La Guerra de los Clanes

Mellon Vilya, La Capital Del Nuevo Comienzo

Escribiéndose...
Escrito el 20-03-2006 13:12 #1

Hermosa como lo fuera Gondolin antes de su caída, Mellon Vilya ha sido construida no mucho tiempo atrás, justo cuando algunos exiliados tras el hundimiento de Beleriand llegaron a Dôr Aman.

La capital de Lempë Ohtari está protegida por dos pares de murallas exteriores que bordean toda la ciudad, aunque la ciudad está construida sobre una montaña, Orod Líndale (Montaña de la Música), lo que ya hace difícil su acceso.

Las casas que la componen son blancas como la nieve, haciendo que los rayos del sol deslumbren a aquel que la observa desde lejos.

Situada justo al borde de las Ered-Lomë, justo en su límite noreste, donde, a pocas leguas, el río Sîrglîn cruza el valle que separa a ambos bosques.

Allí moran los señores de Lempë Ohtari en sus majestuosas fortalezas.

La ciudad se divide en zonas donde habitan los distintos gremios, diferenciando varios barrios según el oficio.

El barrio más hermoso lo ocupan los artesanos, cuyas casas son altas, con un tejado en punta que señala a las mismas estrellas.

Entrado por la puerta principal, hay una plaza conocida como Sun-ed-Hân, una gran plaza en donde se alzan, cada día, los pequeños puestos de trueque, compra y venta a manos de los mercaderes, así pues, dicho gremio es el primero en recibir a los visitantes.

Pasando varios metros hacia delante, un gran campo verde, el Lúd-Nár, Valle de la Tierra, separa la zona plebeya de la zona aristocrática, pudiendo, ambas clases, pasar libremente de una a otra parte.

Su nombre en Quenya proviene de la leyenda de su construcción, pues fue Aulë el que levantó y hondonó la tierra para convertir aquella escarpada superficie en tal llanura cual es ahora.

En dicha llanura, hay un pequeño lago, el Aelinlaurë, el Lago Dorado, llamado así por su inexplicable capa dorada en la superficie del agua. Posiblemente, algún Maia que llegara al lago lo tocase sumergiendo su cuerpo en las aguas, depositando parte de su poder allí.

En lo más alto, la ciudadela de los capitanes se impone ante el sol, alargando hasta el mismo sus cuatro torretas, cuyo nombre, Barad-Anor, hace referencia a dicho motivo.

A menudo, el techo de la Torre de Sol está formado por grandes ventanales que dejan penetrar los rayos de luz en el interior del castillo, los cuales, en días despejados, dejan ver a las grandes águilas recorriendo el cielo mostrando sus poderosas alas abiertas y vigilando aquellas tierras.

La Espada envuelta en fuego, el emblema del clan, se encuentra forjada en las más importantes construcciones de la ciudad, como en el gran portón de la muralla y en las torres de Barad-Anor, así como en el escudo de la escultura del rey Mantogrís, elaborada en el barrio artesanal, pues para mucha gente importante era toda una inspiración.

Cabe destacar el significado de su nombre, pues los nativos de estas tierras consideraban al cielo como un padre para ellos, mas pensaban que la lluvia era proporcionada por el mismo para que bebiesen, y así cuidar de sus “hijos”.

Cada día de lluvia realizaban lo que los Eldar llamaban Annavilya, Regalo al Cielo, cuyo ritual trataba de ofrecer al mismo una serie de objetos tallados por ellos, incluso ofrecían representaciones con su sangre para que su “padre” siguiera proporcionándoles aquel líquido tan esencial como era el agua. También cantaban canciones en lenguas antiguas y desconocidas, que eran una especie de oraciones acompañadas de extrañas danzas.

Ellos llamaban a su dios Amigo del Cielo, de ahí a que se tomase su traducción Quenya para el primer bastión de aquel nuevo asentamiento tras la huida de Beleriand.

