La Guerra de los Clanes

Barad Hithgwath

Escribiéndose...
Escrito el 22-10-2004 12:46 #1

A pocas millas del bosque de Tuarëlindomë, en el nacimiento del rio Alcanen, se encuentra el punto más alto de las Montañas Grises, una gran cordillera de gran altura que recorre toda la zona costera de los territorios del clan Tercano Nuruva.

Y en el mismo pico, en una zona que se extiende una media milla de largo y una cuarta milla de ancho, se encuentra la torre del maia Sincarion.

Ya desde el linde occidental de Taurëlindomë se puede divisar una oscura silueta en lo más alto de las montañas, mas la imagen que se puede apreciar no es muy buena, y para apreciar en toda su majestuosidad el castillo, hace falta acercarse mucho más.

Para entrar en el camino que lleva hasta el castillo es necesario seguir el curso de Alcanen desde la falda de las montañas. Allí, siempre por la izquierda, hay un sendero liso que se tiene que seguir. El resto de la zona está llena de acantilados y precipicios, por lo cual sólo se puede llegar desde allí.

Una vez comienzas a seguir el río curso arriba, se tendrá que andar sobre unas 6 millas hasta llegar al nacimiento del rio Alcanen. El nacimiento del río es un lugar digno de admiración, con un inmenso lago que cae en una catarata que en su caída da comienzo al río que se extiende muchas millas al norte.

Una vez llegado a ese lugar, tendrás que continuar por el sendero, que se desvía hacía el sur, comenzando una cuesta que no terminará hasta la llegada al lugar hacia donde se dirige el camino.

En este punto, dejan de haber árboles o arbustos, pues a esa altura es imposible que puedan sobrevivir, así que el terreno se hace pedregoso y escarpado.

Como símbolo de bienvenida a la torre, a una milla de distancia y desde donde, cuando la niebla lo permite, se puede comenzar a ver su silueta, se encuentran dos estatuas a tamaño real del dueño del castillo.

Una de un negro oscuro, el material que todavía la gente del lugar se pregunta de donde la sacó y que se utilizó para esculpir aquella escultura y hacer todo el castillo. La segunda, que es la situada a la derecha, está echa de un blanco inmaculado, que cuando da el sol sobre ella extiende sus rayos hacia todos los rincones de la montaña, a todos menos a la estatua de al lado, la cual absorbe la luz y nunca brilla.

El significado de las estatuas, además de para dar la bienvenida al viajero que visita el lugar, sirve para señalar que el dueño del castillo no sirve a nada, utiliza todo por igual y tiene el mismo aprecio tanto a la luz como a la oscuridad.

Una vez atraviesas las estatuas, el camino se vuelve empedrado, haciendo más fácil el ascenso, que en este punto es el lugar más empinado de todo el camino.

Y por fin, atravesando una milla, se puede contemplar Barad Hithgwath, en toda su plenitud.

La torre está construida, como se a dicho antes, con un material oscuro que le confiere al lugar un aspecto de lo más misterioso, pero no temible, pues el lugar suele estar soleado, lo que hace que el corazón no se encoja tanto ante la vista que tiene.

Nada más entrar en la llanura que se crea en la punta de la montaña, se abre el camino en 3 senderos.

El primero, a la derecha, es donde se encuentran las caballerizas, lugar donde se da descanso a los animales que allí llegan y donde pueden descansar sin ningún peligro, pues el caballerizo que allí habita tiene bien cuidado de coger bien al animal para que no se escape y caiga por los precipicios que rodean el lugar.

A la izquierda sólo hay una gran casa, aunque pequeña en comparación con la torre que se alza al lado, y que sirve como vivienda para los sirvientes de Sincarion.

Y el sendero que sigue recto lleva directamente al castillo, que viendo la colocación de las ventanas, demuestra que tiene cuatro plantas de alto.

Desde aquel lugar se podía observar, si se tenía buena vista, casi todo el territorio de Tercano Nuruva, tanto al sur, donde se llegaba a poder ver la tierra de nadie que separaba el territorio del Reino de Angrost con el de Tercano, como al este, donde se podía divisar hasta pasado el bosque de Taurëlindom, al norte, donde se lograba ver el inicio del desierto de Nandë Oioúrë, y al oeste, donde se podía ver la inmensa costa de Dînfalassën.

