¿Qué es lo que ocurrió el 5 de marzo en la Tierra Media, el universo fantástico creado por J.R.R. Tolkien? ¡Lo podéis leer y volver a descubrir aquí!

Continuamos con la sección ‘Hoy en la Tierra Media’ con una jornada en la que la comitiva de un rey llegó al baluarte de un enemigo derrotado donde se reunieron unos compañeros tras una ardua búsqueda, en la que dos magos se enzarzaron en una batalla dialéctica, en la que la curiosidad pudo a un hobbit, y en la que tres viajeros llegaron hasta las puertas del País de la Sombra. Para evitar malentendidos y confusiones queremos insistir en que todas estas fechas se corresponden con el Calendario de la Comarca o con otros calendarios de la Tierra Media (como el Cómputo del Rey o el Cómputo de los Senescales) y no con el calendario gregoriano (ver nota), y que todas proceden de diversos libros y textos de J.R.R. Tolkien como ‘El Hobbit‘, ‘El Señor de los Anillos‘ (incluidos los Apéndices), los ‘Cuentos inconclusos‘ y los Manuscritos Marquette, y de otros libros de estudiosos tolkiendil como el ‘Atlas de la Tierra Media‘ de Karen Wynn Fonstad, ‘El Señor de los Anillos: Guía de lectura‘ de Wayne G. Hammond y Christina Scull, y ‘The History of The Hobbit‘ de John D. Rateliff.

Unos acontecimientos que nos gusta acompañar con extractos de la obra del Profesor y con ilustraciones y dibujos de distintos artistas, aunque no en todas las ocasiones encontramos imágenes que representen los momentos que mencionamos o que reflejen fielmente lo descrito por Tolkien.

Esto fue lo que pasó en la Tierra Media el 5 de marzo, o el 5 de Rethe según el Calendario de la Comarca.

 

Año 3019 de la Tercera Edad del Sol:

* Lengua de Serpiente llega a Isengard por la mañana.

* Frodo, Sam y Gollum llegan hasta la Puerta Negra. Gollum les habla del camino de Cirith Ungol mientras se acercan ejércitos de Orientales. Al anochecer inician la marcha hacia el sur.

* La comitiva de Théoden llega a Isengard al mediodía.

* Mientras Gandalf habla con Bárbol, Aragorn, Legolas y Gimli comen con Merry y Pippin. Aragorn les devuelve los puñales y a Pippin el broche de Lórien.

* Gandalf y Théoden parlamentan con Saruman. Gríma arroja la Palantír de Orthanc por una ventana.

* Merry y Pippin se despiden de Bárbol. Gandalf y la comitiva de Théoden parten de Isengard hacia Edoras. Por la noche acampan en Dol Baran.

* Pippin mira en la Palantír.

* Un Nazgûl alado sobrevuela el campamento de la comitiva camino de Isengard.

* Gandalf entrega la Palantír a Aragorn, y parte hacia Minas Tirith con Pippin.

 

(Pinchad en las imágenes para verlas a mayor resolución)

(Gríma Lengua de Serpiente, según el artista italiano Fabio Leone)

“—Ah, sí, me había olvidado de él —dijo Pippin—. No llegó aquí hasta esta mañana. Acabábamos de encender el fuego y de preparar el desayuno cuando Bárbol reapareció. Oímos cómo zumbaba y nos llamaba.

‘«He venido sólo a ver cómo estáis, mis muchachos —dijo—, y a traeros algunas noticias. Los Ucornos han regresado. Todo marcha bien; ¡sí, muy bien en verdad!». Rió, y se palmeó los muslos. «No más orcos en Isengard, ¡no más hachas! Y llegarán gentes del sur antes que acabe el día; gentes que quizás os alegre volver a ver.»

‘No bien había dicho estas palabras, cuando oímos un ruido de cascos en el camino. Nos precipitamos fuera de las puertas, y me detuve a mirar, con la certeza de ver avanzar a Trancos y Gandalf cabalgando a la cabeza de un ejército. Pero el que salió de la bruma fue un hombre montado en un caballo viejo y cansado; y también él parecía ser un personaje extraño y tortuoso. No había nadie más. Cuando salió de la niebla y vio ante él toda aquella ruina y desolación, se quedó como petrificado y boquiabierto, y la cara se le puso casi verde. Estaba tan azorado que al principio ni siquiera pareció advertir nuestra presencia. Cuando por fin nos vio, dejó escapar un grito, y trató de que el caballo diera media vuelta para huir al galope. Pero Bárbol dio tres zancadas, extendió un brazo larguísimo, y lo levantó de la montura. El caballo escapó aterrorizado, y el jinete fue a parar al suelo. Dijo ser Gríma, amigo y consejero del rey, y que había sido enviado con mensajes importantes de Théoden para Saruman.”

