A continuación os contamos los importantes eventos que tuvieron lugar en el universo fantástico creado por John Ronald Reuel Tolkien el 4 de marzo.

Seguimos con la sección ‘Hoy en la Tierra Media’ con un día en la que se libró una batalla fundamental en el devenir de los acontecimientos de la Guerra del Anillo, en la que un mago se pasó la noche reuniendo a soldados dispersos, en la que una criatura tuvo un importante debate interno y en la que dos Hobbits se acercaron al mismísimo País de la Sombra.

Una vez más recalcamos que todas las fechas se corresponden con el Calendario de la Comarca o con el Cómputo del Rey (ver nota), y que todas ellas proceden de ‘El Hobbit‘, ‘El Señor de los Anillos‘ (incluidos los Apéndices) y los ‘Cuentos Inconclusos‘ de J.R.R. Tolkien, y del ‘Atlas de la Tierra Media‘ de Karen Wynn Fonstad, ‘El Señor de los Anillos: Guía de Lectura‘ de Wayne G. Hammond y Christina Scull y ‘The History of The Hobbit‘ de John D. Rateliff.

Unos eventos que nos gusta acompañar con citas de los libros de Tolkien y con ilustraciones de diversos artistas, pero no siempre conseguimos encontrar imágenes que reflejen el momento exacto al que nos referimos, o que sean completamente fidefignas a lo descrito por el Profesor.

Esto fue lo que ocurrió en la Tierra Media el 4 de marzo.

 

Año 3019 de la Tercera Edad del Sol:

* Durante toda la noche se libra la Batalla de Cuernavilla.

* Gandalf  pasa la noche reuniendo a las fuerzas de Grimbold y Elfhelm, dispersas en los Vados del Isen.

* Al amanecer llega al Abismo de Helm con Erkenbrand y sus hombres.

* Háma muere defendiendo la Puerta de Helm.

* Frodo, Sam y Gollum llegan a los montículos de lava (Colinas de Escoria) de la Desolación del Morannon y se quedan en un agujero todo el día.

* Gollum debate consigo mismo hasta que Sam lo interrumpe.

* Al anochecer, Frodo, Sam y Gollum reemprenden la marcha y se dirigen hacia la Puerta Negra.

* Théoden, Gandalf, Aragorn, Legolas y Gimli parten hacia Isengard por la noche.

 

(Pinchad en las imágenes para verlas a mayor resolución)

(El ejército de Saruman ante Cuernavilla, según el artista estadounidense Michael Kaluta)

“Resonaron las trompetas de bronce. Los enemigos se abalanzaron en una marejada violenta, unos contra el Muro del Bajo, otros hacia la Explanada y la rampa que subía hasta las Puertas de Cuernavilla. Era un ejército de Orcos gigantescos y montañeses salvajes de las Tierras Brunas. Vacilaron un instante y luego reanudaron el ataque. El resplandor fugaz de un relámpago iluminó en los cascos y los escudos la insignia siniestra, la mano de Isengard. Llegaron a la cima de la roca; avanzaron hacia los portales.”

(‘El Señor de los Anillos: Las Dos Torres‘. Libro Tercero, capítulo 7: El Abismo de Helm).

 

(Los Orcos atacan la puerta de Cuernavilla, según el artista estadounidense Darrell K. Sweet)

“Resonaron otra vez las trompetas y una horda saltó hacia adelante, vociferando. Llevaban los escudos en alto como formando un techo y empujaban en el centro dos troncos enormes. Tras ellos se amontonaban los arqueros Orcos, lanzando una lluvia de dardos contra los arqueros apostados en los muros. Llegaron por fin a las puertas. Los maderos crujieron al resquebrajarse, cediendo a los embates de los árboles impulsados por brazos vigorosos. Si un Orco caía, aplastado por una piedra que se despeñaba, otros dos corrían a reemplazarlo. Una y otra vez los grandes arietes golpearon la puerta.”

(‘El Señor de los Anillos: Las Dos Torres‘. Libro Tercero, capítulo 7: El Abismo de Helm).

 

(Aragorn, según el artista canadiense John Howe)

“En un ángulo del muro de la fortaleza había una pequeña poterna que se abría al oeste, en un punto en el que el acantilado avanzaba hacia el castillo. Un sendero estrecho y sinuoso descendía hasta la puerta principal, entre el muro y el borde casi vertical del Peñón. Éomer y Aragorn franquearon la puerta de un salto, seguidos por sus hombres. En un solo relámpago las espadas salieron de las vainas.

