Hace hoy 100 años se casaron John Ronald Reuel Tolkien y Edith Mary Bratt en la localidad inglesa de Warwick.

El 22 de marzo de 1916, en la iglesia de Santa María Inmaculada de Warwick contrajeron matrimonio John Ronald Reuel Tolkien y Edith Mary Bratt. Hoy por tanto, celebramos el centenario de la boda de Beren y Lúthien. Y es que Edith fue la Lúthien de Ronald, como él mismo reconoció en la ‘Carta 340‘, escrita a su hijo Christopher meses después del fallecimiento de Edith.

(Pinchad en las imágenes para verlas a mayor resolución)

J.R.R. Tolkien y Edith Mary Bratt

Todos los que conocemos la Obra de Tolkien somos conscientes de la importancia de Lúthien en toda su mitología, el mismo papel primordial que ejerció Edith sobre Ronald. El mismo nombre de Lúthien era mucho más que un apelativo cariñoso para Edith.

“Lúthien, que dice para mí más que una multitud de palabras: pues ella era (y sabía que lo era) mi Lúthien.”

(‘Carta 340‘).

Una influencia que también se vio reflejada en la Obra de Ronald, pues la historia de Beren y Lúthien no dejaba de ser un reflejo de la gran historia de amor que vivieron Ronald y Edith. Una vez más, pocos documentos son más reveladores en este sentido que la ‘Carta 340‘.

“Nunca llamé Lúthien a Edith, pero ella fue la fuente de la historia que con el tiempo se convirtió en la parte principal del Silmarillion. Fue concebida por primera vez en el claro de un pequeño bosque lleno de cicuta en Roos, en Yorkshire (donde durante un breve tiempo estuve al mando de un puesto de avanzada de la Guarnición Humber en 1917, y ella pudo vivir conmigo por un corto período). En aquellos días tenía negros cabellos resplandecientes, la piel clara, los ojos más brillantes que se hayan visto, y era capaz de cantar… y de bailar.”

(‘Carta 340‘).

No hay que ser un gran estudioso de la Obra de Tolkien para ver los paralelismos entre el momento descrito y el primer encuentro de Beren y Lúthien. Tolkien regresa a Inglaterra después del horror que ha presenciado en Francia y con el dolor de saber que muchos de sus amigos habían muerto, mientras que Beren llegó a Doriath tras atravesar el valle de Nan Durgortheb poblado por criaturas, “agobiado por muchos años de pesadumbre”, con la pena y la congoja por la muerte de su padre y sus compañeros proscritos de Dorthonion. Durante un breve periodo de tiempo, Tolkien vivió con Edith en una cabaña en el claro de un bosque, mientras que Beren se encontró con Lúthien en un claro del bosque de Neldoreth, y aunque no vivieron juntos, Lúthien lo visitaba a menudo, hasta que la presencia de Beren llegó a oídos de Thingol.

J.R.R. Tolkien en 1916     Edith Mary Bratt en 1916

Un tiempo en el que Ronald se dedicó a la tarea de dar forma a su mitología, y en el que él y Edith vivieron lo que Humphrey Carpenter describió como “una dicha singular” a pesar de las desgracias acontecidas. En esos días, Edith era feliz ayudando a Ronald en su trabajo, y por las noches ella tocaba el piano y él recitaba sus poemas, o la dibujaba. Al igual que la visión de Lúthien hizo que todo recuerdo de su pasado dolor abandonara a Beren, aquellos días que Ronald pasó con Edith le aliviaron (al menos en parte) de su pesar. Fue durante esta época en la que Edith se quedó embarazada de su primer hijo, John, que nació el 16 de noviembre de 1917. Le siguieron Michael, nacido el 22 de octubre de 1920, Christopher, nacido el 21 de noviembre de 1924, y Priscilla, nacida el 18 de junio de 1929.

