Marineros, soltad la vela mayor- Grito Fíriel
Mi capitana- Se adelantó el primero de abordo con voz entrecortada- No creo que resista mucho más con este oleaje, sería más prudente soltar amarres, y recoger las velas, reduciríamos la velocidad, pero llegaríamos en mejores condiciones allí
Sí, nos planteamos mucho esa posibilidad hace unas horas, pero entonces, cuando la furia de los Valar haya finalizado, nos sería casi imposible llegar por la entrada de la isla, está muy bien franqueada, y penetrar sería más que un suicidio- Argumentó la elfa
Cómo usted mande. Frend, Listom, Usim, ¡izad las velas mayores!
El viento no perdonaba, grandes esfuerzos debían hacer los timoneles para controlar la dirección de los barcos, y para mayor dificultad, grandes olas hundían momentáneamente el barco, por lo que los enanos y orcos, los cuales no tenían tanta fuerza, debían permanecer en el interior de los transportes.
Fíriel, Meldacar y Pahria gritaban palabras de ánimo para los soldados, que, dificultosamente, seguían en sus puestos asignados: o bien aguantando que las velas se izasen, controlando el timón o simplemente arrojando el agua que se introducía en la cubierta.
Arezol mientras, estaba en uno de los camarotes del buque, intentando vomitar por décima vez, pues no estaba acostumbrado a navegar, y las pocas veces que lo había hecho había sido en trasportes fluviales. Intentaba calmarse, pues sabía que sus compañeros y su séquito podrían manejar, aunque con dificultad, los barcos de forma que llegasen al destino seleccionado sin más daños que la fatiga acumulada del continuo movimiento.
La noche se complicaba, las olas alcanzaban con mayor frecuencia el suficiente tamaño para mecer los barcos que con mucha fortuna seguían intactos, y ya era pasada la madrugada y un frío mezclado con el agua creaba más de un constipado, que debían refugiarse en los camarotes como los muchos otros mareados.
-Capitanes- gritó un soldado- Según mis planos creo que nos hemos desviado demasiado hacia la derecha, si tuviésemos mala suerte podríamos ser avistados por algún residente de la isla.
No creo, en este caso la adversidad del tiempo nos será propicia, pues las olas hacen de pequeñas barreras visuales, y el fuerte viento hace que sólo los aventureros tengan ganas de salir a contemplar el mar desde alguna de las playas, amén de los altos muros de corales que hay alrededor de toda la isla- Dijo tranquilamente Meldacar.
Horas más tarde, el tiempo pareció mejorar un poco, alguna que otra estrella se divisaba entre las numerosas nubes que se negaban a desaparecer. Los buques, aunque el viento había amainado un poco y ahora eran más fácil sus manejos, cada vez iban más lentos, y extraños sonidos se escuchaban de vez en cuando procedentes del casco, algo que preocupaba en demasía a los soldados, los cuales decidieron plegar las velas para detener la velocidad y comprobar de qué procedían esos ruidos, aunque no fue necesario, los barcos se habían detenido de repente causando un gran ruido. Entonces fue cuando todos los soldados comprendieron.
¿Cómo está el casco?- Preguntaron alarmados los capitanes
Por suerte no hay ninguna penetración, aunque el casco está seriamente dañado, pero aún así podrá retomar el flote en cuanto un poco de viento y la pleamar nos ayuden. –Contestó sin mucho entusiasmo un experto en la materia.
Arezol se encontraba boca arriba, intentando por todos los medios dormirse, alejarse en el mundo de los sueños, pero siempre ocurría algo, y entre sus pensamientos la mayoría era acerca de que el barco se hundiese, o una ola lo volcase, o simplemente que se muriese estando dormido, cuando de repente se sobresaltó por un ruido, y justo después por el cese de velocidad del barco.
Poco después, llamaban a su habitación, Arezol, con congoja, dijo tímidamente adelante, aunque ya sabía qué iban a anunciar: Mi capitán, me temo que tenemos un problema en el casco, el barco se hunde inevitablemente, deberemos sacar los botes salvavidas y llegar hacia donde podamos, pero no se ve tierra hasta donde la vista alcanza… Pero no fue así, el soldado entró y le explicó lo sucedido, bastante hundido de moral por así decir, y luego encima aturdido, al ver la cara de alegría que el enano presentaba, pues esa noticia le llego como si le fueran a aumentar el sueldo.
Los barcos estaban encallados, mas aún así se echó el ancla, para poco después sacar los catalejos con los cuales divisaron medianamente el trecho de mar que debían recorrer a remo.
Pronto, centenares de pateras surcaron los mares, muy precavidos de ir siempre por detrás de algún saliente, o coral, para así poder evitas las olas, o al menos en cierta medida.