(‘El Señor de los Anillos. Las dos torres‘. Libro Tercero, capítulo 9: Restos y despojos).

 

(Isengard, según el artista británico Ryan Grant)

“Más allá, el círculo de Isengard rebosaba de agua y humo; un caldero hirviente, en el que se mecían y flotaban restos de vigas y berlingas, arcones y barriles y aparejos despedazados. Las columnas asomaban resquebrajadas y torcidas por encima del agua, y los caminos estaban anegados. Lejana al parecer, velada por un torbellino de nube, se alzaba la isla rocosa. Imponente y oscura como siempre —la tempestad no la había tocado— se erguía la torre de Orthanc; unas aguas lívidas le lamían los pies.”

(‘El Señor de los Anillos. Las dos torres‘. Libro Tercero, capítulo 8: El camino de Isengard).

 

(Merry y Pippin en las ruinas de Isengard, según Michael Herring)

“A caballo, inmóviles y silenciosos, el rey y su escolta observaban maravillados, comprendiendo que el poder de Saruman había sido destruido; pero no podían imaginarse cómo. Volvieron la mirada a la bóveda de la entrada y las puertas derruidas. Y allí, muy cerca, vieron un gran montón de escombros; y de pronto repararon en dos pequeñas figuras plácidamente sentadas sobre los escombros, vestidas de gris, casi invisibles entre las piedras. Estaban rodeadas de botellas y tazones y escudillas, como si acabaran de disfrutar de una buena comida, y ahora descansaran. Uno parecía dormir; el otro, con las piernas cruzadas y los brazos en la nuca, se apoyaba contra una roca y echaba por la boca volutas y anillos de un tenue humo azul.

Por un momento Théoden y Éomer y sus hombres los miraron, paralizados por el asombro. En medio de toda la ruina de Isengard, ésta parecía ser para ellos la visión más extraña. Pero antes de que el rey pudiera hablar, el pequeño personaje que echaba humo por la boca reparó en ellos, que aún seguían inmóviles y silenciosos a la orilla de la barrera de niebla. Se puso de pie de un salto. Parecía ser un hombre joven, o por lo menos eso aparentaba, aunque de la talla de un hombre tenía poco más de la mitad; la cabeza de ensortijado cabello castaño, la llevaba al descubierto, pero se envolvía el cuerpo en una capa raída y manchada por la intemperie aunque del color de las capas de los compañeros de Gandalf cuando partieran de Edoras. Se inclinó en una muy profunda reverencia, con la mano al pecho. Luego, como si no hubiese visto al mago y sus amigos, se volvió a Éomer y al rey.

—¡Bienvenidos a Isengard, señores! —dijo—. Somos los guardianes de la puerta. Meriadoc hijo de Saradoc es mi nombre; y mi compañero desgraciadamente vencido por el cansancio —y al decir esto le asestó al otro un puntapié— es Peregrin hijo de Paladin, de la casa de Tuk.”

(‘El Señor de los Anillos. Las dos torres‘. Libro Tercero, capítulo 8: El camino de Isengard).

 

(Restos y despojos, según el artista ucraniano Sergei Iukhimov)

“—Mi pueblo bajó del Norte hace mucho tiempo —dijo Théoden—. Pero no quiero engañaros: no conocemos ninguna historia sobre los hobbits. Todo cuanto se dice entre nosotros es que muy lejos, más allá de muchas colinas y muchos ríos, habitan los Medianos, un pueblo que vive en cuevas en las dunas de arena. Pero no hay leyendas acerca de sus hazañas, porque según se dice no han hecho muchas cosas, y además evitan encontrarse con los Hombres, teniendo la facultad de desaparecer en un abrir y cerrar de ojos; y pueden modificar la voz imitando el trino de los pájaros. Pero al parecer habría más cosas que decir.

—En efecto, señor —dijo Merry.

—Para empezar —dijo Théoden— no sabía que echabais humo por la boca.