—¡Gúthwinë! —exclamó Eomer—. ¡Gúthwinë por la Marca!

—¡Andúril! —exclamó Aragorn—. ¡Andúril por los Dúnedain!”

(‘El Señor de los Anillos: Las Dos Torres‘. Libro Tercero, capítulo 7: El Abismo de Helm).

 

(Gimli, según el artista canadiense John Howe)

“En ese momento, unos diez o doce Orcos que habían permanecido inmóviles y como muertos entre los cadáveres, se levantaron rápida y sigilosamente, y partieron tras ellos. Dos se arrojaron al suelo y tomando a Éomer por los talones lo hicieron trastabillar y caer, y se le echaron encima. Pero una pequeña figura negra en la que nadie había reparado emergió de las sombras lanzando un grito ronco.

—Baruk Khazâd! Khazâd ai-mênu!

Un hacha osciló como un péndulo. Dos Orcos cayeron, decapitados. El resto escapó.”

(‘El Señor de los Anillos: Las Dos Torres‘. Libro Tercero, capítulo 7: El Abismo de Helm).

 

(El Muro del Bajo asediado, según Ivan Cavini)

“El ataque contra las puertas se redobló. Las huestes de Isengard rugían como un mar embravecido contra el Muro del Bajo. Orcos y montañeses iban y venían de un extremo al otro arrojando escalas de cuerda por encima de los parapetos, con tanta rapidez que los defensores no atinaban a cortarlas o desengancharlas. Habían puesto ya centenares de largas escalas. Muchas caían rotas en pedazos, pero eran reemplazadas en seguida, y los Orcos trepaban por ellas como los monos en los oscuros bosques del sur. A los pies del muro, los cadáveres y los despojos se apilaban como pedruscos en una tormenta; el lúgubre montículo crecía y crecía, pero el enemigo no cejaba.”

(‘El Señor de los Anillos: Las Dos Torres‘. Libro Tercero, capítulo 7: El Abismo de Helm).

 

(Elfhelm, según la artista francesa Magali Villeneuve)

“Tanto en el viaje de ida, cuando el camino directo tuvo que haberlo llevado cerca de los Vados, como en el regreso hacia el sur para reunirse con Erkenbrand, debió de encontrarse con Grimbold y Elfhelm. Éstos se convencieron de que actuaba en nombre del Rey, no sólo por aparecer montado en Sombragrís, sino también porque conocía el nombre del mensajero Ceorl y el mensaje que éste portaba; y consideraron una orden el consejo que les dio. A los hombres de Grimbold los envió hacia el sur para que se unieran a Erkenbrand…”

(‘Cuentos Inconclusos‘. Tercera parte: La Tercera Edad. Las Batallas de los Vados del Isen).

 

(Batalla de Cuernavilla, según Angus McBride [ilustración para el juego ‘Treason at Helm’s Deep‘])

“De pronto un clamor llegó desde atrás, desde el Abismo. Los Orcos se habían escabullido como ratas hacia el canal. Allí, al amparo de los peñascos, habían esperado a que el ataque creciera y que la mayoría de los defensores estuviese en lo alto del muro. En ese momento cayeron sobre ellos. Ya algunos se habían arrojado a la garganta del Abismo y estaban entre los caballos, luchando con los guardias. Con un grito feroz cuyo eco resonó en los riscos vecinos, Gimli saltó del muro.

—Khazâd! Khazâd!— Pronto tuvo en qué ocuparse. —¡Ai-oi! —gritó —. ¡Los Orcos están detrás del muro! ¡Ai-oi! Ven aquí, Legolas. ¡Hay bastante para los dos! Khazâd ai-mênu!”

(‘El Señor de los Anillos: Las Dos Torres‘. Libro Tercero, capítulo 7: El Abismo de Helm).

 

(Gimli y Legolas en el Muro del Bajo, según el artista canadiense Toby Carr)

“Trepó al adarve y allí encontró a Legolas en compañía de Aragorn y Éomer. El Elfo estaba afilando el largo puñal. Había ahora una breve tregua en el combate, pues el intento de atacar desde el agua había sido frustrado.

—¡Veintiuno! —dijo Gimli.

—¡Magnífico! —dijo Legolas—. Pero ahora mi cuenta asciende a dos docenas. Aquí arriba han trabajado los puñales.”

