¿Qué importantes acontecimientos tuvieron lugar el 26 de febrero en la Tierra Media creada por J.R.R. Tolkien? ¡Lo podéis descubrir aquí y volver a emocionar con la obra del Profesor!

Proseguimos con la sección ‘Hoy en la Tierra Media’ con una jornada en la que se disolvió una comunidad, en la que el Portador del Anillo tomó una importante decisión, en la que un Poder se enfrentó al Señor Oscuro, en la que dos hobbits fueron hechos prisioneros, en la que murió un gran guerrero, y en la que unas tristes y preocupantes noticias se propagaron por Rohan. Queremos recordar que todas las fechas de esta sección se corresponden con el Calendario de la Comarca o con otros calendarios de la Tierra Media (como el Cómputo del Rey o el Cómputo de los Senescales) y no con el calendario gregoriano (ver nota), y que todas ellas proceden de ‘El Hobbit‘, ‘El Señor de los Anillos‘ (incluidos los Apéndices), los ‘Cuentos inconclusos‘ y los Manuscritos Marquette de J.R.R. Tolkien, y de otros libros de estudiosos tolkiendil como el ‘Atlas de la Tierra Media‘ de Karen Wynn Fonstad, ‘El Señor de los Anillos. Guía de lectura‘ de Wayne G. Hammond y Christina Scull, y ‘The History of The Hobbit‘ de John D. Rateliff.

Unos acontecimientos que nos gusta acompañar con extractos de los libros de Tolkien y con dibujos e ilustraciones de diversos artistas, aunque no siempre encontramos imágenes de los momentos que mencionamos o que sean completamente fieles a las descripciones del Profesor.

Esto fue lo que pasó en la Tierra Media el 26 de febrero, el 26 de Solmath según el Calendario de la Comarca.

 

Año 3019 de la Tercera Edad del Sol:

* Disolución de la Comunidad.

* Boromir intenta arrebatarle el Anillo a Frodo cuando este pensaba en qué camino debía tomar la Compañía.

* Huyendo de Boromir, Frodo llega al sitial de Amon Hen y siente el Ojo de Sauron buscándolo.

* Gandalf lucha mentalmente con Sauron en el momento en el que Frodo siente el Ojo en Amon Hen.

* Los orcos atacan a la Compañía.

* Frodo y Sam cruzan el Nen Hithoel y entran en Emyn Muil oriental.

* Boromir muere defendiendo a Merry y a Pippin, que son capturados por los orcos.

* Aragorn, Legolas y Gimli comienzan la persecución de los orcos.

* El cuerno de Boromir se escucha en Minas Tirith.

* Erkenbrand se entera de la muerte de Théodred.

* Éomer escucha que un grupo de orcos ha descendido desde Emyn Muil.

 

(Pinchad en las imágenes para verlas a mayor resolución)

(La Compañía del Anillo en Parth Galen, según el artista brasileño Claudio Pozas)

“Después del desayuno, Aragorn reunió a toda la Compañía.

—El día ha llegado al fin —dijo—, el día de la elección tanto tiempo demorada. ¿Qué será ahora de nuestra Compañía, que ha viajado tan lejos en comunidad? ¿Iremos hacia el oeste con Boromir, a las guerras de Gondor, o iremos al este, hacia el Miedo y la Sombra, o disolveremos la comunidad y cada uno tomará el camino que prefiera? Lo que se decida, hay que hacerlo en seguida. No podemos quedarnos aquí mucho tiempo. El enemigo está en la costa oriental, ya sabemos; pero temo que los orcos puedan encontrarse de este lado del agua.

Hubo un largo silencio, en el que nadie habló o se movió.

—Bueno, Frodo —dijo Aragorn al fin—. Temo que la responsabilidad pese ahora sobre tus hombros. Eres el Portador elegido por el Concilio. Se trata de tu propio camino, y sólo tú decides. En este asunto no puedo aconsejarte. No soy Gandalf, y aunque he tratado de desempeñarme como él, no sé qué designios o esperanzas tenía para esta hora, si tenía algo. Lo más probable es que si estuviera aquí con nosotros la elección dependería todavía de ti. Tal es tu destino.

Frodo no respondió en seguida. Luego dijo lentamente: —Sé que el tiempo apremia, pero no puedo elegir. La responsabilidad es muy pesada. Dame una hora más, y hablaré. Dejadme solo.”