Escrito el 21-03-2006 00:17 #2

El sol hacía poco que había ascendido la escarpada y majestuosa cadena montañosa de Ered-Lomë para colocarse en lo más alto del cenit. En su tránsito estaba siendo perseguido por una gruesa capa de nubes que amenazaban lluvia. Justo cuando cayó la primera gota, un hombre envuelto en una gastada capa negra llegó a la hermosa ciudad de Mellon Vilya. Su cuerpo pedía urgentemente un descanso pues había estado caminando desde hacía mucho tiempo huyendo de las tierras del Oeste. Durante los últimos días de su largo viaje a traves del extremo meridional de la tierra de Rhovanion había gastado todas las provisiones que un grupo de elfos del bosque le habían preparado. Lenta y débilmente, subió una pequeña colina y se encontró con la tierra de Lempë Ohtari, un valle rodeado por las montañas de Ered-Lomë y salpicado de unos esplendoroso árboles que Darlak no supo decir qué eran. Decidió buscar la capital de aquella tierra para encontrar cobijo. Estaba harto de errar sin rumbo fijo. Fue entonces cuando sus pasos le condujeron a Mellon Vilya al tiempo que la lluvia empezaba a caer.

En la puerta de la primera muralla, que brillaba con los rayos del sol que conseguían escaparse de entre las nubes, los guardias le hicieron un exhaustivo interrogatorio para poder permitirle entrar. Según comentaron eran tiempos de guerra y no permitían entrar a cualquiera a Mellon Vilya. Una vez hubieron acabado con el interrogatorio, uno de ellos, un hombre rechoncho, bajo y con un curioso uniforme, abandonó su puesto para informar a alguno de los señores de la ciudad. Antes de irse advirtió al recién llegado que tendría que esperar algún tiempo en las afueras porque ese día se celebraba un ritual por la llegada de tan esperada lluvia.

Así que Darlak tuvo que esperar a las puertas de Mellon Vilya mientras la lluvia caía ya con fuerza.

[Editado por aratir el 21-03-2006 00:22]

[Editado por aratir el 21-03-2006 00:27]

Escrito el 21-03-2006 13:37 #3

Mientras degustaba majestuosamente el exquisito manjar que le habían servido después de tan largo viaje, Âglaras observó como uno de los guardias de la entrada se acercaba hasta él con paso firme y decidido.

- Mi señor, un elfo está en la puerta, dice que busca cobijo y que prestará su espada a Lempë Ohtari.

Âglaras no pudo evitar mostrar un gesto de agobio y cansancio.

- ¿Para esto me ha hecho Erendel que venga desde Ciudad Cristal?- Dijo para sí, y justo después miró al guardia, hablando con tono de impaciencia- Está bien, puesto que no hay otro capitán presente tendré que hacerlo yo.

Se levantó, miró una última vez su exquisito plato de comida, y se fue haciendo un gesto de desagrado.

Recorrío la fortaleza de Barad-Anor hasta que llegó al piso inferior, en donde una joven elfa le entregó su capa de viaje, pues la lluvia era intensa, así que se la colocó y se echó la capucha sobre su rubia melena.

Salió con paso firme, pero al llegar a la puerta se volvió hacia la elfa, la que, como esperando que hiciera eso, sonrió:

- Esta noche a la misma hora en mis aposentos Aradel, como en cada visita mia a la ciudad.

- Allí estaré, Âglaras- Era evidente que en esa última palabras, el tono de seducción de la elfa había aumentado mucho.

El medio elfo, incrédulo, le devolvió una falsa sonrisa y salió bajo la lluvia.

Pasó junto al lago dorado, y se paró ante él observando como las gotas de lluvia formaban círculos intrínsecos al caer sobre la superficie.

- No entiendo como aún no he formado un harén en mi ciudad- pensó para sí sin dejar de observar como caía el agua sobre el agua.- Si es que ser el gobernador tiene eso, nada más hay que ver como me miran...

Prosiguió andando sin dejar de pensar.

- Seguro que este vicio lo heredé de mi padre. Claro, si los humanos no tienen otra cosa que hacer...

Al final, y sin darse cuenta, casi tropieza con el viajero que estaba en la puerta, rodeado por los guardias.

Cuando Âglaras salió de su ensimismamiento desenvainó su espada, y señaló con ella al elfo.

