La Guerra de los Clanes

Narmelost - La Ciudad Del Poder De Fuego

Escribiéndose...
Escrito el 09-10-2004 22:41 #1

Al Norte de la ciudad, Morelimbar recibía las aguas de su afluente, Arkanelle, el Arroyo Estrecho. Aunque este riachuelo no era profundo, lo cierto era que sus aguas eran turbulentas y frías, pues una gran cantidad de remolinos se escondían bajo ellas.

Resguardada por los ríos se hallaba la capital, Narmelost, La Ciudad del Poder de Fuego. Rodeada de un enorme río de lava ardiente, a modo de foso, que nacía de una cascada procedente de las mismas entrañas de las montañas. El nombre de la cascada era Yagnárë, Barranco de Fuego, pero el río fue llamado Nar-Falmar, Ola de Fuego.

Varios puentes sobre Nar-Falmar permitían llegar a la ciudad. Las casas, de diferentes estilos y arquitectura, una cosa tenían en común, y era que todas ellas estaban construidas de negra piedra, del mismo material que la piedra de Orthanc. Grandes herrerías, enormes establos, barracones para el innumerable ejército de Nurn...

En medio de la ciudad está la Fortaleza Negra, pues estaba enteramente tallada en roca negra, como un gran espejo tintado en negro, sus tres torres formaban un triángulo perfecto, como tres picos que se elevaban al cielo casi hasta el infinito. Es Morna Selmë, La Voluntad Negra, donde los pendones con el emblema del Clan, la Llama Roja, ondeaban con el viento.

Las enormes torres, estaban talladas con diabólicas imágenes y oscuras palabras, frisos con impresionantes gárgolas de rostros horribles, poseían grandes ventanales que se abrían al horizonte, y terminaban en tres picos altos y negros también. Una gran puerta, semejante a la boca de un dragón, se hallaba en el centro, de puertas tan resistentes que ni un Balrog podría huir o penetrar por ellas.

La Torre del Norte, Rúnya Mindon, era la Torre de la Llama Roja. Tomaba su nombre como símbolo del Clan, pues era en ella donde se encontraban las salas destinadas al gobierno de Nurn. Allí estaba también la Sala del Consejo, una sala llena de luz, debido a que estaba totalmente abierta a los lados por grandes arcos tallados. En la cúpula circular había un gran fresco, donde estaban relatados los hechos más destacados de la historia del Clan. En el centro de la sala, había una gran fuente de piedra negra tallada decorada con exquisitas filigranas de mithril, por la cual descendían pequeñas cascadas, pero no de agua, sino de sangre. En un lado de la estancia un gran tapiz con el emblema del Clan bordado en ithildin, bajo el cual se encuentran los Tronos del Consejo, pues todos son iguales, y se distribuyen hacia los lados de la sala. Veinte Tronos tallados en marfil, con delicadas ornamentaciones en negro galvorn. En el respaldo, un delicado conjunto de diamantes y rubís, y grandes almohadones de seda negra.

La Torre del Este, Elenmorna, era la Torre de la Estrella Negra, y la Torre del Oeste, Taltárion, era La Torre de la Derrota de la Luz. En ellas se encontraban dispuestas las grandes habitaciones destinadas a los Señores de Nurn, vivieran o no permanentemente en ellas.

En los niveles subterráneos de Narmelost estaban las Mazmorras de Nurn, llamadas también, Yaimë Farnë, La Morada del Llanto.

[Editado por Indil el 12-10-2004 21:54]

Escrito el 13-10-2004 08:30 #2

Como una sombra se deslizaba silenciosamente sobre las piedras negras que conformaban el camino trazado... La luz mortecina iluminaba apenas su rostro, pues la capa negra que llevaba cubría su cuerpo casi al completo.

Mientras ascendía rápidamente por el camino, no emitía sonido alguno, ni pasos, ni el ruido de la capa al ondear al viento, ni siquiera su respiración; como si se hubiera traido consigo el mismo silencio de muerte de Taur-dîn-Tirith.

