Hermosa como lo fuera Gondolin antes de su caída, Mellon Vilya ha sido construida no mucho tiempo atrás, justo cuando algunos exiliados tras el hundimiento de Beleriand llegaron a Dôr Aman.
La capital de Lempë Ohtari está protegida por dos pares de murallas exteriores que bordean toda la ciudad, aunque la ciudad está construida sobre una montaña, Orod Líndale (Montaña de la Música), lo que ya hace difícil su acceso.
Las casas que la componen son blancas como la nieve, haciendo que los rayos del sol deslumbren a aquel que la observa desde lejos.
Situada justo al borde de las Ered-Lomë, justo en su límite noreste, donde, a pocas leguas, el río Sîrglîn cruza el valle que separa a ambos bosques.
Allí moran los señores de Lempë Ohtari en sus majestuosas fortalezas.
La ciudad se divide en zonas donde habitan los distintos gremios, diferenciando varios barrios según el oficio.
El barrio más hermoso lo ocupan los artesanos, cuyas casas son altas, con un tejado en punta que señala a las mismas estrellas.
Entrado por la puerta principal, hay una plaza conocida como Sun-ed-Hân, una gran plaza en donde se alzan, cada día, los pequeños puestos de trueque, compra y venta a manos de los mercaderes, así pues, dicho gremio es el primero en recibir a los visitantes.
Pasando varios metros hacia delante, un gran campo verde, el Lúd-Nár, Valle de la Tierra, separa la zona plebeya de la zona aristocrática, pudiendo, ambas clases, pasar libremente de una a otra parte.
Su nombre en Quenya proviene de la leyenda de su construcción, pues fue Aulë el que levantó y hondonó la tierra para convertir aquella escarpada superficie en tal llanura cual es ahora.
En dicha llanura, hay un pequeño lago, el Aelinlaurë, el Lago Dorado, llamado así por su inexplicable capa dorada en la superficie del agua. Posiblemente, algún Maia que llegara al lago lo tocase sumergiendo su cuerpo en las aguas, depositando parte de su poder allí.
En lo más alto, la ciudadela de los capitanes se impone ante el sol, alargando hasta el mismo sus cuatro torretas, cuyo nombre, Barad-Anor, hace referencia a dicho motivo.
A menudo, el techo de la Torre de Sol está formado por grandes ventanales que dejan penetrar los rayos de luz en el interior del castillo, los cuales, en días despejados, dejan ver a las grandes águilas recorriendo el cielo mostrando sus poderosas alas abiertas y vigilando aquellas tierras.
La Espada envuelta en fuego, el emblema del clan, se encuentra forjada en las más importantes construcciones de la ciudad, como en el gran portón de la muralla y en las torres de Barad-Anor, así como en el escudo de la escultura del rey Mantogrís, elaborada en el barrio artesanal, pues para mucha gente importante era toda una inspiración.
Cabe destacar el significado de su nombre, pues los nativos de estas tierras consideraban al cielo como un padre para ellos, mas pensaban que la lluvia era proporcionada por el mismo para que bebiesen, y así cuidar de sus “hijos”.
Cada día de lluvia realizaban lo que los Eldar llamaban Annavilya, Regalo al Cielo, cuyo ritual trataba de ofrecer al mismo una serie de objetos tallados por ellos, incluso ofrecían representaciones con su sangre para que su “padre” siguiera proporcionándoles aquel líquido tan esencial como era el agua. También cantaban canciones en lenguas antiguas y desconocidas, que eran una especie de oraciones acompañadas de extrañas danzas.
Ellos llamaban a su dios Amigo del Cielo, de ahí a que se tomase su traducción Quenya para el primer bastión de aquel nuevo asentamiento tras la huida de Beleriand.