—Eso no me sorprende —respondió Merry—; pues es un arte que practicamos desde hace unas pocas generaciones. Fue Tobold Corneta, de Vallelargo, en la Cuaderna del Sur, el primero que cultivó en su jardín un verdadero tabaco de pipa hacia el año 1070 de nuestra cronología. Cómo el viejo Toby consiguió la planta…

—Cuidado, Théoden —interrumpió Gandalf—. Estos hobbits son capaces de sentarse al borde de un precipicio a discurrir sobre los placeres de la mesa, o las anécdotas más insignificantes de padres, abuelos y bisabuelos, y primos lejanos hasta el noveno grado, si los alentáis con vuestra injustificada paciencia. Ya habrá un momento más propicio para la historia del arte de fumar. ¿Dónde está Bárbol, Merry?”

(‘El Señor de los Anillos. Las dos torres‘. Libro Tercero, capítulo 8: El camino de Isengard).

 

(La Puerta Negra de Mordor, según el artista francés Rémi Grabisch)

“En las crestas de esas colinas asomaban los Dientes de Mordor, dos torres altas y fuertes. Las habían construido los Hombres de Gondor en días muy lejanos de orgullo y grandeza, luego de la caída y la fuga de Sauron, temiendo que intentase rescatar el antiguo reino. Pero el poderío de Gondor declinó, y los hombres durmieron, y durante largos años las torres estuvieron vacías. Entonces Sauron volvió. Ahora, las torres de atalaya, en un tiempo ruinosas, habían sido reparadas, y las armas se guardaban allí, y las vigilaban día y noche. Los muros eran de piedra, y las troneras negras se abrían al norte, al este y al oeste, y en todas ellas habia ojos avizores.

A la entrada del desfiladero, de pared a pared, el Señor Oscuro había construido un parapeto de piedra. En él había una única puerta de hierro, y en el camino de ronda los centinelas montaban guardia. Al pie de las colinas, de extremo a extremo, habían cavado en la roca centenares de cavernas y agujeros; allí aguardaba emboscado un ejército de orcos, listo para lanzarse afuera a una señal como hormigas negras que parten a la guerra. Nadie podía pasar por los Dientes de Mordor sin sentir la mordedura, a menos que fuese un invitado de Sauron, o conociera el santo y sería que abría el Morannon, la puerta negra de su tierra.”

(‘El Señor de los Anillos. Las dos torres‘. Libro Cuarto, capítulo 3: La Puerta Negra está cerrada).

 

(Merry y Pippin en Isengard, según una artista checa conocida como faQy)

“Gandalf se echó a reír.

—¡Eso está mejor! —dijo—. Y bien, Théoden, ¿iréis conmigo al encuentro de Bárbol? Tendremos que dar algunas vueltas, pero no queda lejos. Cuando conozcáis a Bárbol aprenderéis muchas cosas. Porque Bárbol es Fangorn, y el decano y el jefe de los Ents, y cuando habléis con él oiréis la palabra del más viejo de todos los seres vivientes.

—Iré contigo —dijo Théoden—. ¡Adiós, mis hobbits! ¡Ojalá volvamos a vernos en mi castillo! Allí podréis sentaros a mi lado y contarme todo cuanto queráis: las hazañas de vuestros antepasados, todas las que recordéis hasta las más lejanas, y hablaremos también de Tobold el Viejo y de su conocimiento de las hierbas. ¡Hasta la vista!

Los hobbits se inclinaron profundamente.

—¡Así que éste es el Rey de Rohan! —dijo Pippin en voz baja—. Un viejo muy simpático. Muy amable.”

(‘El Señor de los Anillos. Las dos torres‘. Libro Tercero, capítulo 8: El camino de Isengard).

 

(La Puerta Negra está cerrada, según el artista español Félix Sotomayor)

“—Tengo la orden de ir a las tierras de Mordor, y por lo tanto iré —dijo Frodo—. Si no hay más que un camino, tendré que tomarlo. Suceda lo que suceda.

Sam se quedó callado. La expresión del rostro de Frodo era suficiente para él; sabía que todo cuanto pudiera decirle sería inútil. Al fin y al cabo, él nunca había puesto ninguna esperanza en el éxito de la empresa; pero era un hobbit vehemente y temerario y no necesitaba esperanzas, mientras pudiera retrasar la desesperanza. Ahora habían llegado al amargo final. Pero él no había abandonado a su señor ni un solo instante; para eso había venido, y no pensaba abandonarlo ahora. Frodo no iría solo a Mordor. Sam iría con él… y en todo caso, al menos se verían por fin libres de Gollum.