- Espero que no me halláis hecho venir aquí sólo para mataros, pues la lluvia no me gusta, y he dejado un plato de comida esperando, de ser así, os aseguro que tendréis la peor de las muertes. Hablad extranjero- Y bajó su espada...

[Editado por legolaragorn el 21-03-2006 21:32]

Escrito el 21-03-2006 14:32 #4

Un golpe alteró los pensamientos del recién llegado y casi sin darse cuenta se encontró con una espada que le señalaba en tono amenazador. Cuando la imponente presencia del que seguramente sería el Señor de aquellas tierras bajó su arma, Darlak le miró con una sonrisa divertida al ver el caracter impertinente del medio elfo.

Tardó en responder mientras miraba al medio elfo de largos cabellos rubios y elegante porte intentando leer en su mirada. La situación era bastante divertida, especialmente para él que había estado vagando por las tierras de Rhovanion en la más completa soledad. Empezó de golpe a reír, no supo si de cansancio o desconcierto, lo único que sabía es que la actitud de aquel señor le producía gracia.

El guardían rechoncho gritó alarmado al ver que Darlak se reía de su señor.

- Viajero, no tenéis permiso de comportaros de esta manera ante Âglaras. Cambiad vuestra actitud si no queréis problemas.

Conseguí calmarme aunque no gracias a las palabras del guardián rechoncho y hablé.

- Disculpadme, mas estoy cansado después de un largo viaje. Me llamo Darlak... Solo busco refugio... ¿Eres tu el señor de estas tierras? - le preguntó al que había traído el guardián rechoncho.

[Editado por aratir el 21-03-2006 14:35]

Escrito el 21-03-2006 19:54 #5

Âglaras había estado obersvando como aquel desconocido reía sin parar. En realidad no le ofendió mucho, pues aquellas no eran sus tierras.

- No, no soy el mandamás de estas tierras, desgraciadamente, y afortunadamente para tí, hay alguien por encima de mí. Si esto hubiera pasado en mi ciudad, Ciudad Cristal, os hubiera degollado yo mismo.

Miró fijamente a los ojos del Elfo, y pronto desvió los suyos hacia el rechoncho guardia.

- Mira que eres inútil, menos mal que tú tampoco eres de Ciudad Cristal, si no irías al calabozo directamente.

El guardia, incrédulo, miraba a Âglaras.

- ¿Pero que he hecho ahora, señor?

- ¿Acaso no sabes distinguir a un elfo de un medio elfo? ¿Por qué si no recuerdo mal me dijiste que un Elfo estaba en la puerta- recalcó la palabra Elfo.

- ¿Eres un medio elfo?- Se volvió a Darlak, y al poco se giró de nuevo hacia el otro medio elfo- Mi señor, los medio elfos sois como los elfos físicamente.

- Me estás insultando con eso, Irunen. ¿Ves estos puntitos negros en mi cara? Pues se llama barba, no se si acaso los elfos tienen pelos en la cara....De todas formas, nuestros ojos, si sabes mirar a través de ellos, que yo diría que no, nos delatan.. Ahora bien, llevadlo ante Erendel.

Lanzó una última mirada al recién llegado, y se dispuso a entrar de nuevo en la ciudad.

Escrito el 22-03-2006 01:54 #6

Darlak pudo ver como Âglaras se alejaba por el camino por el que había venido. Entretanto, Irunen seguía mirando perplejo al recién llegado intentado convercerse de que en verdad era un medio elfo y no un elfo.

- ¿Eres un medio elfo? - volvió a preguntar al viajero.

Darlak volvió a reirse con fuertes carcajadas viendo la mirada perpleja del guardia de las puertas principales de Mellon Vilya.

- Me temo que el engreido caballero que has traido tenía razon. Soy un medio-elfo y cualquier persona sabría diferenciar un elfo de un medio elfo- Darlak empezaba a sentir dolor de cabeza- Además, para los medio elfos es un insulto que se nos confunda con elfo o con un humano.

Irunen no se movió y continuó mirando a Darlak intentando asimilar las diferencias entre un elfo y un medio-elfo para que no le volviera a pasar de nuevo la confusión. Viendo que el guardia no se movía y seguia mirando, Darlak le tuvo que recordar la orden de Âglaras.

