La pasada noche fue la festividad de Halloween. Una fiesta relacionada con el terror, la muerte y los monstruos y fantasmas. En muchos lugares del mundo se alternan tradiciones que honran a los muertos, cuentos de terror y muchos niños disfrazados recogiendo caramelos.

En España hoy se celebra la festividad del Día de Todos los Santos, que honra a los difuntos. Por eso hoy quiero hacer un homenaje a los protagonistas de dichas festividades hablando de unos muertos muy peculiares en la obra de J.R.R Tolkien. Los hombres muertos del Sagrario.

También conocidos como los Muertos de Dunharrow, fueron en su origen un pueblo de nombre desconocido, conformado por humanos emparentados con los dunlendinos que habitaban en las Ered Nimrais (Montañas Blancas) durante la Segunda Edad. Su origen es incierto, aunque se cree que pudieron venir del este durante la Primera Edad.

La Piedra de Erech – Rob Alexander

Se les conoció como los Hombres de las Montañas, y en los años del auge de Sauron como Señor Oscuro durante la Segunda Edad, lo adoraron como su dios. Esto cambió cuando Ar-Pharazôn se llevó a Sauron prisionero a Númenor, lo cual llevó a la ruina y destrucción del reino. Como consecuencia al poco tiempo llegaron los Fieles a la Tierra Media y fundaron bajo el mando de Isildur y Anárion un reino llamado Gondor, reino que se encontraba al pie de las Montañas Blancas.

Al ser vecinos, Isildur visitó a los hombres de las colinas y se reunió con su rey en la colina de Erech. Allí hizo semienterrar la Piedra de Erech, una extraña piedra negra de forma esférica y gran envergadura que habían traído por motivos desconocidos desde Númenor. Sobre esa piedra Isildur les hizo renunciar a su lealtad hacia Sauron y realizar un juramento de lealtad hacia él mismo y hacia Gondor. El rey de las colinas aceptó y el juramento fue cerrado.

Años después Sauron había regresado a Mordor y comenzado la guerra nuevamente contra la Tierra Media, atacando el reino de Gondor. Isildur acudió a las Montañas Blancas a exigir que los hombres de las colinas cumplieran su juramento y se unieran a la Última Alianza contra Sauron. Sin embargo su rey se negó por miedo a su antiguo señor y dios, Sauron.

Los hombres de las montañas rompieron su juramento con Isildur y se ocultaron de su ira en diversos escondites secretos, por lo cual tampoco lucharon a favor de Sauron. Sin embargo esto no les sirvió para escapar de la maldición que Isildur arrojó sobre el rey y sus perjuros súbditos, que dice así:

“Serás el último rey. Y si el Oeste demostrara ser más poderoso que ese Amo Negro, que esta maldición caiga sobre ti y sobre los tuyos: no conoceréis reposo hasta que hayáis cumplido el juramento. Pues la guerra durará años innumerables, y antes del fin seréis convocados una vez más”

El pueblo maldito no se relacionó con otros hombres, y se fue extinguiendo en secreto ocultos del mundo. Pero aunque sus cuerpos murieron y se pudrieron sus cuerpos, sus almas perduraron atadas a la tierra por su juramento. Se convirtieron en sombras que poblaban la región de Erech y las montañas circundantes. Su reino subterráneo paso a ser conocido como los Senderos de los Muertos y pasaba por debajo del monte Dwimorberg (La Montaña Encantada en rohírrico). A los pies de la montaña se encontraba el refugio del Sagrario y los Senderos se extendían desde allí hasta el valle del rio Morthond.

Puerta Sombría, la entrada al Sendero de los Muertos – El Señor de los Anillos. El Retorno del Rey (2003)

Otra profecía ataría el destino de los muertos, la cual fue pronunciada por un dúnedain del reino de Arnor llamado Malbeth el Vidente. Este hombre era consejero del rey Araval de Arthedain y se hizo célebre pues predijo que Arvedui, su nieto, sería el último rey de Arnor. Sin embargo también pronunció las siguientes palabras en los tiempos del rey Arvedui, que pasaron a ser conocidas como la Profecía del Sendero de los Muertos:

“Una larga sombra se cierne sobre la tierra,
y con alas de oscuridad avanza hacia el oeste.
La Torre tiembla; a las tumbas de los reyes
se aproxima el Destino. Los Muertos despiertan:
ha llegado la hora de los perjuros:
de nuevo en pie en la Roca de Erech
oirán un cuerno que resuena en las montañas.
¿De quién será ese cuerno? ¿Quién a los olvidados
llama desde el gris del crepúsculo?
El heredero de aquel a quien juraron lealtad.
Traído por la necesidad, vendrá desde el norte:
y cruzará la Puerta que lleva a los Senderos de los Muertos.”

