La Guerra de los Clanes

De Camino A Ost-en-Aël

Escribiéndose...
Escrito el 27-09-2006 10:30 #1

El día se levanto lluvioso. LA humedad calaba hasta los huesos. La niebla lo envolvía todo. Y una figura, pequeña y enjuta caminaba por el camino. Embutida en pieles caminaba hablando por lo bajo. Parecía un ser pequeño y deforme de todas los bultos y ondulaciones que formaban las pieles que le cubrían.

-¿Quién demonios me dijo a mi que saliera este maldito día?.- decía la figura.- ¡Por el Hacedor! Esta es la región mas fría de toda la Tierra.

La figura siguió andando. Pronto apareció a un lado del camino un conjunto frondoso de árboles, un pequeño reducto donde la nieve no cubría el suelo y fue aquí donde la figura decidió hace un alto en el camino y descansar.

La figura encendió un pequeño fuego y se sentó a descansar los huesos. Al descubrirse el rostro dejo ver una espesa barba pelirroja y unos robustos rasgos.

Saco algo de cecina, queso y algo de pan que comenzó a comer con parsimonia mientras observaba el fuego.

Escrito el 09-10-2006 11:22 #2

Un jinete apareció a lo lejos en el sendero, cabalgando lentamente entre la nieve y la lluvia, dejando las huellas de las cascos impresas en el barro que cubría el camino. El hombre iba arrebujado en una gruesa capa de lana con capucha y forrada de pieles, llevaba guantes largos de piel, botas altas de montar y una bufanda le cubría el rostro, y sólo dejaba al descubierto dos profundos ojos azules y y unas cejas doradas, ahora blanquecinas por culpa de la nieve que le caía en el rostro. Lentamente, el jinete se iba aproximando al Enano que descansaba y comía junto al fuego, al lado del camino.

"Mala noche para pasar a la intemperie, forastero"- dijo el jinete llegando a la altura del enano, deteniendo su montura.

"Si mañana me despierto de una pieza ya os diré si ha sido mala o no..."- dijo el Enano, hosco.

"Disculpad, forastero, no pretendía ofenderos"- respondió el hombre con sarcasmo- "pero entended que pregunte cuando me encuentro con un extraño merodeando por las fueras de la ciudad."

La luz de la fogata iluminaba el rostro barbudo del Enano, que al escuchar las insinuaciones del jinete, enrojeció de ira.

"¿Merodeando? ¿Cómo os atrevéis?- respondió el Enano visiblemente molesto y ofendido- ¿Y vos quién sois para hablar de esta menera a simple viajante en tierras extrañas? ¿Acaso también estáis merodeando? ¡Hablad! o será mi hacha la que hable por mí, y os aseguro que tiene muy mal despertar."

El hombré retrocedió un poco ante las palabras del Enano, pero se armó de valor, y paciencia, pues no quería iniciar un absurdo conflicto con un viajero tan cerca de la ciudad.

"Si tanto os interesa, Maese Enano"- respondió el jinete- "os diré que mi nombre es Hathol Karkar, oficial del ejército de Helkelen Lara, y hoy se me ha encomendado la tarea de vigilar los caminos que acceden a nuestra capital, Ost-En Äel. Ah, si queréis yo también os puedo presentar a mi espada, su nombre es Fealóke y le encanta cortar...lo que sea."

El Enano observó un momento al Hombre, que, visiblemente alterado, había llevado su mano derecha a la empuñadura de la espada, que le colgaba de la cintura. Entre los pliegues de la capa podía adivinarse el reflejo plateado de la empuñadura. De repente, el Enano estalló en una sonora carcajada.

"Tenéis agallas, amigo"- dijo, jovial- "Así que un hombre de armas, creo que nos entenderemos bien. Venid junto al fuego a calentaros, hace algo de frío esta noche. Por cierto, mi nombre es Zirak."

Hathol bajó del caballo de un salto, lo ató a un árbol cercano y se acercó al fuego, se quitó la capucha y la bufanda y su joven rostro quedó iluminado por la luz de las llamas, una cascada de cabellos rubios como el trigo caía hasta casi sus hombros. Se sentó y empezó a compartir su comida con la del Enano.

