Habían transcurrido dos días desde el encuentro de Hathol y Zirak. Esa mañana, el humano se encontraba en el salón principal del Cuartel de la Guardia, sentado en una pequeña mesa, redactando cartas y revisando cuentas, cuando una algarabía de voces que venían de fuera le sacó de sus pensamientos...y enseguida reconoció a quién pertenecía una de ellas. Lentamente, se levantó, se ciñó la espada a la cintura y salió fuera. Allí, en el patio, había cuatro guardias, ataviados con sus uniformes y sus picas, que tenían amarrados a un hombre y a un enano de barba rojiza y cara de malas pulgas; uno de los guardias llevaba el rostro teñido de sangre por una herida en la frente.
"¿Qué es lo que ocurre aquí, Radhruin?"- dijo Hathol, con el ceño fruncido, al jefe de la patrulla- "Parad de armar tanto escándalo o alertaréis al Capitán de guardia, y no creo que le guste que le molesten por culpa de dos alborotadores."
"¡¿Alborotadores!? ¿Cómo osá...?"- gruñó el enano, retorciéndose entre los brazos de los dos guardias que le sujetaban.
"¡Silencio!"- gritó Hathol, levantando la mano- "o haré que os amordacen...Maese Enano."
"Bien"- continuó Hathol, cansinamente- "Ahora, que alguien haga el favor de explicarme a qué viene este escándalo...Radhruin."
"Bueno..."- titubeó Radhruin- "...el caso es que oímos gritos y vimos mucha gente agolpada en una de las calles adyacentes a la plaza. Fuimos a ver qué ocurría y nos encontramos con este hombre y este enano discutiendo acaloradamente, estaban muy nerviosos, tanto que casi llegaron a las manos. Entonces, decidimos detenerlos y traerlos aquí para que resolvieran su disputa sin armar tanto jaleo en la calle."
"Y por lo que veo, al Enano no le ha sentado demasiado bien"- dijo Hathol, observando al guardia herido- "¿Me equivoco Maese?"
El Enano emitió un gruñido por toda respuesta.
"Si me permitís, oficial"- dijo el otro hombre detenido- "os explicaré la razón de la disputa. El caso es que yo poseo una forja que deseo arrendar, y éste Enano vino a pedirme precio, le pareció muy elevado, empezamos a regatear, pero yo ya no puedo bajar más el precio, entonces me llamó ladrón y empezamos a discutir, llegó la guardia, y el resto....pues ya lo conocéis."
"¿Es eso cierto, Maese Enano? ¿Ocurrió así?"- preguntó Hathol a Zirak.
"Bueno...sí, algo así"- respondió el Enano a regañadientes- "¡Pero es un ladrón!"
"¡¿Volvéis a insultarme?!"- gritó, rojo de ira, el hombre.
En el rostro del Enano se pintó una sonrisa de satisfacción, pero Hathol volvió a interrumpir la discusión, recordando a los dos alborotadores lo frías y oscuran que eran las mazmorras del Cuartel. La discusión la zanjó Hathol pidiendo "amablemente" al Enano que se disculpara con el hombre de la forja, bajo pena de encerrarle en las mazmorras si no lo hacía, a lo que Zirak accedió de mala gana. Después, acordó con el dueño de la forja un precio algo más bajo para el alquiler, algo a lo que el hombre se negó al principio pero finalmente acabó aceptando. Al finalizar las negociaciones dejó en libertad al hombre y al Enano, pero antes de que Zirak se marchara le susurró algo al oído.
"Os he salvado esta vez Maese, pero que sea la última, ya que quizás la próxima no podré hacer nada para evitar que os encierren en las mazmorras."
El Enano se giró y asintió, después le dio la espalda y se marchó. Hathol suspiró aliviado, pero no vio la sonrisa traviesa que esbozó Zirak al cruzar la puerta de la fortaleza.
[Editado por Encalion el 19-10-2006 11:31]
[Editado por Encalion el 19-10-2006 11:36]