¿Queréis saber qué es lo que pasó el 6 de marzo en el universo fantástico creado por J.R.R. Tolkien? ¡Lo podéis leer aquí!

Continuamos con la sección ‘Hoy en la Tierra Media’ con una jornada en la que tres viajeros entraron en la tierra de la luna, en la que un mago llegó a la capital del país de los Señores de los Caballos tras cabalgar toda la noche, en la que la comitiva de un rey se encontró con una compañía venida del norte que portaba un importante mensaje y presentes muy especiales, en la que esa misma comitiva regresó a una fortaleza que había vivido una batalla muy recientemente, en la que el último heredero de los reinos en el exilio desafió al mismísimo Señor Oscuro y decide tomar un peligroso camino.

Para evitar posibles malentendidos y confusiones nos gustaría recalcar que todas las fechas de esta sección se corresponden con el Calendario de la Comarca o con otros calendarios de la Tierra Media (como el Cómputo del Rey o el Cómputo de los Senescales) y no con el calendario gregoriano (ver nota), y que todas proceden de libros y textos de J.R.R. Tolkien como ‘El Hobbit‘, ‘El Señor de los Anillos‘ (incluidos los Apéndices), los ‘Cuentos inconclusos‘ y los Manuscritos Marquette, y de otros libros de estudiosos tolkiendil como el ‘Atlas de la Tierra Media‘ de Karen Wynn Fonstad, ‘El Señor de los Anillos: Guía de lectura‘ de Wayne G. Hammond y Christina Scull, y ‘The History of The Hobbit‘ de John D. Rateliff.

Unos acontecimientos que nos gusta acompañar con citas de los libros de Tolkien y con ilustraciones y dibujos de distintos artistas, aunque no siempre encontramos imágenes de los momentos que mencionamos o que representen con total fidelidad lo escrito por el Profesor.

Esto fue lo que pasó en la Tierra Media el 6 de marzo, o el 6 de Rethe según el Calendario de la Comarca.

 

Año 3019 de la Tercera Edad del Sol:

* La comitiva de Théoden reemprende la marcha de madrugada. Tras cruzar los Vados del Isen se encuentran con Elladan, Elrohir, Halbarad y los Dúnedain del Norte.

* Gandalf y Pippin llegan a Edoras al amanecer.

* Un Nazgûl sobrevuela Edoras por la mañana y Gandalf ordena que los Rohirrim se reúnan en El Sagrario.

* La comitiva de Théoden hace un alto en el Abismo de Helm para descansar en Cuernavilla.

* Aragorn mira en la Palantír.

* Merry ofrece sus servicios a Théoden.

* Aragorn decide cruzar los Senderos de los Muertos.

* Pasado el mediodía, Théoden, Éomer y su comitiva se dirigen hacia el Valle Sagrado.

* La Compañía Gris se dirige a El Sagrario por la tarde.

* Por la noche, Frodo, Sam y Gollum entran en Ithilien.

 

(Pinchad en las imágenes para verlas a mayor resolución)

(Eorlingas cruzando un vado, según el artista neerlandés Wouter Florusse)

“No hacía mucho que habían pasado los túmulos de los Vados del Isen, cuando un Jinete se adelantó desde la retagurdia.

—Mi Señor —dijo, hablándole al rey—, hay hombres a caballo detrás de nosotros. Me pareció oírlos cuando cruzábamos los Vados. Ahora estamos seguros. Vienen a galope tendido y están por alcanzarnos.

Sin pérdida de tiempo, Théoden ordenó un alto. Los jinetes dieron media vuelta y empuñaron las lanzas. Aragorn se apeó del caballo, depositó en el suelo a Merry, y desenvainando la espada aguardó junto al estribo del rey. Éomer y su escudero volvieron a la retaguardia. Merry se sentía más que nunca un trasto inútil, y se preguntó qué podría hacer en caso de que se librase un combate. En el supuesto de que la pequeña escolta del rey fuera atrapada y sometida, y él lograse huir en la oscuridad… solo en las tierras vírgenes de Rohan sin idea de dónde estaba en aquella infinidad de millas…

«¡Inútil!», se dijo. Desenvainó la espada y se ajustó el cinturón.”