A no mucho tardar (debido a que el mar fue a su favor) los remeros llegaron al destino seleccionado: los altos acantilados de la isla. Pronto los elfos tercanos lanzaron sus cuerdas a lo alto del acantilado, proyectados por las flechas que se sujetaron la mayoría con firmeza al suelo o algún árbol cercano.
Ahora todos los soldados trepaban, algunos con más soltura que otros como los elfos, ágiles, y otros con más trabajo como los enanos, y por no hablar de los que estaban mareados, que en casos extremos llegaban a perder el equilibrio, o vomitaban en mitad de la subida a los otros que trepaban más abajo y mirando hacia arriba, y peor aún pues al mirar para arriba está el acto reflejo de abrir la boca, algo que no les hizo mucha gracia aéstos, pero sí a los que ya habían alcanzado la cumbre, que reían con sonoras carcajadas a sus compañeros pringados…
El resto del día estuvo tranquilo, muy silencioso, pues estaban ya en territorio enemigo, y no era osado llamar mucho la atención sabiendo que estaban relativamente acorralados, debido a que si eran atacados no tendrían salida.
Ahora, los cuatro capitanes estaban reunidos, mientras gran parte del ejército estaba montando guardia ya fuese en los barcos (los ents), otro tanto estaba en la hierba tumbado por la fatiga, o haciendo algo que comer, aunque eso era bastante difícil, porque tenían que hacer un fuego casi nulo, lo suficientemente pequeño para que no saliese un humo visible a más de 5 metros más o menos… Los únicos afortunados eran los orcos, que, como no podían ver la luz del sol, estaban en sus camarotes tranquilos, sin mayor preocupación de tener cuidado cuando su vejiga estuviese llena para ir a los servicios.
Los capitanes no sabían muy bien qué decidir a partir de ahora, el intento de asedio se había frustrado prácticamente, pues debían considerar la opción de que perdiesen, y si eso ocurría, no podrían retirarse, pues primero deberían llegar hasta los trasportes, y luego que tuviese la suerte de que el tiempo les fuese propicio y que hubiese marea alta, con lo que podrían desplazarse por mar abierto, pero, si ganaban, tendrían una ciudad en sus manos, un botín suculento que no vendría nada mal al clan… Ahí estaba la cuestión que llevó horas decidir.
Al mediodía, Arezol Meldacar, Fíriel y Pahria, decidieron no apostar la vida de sus hombres en una alocada empresa, y pensaron que lo más conveniente era que esperasen a aguas favorables con las que poder regresar a tierras tercanas, y algún día más adelante, ya apresarían la ciudad.
Los dos días siguientes estuvieron igual, esperando impaciente el poder abandonar la maldita isla, irse sin que nadie viese nada, pero aún estaba el pequeño inconveniente de los barcos encallados. Mientras tanto, parte de los soldados estaban ocultos en los parajes cercanos, sigilosos de que aquellos residentes que se topasen por accidente con las tropas (que normalmente solían ser parejas que buscaban algo de intimidad ratos, o de aquellos que necesitaban de la naturaleza para estar a gusto y de vez en cuando algún soldado que patrullase) no saliesen de allí con vida.
A la noche de ese mismo día, muchos soldados ocultos salieron prestos hacia la base: ¡Iban a ser atacados!
Los dirigentes pronto mandaron organizar filas: los enanos estarían en primera línea, en la que tendría que aguantar el impacto del ataque, los orcos se apostaron en árboles, o se camuflaron por el entorno, pues la noche, aunque no era oscura, pues una pequeña luna llena se veía en lo alto de un cielo compartido con pequeñas estrellas y nubes oscuras, les era suficiente para poder pasar cerca de soldados enemigos sin ser vistos. Su misión era la de atacar por los flancos y por la retaguardia a golpe de flecha, y en caso de que fuesen descubiertos por el enemigo llevaban listas sus pequeñas espadas, suficientes para poder defenderse. Los hombres, justo después de los enanos, estaban en fila, impetuosos de entrar en acción: grandes espadas poseían, y en la otra mano un escudo de tamaño considerable llevaban para poder repeler los tajos enemigos, al igual si había alguna flecha y, para finalizar, estaban los elfos en la retaguardia, los cuales lanzarían una descargar de dos flechas por cabeza para luego unirse a sus compañeros los enanos y hombres. Lo único de lo que deberían prescindir era de los ents quienes, debido a su tamaño considerable no podían trepar por el acantilado, a pesar de la resistencia de las cuerdas élficas.
La batalla daría comienzo en breve, los soldados tercanos aún no veían al enemigo, pero sabía que avanzaban a través de la maleza de árboles y matorrales, los pájaros huían en bandadas considerables y poco sonido se escuchaba exceptuando el romper de las olas.