Pero más allá de su figura, ecos de sonidos lejanos llegaban a ella. Los orcos nunca habían sido seres silenciosos, y aunque a base de duras lecciones habían aprendido que muchas veces era peligroso para ellos perturbar la paz de sus Señores, los ecos de su cotidianeidad se percibían por las calles desiertas en la madrugada.

Pero aquella figura oscura tenía prisa, y no estaba dispuesta a dar lecciones de comportamiento a nadie, aunque fueran en las placenteras Mazmorras de Nurn.

Había marchado de Narmelost hacia bastante tiempo, pues aquellas a quienes consideraba su pueblo, creado de su misma maldad, estaban inquietas. Ahora sabía por qué. Las fronteras nunca habían sido seguras, pero ella sabía que poco a poco la mínima seguridad que habían conseguido desaparecería un día... Y la guerra volvería con su penetrante olor a sangre y descomposición...

Ahora regresaba a Narmelost, y la oscuridad de Morna Selmë se hacía más oprimente que nunca. Aquella Negra Voluntad hecha de roca viva parecía saber casi con más certeza que ninguno de ellos lo que se avecinaba.

Al llegar a la puerta la Guardia Negra hizo ademán de acercarse a detenerla, pero ella echó hacia atrás la capucha, y sus ojos violeta la identificaron sin necesidad de pronunciar palabra alguna.

Subió las amplias escalinatas talladas, y se dirigió directamente a sus aposentos, en Taltárion, donde esperaba poder descansar hasta el amanecer... Algo más tarde buscaría a quienes había venido a buscar, si es que la fortuna quería que estuvieran allí. Pero por ahora, todo podía esperar... Y lo que a Delisse la esperaba era un merecido descanso.

Escrito el 18-10-2004 17:48 #3

Estaba inquieta, era una de esas noches en que sabía que no pegaría ojo, el sueño no acudiría y no habría descanso para ella esa noche. Tampoco lo necesitaba, pero sentía que perdía el tiempo allí tumbada entre las negras sábanas de seda, dando vueltas de un lado para otro, y comenzaba a desesperarse. Se levantó enrollándose la sábana al cuerpo, las cálidas noches habían quedado atrás. Se acercó hasta uno de los grandes ventanales y lo abrió de par en par. El viento siseaba como si estuviera dolorido, y un escalofrío recorrió la espalda de Nulkaiel.

Desde el cuarto y último nivel de Rúnya Mindon tenía una buena vista de la Fortaleza y de toda Nármelost. Qué hermosa se veía de noche. No muy lejos la vista podía deleitarse en el foso que había a las afueras de la ciudad con su río de lava, una pequeña y juguetona serpiente roja que ponía un punto de color entre tanta oscuridad.

A pesar de las horas que eran había bullicio en las calles, borrachos, soldados que dejaban de hacer sus guardias por unos segundos para charlar con los compañeros, y gente que prefería la noche para llevar a cabo sus trapicheos..

Volvió la vista hacia el Oeste, y allí estaba imponente Taltárion. Algo le llamó la atención, pues había luz en los aposentos de Delisse, \"ya ha vuelto\" -pensó. Hacía varias semanas que les había dejado, en una de sus misteriosas partidas. Seguro que había ido a verlas, y eso significaba que traería noticias.

La luz desapareció. Tendría que esperar unas horas para hablar con ella.

Miró de nuevo hacia Nar-Falmar, la Ola de Fuego, como conocían en la ciudad al río candente, y con la vista perdida en él, empezó a recordar el primer encuentro con la Maia, como ella había sido su salvación.. y sin darse cuenta el alba empezaba a despuntar. Cerró la ventana, y regresó de nuevo a la cama, aunque sea intentaría descansar un rato, y luego iría a verla.

