Los cristales del gran ventanal eran golpeados con aun furia por la incesante lluvia que caía. Mas la elfa percibió, que el viento comenzaba a amainar y que la lluvia, ya, no era tan espesa como anteriormente. Volvió a sonreírse a si misma, con este nuevo cambio del tiempo.

Escudriñando entre la oscuridad, con su exquisita y precisa vista, encontró a Baruk, que volvía de su refugio en la torre posterior de la finca. El enano agachado en pos del viento, se protegía de la tempestuosa noche con una capa azul, cubriéndose totalmente, para evitar que se le mojara el uniforme.

Sus pequeños pasos, eran trazados con pasmosa lentitud, pues las cortas piernas del sirviente trataban de dar, entre la penumbra, con las negras piezas de pizarra, puestas cuidadosamente sobre la espesa hierba, a modo de sendero. Queriendo evitar de esta manera, de embarrarse las cuidadas botas, de cuero negro repujado, que eran pieza fundamental del elaborado uniforme. Y que el enano apreciaba pues le hacían parecer un auténtico Señor.

Loth-Loss reía ante la torpeza que demostraba su fiel sirviente, más sus ojos lucían alegres, ante la demostración visual de que el miedo a provocar su ira había echo mella en Baruk. La elfa se mostraba satisfecha ante tales argumentos.

La negra sombra de Baruk se perdió por el ángulo derecho del ventanal, pues la perspectiva del ventanal del tocador no cedía la vista alguna, hacia la puerta de la cocina. La elfa siguió con su hermosa mirada perdida entre la oscuridad de la noche, durante unos instantes más, hasta que cansada volvió a cerrar los rojos cortinajes.

Sus elegantes pasos, volvieron entonces, a dirigirse hacia el aterciopelado y cómodo sillón que yacía frente tocador, invitando con tan sólo obsérvalo a permanecer sentado sobre su mullida composición.

Escrito el 04-11-2004 17:18 #8

Loth-Loss viéndose lista, abandonó sus estancias privadas, por la puerta secreta, tras pronunciar con voz melodiosa y dulce el contrahechizo que la abría. Se recogió con soltura la larga cola, del impresionante vestido y descendió sin prisa alguna y con porte altivo las escaleras.

Allí en el recibidor, en píe y con gesto nervioso, debido al ajetreo y a la expectación que le había, despertado, la llegada de los inesperados invitados. La esperaba solicito y firme cual mayordomo, su sirviente Baruk, que presto, ayudo a su Señora a descender los últimos escalones de la inmensa escalinata que dominaba en su totalidad, el fondo de la estancia.

El enano al verla quedo nuevamente maravillado, ante la presencia de su bella ama. Cuanto más asombrado se mostraba el sorprendido sirviente, más fría y distante era la reacción de la elfa, que detestaba que se la quedasen mirando de una forma tan absurda. La visión era cuanto menos digna de alabanza. El delicado vestido de raso negro, resaltaba su estilizada y esbelta figura y la hermosa melena, que lucía libre de ataduras, parecía ser de un rojo más intenso.

Los verdes ojos de Loth-Loss se posaron con desprecio sobre Baruk, que lucía impecable, con su uniforme ceremonial. La chaqueta, de corte imperio estaba confeccionada con terciopelo negro, presentaba bordados en hilo de oro en puños y cuellos, los botones de oro, representaban las iniciales de Meril Morn. Los pantalones, también de terciopelo legaban hasta debajo de las rodillas dejando que las botas de cuero negro repujadas se viesen a la perfección. La camisa de algodón blanco tenía pequeños bordados en hilo negro y se abotonaba hasta el cuello.