Gollum, sin embargo, no tenía ningún interés en que se libraran de él, al menos por el momento. Se arrodilló a los pies de Frodo, retorciéndose las manos y lloriqueando.

—¡No por este camino, mi amo! —suplicó—. Hay otro camino. Oh sí, de verdad, hay otro. Otro camino más oscuro, más difícil de encontrar, más secreto. Pero Sméagol lo conoce. ¡Deja que Sméagol te lo muestre!

—¡Otro camino! —dijo Frodo en tono dubitativo, escrutando el rostro de Gollum.”

(‘El Señor de los Anillos. Las dos torres‘. Libro Cuarto, capítulo 3: La Puerta Negra está cerrada).

 

(Restos y despojos, según la artista alemana Anke Katrin Eißmann)

“—La despensa está allá adentro, y muy por encima del nivel de la inundación, felizmente —dijo Pippin, cuando volvieron cargados de platos, tazas, fuentones, cuchillos, y alimentos variados.

—Y no tendrás motivos para torcer la cara, Maese Gimli —dijo Merry—. Ésta no es comida de orcos, son alimentos humanos, como los llama Bárbol. ¿Queréis vino o cerveza? Hay un barril allí dentro… bastante bueno. Y esto es cerdo salado de primera calidad. También puedo cortaros algunas lonjas de tocino y asarlas, si preferís. Nada verde, lo lamento, ¡las entregas se interrumpieron hace varios días! No puedo serviros un segundo plato excepto mantequilla y miel para el pan. ¿Estáis conformes?

—Sí por cierto —dijo Gimli—. La deuda se ha reducido considerablemente.

Muy pronto los tres estuvieron dedicados a comer; y los dos hobbits se sentaron a comer por segunda vez, sin ninguna vergüenza.

—Tenemos que acompañar a nuestros invitados —dijeron.”

(‘El Señor de los Anillos. Las dos torres‘. Libro Tercero, capítulo 9: Restos y despojos).

 

(Broche de Lórien, según el artista canadiense John Howe)

“—Aquí os traigo algunos de los tesoros que sembrasteis por el camino —dijo Aragorn—. Os alegrará recobrarlos. —Se desprendió el cinturón bajo la capa y sacó los dos puñales envainados.

—¡Bravo! —exclamó Merry—. ¡Jamás pensé que los volvería a ver! Marqué con el mío a unos cuantos orcos; pero Uglúk nos los quitó. ¡Qué furioso estaba! Al principio creí que me iba a apuñalar, pero arrojó los puñales a lo lejos como si le quemasen.

—Y aquí tienes también tu broche, Pippin —dijo Aragorn—. Te lo he cuidado bien, pues es un objeto muy precioso.

—Lo sé —dijo Pippin—. Me dolía tener que abandonarlo; pero ¿qué otra cosa podía hacer?

—Ninguna otra cosa —respondió Aragorn—. Quien no es capaz de desprenderse de un tesoro en un momento de necesidad es como un esclavo encadenado. Hiciste bien.”

(‘El Señor de los Anillos. Las dos torres‘. Libro Tercero, capítulo 9: Restos y despojos).

 

(Frodo, Sam y Gollum llegan a la Puerta Negra, según el artista inglés Alan Lee)

“—Más Hombres que van a Mordor —dijo en voz baja—. Caras oscuras. Nunca vimos Hombres como éstos hasta ahora. No, Sméagol nunca los vio. Parecen feroces. Tienen los ojos negros, largos cabellos negros, y aros de oro en las orejas: sí, montones de oro muy bello. Y algunos tienen pintura roja en las mejillas, y mantos rojos; y los estandartes son rojos, y también las puntas de las lanzas; y llevan escudos redondos, amarillos y negros con grandes clavijas. No buenos: Hombres malos muy crueles, parecen. Casi tan malvados como los orcos, y mucho más grandes. Sméagol piensa que vienen del Sur, de más allá del extremo del Río Grande: llegaban por ese camino. Iban todos hacia la Puerta Negra; pero otros podrían venir detrás. Siempre más gente llegando a Mordor. Un día todos estarán adentro.”