Escrito el 18-10-2004 21:10 #4

Anar, solemne, buscaba el fin de la noche, elevando su luz sobre la línea del mar. Las aguas rugían con la llegada del Viento del Norte. Isil, orgulloso y rebelde, se resistía a dormir, y las estrellas se imponían todavía al primer azul del cielo. Las briznas de oscura hierba se estremecían, ante el leve retumbar de la infértil tierra. Los secos arbustos, a orillas del Avanen Ehtelë, comenzaron a ser mecidos por las caricias de un terrible lay. Las negras ramas imponían sus primeras sombras, despreciando la última mirada de Elbereth, quien resistía a cerrar sus ojos, pues no quería dejar de iluminar los pasos de su hijo. La bruma inundaba el aire al norte del Lago Prohibido, ocultando la visión de Narmelost en el horizonte. Pero al final siempre aparecía, desafiando a la luz. Como si Númenor entera hubiera cruzado el mar, las paredes de piedra negra atraían a la última semilla de Morgoth. Pero era la majestad de Morna Selmë la que de lejos llamó al viento traedor de versos. Las grandes puertas de la torre se abrieron, para dar paso al servidor del Poder del Odio y la Muerte, sin que ningún centinela le diera el alto. Pues era traedor de luz, aunque también de tinieblas, y nadie se atrevió a interponerse en su camino, ni a enfrentar su mirada. Pues el terror viajaba con él, y la muerte besaba sus pasos. Las puertas de la sala del trono se abrieron, y un gran viento despertó a Shulak de sus pensamientos. El aroma que se respiraba, trajo ambición y sed de sangre al Señor de Nurn. Pero ni siquiera esas sensaciones eran comparables al hechizo de la voz que llegaba, recorriendo cada uno de los rincones de la estancia. Impregnando de realidad los deseos de venganza y los sueños de destrucción.

Un negro corcel, atravesó el enorme arco de la puerta. Su brillante pelaje refulgía a la luz de los ventanales. De plata eran los estribos, así como todos los adornos que dignificaban su imagen. Sobre él, una figura imponente, oscura y misteriosa. El jinete saltó a tierra.

- \"¿Quien sois? Descubrid vuestro rostro\" - ordenó Shulak, fascinado por aquella presencia.

El misterioso personaje retiró su capucha.

- \"Salve Shulak, Señor de Nurn. Largo camino he recorrido en busca de vuestro reino. Aquí estoy, pues este es mi destino. Mi nombre es Aniron Elentár, El Brazo de Melkor. Y a esta tierra me ataré, pues tan solo las piedras Utumno, pueden albergar mi espíritu\"

Aniron clavó su mirada en los ojos de Shulak.

- \"Si vos lo permitís..., por supuesto.\"

Escrito el 19-10-2004 17:12 #5

Shulak, el que otrora sembrara la muerte en el Este, pasaba lentamente las hojas de un grueso libro que descasaba sobre la mesa del consejo. Él permanecía de pie, dando cortos paseos por la amplia sala, mirando a ratos por las altas ventanas, a ratos perdiéndose en aquel viejo libro. Había llegado allí en busca de Nulkaiel. Pero no la había encontrado.

Le habían llegado informes de que la guerra se precipitaba, de que los distantes clanes del Oeste se estaban preparando para la guerra. Nurn siempre estaba preparado, pero se debía avisar a las compañías avanzadas. Porque ahora, ya nada podía considerarse fortuito, todo debía ser juzgado con los ojos de la guerra.

Pero Shulak no tenía prisa, nunca tenía prisa, y se había entretenido con ese hermoso libro que alguien se había dejado sobre la mesa. Tenía grandes e impactantes ilustraciones, y contaba la génesis de Nurn en grandes y perfectas letras. Debía datar de los primeros años del clan y...

Unos golpes interrumpieron su lectura relajada.

Apareció un elfo de oscura cabellera que con arrogancia se presentó a sí mismo. -Quien haya dejado entrar aquí a este elfo lo pagará con su vida y su dolor- se dijo Shulak.