Escrito el 10-10-2006 09:48 #3

Zirak saco algo mas de cecina y pan y se lo ofreció al joven.

-Eres muy joven para ser oficial, ¿no?.- dijo el enano mientras se llevaba un trozo de pan a la boca.

Hathol miro con suspicacia al enano.

-No te pongas así jovencito es solo una pregunta.- sonrió el enano.- Así que vigilando los caminos en un día tan inhóspito como este. Debe ser divertido.

-No se si intentáis reíros de mi maese enano. Pero si es así no tiene ningún tipo de gracia.-dijo el humano

-Tranquilo muchacho, tranquilo.- volvió a reír el enano.- Veo que tendré que empezar yo.- el enano hizo una pausa.- Me dirigo a Ost-en-Äel a vuestra capital para instalarme en vuestro reino y poner una herrería. En mi opinión no tenéis buenos artesanos por aquí.-

Hathol se dio cuenta como el enano observaba su armadura al decir “buenos artesanos”. El joven se sonrojo. Era la armadura que poseía cualquier oficial de Lara; pero una armadura hecha por manos de un maestro enano, de esas que hablar las leyendas; comenzó a pensar en una brillante armadura y las batallas que podría ganar y el ejercito que podría dirigir.

Las carcajadas del enano le sacaron de si ensimismamiento.

-Vamos muchacho, no te duermas mientras estas de servicio.- volvió a reír Zirak.

Escrito el 16-10-2006 09:51 #4

Al día siguiente, el cielo amaneció azul y despejado, ni una nube se alcanzaba a ver en el horizonte, pero el frío seguía reinando en aquel paraje totalmente nevado. Los dos viajeros se despertaron pronto y compartieron un frugal desayuno, a base de pan y queso, estaban sentados alrededor de las cenizas y brasas que habían quedado de la fogata encendida la noche anterior

"Bueno, yo debo regresar hoy al cuartel de la Guardia a presentar el informe de esta noche y a que me releven"- dijo Hathol, soñoliento- "¿Cuál será vuestro camino, Maese?"

"Como te dije ayer"- respondió el Enano, mordiendo un pedazo de queso- "mi intención es instalarme en Ost-En Äel y dedicarme al noble arte de la herrería, pues entre los míos soy considerado un buen herrero. He recorrido muchas leguas para llegar hasta aquí, y ahoras deseo establecerme en un sitio fijo...al menos durante algún tiempo."

"Excelente idea"- respondió Hathol, con una sonrisa- "De hecho, tenéis razón al decir que no tenemos buenos herreros, pues los que hay aquí toman su oficio como un trabajo más en vez de como una arte, como hace vuestra gente. Les vendrá bien algo de competencia. Pero decidme, ¿qué os ha llevado a emprender tan largo camino hasta estas tierras tan lejanas? Porque deduzco que venís de muy lejos, ¿es así?"

El rostro del Enano se ensombreció el instante, y fijó su mirada en las cenizas que tenía enfrente, como si esa visión le hubiera hipnotizado, respondió.

"Los Enanos no solemos contar nuestra historia al primer desconocido con el que nos topamos...Maese Humano"- dijo Zirak, con un deje de acritud y amargura en la voz. La pregunta de Hathol había dado justo donde Zirak poseía su armadura más fuerte y resistente: su corazón y su alma.

"De acuerdo"- respondió Hathol, sin perder la compostura, y sobreponiéndose a las palabras del Enano- "En ese caso, y si eso os sirve como prueba de mi buena voluntad, os relataré mi historia, pues yo tampoco soy originario de estas frías tierras...no obstante, tampoco es que haya mucho que contar."

[...]

