I: NACIMIENTO
De no ser porque se suele decir, y es creencia generalizada entre los humanos, que los animales no poseen la facultad de pensar y razonar; bien podría decirse que la gaviota en cuestión era casquivana, cabezota y, hasta cierto punto, un poco estúpida.
Hacía horas que había abandonado la seguridad que le daba la zona costera donde vivía, y llevada por un extraño y repentino impulso, decidió internarse todo lo que pudiera en el interior del continente. Buscaba algo, no sabia exactamente el que, sería quizás que se dejó llevar por ese impulso repentino y extraño que hace que todos tengamos en algún momento ganas de volar lejos y sin rumbo fijo, o mas bien, sería que su carácter crédulo le había jugado una mala pasada, otra más, y estaba buscando La Cuna del Sol.
Así es como denominaban las otras gaviotas, la mayoría de ellas familiares más o menos directos de esta, a la costa este de aquel extenso continente. Era creencia común en los acantilados donde se había criado nuestra gaviota que allí, al otro lado del continente, donde ninguna gaviota que se conociera por aquellos lares había estado nunca, en el oriente de la tierra, existía una especie de paraíso para las gaviotas. Lugar de felicidad, en donde los peces eran abundantes y fáciles de conseguir, y no había depredadores por los que preocuparse. Sea como fuere la gaviota casquivana y estúpida se dejó llenar la cabeza de estas absurdas ideas, y en la mañana de aquel soleado día de verano, cuando la agradable brisa marina le rozaba la cara junto a la costa de su hogar, decidió que aquel lugar del que le habían hablado estaba hecho precisamente para ella. Y así, emprendió el vuelo y enfiló el interior del continente, y no se preocupó ni de echar una sola mirada hacia atrás. Convencida como estaba, de que lo que tenía delante era mucho mejor que lo que dejaba detrás.
También hay que decir que a los que dejaba detrás no les preocupó en demasía esto, y casi no echaron cuenta su ausencia. Tampoco era una gaviota muy apreciada en el acantilado.
Pasado un buen rato, muchas horas se diría en las cuentas de los humanos, la mañana moría dejando paso al mediodía y el sol de este joven verano comenzaba a estar en todo su apogeo. Calentaba la extensa meseta casi desértica que ahora sobrevolaba la gaviota, y hacia que esta pareciera una autentica estrella fugaz en medio de la luz del día al reflejar sus rayos
en el plumaje blanco del ave.
Había volado durante mucho tiempo hacia el interior del continente, una gaviota con un poco mas de sentido común, hubiera ido al otro extremo de la tierra bordeando la costa, pero nuestra gaviota no estaba demasiado sobrada de este tan poco común sentido. En las muchas horas de vuelo continuo que llevaba encima había atravesado fértiles campiñas y ríos
caudalosos, incluso había superado montañas, no muy altas, pero montañas al fin y al cabo, se dijo a si misma orgullosa y ufana.
Pero ahora se encontraba con que el paisaje había cambiado radicalmente
y hacía ya horas que solo volaba sobre un autentico desierto pedregoso. La sed comenzaba a dejarse sentir en su garganta, pero no era todavía nada preocupante para un animal tan poderoso como lo era ella, pensó, pues en tan alta estima se tenía a si misma.
El ave se dejó llevar durante un buen rato por las corrientes de aire y planeó sobre aquellas tierras desérticas. Su ánimo comenzaba a flaquearle ahora que estaban en todo su apogeo las
horas mas calurosas del día, y se preguntó que estarían haciendo ahora las jóvenes gaviotas, sus amigas de toda la vida del acantilado. Seguramente estarían dandose un auténtico festín de peces sobre las olas del mar, y la brisa marina les erizaría los pelos de la nuca. Aquél pensamiento le recordó
que no había probado bocado desde la mañana, ni siquiera había tomado un sorbo de agua. Y esta realidad le terminó de sacar de sus ensoñaciones. Ahora es cuando estaba siendo realmente consciente de su situación. Su imprudente entusiasmo le había llevado a penetrar demasiado tierra adentro, estaba completamente perdida y no conocía el desértico territorio que se extendía bajo sus alas.