(‘El Señor de los Anillos: Las Dos Torres‘. Libro Tercero, capítulo 7: El Abismo de Helm).

 

(La Batalla de Cuernavilla, según el artista canadiense John Howe)

“Hubo un estallido atronador, una brusca llamarada, y humo. Las aguas de la Corriente del Bajo se desbordaron siseando en burbujas de espuma. Un boquete acababa de abrirse en el muro y ya nada podía contenerlas. Una horda de formas oscuras irrumpió como un oleaje.

—¡Brujerías de Saruman! —gritó Aragorn—. Mientras nosotros conversábamos volvieron a meterse en el agua. ¡Han encendido bajo nuestros pies el fuego de Orthanc! ¡Elendil, Elendil! —gritó saltando al foso; “

(‘El Señor de los Anillos: Las Dos Torres‘. Libro Tercero, capítulo 7: El Abismo de Helm).

 

(Brecha en el Muro del Bajo, según el artista británico Anthony Devine)

“Desde arriba y desde abajo del muro se lanzó el último ataque: demoledor como una ola oscura sobre una duna, barrió a los defensores. Algunos de los caballeros, obligados a replegarse más y más sobre el Abismo, caían peleando, mientras retrocedían hacia las cavernas oscuras. Algunos volvieron directamente a la ciudadela.”

(‘El Señor de los Anillos: Las Dos Torres‘. Libro Tercero, capítulo 7: El Abismo de Helm).

 

(La Batalla de Cuernavilla, según el artista inglés Alan Lee)

“Aragorn cruzó a grandes trancos el patio interior, y subió a una cámara alta de la torre. Allí, una silueta sombría recortada contra una ventana angosta, estaba el rey, mirando hacia el valle.

—¿Qué hay de nuevo, Aragorn? —preguntó.

—Se han apoderado del Muro del Bajo, señor, y han barrido a los defensores; pero muchos han venido a refugiarse aquí, en el Peñón.

¿Está Éomer aquí?

No, señor. Pero muchos de vuestros hombres se replegaron a los fondos del Abismo; y algunos dicen que Éomer estaba entre ellos. Allí, en los desfiladeros, podrían contener el avance del enemigo y llegar a las cavernas.”

(‘El Señor de los Anillos: Las Dos Torres‘. Libro Tercero, capítulo 7: El Abismo de Helm).

 

(Théoden, según el artista italiano Tiziano Baracchi)

“—Dicen que Cuernavilla no ha caído nunca bajo ningún ataque —dijo Théoden—; pero esta vez mi corazón teme. El mundo cambia y todo aquello que alguna vez parecía invencible hoy es inseguro. ¿Cómo podrá una torre resistir a fuerzas tan numerosas y a un odio tan implacable? De haber sabido que las huestes de Isengard eran tan poderosas, quizá no hubiera tenido la temeridad de salirles al encuentro, pese a todos los artificios de Gandalf. El consejo no parece ahora tan bueno como al sol de la mañana.

—No juzguéis el consejo de Gandalf, señor, hasta que todo haya terminado —dijo Aragorn.

—El fin no está lejano —dijo el rey—. Pero yo no acabaré aquí mis días, capturado como un viejo tejón en una trampa. Crinblanca y Hasufel y los caballos de mi guardia están aquí, en el patio interior. Cuando amanezca, haré sonar el cuerno de Helm, y partiré. ¿Cabalgarás conmigo, tú, hijo de Arathorn? Quizá nos abramos paso, o tengamos un fin digno de una canción… si queda alguien para cantar nuestras hazañas.

—Cabalgaré con vos —dijo Aragorn.”

(‘El Señor de los Anillos: Las Dos Torres‘. Libro Tercero, capítulo 7: El Abismo de Helm).

 

(Aragorn en la puerta de Cuernavilla, según la artista eslovaca MirachRavaia)

“Mirando adelante, vio que el cielo palidecía en el este. Alzó entonces la mano vacía, mostrando la palma, para indicar que deseaba parlamentar.

Los Orcos vociferaban y se burlaban.

—¡Baja! ¡Baja! —le gritaban—. Si quieres hablar con nosotros, ¡baja! ¡Tráenos a tu rey! Somos los guerreros Uruk-hai. Si no viene, iremos a sacarlo de su guarida. ¡Tráenos al cobardón de tu rey!

—El rey saldrá o no, según sea su voluntad —dijo Aragorn.