- Permiteme recordarte que te ordenaron que me llevaras ante el Señor de esta ciudad. Mas te vale que cumplas las ordenes si no quieres ser despedido o algo peor. Además está lloviendo demasiado y me estoy empapando. Ahora mismo soy un hombre débil y necesito...

De repente, el dolor de cabeza se hizo insoportable. No era exactamente un dolor de cabeza mas bien era una extraña sensación. Las gotas de agua que le caían parecían penetrar en el interior de su cabeza buscando su mente. El viajero de pronto sintió un espasmo, tuvo la sensación de que alguien entraba en su cabeza. Algo insólito estaba pasando en ese momento y Darlak no sabía que era. Notó una voz. Sí una voz que le estaba hablando en ese momento, una voz que venía con el mismisimo agua de la lluvia.

¡Aguas que fluís en mi esencia...llevad hasta él mi mensaje y traedme aquí su elección!

El fuerte dolor inundaba toda su cabeza. El tiempo parecia haberse detenido mientras una presencia le hablaba, una presencia situada a varios kilómetros de distancia.

No es casualidad que hayais llegado a estas tierras, honorable medio elfo, descendiente de Hador Lórindol y en cuyas venas corre la esencia de Melian ¿Estais dispuesto a cumplir vuestro destino, medio elfo?

Su alma respondió afirmativamente a aquella pregunta que le llegaba con el frescor del agua de lluvia.

Os esperaré ansioso

Entonces la sensación extraña terminó, el dolor de cabeza remitió y su mente se vio liberada entonces de la presencia. Una voz a su lado le hizo volver a la realidad.

- ¿Estas sordo, viajero? - le preguntó Irunen que llevaba un tiempo esperando a que Darlak le hiciera caso - Odio que no me hagan caso. Tenemos que acudir ante Erendel cuanto antes y no tenemos todo el día.

- Discúlpame. De pronto me he sentido mareado. Debe ser a consecuencia de la debilidad de mi cuerpo - se explicó Darlak.

Darlak empezó a andar hacia el interior de las murallas. Tras de él entró Irunen y las puertas se cerraron tras ellos. Antes de cerrarse Darlak pudo admirar el bello emblema del reino, la espada envuelta en llamas. Se preguntó a que era debida esa insignia. Intentaría preguntarselo al tal Erendel. Caminaron hacia una plaza, Sun-ed-Hân, donde el bullicio existente era considerable.

- Hoy se celebra el Annavilya, el Regalo al Cielo, el ritual por la llegada de la lluvia - dijo Irunen a su lado.

Darlak recordó que debido a ello había tenido que esperar tanto rato a las puertas de la ciudad. Cruzaron la gran plaza y se dirigieron hacia la ciudadela de los capitanes. Alli encontrarían a Erendel. Llegaron hasta las puertas de un castillo custodiado por una alta torre. Una vez allí, Irunen le dijo al hombre que custodiaba el castillo que quería ver a Erendel.

[Editado por aratir el 22-03-2006 02:05]

Escrito el 23-03-2006 18:18 #7

El ambiente de la sala era acogedor. Erendel se encontraba contemplando en la ventana el rítmico repicar de la lluvia golpeando en los cristales. Era un día especial y después de revisar unos cuantos papeles sobre la mesa de la recamara y enviar algunos mensajes le relajaba disfrutar de las vistas de la gran ciudad y más aun en un día en que el frescor de las gruesas y limpias gotas se propagaba por todos y cada uno de los rincones de la ciudad.

En esos momentos se centraba en sus pensamientos evocando recuerdos del pasado que se agolpaban en su mente ante esa visita del cielo. Recordar las gruesas gotas sobre su rostro le ayudaba a no olvidar y a mantener firmes sus ideales. Pero en ese momento la paz del momento fue turbada por un rítmico sonido en la puerta, echo que le devolvió a la realidad del momento, y con clara voz invitó a quien se encontraba tras ella a entrar. Era uno de los guardias de palacio.

-Mi señor-dijo el hombre desde la puerta. Un extraño desea veros. Sus armas han sido requisadas a la entrada.