Feli, un soldado elfo de joven edad, se presentó en frente de Arezol justo cuando los soldados enemigos se empezaban a ver. Él había sido mandado por los ents, que se hallaban en el barco, quería comunicar que la marea había subido, y que deberíamos abandonar en cuanto podamos la batalla para huir hacia tierras seguras. Arezol se mostró muy alegre ante esa noticia, estaba decidido a abandonar estas inmundas tierras cuanto antes, pero ahora debía atender a la batalla contra los miembros de la Alianza.
Todo el ejército terco estaba asombrado, por lo visto, el ejército de la alianza sabía de nuestra presencia en sus tierras, pero no sabía exactamente dónde se encontraban, por lo que no tuvieron más remedio que separarse, y ahora Tercano sólo debería luchar con una quinta más o menos de lo que sería el ejército total.
La alianza en ese momento estaba capitaneada por un oficial al mando, el cual tenía numerosos cortes en la cara, pero se le notaba poderoso; un cuerpo fuerte y una mente afortunada hacía que sus soldados confiasen en él, pero no era lo mismo que presenciar las batallas de sus dirigentes, como sería el caso de la elfa Narairë, la cual era capaz de impresionar que su belleza natural de un elfo Sindar, más aún destacaba por increible agilidad, la cual le servía para evitar ser golpeaba por el enemigo, sin duda una grandiosa habilidad
La alianza en ese momento se aventuraba a cargar contra los enanos, mientras que algunos de sus elfos preparaban las flechas, mas, a excepción de los enanos, que tuvieron que sufrir un ataque que mató a muchos en el acto, la batalla no dejó muchos muertos para los de tercano, pues las flechas de los elfos había dejado la primera y la segunda línea rotas, por los cuales los hombres tercos avanzaban impetuosos en busca de su sed de sangre y luego los orcos, que intentaban quitarles las vida a aquellos que iban huyendo ante tal atrocidad, pues inferior en número, y sin sus legendarios capitanes que aumentaban la moral mientras que al mismo tiempo avanzaban al campo de batalla con entusiasmo, pocos conservaban la esperanza, e intentaban por todos los medios defender su propia vida y cuando pudiesen, huir por cualquier sitio, es decir, ya no estaban organizados como una tropa…
Fíriel, mandó a los orcos parar de atacar, y todos los soldados enemigos se apresuraron para huir, o al menos si tenían suerte para encontrar a sus compatriotas, y poder reclamar su venganza.
Ahora era Tercano quien huía, pronto, estaban todos trepando por la cuerdas élficas hacia sus barcos, para poder ir de nuevo con los suyos en el continente. Mientras, los orcos estaban aún en el terreno del adversario, ordenados por los capitanes a permanecer ahí para asegurar que el enemigo no cortase las cuerdas, ya que ello haría que perdiesen a la mayoría de sus soldados. Cuando todos hubiesen llegado, los orcos deberían romper las cuerdas y bajar el acantilado con su gran habilidad de poder trepar sobre terreno escarpado.
Incluso cuando los orcos estaban abajo, y parte de los soldados ya estaban en los botes en dirección a los buques, se escucharon ruidos desde arriba, al principio fueron de voces, pero luego pasó a ser un sonido cortante de flechas zumbando a través del aire, para ir a acabar al agua, a las pequeñas pateras (que tenían un suficiente grosor como para no provocar una brecha) o, en algunos casos, soldados tercos. Pronto los elfos, desde las pequeñas embarcaciones donde se situaban, respondían al fuego enemigo (los hombres, aunque muchos sabían manejar el arco, con la oscuridad no podían atinar al enemigo, y además que los enanos en su mayoría estaban heridos, y por lo tanto ellos eran quienes remaban).
Cuando los transportes llegaron a los buques, los ents a través de poleas subieron los remeros y sus inquilinos al interior del buque, para poco después mandar a los timoneros que partiesen rumbo a casa.
Había muchos heridos: impactos de flechas en muchos, los enanos además heridos por la carga enemiga, y luego varios hombres de defender las vidas enanas…aunque, también podían considerarse afortunados, pues pocas bajas hubo en la batalla y afortunadamente Tercano Nuruva salió victorioso de aquel encuentro
Así pues, y con las luces del alba, los buques pusieron rumbo a Tercano, rumbo a su hogar,pero... pronto, los soldados de la Alianza estaban en una busca de sus enemigos, les tenían demasiado odio por invadir sus tierras y matar a sus seres amados como para darse por vencidos tan facilmente, aunque tras largas horas de captura, no consiguieron darle alcance, y desagradablemente para ellos, tuvieron que regresar.
[Editado por oscar15 el 15-08-2005 23:57]