—Entonces ¿qué haces tú aquí? —le dijeron—. ¿Qué miras? ¿Quieres ver la grandeza de nuestro ejército? Somos los guerreros Uruk-hai.

—He salido a mirar el alba —dijo Aragorn.”

(‘El Señor de los Anillos: Las Dos Torres‘. Libro Tercero, capítulo 7: El Abismo de Helm).

 

(El cuerno de Helm, según el artista chino Jian Guo)

“Pero en el momento mismo en que la puerta se desmoronaba, y los Orcos aullaban alrededor preparándose a atacar, un murmullo se elevó detrás de ellos, como un viento en la distancia, y creció hasta convertirse en un clamor de muchas voces que anunciaban extrañas nuevas en el amanecer. Los Orcos, oyendo desde el Peñón aquel rumor doliente, vacilaron y miraron atrás. Y entonces, súbito y terrible, el gran cuerno de Helm resonó en lo alto de la torre.

Todos los que oyeron este sonido se estremecieron. Muchos Orcos se arrojaron al suelo boca abajo, tapándose las orejas con las garras. Y desde el fondo del Abismo retumbaron los ecos, como si en cada acantilado y en cada colina un poderoso heraldo soplara una trompeta vibrante.”

(‘El Señor de los Anillos: Las Dos Torres‘. Libro Tercero, capítulo 7: El Abismo de Helm).

 

(Théoden cabalga en el Abismo de Helm, según la artista belga Amelie Hutt)

“—¡Helm! ¡Helm! —gritaron los jinetes—. ¡Helm ha despertado y retorna a la guerra! ¡Helm ayuda al Rey Théoden!

En medio de este clamor, apareció el rey. Montaba un caballo blanco como la nieve; de oro era el escudo y larga la lanza. A su diestra iba Aragorn, el heredero de Elendil, y tras él cabalgaban los señores de la Casa de Eorl el joven. La luz se hizo en el cielo. Partió la noche.

—¡Adelante, Eorlingas!

Con un grito y un gran estrépito se lanzaron al ataque. Rugientes y veloces salían por los portales, cubrían la explanada y arrasaban a las huestes de Isengard como un viento entre las hierbas. Tras ellos llegaban desde el Abismo los gritos roncos de los hombres que irrumpían de las cavernas persiguiendo a los enemigos.”

(‘El Señor de los Anillos: Las Dos Torres‘. Libro Tercero, capítulo 7: El Abismo de Helm).

 

(Gandalf llega al Abismo de Helm, según el artista estadounidense Donato Giancola)

“De improviso, en una cima apareció un jinete vestido de blanco y resplandeciente al sol del amanecer. Más abajo, en las colinas, sonaron los cuernos. Tras el jinete un millar de hombres a pie, espada en mano, bajaba de prisa las largas pendientes. Un hombre recio y de elevada estatura marchaba entre ellos. Llevaba un escudo rojo. Cuando llegó a la orilla del valle se llevó a los labios un gran cuerno negro y sopló con todas sus fuerzas.

—¡Erkenbrand! —gritaron los jinetes—. ¡Erkenbrand!

—¡Contemplad al Caballero Blanco! —gritó Aragorn.— ¡Gandalf ha vuelto!

—¡Mithrandir, Mithrandir! —dijo Legolas—. ¡Esto es magia pura! ¡Venid! Quisiera ver este bosque, antes que cambie el sortilegio.

Las huestes de Isengard aullaron, yendo de un lado a otro, pasando de un miedo a otro. Nuevamente sonó el cuerno de la torre.”

(‘El Señor de los Anillos: Las Dos Torres‘. Libro Tercero, capítulo 7: El Abismo de Helm).

 

(Ucornos, según una artista neerlandesa conocida como Laiyla)

“Los salvajes montañeses caían de bruces. Los Orcos se tambaleaban y gritaban y arrojaban al suelo las espadas y las lanzas. Huían como un humo negro arrastrado por un vendaval. Pasaron, gimiendo, bajo la acechante sombra de los árboles; y de esa sombra ninguno volvió a salir.”

(‘El Señor de los Anillos: Las Dos Torres‘. Libro Tercero, capítulo 7: El Abismo de Helm).