"Nací muy al Oeste de estas tierras, una región llamada Dor-lómin, bajo el linaje de la Casa de Hador, una de las más antiguas estirpes de Hombres de una vasta extensión de tierra llamada Beleriand. Mi padre fue un gran guerrero al servicio del Rey Supremo de los Elfos de aquellas tierras. Yo siempre quise ser como mi padre, tener su valor y habilidad en la batalla, y su gran corazón y generosidad con los demás Hombres, Elfos y Enanos. Pero la desgracia llegó cuando murió atravesado por tres flechas disparadas por un orco, superviviente de un grupo al que habíamos abatido en el bosque, durante una de las numerosas patrullas que yo realizaba juento con otros hombres de la aldea. Mi padre había regresado de una campaña de guerra, y ya no pudo volver a combatir nunca más. Mi madre murió de pena a los pocos años, y yo decidí emprender viaje hacia el Este, en busca de una nueva fortuna. Al cabo de unos meses llegué a las tierras de Helkelen Lara, y a su capital, Ost-En Äel. Allí oí que necesitaban gente para formar parte de la Guardia de la ciudad, y me alisté como soldado. Hoy soy oficial...pero aún tengo muy presente el recuerdo de la tierra que me vio nacer...y sobre todo el recuerdo de mi padres..."

[...]

Hathol calló de repente, y se sumió en oscuros pensamientos. Zirak no había dejado de mirarle durante todo el relato, al fin dijo: "Es una triste historia...amigo."

"Sí..."- respondió Hathol, cabizbajo y con lágrimas en los ojos.

Escrito el 16-10-2006 12:45 #5

El enano se puso en pie y apoyo una mano sobre el hombre del muchacho.

-La muerte de un ser querido siempre es algo difícil de aceptar.- suspiro.- El tiempo no cura todas las heridas. Sobre todo las mas profundas.

Zirak emitió una especie de gruñido. Como intentando recuperar la compostura.

-Bueno muchacho. Deberás irte o te capitán se preocupara y mandaran a alguien a buscarte y con un humano puedo lidiar pero mas de dos me empalagan en el desayuno.-rió el enano.

Hathol se seco las lagrimas que le caían por las mejillas y se puso en pie.

-Si debería volver, antes de que manden a mas “humanos” a buscarme.- dijo mientras se acercaba a su montura.- Disculpar maese enano; por curiosidad. ¿Desde donde venís?

Zirak que se encontraba recogiendo sus pertenencias se giro como movido por un resorte.

-De las montañas Azules, mi joven amigo del otro extremo del mundo.- respondió y volvió a organizar sus cosas.

Hathol subió a su caballo.

-Seguir este camino que os llevara a la entrada principal de Ost-en-Aël, no tiene perdida. Espero volver a veros maestro herrero.

-Yo a ti no, joven guardián de Lara.- rió el enano

Hathol comenzó a trotar con su caballo, sonriendo ante la respuesta del enano.

<<Estoy seguro de que volveremos a vernos. Maestro Herrero Zirak>>

El humano azuzo a su caballo de vuelta a la ciudad.

Escrito el 17-10-2006 20:56 #6

Era ya mediodía cuando Hathol llegó a Ost-En Äel, el sol lucía brillante en el cielo y la nieve empezaba a derretirse. Las puertas estaba abiertas y empezaba a crecer el tráfico de mercaderes que entraban en la ciudad a vender sus productos: carretas con trigo, avena y demás cereales, ganaderos con sus rebaños de ovejas, cerdos, gansos y gallinas, buhoneros con multitud de objetos variopintos...en fin, gente intentando ganarse la vida.

Hathol llegó cabalgando, descabalgó y se puso en la cola de comerciantes que esperaban su turno para ser inspeccionados por los guardias y ser autorizados a entrar en la ciudad. Hathol bien hubiera podido abrirse paso entre la gente sin esperar su turno, pues era oficial de la Guardia de la ciudad, pero no le gustaba hacer ostentación de los privilegios que tenía, así que esperó pacientemente como uno más de los comerciantes que allí se agolpaban. Cuando le tocó a él los guardias enseguida le reconocieron y le saludaron tal como correspondía, después enfiló por la calle principal, atestada de los mercaderes, tanto locales como foráneos, que habían colocado ya sus puestos de venta y gritaban intentando convencer a la gente de que sus productos eran los mejores. La plaza también estaba abarrotada, así que Hathol decidió atajar hacia el cuartel de la Guardia por un callejón estrecho y maloliente, pero que al menos conducía más directamente al cuartel. Torció hacia la derecha por otro callejuela y al final llegó a una amplia plaza, donde se encontaraba el cuartel de la Guardia de la ciudad.