Al igual que Beren tuvo que superar grandes peligros para poder unirse a Lúthien, Ronald también hubo de superar no pocos obstáculos para unirse a Edith. Fes diferentes, la oposición tanto del padre Morgan como del padre de Edith, las trincheras de Francia durante la Primera Guerra Mundial y la enfermedad de Ronald fueron solo algunos de ellos. Pero comencemos por el principio.

Ronald y Edith se conocieron en Birmingham en 1908, cuando John y su hermano Hilary se mudaron a la casa de la señora Faulkner en el número 37 de Duchess Road. Casa en la que también vivía Edith, quien entonces tenía diecinueve años y pasaba la mayor parte de su tiempo atareada con su máquina de coser y tenía talento como pianista. Ronald contaba con dieciséis años. A pesar de la diferencia de edad y de educación (Edith había recibido una educación limitada, lo que contrastaba con la formación de Ronald), ambos se hicieron amigos rápidamente.

La amistad se transformó con el tiempo en un romance, algo que Ronald y Edith decidieron ‘formalizar’ en el verano de 1909. Aunque planificaban sus encuentros con sumo cuidado y trataban de ser lo más discretos posibles, su romance llegó a oídos del padre Francis Xavier Morgan, el ‘Tío Curro’, tutor de Ronald y figura clave en su infancia y adolescencia, pues había sido como un padre para él. El padre Morgan no vio con buenos ojos la relación de Ronald con Edith, pues le distraía de sus estudios, y decidió trasladar a los hermanos Tolkien a otro alojamiento, separando así a Ronald de Edith.

Edith Mary Tolkien y J.R.R. Tolkien en 1966

(Foto de Pamela Chandler)

Al igual que las imposiciones de Thingol no amilanaron a Beren, la exigencia del padre Morgan de finalizar su relación tampoco impidió que Ronald decidiera volver a ver a Edith. A principios de 1910 ambos se encontraron en secreto, y se hicieron obsequios mutuos con motivo de sus cumpleaños. Ronald le regaló a Edith un reloj de pulsera de dieciséis peniques por sus veintiún años, y Edith le regaló a Ronald una lapicera por sus dieciocho años. Pese a su discreción, el padre Morgan descubrió este nuevo encuentro, y en esta ocasión prohibió expresamente a Ronald volver a comunicarse con Edith hasta que cumpliera veintiún años.

Tras despedirse, Ronald se centró en sus estudios, aunque en su corazón siempre  conservaba el anhelo de volver a ver a Edith. En la medianoche del 3 de enero de 1913, nada más cumplir veintiún años, Ronald escribió a Edith. Pero la respuesta de ella fue para decirle que estaba comprometida con el hermano de una de sus compañeras de escuela. A pesar de semejante noticia, y de que el padre Morgan no deseaba que se reanudara su relación con Edith, Ronald decidió luchar por su amor, al igual que Beren asumió la tarea de robar un Silmaril de la corona de hierro del mismísimo Morgoth.

Ronald y Edith se reencontraron el 8 de enero de 1913, y tras este encuentro Edith decidió romper su compromiso anterior (solo lo había hecho por la amabilidad del chico y por la creencia de que Ronald se habría olvidado de ella) y casarse con Ronald. No obstante las circunstancias de Ronald no eran las ideales, pues se hallaba en un momento crucial en sus estudios, por lo que ambos decidieron mantener en secreto su compromiso. Con la excepción del padre Morgan, quien aceptó con resignación la decisión de Ronald.

Cuando parecían haber vencido todos los impedimentos, surgió un nuevo obstáculo que parecía amenazar la unión: la fe de Edith. Ronald era un ferviente católico, mientras que Edith pertenecía a la Iglesia de Inglaterra, y en los años en que habían permanecido separados Edith dedicó buena parte de su vida a la iglesia parroquial de Cheltenham. Edith sugirió a Ronald que aparcaran el asunto hasta que se formalizara su compromiso (pues temía que la familia con la que vivía la echara a la calle), pero este se negó y le expresó que debía convertirse al catolicismo cuanto antes. Edith aceptó, y como temía se vio obligada a buscarse un nuevo alojamiento. Desechando la idea de vivir en Oxford para pasar más tiempo con Ronald, Edith se estableció en Warwick con su prima, llevando una vida independiente hasta su boda.