(‘El Señor de los Anillos. La Comunidad del Anillo‘. Libro Segundo, capítulo 10: La disolución de la Comunidad).

 

(Frodo y Boromir conversan en Amon Hen, según la artista polaca Katarzyna Chmiel-Gugulska)

De pronto Boromir se acercó y se sentó junto a él.

—¿Estás seguro de que no sufres sin necesidad? —dijo—. Deseo ayudarte. Necesitas alguien que te guíe en esa difícil elección. ¿No aceptarías mi consejo?

—Creo que ya sé qué consejo me darías, Boromir —dijo Frodo—. Y me parecería un buen consejo si el corazón no me dijese que he de estar prevenido.

—¿Prevenido? ¿Prevenido contra quién? —dijo Boromir con tono brusco.

—Contra todo retraso. Contra lo que parece más fácil. Contra la tentación de rechazar la carga que me ha sido impuesta. Contra… bueno, hay que decirlo: contra la confianza en la fuerza y la verdad de los Hombres.

—Sin embargo esa fuerza te protegió mucho tiempo allá en tu pequeño país, aunque tú no lo supieras.

—No pongo en duda el valor de tu pueblo. Pero el mundo está cambiando. Las murallas de Minas Tirith pueden ser fuertes, pero quizá no bastante fuertes. Si ceden, ¿qué pasará?

—Moriremos como valientes en el combate. Sin embargo, hay esperanzas de que no cedan.

—Ninguna esperanza mientras exista el Anillo.

—¡Ah! ¡El Anillo! —dijo Boromir, y se le encendieron los ojos—. ¡El Anillo! ¿No es un extraño destino tener que sobrellevar tantos miedos y recelos por una cosa tan pequeña? ¡Una cosa tan pequeña! Y yo sólo la vi un instante en la casa de Elrond. ¿No podría echarle otra mirada?

Frodo alzó la cabeza. El corazón se le había helado de pronto. Había alcanzado a ver el extraño resplandor en los ojos de Boromir, aunque la expresión de la cara era aún amable y amistosa.

(‘El Señor de los Anillos. La Comunidad del Anillo‘. Libro Segundo, capítulo 10: La disolución de la Comunidad).

 

(Frodo y Boromir en Amon Hen, según el artista canadiense John Howe)

“Boromir iba y venía hablando cada vez más alto, casi como si hubiera olvidado a Frodo, mientras peroraba sobre murallas y armas y la convocatoria a los hombres, y planeaba grandes alianzas y gloriosas victorias futuras; y sometía a Mordor, y él se convertía en un rey poderoso, benevolente y sabio. De pronto se detuvo y sacudió los brazos.

—¡Y nos dicen que lo tiremos por ahí —gritó—. Yo no digo como ellos ‘destruidlo’. Esto sería lo mejor, si hubiese alguna posibilidad razonable. No lo hay. El único plan que nos propusieron es que un Mediano entrara a ciegas en Mordor y ofreciera al Enemigo la posibilidad de recuperar el Anillo. ¡Qué locura!

‘Seguro que tú también lo entiendes así, ¿no es cierto, amigo? —dijo de pronto volviéndose de nuevo hacia Frodo—. Dices que tienes miedo. Si es así, el más audaz te lo perdonaría. ¿Pero ese miedo no será tu buen sentido que se rebela?

—No, tengo miedo —dijo Frodo—. No hay otra cosa. Y me alegra haberte oído hablar tan francamente. Mi mente está más clara ahora.

—¿Entonces vendrás a Minas Tirith? —exclamó Boromir.

Tenía los ojos brillantes y el rostro encendido.

—Me has entendido mal —dijo Frodo.”

(‘El Señor de los Anillos. La Comunidad del Anillo‘. Libro Segundo, capítulo 10: La disolución de la Comunidad).

 

(Gimli, según la artista francesa Magali Villeneuve)

“—Cruel ha sido nuestra pérdida —dijo Legolas—, pero tendremos que encontrar alguna solución sin la ayuda de Gandalf. ¿Por qué no lo decidimos entre todos y ayudamos así a Frodo? ¡Llamémoslo de vuelta y votemos! Yo votaré por Minas Tirith.