-¿Nadie más podía haberse hecho cargo de atenderle?- preguntó el elfo en parte algo molesto por la irrupción, aunque sus enfados solían leves y pronto atendía el asunto con diligencia si el caso así lo requería.

-El señor Âglaras ya ha hablado con él y fue el mismo quien dio la orden de que fuese traído ante vos después de hablar con él.

Este ultimo comentario produjo una leve sonrisa en el rostro de Erendel, pues si le habían molestado por algún motivo y no sobre un tema que le concerniese directamente solía notársele claramente en su rostro. Tal vez fuese momento de hablar con el medio elfo mas adelante, pero eso debía quedar aun pendiente pues no quería hacer esperar más al extranjero.

Instantes después un medio elfo empapado y chorreando entraba en la sala quedándose allí a la espera. Erendel se acerco y le habló al recién llegado.

-Me han dicho que querías verme, pues ahora me dirás. Y diciendo esto permaneció a la espera de su respuesta.

Escrito el 23-03-2006 23:11 #8

\"Cuán largos se me han hecho todos estos años desde que dejé Beleriand atrás... cuánto he echado de menos a Melian y a Thingol, y sobre todo a Evander...todas esas tardes bajo los rayos del sol, sujetando el arco, lanzando flechas una y otra vez hasta que me sangraban los dedos, era un duro maestro, y también un hombre maravilloso...solo ahora me doy cuenta de que lo amaba, ahora que estará lejos, si es que aún los rayos del Sol acarician su piel... me acuerdo del sonido de su sonrisa...

Largo ha sido mi camino desde entonces, sin descanso, de una ciudad a otra, sobreviviendo en el tiempo que ahora me toca vivir, quizá demasiado agitado para mi gusto. No soy un alma guerrera, pero he visto tantas injusticias a lo largo de mi vida que finalmente me han hecho decidirme, lucharé, aún sin saber si valgo para eso, ya no puedo seguir curando heridas y mirando hacia otro lado.

La suerte está echada...esta vez lo haré en forma de halcon.\"

Y así, con la forma de tan bello animal fue como vio por primera vez Annamel, la de los ojos dorados, la ciudad de Mellon Vilya, tan blanca como la nívea nieve, justo como la vio en sus sueños premonitorios, así fue como llegó, atravesando el aire y burlando sus murallas, sin que nadie se percatase de su presencia...solo un pequeño halcon.

Antes que nada debía conocer la naturaleza del hombre al que buscaba, el Rey ante el cual se presentaría para ofrecer sus servicios, pues temía equivocarse, dado los tiempos que corrían. La verdad es que en el fondo aún no había pensado cómo se daría a conocer, ya que había entrado a escondidas en la ciudad, y el hecho de presenciar la transformación de un halcón en mujer era algo cuanto menos curioso...aún tendría que meditarlo más a fondo...

Mientras sobrevolaba la ciudad buscando un lugar adecuado en el que posarse sus pensamientos se volvieron hacia Melian, desde su alma le daba las gracias, porque aunque no volvió a verla jamás desde que dejó Beleriand siempre sentía su espíritu, la animaba, la apoyaba y la protegía, y sobre todo la guiaba, por eso sabía que había escogido la ciudad adecuada...todo saldría bien.null

Escrito el 24-03-2006 01:32 #9

Mientras el hermoso halcón sobrevolaba la ciudad, en el interior de Barad-Anor, Darlak había sido recibido por Erendel, el rey de las tierras del reino de Lempë Ohtari. El recién llegado se encontraba ante un elfo de aspecto joven, de elevada altura y de cabellos rubios adornados con una magnifica y refulgente corona. La estancia en la que se encontraba el rey era un amplio salón cuyo elevado techo era sostenido por dos pilares robustos. Una alfombra de intricados dibujos cubría el suelo de piedra. Varias antorchas ardían fieramente iluminando la estancia y proporcionando un ambiente cálido y acogedor. Al fondo de la habitación se hallaba el magnifico emblema de la casa de Lempë Ohtari, la espada envuelta en llamas.