Esto era lo que veían los viajeros que llegaban ante Barad Hithgwath. Al menos hasta que entraban en el castillo.

Escrito el 26-10-2004 12:17 #2

Sincarion acababa de subir aquella montaña para dirigirse hacia su torre.

Iba montado sobre su negro corcel, aquel con el que tantas veces había viajado y que nunca le había dejado, ni siquiera en momentos en los que se jubaban su existencia.

El caballo fue criado por el mismo Sincarion, que desde que le vió nacer supo que era diferente a los demás. No sabía como explicar esa diferencia para con el resto de las razas, pero sabia que no era como ellas.

Tras pasar las dos estatuas que explicaban la cercanía a su torre, Sincarion saltó del lomo del caballo y siguió el camino a pie, llegando a la entrada de la llanura de la cima.

Allí, Sincarion dirigió su montura hacia las caballerizas, dejó comida y agua, y se marchó rumbo a su vivienda.

Las pesadas puertas, de brillantes materiales que contrastaban con el negror del castillo, se abrieron a su paso, dejando entrever la sala de recepción del castillo.

La sala de recepción se encontraba en la entrada de la torre, un lugar iluminado por la luz que pasaba de entre las ventanas que se podían ver en las altas paredes, allí el mayordomo de Sincarion daba la bienvenida a todos los visitantes y según los asuntos que viniesen a tratar, se encargaba de mandarlos a las habitaciones correspondientes.

La casa estaba dividida según lo que se tratase allí.

A la derecha de la sala de recepción estaba la sala de conferencias, donde venían a reunirse las gentes del pueblo para pedir ayuda o consejo. El lugar sólo estaba compuesto por una alfombra que había en el suelo y muchas sillas de grandes respaldos mirando hacía otra silla, del mismo aspecto que todas las demás, pero que miraba en dirección contraria. La luz de esta sala también venía dada por una gran ventana con forma de arco que traía luz a la habitación durante toda la mañana, que era el momento elegido por los campesinos para venir al castillo. Ninguno, sino era por una cuestión de vital importancia, se atrevía a subir al castillo por la tarde, pues la bajada de la montaña a oscuras era realmente peligrosa.

Siguiendo con la descripción del castillo, un poco más adelante de la sala de conferencias, tambien por la derecha, se encontraba la sala de espera, donde, en caso de que alguien tuviese que esperar al Señor del castillo para ser atendido, podía ir a esa habitación y sentarse en los cómodos sillones que habían ido, iluminada toda la sala con la tenua luz de las antorchas.

Siguiendo la entrada, por la izquierda, estaba la sala de bienvenida a los embajadores de otros clanes que osaban hacercarse hasta aquí, llena toda la sala de cómodos sillos tapizados que habían sido creados con esmero por los elfos que habitaban en el bosque de Tuarëlindomë.

Y pasando por la puerta que se encontraba en el fondo de la habitación, se podía llegar a la sala de los clanes, lugar donde se juntaban los embajadores de otros clanes que querían hablar con Sincarion.

Escrito el 02-11-2004 20:18 #3

Y por último, en la primera planta todavía, se podían encontrar las cocinas donde los criados de allí preparaban los alimentos para su señor y los visitantes que llegaban al lugar.

Además, un poco apartado, se encontraba una habitación que servía para momentos de necesidad. No especificaremos que necesidades.

La segunda planta era sólo para los invitados que se quedasen a dormir en el castillo.

Las escaleras, que estaban situadas enfrente de la entrada del castillo, justo tras la sala de recepciones, llevaban a la segunda planta.

La segunda planta era bastante sencilla, a izquierda y derecha se podían ver habitaciones, la mayoría humanas, pero tambien habían acomodadas para elfos, con cesped que se cambiaba todo el día en el suelo, y para hobbits y enanos, que tenían la cama más baja que el resto.

Además de las habitaciones, tambien se podía encontrar un comedor, donde solían comer sus invitados cuando era una comida o cena informal y un aseo donde los habitantes se podían duchar. La forma de conservar esa ducha era bastante sencilla. Estaban en lo alto de una montaña y allí llovía mucho, así que Sincarion se las ingenió para construir un conducto que comunicaba un estanque en lo más alto del castillo con las duchas y grifos que habían repartidos por todo el castillo.

Y por último había un lugar de descanso donde poder hablar entre los que allí se hospedaban de forma informal, en sillones comodos.