 

(Gimli en el Abismo de Helm, según el artista estadounidense Matthew Stewart)

“De pronto se oyó un clamor y los compañeros que el enemigo había arrastrado al Abismo descendieron de la Empalizada: Gamelin el Viejo, Éomer hijo de Éomund, y junto con ellos Gimli el Enano. No llevaba yelmo, y una venda manchada de sangre le envolvía la cabeza; pero la voz era firme y sonora.

—¡Cuarenta y dos, Maese Legolas! —gritó—. ¡Ay! ¡Se me ha mellado el hacha! El cuadragésimo segundo tenía un capacete de hierro. ¿Y a ti cómo te ha ido?

—Me has ganado por un tanto —respondió Legolas—. Pero no me importa, ¡tan contento estoy de verte todavía en pie!

—¡Bienvenido, Éomer, hijo de mi hermana! —dijo Théoden—. Ahora que te veo sano y salvo, estoy realmente contento.

—¡Salve, Señor de la Marca! —dijo Éomer—. La noche oscura ha pasado, y una vez más ha llegado el día. Pero el día ha traído extrañas nuevas. —Se volvió y miró con asombro, primero el bosque y luego a Gandalf.— Otra vez has vuelto de improviso, en una hora de necesidad —dijo.

—¿De improviso? —replicó Gandalf—. Dije que volvería y que me reuniría aquí con vosotros.”

(‘El Señor de los Anillos: Las Dos Torres‘. Libro Tercero, capítulo 8: El camino de Isengard).

 

(Dunlendino ataca a Rohirrim, según el artista filipino JB Casacop)

“—Ayudad ahora a reparar el mal del que habéis sido cómplices —les dijo Erkenbrand—; más tarde prestaréis juramento de que no volveréis a cruzar en armas los Vados del Isen, ni a aliaros con los enemigos de los Hombres: entonces quedaréis en libertad de volver a vuestra tierra. Pues habéis sido engañados por Saruman. Muchos de los vuestros no han conocido otra recompensa que la muerte por haber confiado en él; pero si hubierais sido los vencedores, tampoco sería más generosa vuestra paga.

Los hombres de las Tierras Brunas escuchaban estupefactos, pues Saruman les había dicho que los hombres de Rohan eran crueles y quemaban vivos a los prisioneros.

En el campo de batalla, frente a Cuernavilla, levantaron dos túmulos, y enterraron en ellos a todos los jinetes de la Marca que habían caído en la defensa, los de los Valles del Este de un lado y los del Folde Oeste del otro. Pero a los hombres de las Tierras Brunas los colocaron aparte en un túmulo bajo la Empalizada. En una tumba a la sombra de Cuernavilla, sepultaron a Háma, capitán de la guardia del Rey. Había caído frente a la Puerta.”

(‘El Señor de los Anillos: Las Dos Torres‘. Libro Tercero, capítulo 8: El camino de Isengard).

 

(Ucorno, según la artista británica Katy Grierson)

“Ya el sol se acercaba a las crestas de las colinas occidentales que rodeaban el Bajo, cuando Théoden y Gandalf y sus compañeros montaron al fin y descendieron desde la Empalizada. Toda una multitud se había congregado allí; los jinetes y los habitantes del Folde Oeste, los viejos y los jóvenes, las mujeres y los niños, todos habían salido de las cavernas a despedirlos. Con voces cristalinas entonaron un canto de victoria; de improviso, todos callaron, preguntándose qué ocurriría, pues ahora miraban hacia los árboles y estaban asustados.

La tropa llegó al bosque y se detuvo; caballos y hombres se resistían a entrar. Los árboles, grises y amenazantes, estaban envueltos en una niebla o una sombra.”

(‘El Señor de los Anillos: Las Dos Torres‘. Libro Tercero, capítulo 8: El camino de Isengard).

 

(El debate de Gollum, según el artista italiano Francesco Amadio)

“Sam despertó bruscamente, con la impresión de que su amo lo estaba llamando. Era de noche. Frodo no podía haberlo llamado, porque se había quedado dormido, y había resbalado casi hasta el fondo del pozo. Gollum estaba junto él. Por un instante Sam pensó que estaba tratando de despertar a Frodo; pero en seguida comprendió que no era así. Gollum estaba hablando solo. Sméagol discutía con un interlocutor imaginario que utilizaba la misma voz, sólo que la pronunciación era entrecortado y sibilante. Un resplandor pálido y un resplandor verde aparecían alternativamente en sus ojos mientras hablaba.

—Sméagol prometió —decía el primer pensamiento.