—Y yo también —dijo Gimli—. Nosotros, por supuesto, sólo vinimos a ayudar al Portador a lo largo del camino, y no tenemos por qué ir más allá; ninguno de nosotros ha hecho un juramento ni ha recibido la orden de buscar la Montaña del Destino. Dejar Lothlórien fue duro para mí. Pero he venido aquí, tan lejos… y digo ahora: ha llegado el momento de la última decisión, y para mí es evidente que no dejaré a Frodo. Yo elegiría Minas Tirith, pero si él piensa otra cosa, lo seguiré.

—Yo también iré con Frodo —dijo Legolas—. Sería desleal despedirme de él ahora.

—Sería de veras una traición, si todos lo abandonáramos —dijo Aragorn—. Pero si va hacia el este, no es necesario que lo acompañemos todos, ni creo que convenga. Es un riesgo desesperado, tanto para ocho como para dos o tres, o uno solo. Si se me permitiera elegir, yo designaría tres compañeros: Sam, que no podría soportar que fuera de otro modo; Gimli, y yo mismo. Boromir volverá a Minas Tirith donde su padre y la gente lo necesitan, y junto con él irían los demás, o al menos Meriadoc y Peregrin, si Legolas no está dispuesto a dejarnos.

—¡Imposible! —exclamó Merry—. ¡No podemos dejar a Frodo! Pippin y yo decidimos desde un principio acompañarlo a todas partes, y aún es así para nosotros.”

(‘El Señor de los Anillos. La Comunidad del Anillo‘. Libro Segundo, capítulo 10: La disolución de la Comunidad)

 

(Boromir enloquece a causa del Anillo, según el artista brasileño Claudio Pozas)

“—¡Tu locura nos llevará a la derrota! —gritó Boromir—. ¡Me pones fuera de mí! ¡Insensato! ¡Cabeza dura! Corres voluntariamente a la muerte y arruinas nuestra causa. Si algún mortal tiene derecho al Anillo, ha de ser un Hombre de Númenor, y no un Mediano. Sólo por una desgraciada casualidad es tuyo. Tenía que haber sido mío. Tiene que ser mío. ¡Dámelo!

Frodo no respondió y fue alejándose hasta que la gran piedra chata se extendió entre ellos.

—¡Vamos, vamos, mi querido amigo! —dijo Boromir con una voz más endulzada—. ¿Por qué no librarte de él? ¿Por qué no librarte de tus dudas y miedos? Puedes echarme la culpa, si quieres. Puedes decir que yo era demasiado fuerte y te lo quité. ¡Pues soy demasiado fuerte para ti, Mediano!

Boromir dio un salto y se precipitó por encima de la piedra hacia Frodo. Tenía otra cara ahora, fea y desagradable, y un fuego de furia le ardía en los ojos.

Frodo lo esquivó y de nuevo puso la piedra entre ellos. Había una sola solución: temblando sacó el anillo sujeto a la cadena y se lo deslizó rápidamente en el dedo, en el momento en que Boromir saltaba otra vez hacia él.”

(‘El Señor de los Anillos. La Comunidad del Anillo‘. Libro Segundo, capítulo 10: La disolución de la Comunidad).

 

(Boromir se lamenta en Amon Hen, según la artista polaca Katarzyna Chmiel-Gugulska)

“—¡Miserable tramposo! —gritó—. ¡Espera a que te ponga las manos encima! Ahora entiendo tus intenciones. Le llevarás el Anillo a Sauron y nos venderás a todos. Querías abandonarnos y sólo esperabas que se te presentara la ocasión. ¡Malditos tú y todos los Medianos, que se los lleven la muerte y las tinieblas!

En ese momento el pie se le enganchó en una piedra, cayó hacia adelante con los brazos y piernas extendidos, y se quedó allí tendido de bruces. Durante un rato estuvo muy quieto, y pareció que lo hubiera alcanzado su propia maldición; luego, de pronto, se echó a llorar.

Se incoporó, y se pasó la mano por los ojos, enjugándose las lágrimas.

—Pero ¿qué he dicho? —gritó—. ¿Qué he hecho? ¡Frodo! ¡Frodo! —llamó—. ¡Vuelve! Tuve un ataque de locura, pero ya se me pasó. ¡Vuelve!”

(‘El Señor de los Anillos. La Comunidad del Anillo‘. Libro Segundo, capítulo 10: La disolución de la Comunidad).