(‘El Señor de los Anillos. Las dos torres‘. Libro Cuarto, capítulo 3: La Puerta Negra está cerrada).

 

(Orthanc, según el artista inglés Paul Monteagle)

“Llegaron a los pies de Orthanc. La roca negra relucía como si estuviese mojada. Las aristas de las facetas eran afiladas y parecían talladas hacía poco. Algunos arañazos, y esquirlas pequeñas como escamas junto a la base, eran los únicos rastros visibles de la furia de los Ents.

En la cara oriental, en el ángulo formado por dos pilastras, se abría una gran puerta, muy alta sobre el nivel del suelo; y más arriba una ventana con los postigos cerrados, que daba a un balcón cercado por una balaustrada de hierro. Una ancha escalera de veintisiete escalones, tallada por algún artífice desconocido en la misma piedra negra, conducía al umbral. Aquélla era la única entrada a la torre; pero muchas troneras de antepecho profundo se abrían en los muros casi verticales, y espiaban, como ojos diminutos, desde lo alto de las escarpadas paredes.”

(‘El Señor de los Anillos. Las dos torres‘. Libro Tercero, capítulo 10: La Voz de Saruman).

 

(La Voz de Saruman, según el artista estadounidense Donato Giancola)

“Gandalf se detuvo ante la puerta de Orthanc y golpeó en ella con su vara. Retumbó con un sonido cavernoso.

—¡Saruman, Saruman! —gritó con una voz potente, imperiosa—. ¡Saruman, sal!

Durante un rato no hubo ninguna respuesta. Al cabo, se abrieron los postigos de la ventana que estaba sobre la puerta, pero nadie se asomó al vano oscuro.

—¿Quién es? —dijo una voz—. ¿Qué deseas?

Théoden se sobresaltó.

—Conozco esa voz —dijo—, y maldigo el día en que la oí por primera vez.

—Ve en busca de Saruman, ya que te has convertido en su lacayo. ¡Gríma, Lengua de Serpiente! —dijo Gandalf—. ¡Y no nos hagas perder más tiempo!”

(‘El Señor de los Anillos. Las dos torres‘. Libro Tercero, capítulo 10: La Voz de Saruman).

 

(Saruman el Multicolor, según el artista italiano Francesco Amadio)

“De improviso otra voz habló, suave y melodiosa: el sonido mismo era ya un encantamiento. Quienes escuchaban, incautos, aquella voz, rara vez eran capaces de repetir las palabras que habían oído; y si lograban repetirlas, quedaban atónitos, pues parecían tener poco poder. Sólo recordaban, las más de las veces, que escuchar la voz era un verdadero deleite, que todo cuanto decía parecía sabio y razonable, y les despertaba, en instantánea simpatía, el deseo de parecer sabios también ellos. Si otro tomaba la palabra, parecía, por contraste, torpe y grosero; y si contradecía a la voz, los corazones de los que caían bajo el hechizo se encendían de cólera. Para algunos el sortilegio sólo persistía mientras la voz les hablaba a ellos, y cuando se dirigía a algún otro, sonreían como si hubiesen descubierto los trucos de un prestidigitador mientras los demás seguían mirando boquiabiertos. A muchos, el mero sonido bastaba para cautivarlos; y en quienes sucumbían a la voz, el hechizo persistía aún en la distancia, y seguían oyéndola incesantemente, dulce y susurrante y a la vez persuasiva. Pero nadie, sin un esfuerzo de la voluntad y la inteligencia, podía permanecer indiferente, resistirse a las súplicas y las órdenes de aquella voz.

—¿Y bien? —preguntó ahora con dulzura—. ¿Por qué habéis venido a turbar mi reposo? ¿No me concederéis paz ni de noche ni de día?

El tono era el de un corazón bondadoso, dolorido por injurias inmerecidas.

Todos alzaron los ojos, asombrados, pues Saruman había aparecido sin hacer ningún ruido; y entonces vieron allí, asomada al balcón, la figura de un anciano que los miraba: estaba envuelto en una amplia capa de un color que nadie hubiera podido describir, pues cambiaba según donde se posaran los ojos y con cada movimiento del viejo.”

(‘El Señor de los Anillos. Las dos torres‘. Libro Tercero, capítulo 10: La Voz de Saruman).