Se podría decir que el cuartel de la Guardia de ost-En Äel era una pequeña fortaleza dentro de la ciudad, pues estaba rodeado por una muralla alta y gruesa, con una torre de vigilancia en cada una de sus cuatro esquinas. En el centro se encontraba propiamente el edificio del cuartel. Una gran cosntrucción rectangular de piedra, con el techo, a dos aguas, de madera. El edificio contaba con dos pisos, en la planta baja se encontraban las esancias y los despachos de los oficiales y en en piso de arriba las celdas de los guardias y soldados, a las cuales éstos accedían por una escalera exterior de piedra adosada al muro del edificio. Encima del dintel de la puerta principal del cuartel estaba el emblema del país de Helkelen Lara, tallado en piedra. A la derecha del edificio principal se encontraban los establos para los caballos y a la izquierda un pequeño edificio de piedra de una sola planta para alojar a los criados y sirvientes.

Cuando Hathol llegó, la puerta principal de la fortaleza ya estaba abierta, entró y dejó el caballo a un sirviente que acudió presuroso, se quitó los guantes y se dirigió hacia el cuartel con paso rápido, pues debía entregar el informe de la ronda de la noche anterior. Cuando accedió al interior de la sala principal una sensación de calor le invadió, pues la chimenea estaba encendida, se quitó la gruesa capa de pieles que llevaba sobre los hombros y la colgó de un perchero clavado en la pared, rápidamente se dirigió a los aposentos de Durbem, uno de los capitanes de la Guardia, para el informe de la noche anterior, no obstante, no consideró importante mecionar el encuentro con Enano, pues no le había parecido alguien peligroso como para ordenar que se le siguiera. Llamó a la puerta y entró en la estancia.

"Capitán"- dijo Hathol- "el informe de la noche anterior..."

Escrito el 18-10-2006 09:28 #7

Zirak comenzó a andar en dirección por donde le había indicado el soldado.

<<Pobre muchacho tan joven y ya ha sufrido tanto dolor. Eso cambiara su carácter para el resto de su vida.>> pensaba el enano mientras caminaba.

El camino como bien había dicho el muchacho era bastante recto y solo alguna pequeña colina aquí y allá manchaban la llanura. La primavera estaba comenzándose ha hacerse presente en estos fríos reinos del norte.

Zirak caminaba despacio habían sido muchos días, semanas de largo camino como para tener prisa ahora. Al alcanzar el punto la cima de una de aquellas colina se presento ante si Ost-en-Aël con el amanecer del sol a la espalda de la ciudad daba una sensación de grandeza y nobleza, solo comparable a las grandes mansiones de los enanos bajo montaña, pensó Zirak.

El enano suspiro y continúo su camino hacia la entrada de la ciudad. Comenzaron a aparecer gran cantidad de personas a los largo del camino en su misma dirección. Todos le miraban con ojos perplejos. Un muchacho no mas de unos 14 años que caminaba con su padre que parecía ser un curtidor, no hacia otra cosa que girar la cabeza para observarle con curiosidad.

En una de estas miradas; el enano le salto.

-Haber muchacho. ¡Nunca has visto a un enano que podría partirte la cabeza con una mano.-

El padre el muchacho se giro y miro a Zirak no con ira por las palabras que había pronunciado hacia su hijo. Sino con la misma curiosidad que él.

-Perdónele maese enano.-dijo mientras le daba un pequeño golpe en la cabeza a muchacho.- No hay muchos de su raza por Arador. Por no decir que sois el único en todas estas tierras. En Helkelen Lara nunca se ha visto a un enano.

-¿Nunca?.- Pregunto Zirak asombrado.- Vaya, pues esas perdonado muchacho. Pero te recomiendo que no vayas mirando a la gente así, no todos los de mi raza son tan parados y alguno ya te hubiera clavado el hacha en el cogote.- rió el enano, al que acompaño el padre.

-Ermur Lothar.- dijo el hombre extendiendo la mano.

-Zirak. Un placer maese curtidor.- respondió el enano estrechando la mano del hombre.