 

(Amon Hen, según el artista inglés Alan Lee)

“Pronto se encontró solo en la cima del Amon Hen, y se detuvo, sin aliento. Vio a través de la niebla un círculo amplio y chato, cubierto de losas grandes, y rodeado por un parapeto en ruinas; y en medio, sobre cuatro pilares labrados, en lo alto de una escalera de muchos peldaños, había un asiento. Frodo subió y se sentó en la antigua silla, sintiéndose casi como un niño extraviado que ha trepado al trono de los reyes de la montaña.

Al principio poco pudo ver. Parecía como si estuviese en un mundo de nieblas, donde sólo había sombras; tenía puesto el Anillo. Luego, aquí y allá, la niebla fue levantándose, y vio muchas escenas, visiones pequeñas y claras corno si las tuviera ante los ojos sobre una mesa, y sin embargo remotas. No había sonidos, sólo imágenes brillantes y vívidas. El mundo parecía encogido, enmudecido. Estaba sentado en el Sitial de la Vista, sobre el Amon Hen, la Colina del Ojo de los Hombres de Númenor.”

(‘El Señor de los Anillos. La Comunidad del Anillo‘. Libro Segundo, capítulo 10: La disolución de la Comunidad).

 

(Barad-dûr, según el artista serbio Antonio Maletin)

“Y entonces sintió el Ojo. Había un ojo en la Torre Oscura, un ojo que no dormía, y ese ojo no ignoraba que él estaba mirándolo. Había allí una voluntad feroz y decidida, y de pronto saltó hacia él. Frodo la sintió casi como un dedo que lo buscaba, y que en seguida lo encontraría, aplastándolo. El dedo tocó el Amon Lhaw. Echó una mirada al Tol Brandir. Frodo saltó a los pies de la silla, y se acurrucó cubriéndose la cabeza con la capucha gris.

Se oyó a sí mismo gritando: ‘¡Nunca! ¡Nunca!’ ¿O quizá decía: ‘Me acerco en verdad, me acerco a ti’? No podía asegurarlo. Luego como un relámpago venido de algún otro extremo de poder se le presentó un nuevo pensamiento: ‘¡Sácatelo! ¡Sácatelo! ¡Insensato, sácatelo! ¡Sácate el Anillo!’

Los dos poderes lucharon en él. Durante un momento, en perfecto equilibrio entre dos puntas afiladas, Frodo se retorció atormentado. De súbito tuvo de nuevo conciencia de sí mismo: Frodo, ni la Voz ni el Ojo, libre de elegir, y disponiendo apenas de un instante. Se sacó el Anillo del dedo. Estaba arrodillado a la clara luz del sol delante del elevado sitial. Una sombra negra pareció pasar sobre él, como un brazo; no acertó a dar con el Amon Hen, buscó un poco en el este, y se desvaneció.”

(‘El Señor de los Anillos. La Comunidad del Anillo‘. Libro Segundo, capítulo 10: La disolución de la Comunidad).

 

(Gandalf el Blanco, según la artista neerlandesa Suzanne Helmigh)

“El Enemigo estuvo muy cerca de descubrirlo, pero el Anillo escapó. Tuve en eso parte de culpa, pues yo residía entonces en un sitio alto y luché con la Torre Oscura; y la Sombra pasó. Luego me sentí cansado, muy cansado, y marché mucho tiempo hundido en pensamientos sombríos.”

(‘El Señor de los Anillos. Las dos torres‘. Libro Tercero, capítulo 5: El Caballero Blanco).

 

(Frodo en el Sitial de Amon Hen, según Scott Peery)

“Frodo se puso de pie. Se sentía muy fatigado, pero estaba decidido ahora, y se había quitado un peso del corazón. Se habló en voz alta.

—Bien, tengo que hacerlo —dijo—. Esto al menos es claro: la malignidad del Anillo ya está operando, aun en la Compañía, y antes que haga más daño hay que llevarlo lejos. Iré solo. En algunos no puedo confiar, y aquellos en quienes puedo confiar me son demasiado queridos: el pobre viejo Sam, y Merry y Pippin. Trancos también: desea tanto volver a Minas Tirith, y quizá lo necesiten allí, ahora que Boromir ha sucumbido al mal. Iré solo. En seguida.”

(‘El Señor de los Anillos. Las dos torres‘. Libro Tercero, capítulo 5: El Caballero Blanco).