Nada volvió a saberse de los muertos de las montañas hasta que durante el reinado del rey Brego de Rohan los rohirrim descubrieron el refugio de El Sagrario. Según cuentan las leyendas, el rey y su hijo, Baldor, llegaron a la Puerta Sombría que llevaba a los Senderos. En ella había un anciano sentado, de edad incalculable, que parecía estar muerto. Al intentar los nobles cruzar el umbral, les transmitió sin mirarlos el siguiente mensaje:

“El camino está cerrado… El camino está cerrado… Lo hicieron los Muertos, y los Muertos lo guardan, hasta que llegue la hora. El camino está cerrado”

El príncipe Baldor preguntó cuándo llegaría la hora, pero el anciano había muerto tras decir las palabras, desplomándose de cara al suelo. Un tiempo después, durante la consagración del Palacio de Meduseld, en el año 2569 de la Tercera Edad, el príncipe Baldor pronunció un juramento mientras vaciaba su cuerno de bebida. Atravesaría los Senderos de los Muertos. Un año después cruzó la Puerta Oscura, y nunca más regresó. Los rohirrim temieron la muerte de Baldor, asegurando que había cruzado la puerta y muerto en el intento. Se decía a lo largo de los años que avistaban de vez en cuando a las sombras de los muertos en las cercanías de El Sagrario

Aragorn encuentra el cadaver de Baldor el Infortunado – Katrina Young

La profecía de Malbeth se acabaría cumpliendo muchos años después. A principios del mes de Marzo del año 3019 de la Tercera Edad, Aragorn, el heredero de Isildur, atravesaría junto a Legolas, Gimli y la Compañía Gris los Senderos de los Muertos tras serle recordada la profecía por Elladan y Elrohir, hijos de Elrond y miembros de dicha compañía.

Dentro encontraron el esqueleto de un hombre con las piernas quebradas que vestía una cota de malla con un plaquín de oro, con un cinturón de oro y granates, y llevaba el cráneo cubierto con un yelmo también de oro. Sus dedos se aferraban aún a las fisuras de una puerta cerrada y una espada rota reposaba junto a él. Con esto entendieron que Baldor el Infortunado jamás pudo cruzar los Senderos de los Muertos. Aragorn convocó a los muertos y estos le siguieron a través del camino.

Pero ellos sí que lo hicieron y llegaron a la Piedra de Erech. A medianoche Aragorn sopló un cuerno de plata y ordenó desplegar su estandarte, convocando nuevamente a los hombres muertos para exigirles que cumplieran su juramento luchando contra Sauron y él, como heredero de Isildur, les liberaría de su vida en la muerte. Los muertos

Aragorn (Viggo Mortensen) llega con los muertos a la batalla – El Señor de los Anillos. El Retorno del Rey (2003)

aceptaron y siguieron en tropel a Aragorn a Gondor. Tolkien los describió como sombras grises (aunque en la adaptación cinematográfica de Peter Jackson son de color verde) que se desplazaban sin hacer ningún tipo de ruido. Portaban lanzas que se elevaban cual espesura invernal en un sudario de bruma, estandartes pálidos como estelas de nube. Y su sola presencia parecía volver loco a cualquiera.

Participaron en la batalla de Pelargir donde los corsarios de Umbar fueron derrotados fácilmente debido al terror que los muertos inspiraron tanto en el enemigo como en sus propios aliados. Los muertos pasaban por encima del agua como si volaran y empuñaban espadas pálidas, aunque no las necesitaron pues los corsarios huyeron o se ahogaron tratando de huir al sur.

Tras estas victorias, Aragorn reclamó los barcos negros de Umbar como suyos y había reunido un ejército de hombres de las ciudades de Gondor liberadas. Dio el voto de los muertos por cumplido y les permitió descansar en paz, levantando la maldición de Isildur. Tras esto los hombres de las Montañas Blancas vieron fin a su sufrimiento y pudieron finalmente partir del mundo de los vivos, disolviéndose como bruma arrastrada por el viento.

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