El único inconveniente es que no habia muchas ventanas, pues Sincarion no era de los que le gustasen mucho la luz natural. Además, las ventanas que habían habían sido encantadas con un encantamiento que difuminaba la luz que se adentraba en el castillo, por lo que la mayoría de estancias eran iluminadas con la luz de las antorchas.

Escrito el 04-11-2004 01:47 #4

La tercera y cuarta planta eran privadas y de uso único y exclusivo de Sincarion.

Para acceder a ellas tenías que pasar por una entrada escondida entre la pared y de allí ascender las escaleras que se presentaban nada más entrar.

Las dos plantas eran totalmente privadas y sólo se puede decir de ellas que eran sitios oscuros donde la luz casi nunca entraba. Los muebles de allí no eran bonitos ni cómodos, simplemente eran necesarios y de gran utilidad, por eso se encontraban allí.

En la última planta se sabía que guardaba una especie de mira que hacía ver a muchas millas a la distancia y que tenía objetos que muy pocos lograban comprender.

Además, claro está, de una impresionante biblioteca con libros únicos de los que sólo se conservaban allí o habían muy pocas copias esparcidas por el resto de Arda.

Y por último, si pasabamos por la puerta que se encontraba en la parte más alejada de la entrada, pasada la escalera para ascender a la primera planta nos encontraremos ante el patio trasero del Castillo de Sincarion.

El lugar era totalmente verde, con hierba siempre recién cortada y donde se podía pasear tranquilamente y pensar con tranquilidad.

También se encontraban las armas que utilizaba la guardia de Sincarion, pues las suyas propias las guardaba en sus aposentos. Y una zona para entrenar con dichas armas.

Escrito el 12-11-2004 13:42 #5

La mañana era limpia y clara.

Las pocas nubes que se alzaban en el horizonte venían sin ningúna amenza a las tierras de Tercano Nuruva.

Sincarion sabía quien venía y para qué.

Todavía recordaba aquel encuentro, aquel olor, aquella belleza, aquellos pensamientos tan parecidos a los que él un día tuvo.

Ya venía.

Sobre la falda de la montaña, una hermosa elfa vestida con un vestido largo azul oscuro, con partes de un hermoso color verde pardo, subía sobre los lomos de un gran caballo de guerra negro como la noche.

Y tras la elfa, un gran perro gris como la niebla seguía sus pasos velozmente, sin que la distancia se increcentase.

Sincarion no dejó reflejar ningún sentimiento en su cuerpo, parecía como una estatua en lo alto de aquella montaña, en la entrada de su castillo, esperando la llegada de la elfa.

La elfa, por su parte, no se hizo de esperar y subiendo la montaña en un tiempo casi imposible, se plantó delante de aquel antaño Maia Oscuro, ahora tan sólo Sincarion.

Te esperaba - fue lo único que dijo el maia sin mover ningún músculo de su boca, tan sólo haciendose oir en el interior de la mente de la elfa

Escrito el 12-11-2004 14:18 #6

Los días se sucedían mientras Earin seguía cabalgando a través de las tierras del sur de beleriand hasta que por fin, llegó a las tierras de los Tercáno Nuruva, de las cuales lo que mas llamo su atención fue la poderosa cadena montañosa que dominada el horizonte de aquellas tierras,pero el pico mas alto fue el que le inspiro algo especial y hacia alli dirigió sus pasos, pues su poderosa intuición le decía que allí encontraría el lugar que venia buscando, y las respuestas que le rondaban la mente, desde el encuentro con aquel maiar en las laderas escarpadas de las tierras de Nurn.

Y así fue como tras un breve descanso observando la grandeza del mar y la poderosa ciudad junto al puerto, con una determinación y precisión exactas, como si la guiara una voz poderosa que cruzara el viento, supo qué camino tomar hacia la impresionante montaña donde moraba el temible maiar Sincarion.

Unas millas mas adelante, divisó al fin la magnifica Torre y los muros del castillo sobre las terribles y afiladas piedras de la montaña, pudo ver también, como la espléndida silueta del mago, se dibujaba en el horizonte recortada contra la roca, erguido cual estandarte ondeando al viento, advirtiendo a los capaces de divisarlo, del poder y la majestad que poseia.