 

(La Voz de Saruman, según el artista italiano Tiziano Baracchi)

“Te pregunto, rey Théoden: ¿quieres que haya entre nosotros paz y concordia? A nosotros nos toca decidirlo.

—Quiero que haya paz —dijo por fin Théoden con la voz pastosa y hablando con un esfuerzo. Varios de los Jinetes prorrumpieron en gritos de júbilo. Théoden levantó la mano—. Sí, quiero paz —dijo, ahora con voz clara—, y la tendremos cuando tú y todas tus obras hayan perecido, y las obras de tu amo tenebroso a quien pensabas entregarnos. Eres un embustero, Saruman, y un corruptor de corazones. Me tiendes la mano, y yo sólo veo un dedo de la garra de Mordor. ¡Cruel y frío! Aun cuando tu guerra contra mí fuese justa (y no lo era, porque así fueses diez veces más sabio no tendrías derecho a gobernarme a mí y a los míos para tu propio beneficio), aun así, ¿cómo justificas las antorchas del Folde Oeste y los niños que allí murieron? Y lapidaron el cuerpo de Háma ante las puertas de Cuernavilla, después de darle muerte. Cuando te vea en tu ventana colgado de una horca, convertido en pasto de tus propios cuervos, entonces haré la paz contigo y con Orthanc. He hablado en nombre de la Casa de Eorl. Soy tal vez un heredero menor de antepasados ilustres, pero no necesito lamerte la mano. Búscate otros a quienes embaucar. Aunque me temo que tu voz haya perdido su magia.”

(‘El Señor de los Anillos. Las dos torres‘. Libro Tercero, capítulo 10: La Voz de Saruman).

 

(La Voz de Saruman, según el artista estadounidense Carl Lundgren)

“—No te he dado permiso para que te vayas —dijo Gandalf con severidad—. No he terminado aún. No eres más que un bobo, Saruman, y sin embargo inspiras lástima. Estabas a tiempo todavía de apartarte de la locura y de la maldad, y ayudar de algún modo. Pero elegiste quedarte aquí, royendo las hilachas de tus viejas intrigas. ¡Quédate pues! Mas te lo advierto, no te será fácil volver a salir. A menos que las manos tenebrosas del Este se extiendan hasta aquí para llevarte. ¡Saruman! —gritó, y la voz creció aún más en potencia y autoridad—. ¡Mírame! No soy Gandalf el Gris a quien tú traicionaste. Soy Gandalf el Blanco que ha regresado de la muerte. Ahora tú no tienes color, y yo te expulso de la orden y del Concilio.

Alzó la mano, y habló lentamente, con voz clara y fría.

—Saruman, tu vara está rota. —Se oyó un crujido, y la vara se partió en dos en la mano de Saruman; la empuñadura cayó a los pies de Gandalf.— ¡Vete! —dijo Gandalf. Saruman retrocedió con un grito y huyó, arrastrándose como un reptil. En ese momento un objeto pesado y brillante cayó desde lo alto con estrépito.”

(‘El Señor de los Anillos. Las dos torres‘. Libro Tercero, capítulo 10: La Voz de Saruman).

 

(Bárbol, según la artista neerlandesa Suzanne Helmigh)

“—Sí, hemos de partir, y ya mismo —dijo Gandalf—. Tendré que dejarte sin tus porteros me temo. Pero no los necesitarás.

—Tal vez —dijo Bárbol—. Pero los echaré de menos. Nos hicimos amigos en tan poco tiempo que quizá me estoy volviendo apresurado… como si retrocediera a la juventud, quizá. Pero lo cierto es que son las primeras cosas nuevas que he visto bajo el Sol o la Luna en muchos, muchísimos años. Y no los olvidaré. He puesto esos nombres en la Larga Lista. Los Ents los recordarán.

Ents viejos como montañas, nacidos de la tierra,

grandes caminadores y bebedores de agua;

y hambrientos como cazadores, los niños Hobbits,

el pueblo risueño, la Gente Pequeña.

‘Mientras las hojas continúen renovándose, ellos serán nuestros amigos. ¡Buen viaje! Pero si en vuestro país encantador, en la Comarca, tenéis noticias que puedan interesarme, ¡hacédmelo saber! Entendéis a qué me refiero: si oís hablar de las Ents-mujeres, o si las veis en algún lugar. Venid vosotros mismos, si es posible.”