Warwick le pareció a Ronald un lugar muy hermoso, tanto que se inspiró en la localidad inglesa para crear la ciudad de Kortirion, que en ‘El Libro de los Cuentos Perdidos‘ y en las primeras etapas de la mitología de Tolkien es la ciudad que los Elfos erigen en Tol Eressëa. El paisaje de Warwick le causó tan honda impresión que le sugirió un poema, titulado ‘Kortirion among the trees‘, según se desprende de una carta que Ronald le escribiría a Edith en noviembre de 1915. Un poema que Ronald retomaría y reescribiría años más tarde, primero en 1937 y luego en 1960. A medida que avanzaba en la creación de su Legendarium, Kortirion acabó siendo Tirion sobre Túna.

Edith Mary Tolkien y J.R.R. Tolkien en 1966

(Foto de Pamela Chandler)

En esta época, durante sus encuentros se puso de manifiesto que el tiempo que habían pasado separados los había alejado (pues habían vivido en dos ambientes muy distintos), época en la que también empezaron a chocar las dos partes de la vida de Ronald (su amor hacia Edith por un lado y su relación con sus amigos y la T.C.B.S. por el otro) que él no estaba dispuesto a mezclar. Ambos trataron de ser comprensivos, aunque no siempre lo conseguían, y en ocasiones sus fuertes temperamentos acababan chocando.

Edith se convirtió al catolicismo el 8 de enero de 1914, fecha escogida por ambos pues era el aniversario de su reencuentro, y mientras la vida de ella era monótona y tediosa, la de Ronald era radicalmente opuesta. Meses después, todo cambió con el estallido de la Primera Guerra Mundial. Ronald no se alistó como hicieron muchos de sus compañeros y amigos pues deseaba concentrarse en sus estudios y conseguir calificaciones de Primera Clase. Sin embargo, cuando supo de la existencia de un programa que le permitiría adiestrarse y continuar sus estudios, Ronald se alistó.

Finalmente, ambos decidieron casarse antes de que Ronald partiera hacia Francia, pues consideraban que ya habían esperado suficiente, y temían lo que pudiera acontecer en la guerra. Tras realizar algunos arreglos económicos, Ronald y Edith se casaron en la iglesia de Santa María Inmaculada de Warwick el miércoles 22 de marzo de 1916. Escogieron esa fecha porque el día de su reencuentro, tres años atrás, fue un miércoles. Tras la boda pasaron una semana en Clevedon, de luna de miel.

Tras ordenar sus asuntos en Warwick, Edith se mudó a una casita en Great Haywood, un pueblo del condado de Staffordshire cercano al campamento en el que se encontraba destinado Ronald. Sin embargo no pudieron disfrutar mucho de este arreglo, ya que Ronald recibió el 2 de junio la orden de traslado a Francia. Dos días después partía hacia Londres, y el 5 de junio se embarcó rumbo a Calais, a donde llegó al día siguiente, el 6 de junio.

Lo que sucedió después ya es otra historia. Desde El Anillo Único queremos celebrar el centenario de esta ocasión tan dichosa e importante para todos los Tolkiendili, y os animamos a que leáis el excelente artículo escrito por nuestra amiga Findúriel en la web de la Sociedad Tolkien Española.

Si os gustaría profundizar en la vida de Tolkien os invitamos a que leáis libros como ‘J.R.R. Tolkien: Una biografía‘, de Humphrey Carpenter, ‘El mago de las palabras‘, de Eduardo Segura, y ‘Tolkien y la Gran Guerra‘, de John Garth.

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