Golpeó a Aenarion con la fusta duramente, y acrecentando así el suave remolino de polvo que levantaba a su paso, en unos instantes se encontraba las puertas de la casa del mago…las cuales se abrieron a su llegada y pudo entonces contemplar la majestuosidad de la admirable construcción, tallada en roca viva, la atalaya de estatuas que infundian temor y respeto aun a quien no supiera a quienes antiguos poderes representaban,

Subió el camino empedrado hasta la parte superior, donde cerca de la cumbre se encontraba al fin la gran puerta del castillo.

Pero adelantado a las puertas y asomado a la inmensidad del vacío que procuraba la montaña, frente a las costas de las tierras de los Tércano, estaba él, inmutable e inconmovible, cual témpano de hielo, pero con un corazón bajo su pecho…Oh si! Lo tenía seguro, pensó ella.

El gran perro y fiel amigo de la elfa Hachída,se adelantó unos metros , y se paró frente al mago jadeante, lo miró unos segundos y luego apartó la mirada, y se alejó. Earin se sintió consternada con esto, pues nuca jamás había visto a Hachída hacer algo así, miró al mago y en ese instante sus palabras llegaron a su mente, un tanto lacónicas, …el seco te esperaba resulto poco hospitalario, mas bien sonó a reproche, pero a la elfa no le intimidó, y bajando del caballo con parsimonia mesurosa, se adelanto hacia el y le saludó con algo de indecision tal vez... Salve Sincarion!, y al nombrarle su voz sonó profunda y solemne, llevandose la mano derecha al pecho en gesto de leve reverencia,le dirijió una mirada fugaz.

[Editado por EarinKementari el 16-11-2004 22:07]

Escrito el 12-11-2004 19:03 #7

Sincarion sabía que aquella elfa tenía que ser muy buena, no era fácil saber dar con el castillo de un desconocido que estaba en alguna parte de Haldonari y ella ya conocía hasta su nombre.

El leyó el de ella.

Antes de que terminase de hablar de hospitalidad, un siervo de Sincarion se había acercado a la pareja, esperando que su amo le hiciese una señal para poder hacerse cargo de aquel bello caballo y no entorpecer la conversación. Se tenía la lección bien aprendida.

Así que a un pequeño gesto, el siervo se acercó al caballo y se lo llevó para los establos, donde sería cuidado con todos los honores.

- Sigueme - le dijo Sincarion a la Dama - Espero que el lugar sea de tu agrado. Dijo con un tono de indiferencia que siempre utilizaba para todos los formalismos.

Una vez dentro de la gran mansión, Sincarion, sabiendo el destino que esa elfa tendría para el clan no se la llevó para ninguna de las habitaciones de la primera planta, sino que subieron las escaleras hasta llegar a la tercera planta del castillo, habiendose metido por aquel escondite de entre la pared, y llegando a una gran puerta que daba al despacho personal de Sincarion donde estaba el escritorio del maia y donde se encontraban muchos libros sobre la mesa y dos abiertos enfrente de su sillón, oscuro como la noche.

Pasando a ese sillón, le dijo a la elfa que se sentase en otro de las mismas características que había al otro lado y comenzó la conversación:

- Mi nombre, como e visto que sabes, es Sincarion. Mi pasado carece de importancia y mi futuro todavía está por ver, así que tan sólo hablaremos del presente.

Esta tierra la compartimos seres de todas las razas, seres duros e inflexibles que combaten no por lo justo ni para sembrar el terror, simplemente hacen lo que quieren, sin dar explicaciones a nada ni nadie. Somos libres.

Necesito de gente inteligente, dura, de corazon frio y diestra en la batalla. No me importa lo demás.

Podremos compartir todo cuanto conquistemos, tendrás todos los lujos que puedas conseguir, podrás vivir de la forma que quieras. Simplemente tendrás que sernos fieles al clan, sin importarnos lo que hagas con los demás.

Sincarion miró a los ojos de Earin, la elfa, y le preguntó:

- ¿Quieres entrar a este lugar?¿Quieres vivir tu vida, sin que nadie te la tenga que controlar, sin que nadie a excepción de mi te pueda mandar?

La elfa le aguantó la mirada al istar, cosa que a este le gusto. Bajo la penumbra que había en aquella habitación tan sólo alumbrada por un par de antorchas que había a cada lado, aquella elfa se veía todavía más hermosa que antes. Pero lo mejor y más importante no era eso. Era que en sus ojos se contemplaba determinación, coraje, crudeza, ... Sincarion notó que le recordaba a él.

