El Herrero de Wootton Mayor

Este libro fue escrito en los años finales de la vida de J.R.R. Tolkien, y no nos debe extrañar su tono melancólico y triste que solemos encontrar en las despedidas. En él, el protagonista recibe el don de poder visitar el Reino de Fantasía, y esa riqueza y hermosura que contempla en esas maravillosas tierras, intenta transmitirla a los suyos aplicándola en las cosas más sencillas y cotidianas. Pero llega el día en que debe renunciar a ese don para que otros puedan disponer de él. Algunos han querido ver en este relato una especie de “testamento” literario de Tolkien. Él nos ha transmitido las vivencias de ese Reino, ahora en el ocaso de su vida, nos cede las llaves de Fantasía para que nosotros también podamos deleitarnos en esas maravillosas tierras. La conjunción benéfica del mundo de la fantasía y el mundo de los hombres se consigue y se pierde en una transmisión de poderes.

Cada veinticuatro años se celebraba en la aldea de Wootton Mayor la fiesta de los Niños Buenos. La ocasión era muy especial y se preparaba entonces una Gran Tarta que alimentaría a los veinticuatro niños invitados. La tarta era muy dulce y sabrosa y estaba toda cubierta de azúcar glasé. Pero dentro había unos ingredientes muy extraños y quienquiera que comiese uno de ellos conseguiría entrar en el País de Fantasía…

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