(‘El Señor de los Anillos. El retorno del rey‘. Libro Quinto, capítulo 2: El paso de la Compañía Gris).

 

(Aragorn con los Rohirrim, según la artista francesa Magali Villeneuve)

“—Todo bien —dijo Aragorn, regresando a la Compañía—. Son hombres de mi estirpe venidos del país lejano en que yo vivía. Pero a qué han venido, y cuántos son, Halbarad nos lo dirá.

—Tengo conmigo treinta hombres —dijo Halbarad—. Todos los de nuestra sangre que pude reunir con tanta prisa; pero los hermanos Elladan y Elrohir nos han acompañado, pues desean ir a la guerra. Hemos cabalgado lo más rápido posible, desde que llegó tu llamada.

—Pero yo no os llamé —dijo Aragorn—, salvo con el deseo; a menudo he pensado en vosotros, y nunca más que esta noche; sin embargo, no os envié ningún mensaje. ¡Pero vamos! Todas estas cosas pueden esperar. Nos encontráis viajando de prisa y en peligro. Acompañadnos por ahora, si el rey lo permite.

En realidad, la noticia alegró a Théoden.

—¡Magnífico! —dijo—. Si estos hombres de tu misma sangre se te parecen, mi señor Aragorn, treinta de ellos serán una fuerza que no puede medirse por el número.”

(‘El Señor de los Anillos. El retorno del rey‘. Libro Quinto, capítulo 2: El paso de la Compañía Gris).

 

(Arwen borda el estandarte de la Casa de Elendil, según la artista polaca Anna Kulisz)

“Elrohir le dijo: —Te traigo un mensaje de mi padre: ‘Los días son cortos. Si el tiempo apremia, recuerda los Senderos de los Muertos’.

—Los días me parecieron siempre demasiado cortos para que mi deseo se cumpliera —respondió Aragorn—. Pero grande en verdad tendrá que ser mi prisa si tomo ese camino.

—Eso lo veremos pronto —dijo Elrohir—. ¡Pero no hablemos más de estas cosas a campo raso!

Entonces Aragorn le dijo a Halbarad: —¿Qué es eso que llevas, primo? —Pues había notado que en vez de lanza empuñaba un asta larga, como si fuera un estandarte, pero envuelta en un apretado lienzo negro, y atada con muchas correas.

—Es un regalo que te traigo de parte de la Dama de Rivendel —respondió Halbarad—. Lo hizo ella misma en secreto, y fue un largo trabajo. Y también te envía un mensaje: ‘Cortos son ahora los días. O nuestras esperanzas se cumplirán, o será el fin de toda esperanza. Por eso te he enviado lo que hice para ti. ¡Adiós, Piedra de Elfo!”

(‘El Señor de los Anillos. El retorno del rey‘. Libro Quinto, capítulo 2: El paso de la Compañía Gris).

 

(Edoras, según el artista inglés Alan Lee)

“‘Ahora, seguiremos cabalgando hasta el alba, y aun nos quedan algunas horas. Entonces hasta Sombragrís tendrá que descansar, en alguna hondonada entre las colinas: en Edoras, espero. ¡Duerme, si puedes! Quizá veas las primeras luces del alba sobre los techos de oro de la casa de Eorl. Y tres días después verás la sombra purpurina del Monte Mindolluin y los muros de la torre de Denethor, blancos en la mañana.

‘De prisa, Sombragrís. Corre, corazón intrépido, como nunca has corrido hasta ahora. Hemos llegado a las tierras de tu niñez, y aquí conoces todas las piedras. ¡De prisa! ¡Tu ligereza es nuestra esperanza!

Sombragrís sacudió la cabeza y relinchó, como si una trompeta lo llamara a la batalla. En seguida se lanzó hacia adelante. Los cascos relampaguearon contra el suelo; la noche se precipitó sobre él.”