Y bien ¿cual será tu decisión?

Escrito el 16-11-2004 21:45 #8

Earin cruzó las grandes puertas y se adentro tras el mago en la impresionante estructura de piedra, la cual, si ya era admirable desde fuera, por dentro ofrecía una fastuosa visión, por la majestad se su decoración y la exquisitez de sus ornamentos dignos de los mas grandes reyes, ella había oído en Nan Elmoth de la grandeza de los recintos escondidos de Nargothrond y Doriath, y el interior de aquella fortaleza le traía a la mente los relatos de la belleza de todos aquellos reinos elficos, sublimes tallas de piedra, brillantes columnas pulidas, y hermosos cortinajes que entorpecía ingeniosamente la entrada de grandes raudales de luz en aquellas estancias opacas y exquisitas, con aire plácido a la vez que sensual y misterioso, de cada aposento que dejaban atrás a su paso.

El silencio reinante en la totalidad del castillo era casi estremecedor, y la actitud fría y adusta del Maiar la previno acerca de alguna situación incomoda…

Y cuando al fin quedaron a solas en el gran salón privado del mago, las puertas se cerraron dejando un solemne eco resonar en la soledad de aquella sala .Y lejos de incomodarse ella, sintió como su sangre aceleraba el camino de vuelta a su corazón y el calor asomaba a su rostro, su respiración se agitaba por segundos, …se aparto el pelo que caía a ambos lados de sus mejillas y lo echo hacia atrás, sobre su espalda, respiro hondo tratando de que el mago no se percatase, de su perturbación .

Mientras… él hablaba, y ella oía atentamente sus palabras sin hacer un solo gesto, sin mover un músculo de su cuerpo, solo sus ojos, seguían a Sincarion y atendían ávidamente a los movimientos de sus labios y sus manos al hablar.

Parecía sincero, absolutamente sincero, y casi se hubiera atrevido a decir, que impaciente por conocer su respuesta… a la cual, ella tuvo que hacer grandes esfuerzos, por no contestar de la manera que le hubiese gustado, cuando el insinuó abiertamente que debería jurar fidelidad,…pero no debía olvidar que era lo que tenia delante, y el poder que poseía, no le gusto nada esa nueva situación de sumisión, no iba con su carácter,

Sincarion la observaba detenidamente y Earin vio un brillo en sus ojos , no de malicia , ni de poder , sino de complicidad ,…y de ideas que se forjaban a borbotones en la mente de el mago, y que sin duda, quería compartir con ella…

Así que se adelanto y acercándose a las ventanas, observo con una notable mueca de aversión las tierras que se extendían a los pies de la montaña, y tras unos segundos de silencio sepulcral, contesto;

No es tu pueblo de mi agrado, …los enanos no son de mi agrado, los débiles mortales gozan de mi mas puro y sincero odio, en cuanto a los elfos, espero que no hayan en estas tierras demasiados calaquendi…

Pues sabed Sincarion, que solo serví a un Señor en mi vida al que vi como padre y héroe, el gran elfo oscuro Eöl, que desapareció para siempre de esta tierra, tras los recintos de uno de los reinos, de los elfos de la luz, y cada vez que se presente la oportunidad ofrendaré mi venganza.

Luego con más calmada voz, prosiguió;

No obstante mi espada y mi arco estarán a partir de hoy a vuestro servicio, si vos así lo deseáis, y mi caballo avanzará junto a tu vara, pero no estarán ni ellos ni yo bajo vuestro mando, en cambio mi señor, os ofrezco mi lealtad, más exijo libertad, para poder ser libre de abandonaros cuando me plazca.

Y sin llegar a mirarle se colocó a su lado, y susurró sobre el hombro del mago, “la decisión es vuestra.”

[Editado por EarinKementari el 16-11-2004 23:57]

Escrito el 17-11-2004 00:02 #9

Sincarion en ese momento no pudo por menos que sonreir. No era una sonrisa agradable, ni divertida, no tenía nada de humor en ella. Pero era la sonrisa del maia, lo más parecido a una carcajada que el había echo en años, muchos años.

¿Eöl, un simple elfo te hizo su Señor? bueno, dejaré pasar esa etapa de tu vida porque veo indigno de alguien como tú ser fiel a un simple elfo.

Mas ahora tu vida será distinta. Me juras serme fiel, pero las palabras son como el viento, no sirven para nada y se esfuman en el momento menos esperado.