(‘El Señor de los Anillos. Las dos torres‘. Libro Tercero, capítulo 10: La Voz de Saruman).

 

(Enedwaith, según el artista checo Matěj Čadil)

“Por fin hicieron un alto. Desviándose del camino principal, cabalgaron otra vez tierra adentro por las largas estribaciones herbosas. Luego de haber recorrido una o dos millas hacia el oeste llegaron a un valle. Se abría hacia el sur, recostado sobre la pendiente del redondo Dol Baran, la última montaña de la cordillera septentrional, de verdes laderas y coronada de brezos. En las paredes del valle, erizadas de helechos del año anterior, apuntaban ya en un suelo levemente perfumado las enmarañadas frondas de la primavera.”

(‘El Señor de los Anillos. Las dos torres‘. Libro Tercero, capítulo 11: La Palantír).

 

(Pippin le quita la Palantír a Gandalf, según la artista alemana Anke Katrin Eißmann)

“Arrastrado por un impulso que no entendía, se acercó con sigilo al sitio donde descansaba Gandalf. Lo miró. El mago parecía dormir, pero los párpados no estaban del todo cerrados: los ojos centelleaban debajo de las largas pestañas. Pippin retrocedió rápidamente. Pero Gandalf no se movió; el hobbit avanzó otra vez, casi contra su voluntad, por detrás de la cabeza del mago. Gandalf estaba envuelto en una manta, con la capa extendida por encima; muy cerca, entre el flanco derecho y el brazo doblado, había un bulto, una cosa redonda envuelta en un lienzo oscuro; y al parecer la mano que la sujetaba acababa de deslizarse hasta el suelo.”

(‘El Señor de los Anillos. Las dos torres‘. Libro Tercero, capítulo 11: La Palantír).

 

(Pippin con la Palantír, según la artista rusa Unita Nightroud)

“Pippin se sentó con la esfera entre las rodillas levantadas y se inclinó sobre ella como un niño glotón sobre un plato de comida, en un rincón lejos de los demás. Abrió la capa y miró. Alrededor el aire parecía tenso, quieto. Al principio la esfera estaba oscura, negra como el azabache, y la luz de la luna centelleaba en la superficie lustrosa. De súbito una llama tenue se encendió y se agitó en el corazón de la esfera, atrayendo la mirada de Pippin, de tal modo que no le era posible desviarla. Pronto todo el interior del globo pareció incandescente; ahora la esfera daba vueltas, o eran quizá las luces de dentro que giraban. De repente, las luces se apagaron. Pippin tuvo un sobresalto y aterrorizado trató de liberarse, pero siguió encorvado, con la esfera apretada entre las manos, inclinándose cada vez más. Y súbitamente el cuerpo se le puso rígido; los labios le temblaron un momento. Luego, con un grito desgarrador, cayó de espaldas y allí quedó tendido, inmóvil.”

(‘El Señor de los Anillos. Las dos torres‘. Libro Tercero, capítulo 11: La Palantír).

 

(Pippin mira en la Palantír, según Danny Staten)

“‘Traté de huir, porque pensé que saldría volando fuera del globo; pero cuando la sombra cubrió toda la esfera, desapareció. Entonces vino él. No hablaba con palabras. Pero me miraba, y yo comprendía.

‘«¿De modo que has regresado? ¿Por qué no te presentaste a informar durante tanto tiempo?»

‘No respondí. Él me preguntó: «¿Quién eres?’» Tampoco esta vez respondí, pero me costaba mucho callar, y él me apremiaba, tanto que al fin dije: «Un hobbit».

‘Entonces fue como si me viera de improviso, y se rió de mí. Era cruel. Yo me sentía como si estuvieran acuchillándome. Traté de escapar, pero él me ordenó: «¡Espera un momento! Pronto volveremos a encontrarnos. Dile a Saruman que este manjar no es para él. Mandaré a alguien para que me lo traiga en seguida. ¿Has entendido bien? ¡Dile eso solamente!» Entonces me miró con una alegría perversa. Me pareció que me estaba cayendo en pedazos. ¡No, no! No puedo decir nada más. No recuerdo nada más.”

(‘El Señor de los Anillos. Las dos torres‘. Libro Tercero, capítulo 11: La Palantír).