(‘El Señor de los Anillos. Las dos torres‘. Libro Tercero, capítulo 11: La Palantír).

 

(Nazgûl alado, según el artista polaco Mateusz Bogucki)

“—Tres días atrás, al amanecer, Señor —dijo—, Sombragris llegó a Edoras como un viento del oeste, y Gandalf trajo noticias de vuestra victoria para regocijo de todos nosotros. Pero también nos trajo vuestra orden: que apresuráramos el acantonamiento de los Jinetes. Y entonces vino la Sombra alada.

—¿La Sombra alada? —dijo Théoden—. También nosotros la vimos, pero eso fue en lo más profundo de la noche, antes que Gandalf nos dejase.

—Tal vez, Señor —dijo Dúnhere—. En todo caso la misma, u otra semejante, una oscuridad que tenía la forma de un pájaro monstruoso, voló esa mañana sobre Edoras, y todos los hombres se estremecieron. Porque se lanzó sobre Meduseld, y cuando estaba ya casi a la altura de los tejados, oímos un grito que nos heló el corazón. Fue entonces cuando Gandalf nos aconsejó que no nos reuniéramos en la campiña, y que viniéramos a encontraros aquí, en el valle al pie de los montes. Y nos ordenó no encender hogueras o luces innecesarias. Es lo que hicimos. Gandalf hablaba con autoridad.”

(‘El Señor de los Anillos. El retorno del rey‘. Libro Quinto, capítulo 3: El acantonamiento de Rohan).

 

(Merry jura lealtad a Théoden, según Arati Subramanyam)

“—Yo tengo una espada —dijo Merry, y saltando del asiento, sacó de la vaina negra la pequeña hoja reluciente. Lleno de un súbito amor por el viejo rey, se hincó sobre una rodilla, y le tomó la mano y se la besó—. ¿Permitís que deposite a vuestros pies la espada de Meriadoc de la Comarca, Rey Théoden? —exclamó— . ¡Aceptad mis servicios, os lo ruego!

—Los acepto de todo corazón —dijo el rey, y posando las manos largas y viejas sobre los cabellos castaños del hobbit, le dio su bendición—. ¡Y ahora levántate, Meriadoc, escudero de Rohan de la casa de Meduseld! —dijo—. ¡Toma tu espada y condúcela a un fin venturoso!

—Seréis para mí como un padre —dijo Merry.

—Por poco tiempo —dijo Théoden.”

(‘El Señor de los Anillos. El retorno del rey‘. Libro Quinto, capítulo 2: El paso de la Compañía Gris).

 

(Broche de los Dúnedain, según el artista ucraniano Alexandr Elichev)

“Los Montaraces se mantenían algo apartados, en un grupo ordenado y silencioso, armados de lanzas, arcos y espadas. Vestían oscuros mantos grises, y las capuchas les cubrían la cabeza y el yelmo. Los caballos que montaban eran vigorosos y de estampa arrogante, pero hirsutos de crines; y uno de ellos no tenía jinete: el corcel de Aragorn, que habían traído del Norte, y que respondía al nombre de Roheryn. En los arreos y gualdrapas de las cabalgaduras no había ornamentos ni resplandores de oro y pedrerías; y los jinetes mismos no llevaban insignias ni emblemas, excepto una estrella de plata que les sujetaba el manto en el hombro izquierdo.”

(‘El Señor de los Anillos. El retorno del rey‘. Libro Quinto, capítulo 2: El paso de la Compañía Gris).

 

(Aragorn con la Palantír, según la artista francesa Magali Villeneuve)

“—¡Veamos! —dijo al fin Lególas—. ¡Habla y reanímate y ahuyenta las sombras! ¿Qué ha pasado desde que regresamos en la mañana gris a este lugar siniestro?

—Una lucha más siniestra para mí que la batalla de Cuernavilla —respondió Aragorn—. He escrutado la Piedra de Orthanc, amigos míos.