—Sí, sí, mi tesoro —fue la respuesta—, hemos prometido: para salvar nuestro Tesoro, para no dejar que lo tenga Él… nunca. Pero está yendo hacia Él, con cada paso se le acerca más. ¿Qué pensará hacer el Hobbit, nos preguntamos, sí, nos preguntamos?

—No lo sé. Yo no puedo hacer nada. El amo lo tiene. Sméagol prometió ayudar al amo.

—Sí, sí, ayudar al amo: el amo del Tesoro. Pero si nosotros fuéramos el amo, podríamos ayudarnos a nosotros mismos, sí, y a la vez cumplir las promesas.”

(‘El Señor de los Anillos: Las Dos Torres‘. Libro Cuarto, capítulo 2: A través de las ciénagas).

 

(Las Cavernas Centelleantes, según el artista canadiense Ted Nasmith)

“¿Te parecen hermosas las estancias de tu Rey al pie de la colina en el Bosque Negro, que los Enanos ayudaron a construir hace tiempo? Son covachas comparadas con las cavernas que he visto aquí: salas inconmensurables, pobladas de la música eterna del agua que tintinea en las lagunas, tan maravillosas como Kheled-zâram a la luz de las estrellas.

Y cuando se encienden las antorchas, Legolas, y los hombres caminan por los suelos de arena bajo las bóvedas resonantes, ah, entonces, Legolas, gemas y cristales y filones de mineral precioso centellean en las paredes pulidas; y la luz resplandece en las vetas de los mármoles nacarados, luminosos como las manos de la Reina Galadriel. Hay columnas de nieve, de azafrán y rosicler, Legolas, talladas con formas que parecen sueños; brotan de los suelos multicolores para unirse a las colgaduras resplandecientes: alas, cordeles, velos sutiles como nubes cristalizadas; lanzas, pendones, ¡pináculos de palacios colgantes! Unos lagos serenos reflejan esas figuras: un mundo titilante emerge de las aguas sombrías cubiertas de límpidos cristales; ciudades, como jamás Durin hubiera podido imaginar en sus sueños, se extienden a través de avenidas y patios y pórticos, hasta los nichos oscuros donde jamás llega la luz.”

(‘El Señor de los Anillos: Las Dos Torres‘. Libro Tercero, capítulo 8: El camino de Isengard).

 

(El debate de Gollum, según el artista canadiense Ted Nasmith)

“—¡Lo queremos! Pero… —y aquí hubo una larga pausa, como si un nuevo pensamiento hubiera despertado—. Todavía no ¿eh? Tal vez no. Ella podría ayudar. Ella podría, sí.

—¡No, no! ¡Así no! —gimió Sméagol.

—¡Sí! ¡Lo queremos! ¡Lo queremos!

Cada vez que hablaba el segundo pensamiento, la larga mano de Gollum se arrastraba lentamente, acercándose aFrodo, para apartarse luego de súbito, con un sobresalto, cuando volvía a hablar Sméagol. Finalmente los dos brazos, con los largos dedos flexionados y crispados, se acercaron a la garganta de Frodo.

Fascinado por esta discusión, Sam había permanecido acostado e inmóvil, pero espiando por entre los párpados entornados cada gesto y cada movimiento de Gollum. Como espíritu simple, había imaginado que el peligro principal era la voracidad de Gollum, el deseo de comer Hobbits. Ahora caía en la cuenta de que no era así: Gollum sentía el terrible llamado del Anillo. Él era evidentemente el Señor Oscuro, pero Sam se preguntaba quién sería Ella.”

(‘El Señor de los Anillos: Las Dos Torres‘. Libro Cuarto, capítulo 2: A través de las ciénagas).

 

(*) Nota importante: Aunque el Calendario de la Comarca no coincide con el calendario Gregoriano (hay una diferencia de 10 u 11 días entre uno y otro dependiendo del día en el que se celebre el solsticio de verano), hemos decidido publicar los acontecimientos según su fecha original y no adaptar las fechas a nuestro calendario (de hacerlo, el 25 de marzo del Calendario de la Comarca sería nuestro 14 ó 15 de marzo). Nos parece lo más lógico no solo para evitar confusiones sino para mantener la coherencia con el hecho de celebrar el Día Internacional de Leer a Tolkien el 25 de marzo (fecha en la que se derrotó a Sauron) y el Día Hobbit el 22 de septiembre (fecha de los cumpleaños de Bilbo y Frodo).

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