Baruk parecía asfixiado, con tanto traje y vestimenta, pues el uniforme pese a que estaba diseñado para no limitar ninguno de sus movimientos, ni sus acciones, resultaba cargante en un ambiente calido, como el que tenia el interior de Meril Morn. Por no hablar de la poca disposición del enano a vestir, “los trajes de señorito” como el decía. Aparte del miedo que le causaba provocar algún daño a tan ricas vestimentas, pues sabía que podría pagarlo muy caro. Así que trataba por todos los medios en evitar mancharlo o producirle algún desgarrón. El enano prefería el uniforme de caza o el de peón, con los que disfrutaba de una mayor sencillez y adaptación a la vestimenta.

Baruk se había recortado ligeramente la espesa y larga barba. Y había peinado, sin mucho éxito, su rizada y corta melena, que se veía igual de enmarañada como de costumbre. El rostro severo del enano relucía de puro limpio, casi irreconocible pues con frecuencia y debido a sus labores presentaba algún tipo mancha bien de hollín o de sangre, debido a los incesantes trabajos que desempeñaba en Meril Morn.

El propio Baruk, debido al corte del traje, se veía obligado a llevar un porte mucho más regio, la espalda enderezada al máximo comenzaba a cansar al enano. Que con gesto serio y algo disgustado, aceptaba con resignación la encomiosa tarea de servir una cena, con moviendo ágil en aquella jaula-disfraz de delicado terciopelo.

Escrito el 05-11-2004 17:14 #9

El semblante de Baruk mantenía el entrecejo medio fruncido, pues pese a que quería ocultar su enojo, ante las extrañas circunstancias, que se presentaban en aquella desamparada noche, su disgusto le delataba, presentando en sus gestos y acciones una cierta dejadez.

Sus espesas y pobladas cejas, enmarcaban sus ojos negros, que observaban de reojo, el mágico espejo, en espera de que revelase la figura de aquellos a quienes se les esperaba, con tanta ceremonia en Meril Morn

El mágico espejo, era de considerable tamaño y mantenía una estilizada forma oval, el marco era de plata, tallada de forma cuidadosa y laboriosa, que relucía de forma singular. El marco representaba a varias serpientes que se enroscaban en el contorno del mismo. Las figuras reptantes, estaban dotadas gran realismo, y de ojos confeccionados con: zafiros, rubíes, amatistas y diamantes.

Aquel magnifico espejo, dejaba de ser tal, cuando alguien acechaba las cercanías de la casa. Entonces la superficie de azogue del mismo, desaparecía y en su lugar el espejo mostraba una superficie inestable, como si tratase de una cortina de humo, y en cuyo fondo aparecía la figura y el enclave en el que se encontraba, el osado que se acercaba a Meril Morn.

El enano se sorprendía, de las muchas magias que dominaba su poderosa y bella Señora. Y guardaba cierto recelo, a todos los objetos mágicos, que poseía la dama elfa. Con cierto resquemor y el miedo latente en sus ojos, se veía obligado a lustrarlos y a tener, muy a su pesar, contacto con ellos.

El espejo lucía, con toda su magnificencia. Encontrándose este, incrustado en una de las paredes, ocupando por su grandioso volumen, la mayor parte de su pétrea superficie, dominando de esta forma la parte derecha de aquel señorial recibidor.

Úndome hizo aparición, sus pequeñas y blancas patas cruzaban el pasillo con paso lento y adormilado, dejando así que el sonido de su cascabel no fuera más que un leve tintineo que se desvanecía rápidamente, como un vaho humano en una mañana fría. La gata soltó escandalosos bufidos, al ver al enano, nada más asomar su cabecita bajo el arco tallado de haya, que daba acceso al pasillo. Baruk contestó a su desprecio, con una mirada llena de odio, pero mantuvo un gesto impasible ante la actitud del animal.

La gata, cambió de actitud al ver a su dueña, y se acerco presta, solicitando con prominentes y pronunciados ronroneos las caricias de las tersas y placenteras manos de su ama.