—¿Has escrutado esa piedra maldita y embrujada? —exclamó Gimli con cara de miedo y asombro—. ¿Le has dicho algo a… él? Hasta Gandalf temía ese encuentro.

—Olvidas con quién estás hablando —dijo Aragorn con severidad, y los ojos le relampaguearon—. ¿Qué temes que haya podido decirle a él? ¿Acaso no proclamé abiertamente mi título ante las puertas de Edoras? No, Gimli —dijo con voz más suave, y la expresión severa se le borró, y pareció más bien un hombre que ha trabajado en largas y atormentadas noches de insomnio—. No, amigos míos, soy el dueño legítimo de la Piedra, y no me faltaban ni el derecho ni la entereza para utilizarla o al menos eso creía yo. El derecho es incontestable. La entereza me alcanzó… a duras penas.

Aragorn tomó aliento.

—Fue una lucha ardua, y la fatiga tarda en pasar. No le hablé, y al final sometí la Piedra a mi voluntad. Soportar eso solo ya le será difícil. Y me vio. Sí, Maese Gimli, me vio, pero no como vosotros me veis ahora. Si eso le sirve de ayuda, habré hecho mal. Pero no lo creo. Supongo que saber que estoy vivo y que camino por la tierra fue un golpe duro para él, pues hasta hoy lo ignoraba. Los ojos de Orthanc no habían podido traspasar la armadura de Théoden; pero Sauron no ha olvidado a Isildur ni la espada de Elendil. Y ahora, en el momento preciso en que pone en marcha sus ambiciosos designios, se le revelan el heredero de Elendil y la Espada; pues le mostré la hoja que fue forjada de nuevo. No es aún tan poderoso como para ser insensible al temor; no, y siempre lo carcome la duda.”

(‘El Señor de los Anillos. El retorno del rey‘. Libro Quinto, capítulo 2: El paso de la Compañía Gris).

 

(Senderos de los Muertos, según el artista canadiense John Howe)

“Alzó la mirada al cielo, y pareció que había decidido algo al fin; tenía una expresión menos atormentada.— En ese caso, y con vuestro permiso, Señor, he de tomar una determinación que me atañe a mí y a mis gentes. Tenemos que seguir nuestro propio camino, y no más en secreto. Pues para mí el tiempo del sigilo ha pasado. Partiré hacia el este por el camino más rápido, y cabalgaré por los Senderos de los Muertos.

—¡Los Senderos de los Muertos! —repitió, temblando, Théoden—. ¿Por qué los nombras? —Éomer se volvió y escrutó el rostro de Aragorn, y a Merry le pareció que losJinetes más próximos habían palidecido al oír esas palabras.— Si en verdad hay tales senderos —prosiguió el rey—, la puerta está en El Sagrario; pero ningún hombre viviente podrá franquearla.

— ¡Ay, Aragorn, amigo mío! —dijo Éomer—. Tenía la esperanza de que partiríamos juntos a la guerra; pero si tú buscas los Senderos de los Muertos, ha llegado la hora de separarnos, y es improbable que volvamos a encontrarnos bajo el sol.

—Ese será, sin embargo, mi camino —dijo Aragorn—. Mas a ti, Éomer, te digo que quizá volvamos a encontrarnos en la batalla, aunque todos los ejércitos de Mordor se alcen entre nosotros.”

(‘El Señor de los Anillos. El retorno del rey‘. Libro Quinto, capítulo 2: El paso de la Compañía Gris).

 

(Merry y Théoden, según una artista eslovaca conocida como MirachRavaia)

“—¡Adiós, señor! —dijo Aragorn—. ¡Galopad hacia la gloria! ¡Adiós, Merry! Te dejo en buenas manos, mejores que las que esperábamos cuando perseguíamos orcos en Fangorn. Legolas y Gimli continuarán conmigo la cacería, espero; mas no te olvidaremos.

