La muerte de Fegot

En la noche corría, ¿quién?, un ser oculto, nadie más, la noche corría, con él, el día llegaba y qué podía detenerlo, la noche era muy débil para superar la llegada del sol, y la luna estaba tan triste que nada podría ya dejar de lado su debilidad.

¿Qué pasaría cuando el sol llegara?, su piel se secaría, se quemaría todo en él, y su vida eterna tendría final.

Fegot, era un vampiro, el más malvado de todos, y ahora tenía tanto miedo, los vampiron sólo caminan, no vuelan, toman sangre mas no les fortalece. Son como enfermos y su antídoto de cada noche es la sangre, la muerte de los demás, ¿viven?, no los vampiros sobreviven.

La primera vez que a fegot le vencían, una amplia planicie sin sombra, ni árboles, ni sangre, debía estar a unas 14 horas de la ciudad y debía haber algun lugar con sombra, pero el calor le trastornaría, desearía sus recuerdos, su malicia, lo mataría, y él seguiría existiendo.

Tenía miedo, en extremo, sentía la muerte, mirándole de lejos, sentía el calor aumentar, y la luz cerca de el, corría lo más rápido que podía, se sentía ya derrotado, estaba avergonzado de sí mismo, y sin embargo jamás se rendiría; corría hasta la muerte, sin ninguna muestra de cobardía, ya faltaba una hora para el día, para su muerte, estaba a tanto tiempo de la ciudad, de su guarida.

En la mitad del recorrido, encontró un árbol grande, frondoso, hueco, con un tronco ancho y vacío, entró y el calor dejó ya de asfixiarle, había velas dentro del lugar muchas de ellas, y un ataúd en el centro, no lo dudo, entró y se acomodó en ataúd, durmió, creyendo que ahora si nada lo vencería.

Sus peores enemigos, sus víctimas, llegaron cerraron la entrada, y todo un pueblo enardecido quemó el árbol como se quemaban sus almas en esos momentos, fue el último día para Fegot, que murió tranquilo sin darse cuenta si quería de ausencia en el mundo de los vivos, el poblado siguió su curso, más tranquilo, esperando preparados el momento en que llegara el susesor de su antuiguo parásito.