- Su majestad, gracias por recibirme. Soy consciente de la poca disponibilidad de tiempo del rey de estas tierras - El rey le miraba con sumo interés. No parecía tan engreido como el anterior caballero que le había recibido - Mas llevo algún tiempo vagando por estas tierras en busca de un lugar donde vivir. No sé porque he llegado hasta aquí, algunas veces he llegado a pensar que una fuerza externa a mí me impulsaba a venir a estas tierras. Sólo sé que soy un medio-elfo sin nación alguna- Darlak esperó un poco antes de continuar. Notó de nuevo algo en su mente. Una palabra retumbó en su mente.

Ostova Lorë

La palabra martilleaba la cabeza del medio-elfo.

El silencio que se produjo en ese momento hizo que se pudiera oir como la lluvia seguía cayendo. Darlak se recuperó y continuó hablando al rey.

- Oh, majestad. Cómo os estoy diciendo, busco un lugar donde vivir. Estoy harto de errar sin rumbo fijo. Me gustaría ser aceptado en este reino. Aunque únicamente puedo ofreceros a cambio mi ayuda para defender este reino de los enemigos.

El halcón seguía sobrevolando la ciudad de Mellon Vilya

Escrito el 24-03-2006 15:26 #10

La lluvia insistía en su labor de regar aquellas tierras. Âglaras se había adentrado en la ciudad, y caminaba ahora por el barrio artesanal. Se detuvo frente a la estatua de Thingol Mantogrís, aquel que fue su guía durante tanto tiempo.

- Si estuviérais aquí- pensó-, como añoro aquellas charlas ante la penumbra de la chimenea, mi señor. Fui uno de los elegidos para una ardua tarea, levantar un reino extinto y hacer que perdurase en el tiempo. Pero ahora noto como la sombra se cierne sobre nosotros, noto como oscuras presencias pronto estarán aquí, tratando de arrasar de nuevo este bonito lugar. No hace mucho tiempo hubiera temblado de miedo ante esto, pero ahora no, pues, además de que sé que estáis conmigo, el coraje y el valor recorren ahora mis venas, e intentaré que la arrogancia y el orgullo de los hombres, de los cuales tanto huyo, me sean de más necesidad de nunca en la próxima hora de oscuridad en la que, con honor y maestría blandiré mi espada contra todos los enemigos de Lempë Ohtari.- Se arrodilló ante la estatua levantando lentamente su cabeza- Gracias, mi señor.

Âglaras avanzó paso a paso por aquel barrio con algo nuevo en su interior. Sentía como todos los temores desaparecían por completo de él. Ante sí, una mujer corría refugiándose de la lluvia mientras transportaba un pesado saco lleno de arcilla.

La muchacha tropezó y cayó fuertemente contra el suelo. Âglaras se precipitó a correr hacia ella, le ayudó a levantarse y cargó el saco a su espalda.

- ¿Estáis bien?- Preguntó el medio elfo.

- Sí Capitán, gracias por vuestra ayuda- Sonrió ella mientras alargaba el brazo para coger el saco.

- No no, dejad, yo os lo llevaré, decidme donde.

La humana sonrió y le hizo un gesto para que la siguiera.

Lo guió a través de estrechas calles empedradas, y a decir verdad, el saco cada vez iba pesando más.

Pronto llegaron a un pequeño portón verde.

- Ya está señor, podéis dejarlo aquí- Señaló al suelo- Muchas gracias por su ayuda.

El medio elfo se limitó a mostrar una agradable sonrisa y continuó caminando a la par que nuevas gotas de lluvia golpeaban en su capucha.

Sus pasos lo conducieron hacia la puerta de la ciudad, y allí, desde el pico de Orod-Líndale, guió sus ojos de elfo hacia el este y hacia el sur.

- Pero...- dijo en voz alta a pesar de que no había nadie alrededor.- ¡No puede ser!

Aquella reacción se debía a que, un gran bloque de nubarrones negros viajaban, acompañadas de cuervos, hacia Dor Aman. Al parecer, la noticia de la insurrección de Yävetil había llegado más lejos de sus fronteras.

El medio elfo bajó la montaña a toda prisa y corrió a informar a Erendel, que se encontraba hablando en aquel momento con Darlak.