Caminaron juntos hasta una cola a la entrada de la ciudad. Ermur informo al enano de la mayoría de las costumbre de Lara y en especial de la capital. Y de donde podría encontrar un lugar para encontrar una forja en mas o menos buenas condiciones y precio. Al humano le alegro mucho saber que un buen herrero enano se instalaría en Ost-en-Aël. “Eso le traerá mucha categoría a la ciudad”, como bien dijo Ermur.

Pasaron el control de la guardia de la entrada. Que volvieron a mirar estupefactos al enano y por ello recibieron un gutural gruñido. Desatando las risas de Ermur y su hijo y de la inspección algo rápida de los guardias.

Ost-en-Aël era una gran ciudad. Aunque a los cimientos de roca de las casas Zirak les haría algunos cambios. Acompaño a Ermur y a su hijo hasta la plaza principal del pueblo donde se reunían todos los mercaderes, tramperos y demás comerciantes que venían a la capital a vender sus productos.

-Bien, aquí nos separamos maestro enano.-dijo Ermur.- Seguir aquella calle y llegareis a la Casa de Ost-en-Aël. Alli os informaran. Espero volver a veros maese.

-Muchas gracias maestro curtidor. Volveremos a vernos.-

Zirak se encamino hacia donde le habían indicado. Ya estaba en Ost-en-Aël, ahora empezaba el verdadero trabajo.

Escrito el 19-10-2006 11:29 #8

Habían transcurrido dos días desde el encuentro de Hathol y Zirak. Esa mañana, el humano se encontraba en el salón principal del Cuartel de la Guardia, sentado en una pequeña mesa, redactando cartas y revisando cuentas, cuando una algarabía de voces que venían de fuera le sacó de sus pensamientos...y enseguida reconoció a quién pertenecía una de ellas. Lentamente, se levantó, se ciñó la espada a la cintura y salió fuera. Allí, en el patio, había cuatro guardias, ataviados con sus uniformes y sus picas, que tenían amarrados a un hombre y a un enano de barba rojiza y cara de malas pulgas; uno de los guardias llevaba el rostro teñido de sangre por una herida en la frente.

"¿Qué es lo que ocurre aquí, Radhruin?"- dijo Hathol, con el ceño fruncido, al jefe de la patrulla- "Parad de armar tanto escándalo o alertaréis al Capitán de guardia, y no creo que le guste que le molesten por culpa de dos alborotadores."

"¡¿Alborotadores!? ¿Cómo osá...?"- gruñó el enano, retorciéndose entre los brazos de los dos guardias que le sujetaban.

"¡Silencio!"- gritó Hathol, levantando la mano- "o haré que os amordacen...Maese Enano."

"Bien"- continuó Hathol, cansinamente- "Ahora, que alguien haga el favor de explicarme a qué viene este escándalo...Radhruin."

"Bueno..."- titubeó Radhruin- "...el caso es que oímos gritos y vimos mucha gente agolpada en una de las calles adyacentes a la plaza. Fuimos a ver qué ocurría y nos encontramos con este hombre y este enano discutiendo acaloradamente, estaban muy nerviosos, tanto que casi llegaron a las manos. Entonces, decidimos detenerlos y traerlos aquí para que resolvieran su disputa sin armar tanto jaleo en la calle."

"Y por lo que veo, al Enano no le ha sentado demasiado bien"- dijo Hathol, observando al guardia herido- "¿Me equivoco Maese?"

El Enano emitió un gruñido por toda respuesta.

"Si me permitís, oficial"- dijo el otro hombre detenido- "os explicaré la razón de la disputa. El caso es que yo poseo una forja que deseo arrendar, y éste Enano vino a pedirme precio, le pareció muy elevado, empezamos a regatear, pero yo ya no puedo bajar más el precio, entonces me llamó ladrón y empezamos a discutir, llegó la guardia, y el resto....pues ya lo conocéis."

"¿Es eso cierto, Maese Enano? ¿Ocurrió así?"- preguntó Hathol a Zirak.

"Bueno...sí, algo así"- respondió el Enano a regañadientes- "¡Pero es un ladrón!"

"¡¿Volvéis a insultarme?!"- gritó, rojo de ira, el hombre.