 

(Aragorn, según la artista alemana Jenny Dolfen)

“—Peligrosa es en verdad, mas no para todos —dijo Aragorn—. Hay alguien que puede reclamarla por derecho propio. Porque este es sin duda la palantír de Orthanc del tesoro de Elendil, traído aquí por los Reyes de Gondor. Se aproxima mi hora. La llevaré.

Gandalf miró a Aragorn, y luego, ante el asombro de todos, levantó la piedra envuelta en la capa y con una reverencia la puso en las manos de Aragorn.

—¡Recíbela, señor! —dijo—, en prenda de otras cosas que te serán restituidas. Pero si me permites aconsejarte en el uso de lo que es tuyo, ¡no la utilices… por el momento! ¡Ten cuidado!

—¿He sido alguna vez precipitado o imprudente, yo que he esperado y me he preparado durante tantos años? —dijo Aragorn.

—Nunca hasta ahora. No tropieces al final del camino —respondió Gandalf—.”

(‘El Señor de los Anillos. Las dos torres‘. Libro Tercero, capítulo 11: La Palantír).

 

(Nazgûl alado, según un artista sueco conocido como parasite3)

“En ese momento una sombra cruzó bajo el cielo ocultando de pronto la luz de la luna. Varios de los Jinetes gritaron, y levantando los brazos se cubrieron la cabeza y se encogieron como para protegerse de un golpe que viniera de lo alto: un pánico ciego y un frío mortal cayeron sobre ellos. Temerosos, alzaron los ojos. Una enorme figura alada pasaba por delante de la luna como una nube oscura. La figura dio media vuelta y fue hacia el norte, más rauda que cualquier viento de la Tierra Media. Las estrellas se apagaban a su paso. Casi en seguida desapareció.

Todos estaban ahora de pie, como petrificados. Gandalf miraba el cielo, los puños crispados, los brazos tiesos a lo largo del cuerpo.

—¡Nazgûl! —exclamó—. El mensajero de Mordor. La tormenta se avecina. ¡Los Nazgûl han cruzado el río! ¡Partid, partid! ¡No aguardéis hasta el alba! ¡Que los más veloces no esperen a los más lentos! ¡Partid!”

(‘El Señor de los Anillos. Las dos torres‘. Libro Tercero, capítulo 11: La Palantír).

 

“De acuerda con el ‘Esquema’, «el Nazgûl sobrevoló de camino hacia Isengard sobre las 23:00 h» y «llegó a Orthanc para luego regresar a Barad-dûr.»”

(‘El Señor de los Anillos. Guía de lectura‘, página 596).

 

(Gandalf y Pippin cabalgan hacia Minas Tirith, según la artista polaca Katarzyna Chmiel-Gugulska)

“—Esta vez cabalgarás conmigo —dijo—. Sombragrís te mostrará cuánto es capaz de hacer. —Volvió entonces al sitio en que había dormido. Sombragris ya lo esperaba allí. Colgándose del hombro el pequeño saco que era todo su equipaje, el mago saltó a la grupa de Sombragrís. Aragorn levantó a Pippin y lo depositó en brazos de Gandalf, envuelto en una manta.

—¡Adiós! ¡Seguidme pronto! —gritó Gandalf—. En marcha, Sombragris.

El gran corcel sacudió la cabeza. La cola flotó sacudiéndose a la luz de la luna. En seguida dio un salto hacia adelante, golpeando el suelo, y desapareció en las montañas como un viento del norte.”

(‘El Señor de los Anillos. Las dos torres‘. Libro Tercero, capítulo 11: La Palantír).

 

(*) Nota importante: Aunque el Calendario de la Comarca no coincide con el calendario Gregoriano (hay una diferencia de 10 u 11 días entre uno y otro dependiendo del día en el que se celebre el solsticio de verano), hemos decidido publicar los acontecimientos según su fecha original y no adaptar las fechas a nuestro calendario (de hacerlo, el 25 de marzo del Calendario de la Comarca sería nuestro 14 ó 15 de marzo). Nos parece lo más lógico no solo para evitar confusiones sino para mantener la coherencia con el hecho de celebrar el Día Internacional de Leer a Tolkien el 25 de marzo (fecha en la que se derrotó a Sauron) y el Día Hobbit el 22 de septiembre (fecha de los cumpleaños de Bilbo y Frodo).

Esta noticia fue publicada en Mundo Tolkien y etiquetada con , , , , , , . Anota el permalink.

Deja un comentario