-Sois valiente señor, y por eso seguís con vida, no me gusta matar a valientes... aunque lo hago si me obligan a ello. Os recomiendo un poco más de cordura. Esto es Nurn.- Shulak calló un instante, luego continuó - Avisaré de vuestra presencia a Nulkaiel, Señora de Nurn, ella decidirá si vivís o si morís... puede que incluso se os acepte en esta sala, pero de momento salid de aquí- Shulak hizo una ligera reverencia queriendo suavizar sus duras palabras- Esperad en la antesala mientras reclamo la presencia de la Señora-

Shulak llamó inmediatamente a un esclavo, escribió dos notas y se las entregó: una para Nulkaiel, avisándola de lo sucedido, la otra citando al sargento encargado de la guardia, al que hoy arrancaría el corazón ante todos los soldados.

El esclavo, temblando ante la mirada amarilla del hombre-dragón, salió corriendo de la sala.

Shulak se dirigió al elfo -espero perdoneis nuestra dureza, pero vivimos momentos en los que no se puede vacilar-

[Editado por elfo_negro el 19-10-2004 22:50]

Escrito el 20-10-2004 15:58 #6

Apenas llevaba dos horas durmiendo cuando entre sueños le pareció escuchar un canto, como si unos versos lejanos hubieran escalado por la roca y se hubiesen colado en sus aposentos queriendo despertarla. Sin embargo, fue otra cosa lo que la hizo sobresaltarse pues sintió que la tocaban en la espalda. Sin pensárselo dos veces se dio la vuelta y agarró por el cuello al intruso.

-soy yo señora! -dijo la esclava con esfuerzo. -la mano de la noldo estaba asfixiándola.

-necia, no vuelvas a hacer eso, me has asustado, la próxima vez quizá no tengas tanta suerte. Espero que tengas una buena excusa.

-han traído esto para vos.

La esclava sacó un pequeño papel y se lo entregó a la elfa mientras se frotaba el cuello dolorido.

Al desplegarlo reconoció la letra inmediatamente, y sintió curiosidad por saber que quería el de ojos amarillos.

- ¡Maldita sea! Tendré que cambiar los planes.. Rápido trae mi ropa, y avisa a Delisse. Dile que me gustaría verla, que si quiere estaré en la Sala del Consejo.

La sirviente asintió y marchó sigilosa a cumplir su cometido.

Mientras se vestía apresurada volvió a pensar en la nota de Shulak. Alguien había sido lo bastante estúpido como para permitir la entrada de un extranjero, pues no se tenían noticias de la llegada de nadie en esos días. Si los centinelas habían abandonado su puesto lo pagarían caro. Había bastantes cosas que aclarar esa mañana y la más importante era averiguar quién demonios era ese por el que se estaba armando tanto revuelo.

Allí estaban junto a la puerta, los dos Guardias que vigilaban el cuarto nivel, nadie entraba en los aposentos de Nulkaiel sin que ellos lo supieran. Le hicieron una ligera reverencia de cabeza y volvieron la vista al frente. Sabían que si ella no indicaba otra cosa debían permanecer ahí.

El taconeó de las botas resonaba por las escaleras a esas tempranas horas. Pronto la actividad sería frenética. Pasó por la antesala terminando de ajustarse el cinturón de mithril sin mirar nada más, pero en el preciso instante en que abría las puertas de la Sala, notó una presencia. Giró lentamente sobre sus talones y vio a una misteriosa figura apoyada en la pared. Sus dos grandes ojos negros se clavaban en ella escrutándola.

- Os esperan, mi señora. -dijo un soldado abriendo las grandes puertas

Mientras la elfa entraba por uno de los arcos tallados, varias preguntas acudían a su mente.

-Alasse aurë Shulak. Afuera hay un elfo esperando, supongo que es él, ¿te ha dicho quién es? y ¿cómo ha llegado hasta aquí tan libremente?