Yo diré si me eres fiel. Me lo tendrás que demostrar, y por tu bien, espero que sean ciertas tus palabras pues no tengo piedad con los que me traicionan.

Serás libre, podrás hacer siempre lo que quieras, todo menos una cosa. Nunca, jamás en los años que te quedan juegues conmigo, pues no soy una persona a la que le guste tener enemigos en el juego. Y mis modales podrían ser algo bruscos.

Y tras esto se vió como el maia, que se había levantado para decir aquellas palabras, reflejaron meditación y ensimismamiento. Estuvo meditando durante largo tiempo y en su cara se iba reflejando una inusual soledad en su rostro.

Pero al final volvió a ser el de siempre y con su voz fría (nunca la cambiaba sino tenía razones para ello) le dijo a la elfa.

Vivirás aquí mientras no encuentres nada mejor. Este castillo es inmenso para uno sólo y por lo que e escuchado no creo que pudieses estar a gusto en cualquier otro lugar.

Eres libre de hacer todas las idas y vueltas que quieras, nadie te dirá nunca lo que tienes que hacer menos yo, que lo haré muy pocas veces. Ahora bien, sólo una cosa tienes que tener en cuenta al vivir conmigo.

La cena se sirve en el momento en el que Anar se esconde para dejar paso a la noche. Y quiero q todos los que aquí habitan estén en mi mesa en ese momento. Con que cumplas eso podremos convivir tranquilamente.

Tras eso, Sincarion miró de nuevo a los ojos a la bella elfa y le dijo:

- Dejando ya las formalidades, ¿te apetece dar una vuelta con este viejo mago por los jardines de mi castillo? Por la noche las vistas son unas e inigualables en todo Haldanori

Escrito el 17-11-2004 14:07 #10

Las burlonas palabras del mago abrieron un abismo de rencor en el interior de la elfa, que apretó los puños y los labios, mientras sentía ganas de saltar a muerte sobre el Maiar aunque fuese lo último que hiciese en su vida.

Pero inexplicablemente logró templar su ánimo y enfriar su ímpetu, recordándose a si misma, que de enfrentarse a el, tendría delante un poderoso enemigo, y al comprobar que en seguida él, adoptó otras maneras y cambió su tono y su gesto para poner a su disposición su propia casa y todo cuanto poseía sin reservas, con la única advertencia,… o condición de no ser traicionado, ella consiguió detener su primer envite de rabia y mantenerse en su lugar sin hablar, no obstante el brillo de sus ojos, clavados en el Maiar delataban una ira contenida, y un tropel de pensamientos que abordaban su mente de repente sin ser invocados… y con el temor de que Sincarión pudiera advertirlo, decidió retirarse de la sala, no sin antes inclinar levemente la cabeza ante el mago , como quien ha recibido una clara orden, o una respuesta cabal de un alto mando.

Pero la forzada media sonrisa de Earin desentonaba con la mirada cargada de hastío y enfado por parte de la elfa, el no habló mas. Ella se giró volteando sus ropajes y se apresuro a salir de allí, pero algo en su interior la volvió hacer recapacitar… y se detuvo de repente bajo el umbral de las puertas, y ecptando la proposicion del Maiar, y sin volver la cabeza dijo;

Si me permitís, prefiero esperar abajo - y exagerando el tono concluyó; - “Mi Señor.”

Bajo las escaleras oscuras y secretas con rapidez hasta volver a ver la luz del día, y busco a Hachída con la mirada, él permanecía sentado a las puertas del castillo, tranquilo y sereno, ella volvió a extrañarse del comportamiento de perro, nunca lo había visto tan sociable… ¿te gusta este lugar, no es cierto Hachída? Y por vez primera sonrío mientras posaba su manos sobre la enorme cabeza del perro, levantó la mirada para contemplar la belleza del mar y las palabras del mago resonaron en su cabeza, nadie la había hablado así nunca jamás, se sentía extraña por que en lo profundo de su ser sintió una extraña simpatía por el mago no había sentido respeto ni admiración por ninguna criatura desde hacia muchos años y el mago se la había ganado en solo unas horas...

Rescatando sentimientos antiguos y olvidados y haciendo conocer otros nuevos como la capacidad de reprimir sus impulsos y controlar sus instintos, algo que no había tenido necesidad de hacer ante nadie, ...hasta ese día...