—¡Adiós! —dijo Merry. No encontraba nada más que decir. Se sentía muy pequeño, y todas aquellas palabras oscuras lo desconcertaban y amilanaban. Más que nunca echaba de menos el inagotable buen humor de Pippin. Ya los Jinetes estaban prontos, los caballos piafaban, y Merry tuvo ganas de partir y que todo acabase de una vez.

Entonces Théoden le dijo algo a Éomer, y alzó la mano y gritó con voz tonante, y a esa señal los Jinetes se pusieron en marcha.”

(‘El Señor de los Anillos. El retorno del rey‘. Libro Quinto, capítulo 2: El paso de la Compañía Gris).

 

(La Compañía Gris, según el artista estadounidense Jef Murray)

“— ¡Venid! —exclamó, y desenvainó la espada, y la hoja centelleó en la penumbra de la sala del Fuerte—. ¡A la Piedra de Erech! Parto en busca de los Senderos de los Muertos. ¡Seguidme, los que queráis acompañarme!

Legolas y Gimli, sin responder, se levantaron y siguieron a Aragorn fuera de la sala. Allí, en la explanada, los Montaraces encapuchados aguardaban inmóviles y silenciosos. Legolas y Gimli montaron a caballo. Aragorn saltó a la grupa de Roheryn. Halbarad levantó entonces un gran cuerno, y los ecos resonaron en el Abismo de Helm; y a esa señal partieron al galope, y descendieron al Bajo como un trueno, mientras los hombres que permanecían en la Empalizada o el Fuerte los contemplaban estupefactos.”

(‘El Señor de los Anillos. El retorno del rey‘. Libro Quinto, capítulo 2: El paso de la Compañía Gris).

 

(Ithilien, según el artista canadiense Ted Nasmith)

“El camino, construido en tiempos muy remotos, había sido recientemente reparado a lo largo de unas treinta millas bajo el Morannon, pero a medida que avanzaba hacia el sur cobraba un aspecto cada vez más salvaje. La mano de los Hombres de antaño era aún visible en la rectitud y la seguridad del recorrido y en la uniformidad de los niveles: de tanto en tanto se abría paso a través de las laderas de las colinas, o un arco armonioso de sólida mampostería atravesaba un río; pero al cabo todo signo de arquitectura desaparecía, excepto una que otra columna rota que emergía aquí y allá entre los matorrales, o algunos desgastados adoquines que asomaban aún entre el musgo y las malezas. Brezos, árboles y helechos invadían en espesa maraña las orillas o se extendían por la superficie. El camino parecía al fin un sendero rural poco frecuentado; pero no serpeaba: iba siempre en la misma dirección y los llevaba por la vía más corta.

Cruzaron así las marcas septentrionales de ese país que los Hombres llamaban antaño Ithilien, una hermosa región de lomas boscosas, y de aguas rápidas. A la luz de las estrellas y de una luna redonda, la noche se volvió transparente, y los Hobbits tuvieron la impresión de que la fragancia del aire aumentaba a medida que avanzaban; y a juzgar por los resoplidos y bisbiseos de desagrado de Gollum, también él lo había notado.”

(‘El Señor de los Anillos. Las dos torres‘. Libro Cuarto, capítulo 4: Hierbas aromáticas y guiso de conejo).

 

(*) Nota importante: Aunque el Calendario de la Comarca no coincide con el calendario Gregoriano (hay una diferencia de 10 u 11 días entre uno y otro dependiendo del día en el que se celebre el solsticio de verano), hemos decidido publicar los acontecimientos según su fecha original y no adaptar las fechas a nuestro calendario (de hacerlo, el 25 de marzo del Calendario de la Comarca sería nuestro 14 ó 15 de marzo). Nos parece lo más lógico no solo para evitar confusiones sino para mantener la coherencia con el hecho de celebrar el Día Internacional de Leer a Tolkien el 25 de marzo (fecha en la que se derrotó a Sauron) y el Día Hobbit el 22 de septiembre (fecha de los cumpleaños de Bilbo y Frodo).

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