Escrito el 20-10-2004 19:31 #7

-Dice llamarse Aniron Elentár- dijo Shulak con voz átona. -pretende formar parte del Clan, parece valiente, y su corazón es sincero, y es más poderoso de lo que aparenta- calló un instante y luego reemprendió el diálogo con un susurro, para que sólo la elfa lo oyera -pero necesita una lección de modales, es arrogante como todos los noldor, a faltado poco para que entrara con el caballo en la sala del Consejo.- y le dedicó una sonrisa maliciosa a la elfa- tú lo entenderás mejor que yo... yo he estado a punto de lanzarlo por la ventana.-

Otra sonrisa se dibujó en su cara, pero sólo era una máscara.

-En cuanto al modo como ha entrado- dijó subiendo el tono para que el elfo lo oyera - Ha sido un error que no se repetirá. Hoy morirá el estúpido que le ha franqueado el paso sin informar a nadie... Esto es Nurn.- Y la furia se dibujó en su rostro, pero de nuevo era una máscara.

[Editado por elfo_negro el 20-10-2004 20:57]

Escrito el 21-10-2004 00:01 #8

Aniron observó los inquietantes ojos de Shulak. Adivinó la gran fuerza que albergaba su interior. El poder de sus músculos era evidente. El elfo sonrió levemente al hombre gusano.

- \"Como deseéis\" - contestó con una ligera reverencia - \"Impaciente estoy por conocer a quien debe decidir mi vida o mi muerte. Nunca antes me encontré ante una situación tan embarazosa. Mis respetos.\"

El noldo cogió las riendas de su caballo, y se dirigió hacia la puerta. Mientras salía de la sala, pensaba en lo divertido de la situación. Pobres guardias, ¿serían capaces de matarlos por no detenerle? Si lo hacían, sabría que no se había equivocado de lugar. ¿Y que ocurriría si decidían matarlo a el también? Sería interesante que fuera así.

Aniron observó la antesala. El techo se perdía en la altura. Casi no se adivinaba donde se encontraba, pues la oscuridad de aquella fortaleza ocultaba la piedra negra de la que estaba construido. Del mismo material estaban fabricadas las enormes columnas que escoltaban el pasillo central. El elfo se quedó allí esperando, apoyado en una de las frías paredes. Adoraba la textura de esa piedra. Recordaba el gélido tacto de la muerte.

El claro sonido de unos tacones llegó a través de las escaleras que daban a los niveles superiores. Aniron permaneció expectante. La puerta de acceso a la sala se abrió, y apareció una figura alta y esbelta. Se trataba de una dama elfa. Su cabello caía sobre los hombros, liso como las cobrizas aguas de Tarkaire en los días tranquilos. Su tez pálida como el mármol destacaba sobre el negro refulgente de su atuendo. Su vestido era ajustado en su parte superior, resaltando el femenino cuerpo. Estaba ceñido por un precioso cinturón de mithril, a partir del cual caía como una cascada en la noche. Su aspecto era frágil, y su piel se veía delicada. Pero Aniron pudo adivinar en sus grandes ojos la fuerza y el orgullo de los noldor, cuando sus miradas se cruzaron.

Las grandes puertas de la sala principal se abrieron, y un soldado se dirigió a la dama.

- \"Os esperan, mi señora.\"

Y Nulkaiel Milyawen desapareció tras el gran arco, dejando a Aniron Elentar envuelto en sus pensamientos.

Escrito el 21-10-2004 00:56 #9

Los tenues rayos de sol que iluminaban y daban algo de calor a la estancia se acercaron para despertarla suavemente, iluminando su rostro.

Su cuerpo agradeció el calor prestado, apenas cubierto por las sábanas de seda de color azul intenso. Y poco a poco comenzó a abrir los ojos, acostumbrádose levemente a la nueva intensidad de la luz.