En el rostro del Enano se pintó una sonrisa de satisfacción, pero Hathol volvió a interrumpir la discusión, recordando a los dos alborotadores lo frías y oscuran que eran las mazmorras del Cuartel. La discusión la zanjó Hathol pidiendo "amablemente" al Enano que se disculpara con el hombre de la forja, bajo pena de encerrarle en las mazmorras si no lo hacía, a lo que Zirak accedió de mala gana. Después, acordó con el dueño de la forja un precio algo más bajo para el alquiler, algo a lo que el hombre se negó al principio pero finalmente acabó aceptando. Al finalizar las negociaciones dejó en libertad al hombre y al Enano, pero antes de que Zirak se marchara le susurró algo al oído.

"Os he salvado esta vez Maese, pero que sea la última, ya que quizás la próxima no podré hacer nada para evitar que os encierren en las mazmorras."

El Enano se giró y asintió, después le dio la espalda y se marchó. Hathol suspiró aliviado, pero no vio la sonrisa traviesa que esbozó Zirak al cruzar la puerta de la fortaleza.

[Editado por Encalion el 19-10-2006 11:31]

[Editado por Encalion el 19-10-2006 11:36]

Escrito el 25-10-2006 16:49 #9

Pasaron algunos días. Zirak consiguió llegar a un acuerdo con el dueño de la herrería. Y al final consiguió un sitio donde no tener que dormir al raso. La herrería se componía de la zona donde estaba la fragua y el taller y un anexo que hacia las veces de casa. Disponía de un pequeño jardín en la parte trasera de esta. La casa se componía de una especie de un gran salón donde se encontraba una cocina forjada al lado de una chimenea. Justamente enfrente hay una pequeña mesa cuadrada con cuatro sillas iluminada por la ventana que daba al jardín y entre ambas y subiendo un par de escalones se encontraba una gran cama. Una cama de humanos y para humanos como había dicho Zirak. Acompañada de un gran armario y una cómoda donde descansaba una jarra de metal y un gran cuenco.

Zirak entro por primera vez en su nuevo hogar. El aire era espeso y se notaba que aquello llevaba tiempo cerrado. El polvo lo invadía todo por doquier. Pero ante él, en se encontraba en toda su grandeza una fragua. Un especie de cosquilleo a recorrer el cuerpo. Le subió por los pies hasta cubrir todo su torso y depositarse en las manos, donde se hizo mas fuerte.

La mochila, y demás aparejos del viaje se le cayeron al suelo. Había algo de leña y carbón apilado en un lateral de la fragua. Dedico el resto del día a encender la fragua. Y ya cuando el sol se escondía en el horizonte. Zirak sentado delante del fuego quedo dormido.

Escrito el 27-10-2006 09:09 #10

Los días pasaban apaciblemente. La herrería había comenzado a funcionar. Zirak había hecho varios abalorios, así como alguna arma que exponía en la calle, delante de la tienda. Había construido un toldo, dándolo a todo una apariencia de puesto del mercado. Lo había visto en otros herrerías humanas a lo largo de su viaje y le pareció una buena idea.

Las gentes de esta ciudad no estaban acostumbradas a ver enanos. Quizás alguno del linaje de los hielos, pero parecía que nunca habían visto a un artesano enano en el dominio del metal.

Zirak había observado las construcciones de la ciudad, asi como las armaduras y armas que utilizaban la guardia de Ost-en-Aël. Trabajo de humanos para humanos, era lo que siempre se decía.

La herrería empezó a funcionar. Un par de ricos jóvenes y atolondrados le compraron un par de espadas de alta calidad. “Seguro que se cortan la cabeza entre ellos”. Pensó el enano mientras los veía alejarse y sostenía la bolsa con las monedas de aquellos dos atolondrados.

Zirak se volvió dentro del taller y después de guardar la bolsa con dinero a buen recaudo se quedo mirando un gran bulto a un lado de la fragua. Se acerco y aparto la manta oscura que lo cubría. El emblema de Helkelen Lara relució cuando un pequeño rayo de luz entro por la venta.

[I] Con esto estaremos en paz, capitán.[/]