Loth-Loss se agachó levemente, con un gesto grácil y elegante, para acariciar a su querida Úndome. No se atrevía a cogerla por miedo a que estragase su delicadísimo traje de raso negro. Más para compensar tal gesto de aprecio, la acarició gustosa, en la papada y la peluda pancita, dejando que su sentido del tacto disfrutara de la suavidad del blanco y aperlado pelaje del hermoso felino.

Escrito el 08-11-2004 18:42 #10

A Loth-Loss le importunaba que Baruk se quedara ahí quieto, más cuando se irguió orgullosa, tras haber propinado las caricias de rigor a su gata. Notó como la vista del enano se fijaba en la espesa y suave alfombra, roja que cubría el suelo.

Baruk, parecía ensimismado en sus propios pensamientos, pero aquello sólo se trataba de una maniobra de distracción. La evitaba, evitaba mirarla, y encontrarse con su mirada esmeralda, con su mirar profundo y hechicero. Y lo hacía muy a su pesar, pues su belleza era magnética. Pero el temor a provocar la ira de su Señora, era mucho mayor.

La elfa fijó sus verdes ojos sobre la pequeña y robusta figura del enano, durante breves instantes, tiempo más que suficiente para que la elfa cambiara su gesto indiferente por uno de profundo desagrado.

- ¡Baruk! – Exclamó ella sin alzar la voz pero con una tonalidad de evidente enfado.

- ¿Qué… qué es lo que desea… de su humilde servidor, mi Señora?- preguntó temeroso el enano, con la con quebrada por el temor y con evidentes signos de nerviosismo.

- Debéis cambiaros ahora mismo de atuendo – sentencio levemente la elfa mientras se colocaba una manga del vestido- Poneos el uniforme verde, aquel que tiene ribete de oro-

El enano estaba algo desconcertado, le parecía no haber oído bien aquella frase, más la voz de Loth-Loss siempre era clara y firme dando ordenes- ¿Pero…? Mi Señora… vuestro humilde Baruk hizo… lo que vos ordenasteis…- El enano se mordió los labios tarde, sabía que acababa de cometer un grave error, a su Señora no se le debía replicar bajo ningún concepto. El enano comenzó a sudar de forma más pronunciada y entrecerró sus ojos en vista del castigo que le iba a caer por su inigualable torpeza.

Más Loth-Loss sólo dejó escapar un leve suspiro y con voz templada le habló: - Se muy bien lo que os dije, y ahora id a vuestros aposentos y cambiaros, de inmediato-

El enano se quedo muy sorprendido, más no estaba dispuesto a cometer ningún error más y presto dijo mientras realizaba una estudiada reberencia: - Con permiso de vuestra merced –

Antes de desaparecer por el pasillo que daba a la cocina, la melodiosa voz de Loth-Loss volvió a oírse en el vestíbulo: - ¿Baruk? –

El enano con gesto ofuscado volvió sobre sus pasos, temió por un instante recibir de inmediato el castigo por su improperio y con una forzada sonrisa, que trataba de ocultar su temor, se presentó nuevamente frente a Loth-Loss: -¿Qué deseáis, mi Señora?-

La elfa no se volvió a verle, se entretenía observando los ricos y bellos tapices que decoraban con suntuosidad, la estancia: - Baruk haced el favor de no perder más el tiempo. Que por cierto, se os está echando encima, en breves instantes llegarán los comensales. Apremiaos pues, en vuestra tarea –

- Así se hará mi Señora – dijo el enano, mientras se marchaba meneando la cabeza, debido a la incomprensión que le producía la reacción de la altiva elfa. El enano supuso que el buen humor de su Señora estaba relacionado estrechamente con la cena de esta noche.

Al oir cerrarse la puerta, de la cocina, Loth-Loss no pudo evitar una franca carcajada, ¿como había podido, despistarse tanto? Sin duda la alegría de aquella noche la tenía recluida. Sonrío imaginándose a Baruk sirviendo la cena mientras ella vestía de una misma tonalidad.