Pero pronto recordó qué cosas la habían llevado de vuelta a Narmelost, y se incorporó de golpe apartando las sábanas, saltando casi de la cama.

Avanzó rápidamente para atravesar la habitación, y al instante entró una doncella presta a atender a su Señora.

Delissë se dejó hacer no sin varios comentarios acerca de la lentitud de la doncella, y su torpeza... Hasta finalmente echarla de allí sin miramientos. Terminó de vestirse ella misma, y dejó sus largos cabellos ondear libre al ritmo de sus pasos. Se ajustó la espada, y enfundó sus dagas sin perder casi un instante, y salió al pasillo para dirigirse directamente a la Sala del Consejo... A medio camino un sirviente se acercó a ella, y le susurró unas leves indicaciones. Ella simplemente asintió y siguió su camino... Más imprevistos....

Cerca de la puerta había un elfo, y ella pasó sin mirar siquiera... si bien tomó conciencia de él rápidamente. Un poder oculto pensó... Pero siguió adelante, sin demostrar ni el más mínimo atisbo de haber reparado en él.

Un soldado abrió la puerta, inclinándose reverentemente. Ella le lanzó una despectiva mirada y entró sin más en la sala donde debía encontrar a Nulkaiel Milyawen y a Shulak.

Escrito el 21-10-2004 20:38 #10

Soltó una carcajada sin poder evitarlo. No se prodigaba en reír tan abiertamente, pero aquel comentario sobre los noldor y de lanzarlo por la ventana le resultó divertido. Shulak.. siempre tan misterioso, nunca se termina de saber lo que hay detrás de esos ojos. Su Maestro militar no dejaba de sorprenderla, tenía la sensación de que por más que pasaran los años, no llegaría a conocerlo del todo.

\"es más poderoso de lo que aparenta\".. esas palabras todavía resonaban en su mente. Definitivamente habría que conocer a ese extranjero, quería comprobar por sí misma si era tan poderoso como predecía el Oriental.

-sé que te encargarás del centinela.. pobrecillo -dijo con tono irónico. Pero hay algo que me molesta bastante en este asunto, y es tener que desprendernos de un soldado cuando la guerra nos llama. Espero que el resto tomen buena nota de lo sucedido y no se vuelva a repetir. Estos inútiles a veces llegan a ser un fastidio.

Un soldado se acercó para anunciarles la llegada de Delisse

- que entre, la estábamos esperando.

El soldado se encaminó hacia la entrada para abrirle las puertas a la Doncella del Odio.

- saludos hermana. Me alegra que hayas regresado a Nármelost, empezaba a añorarte.

- Saludos. Tenía algunos asuntos que tratar -dijo guiñándoles un ojo. -¿Qué ha ocurrido exactamente?

Shulak le hizo a la Maia un resumen de lo acontecido. Y los tres estuvieron de acuerdo en tener una pequeña charla con el misterioso elfo. Cuanto antes acabasen con el tema, antes podrían dedicarse a otros asuntos. Aunque.. tal vez la conversación fuese más interesante de lo que podía parecer, pues no todos los días alguien irrumpía de esa manera en Nurn. Pronto saldrían de dudas. La noldo ordenó al guardia que custodiaba la puerta que dejara pasar al elfo.

Le vio avanzar con paso tranquilo, lo que la permitió contemplarle detenidamente y fijarse más en los detalles. Lo primero que llamó su atención, fue una cadena de plata rodeando su cabeza y el broche que pendía de ella. Le daba un aire regio y curioso. A pesar de la túnica y las ropas, se adivinaba su fuerte complexión que, unida a su elevada estatura, le hacía más imponente. El negro de su indumentaria contrastaba con el brillo que desprendía el mithril de la coraza. Hacía tiempo que no veía una tan bien hecha.

Por la vestimenta quedaba claro inmediatamente que no se trataba de un elfo cualquiera. Sí, sería interesante..