 

(Samsagaz Gamyi, según la artista alemana Jenny Dolfen)

—Calma, Sam Gamyi —se dijo en voz alta—. Tienes las piernas demasiado cortas, ¡de modo que usa la cabeza! Veamos. Boromir no miente, no es de esa índole, pero no nos dijo todo. El señor Frodo se asustó mucho por alguna razón y de pronto decidió partir. ¿Adónde? Hacia el este. ¿No sin Sam? Sí, aun sin Sam. Esto es duro, muy duro.

Sam se pasó la mano por los ojos, enjugándose las lágrimas.

—Tranquilo, Gamyi —dijo—. ¡Piensa si puedes! No puede volar por encima de los ríos, y no puede saltar por encima de las cascadas. No lleva ningún equipo. Tendrá pues que volver a los botes. ¡A los botes! ¡Corre hacia los botes, Sam, como un rayo!”

(‘El Señor de los Anillos. La Comunidad del Anillo‘. Libro Segundo, capítulo 10: La disolución de la Comunidad).

 

(Boromir protege a Merry y Pippin de los orcos, según el artista estadounidense Matthew Stewart)

“Habían corrido lejos, dando gritos; no alcanzaba a recordar ni la distancia ni el tiempo; y de pronto habían tropezado con un grupo de orcos: estaban de pie, escuchando, y al parecer no habían visto a Merry y Pippin hasta que casi los tuvieron encima. Se pusieron a aullar entonces, y docenas de otras bestias salieron de entre los árboles. Merry y él habían echado mano a las espadas, pero los orcos no querían luchar y sólo intentaron apoderarse de ellos, aun cuando Merry ya había cortado muchos brazos y manos. ¡Buen viejo Merry!

En seguida llegó Boromir, saltando entre los árboles. Los obligó a combatir. Mató a muchos y el resto escapó. Pero aún no se habían alejado en el camino de vuelta cuando un centenar de orcos los atacó otra vez. Algunos eran muy corpulentos, y lanzaban lluvias de flechas, siempre contra Boromir. Boromir tocó el gran cuerno, hasta que los sonidos estremecieron el bosque, pero cuando no llegó otra respuesta que los ecos, los orcos atacaron con más fiereza. Pippin no recordaba mucho más. La última imagen era la figura de Boromir apoyada contra un árbol, quitándose una flecha; luego la oscuridad cayó de súbito.”

(‘El Señor de los Anillos. Las dos torres‘. Libro Tercero, capítulo 3: Los Uruk-hai).

 

(Frodo y Sam parten hacia Mordor, según la artista brasileña Luiza Ho)

“—¡He aquí todo mi plan estropeado! —dijo Frodo—. Imposible escapar de ti. Pero estoy contento, Sam. No puedo decirte qué contento. ¡Vamos! Es evidente que estábamos destinados a ir juntos. Partiremos, ¡y que los otros encuentren un camino seguro! Trancos los cuidará. No creo que volvamos a verlos.

—Quizá sí, señor Frodo. Quizá sí —dijo Sam.

Así Frodo y Sam iniciaron juntos la última etapa de la Misión. Frodo remó alejándose de la costa, y el Río los llevó rápidamente, a lo largo del brazo occidental, más allá de los acantilados amenazadores del Tol Brandir. El rugido de las cataratas fue acercándose. Aun con la ayuda de Sam costó trabajo atravesar la corriente en el extremo sur de la isla y virar al este hacia la orilla lejana.

Al fin llegaron de nuevo a tierra en el flanco sur del Amon Lhaw. Allí encontraron una costa empinada, y sacaron la barca del Río, la arrastraron arriba, y la ocultaron como mejor pudieron detrás de unos peñascos. Luego, cargando al hombro los bultos partieron en busca de un sendero que los llevara por encima de las colinas grises de Emyn Muil, y descendiera internándose en el País de la Sombra.”

(‘El Señor de los Anillos. La Comunidad del Anillo‘. Libro Segundo, capítulo 10: La disolución de la Comunidad).

 

(La muerte de Boromir, según la artista francesa Aurore Folny)

“Cinco días antes de mi partida para esta arriesgada empresa, hace once días, y casi a esta misma hora, oí la llamada del cuerno; parecía venir del norte, pero apagada, como si fuese sólo un eco en la mente. Un presagio funesto, pensamos que era, mi padre y yo, pues no habíamos tenido ninguna noticia de Boromir desde su partida, y ningún vigía de nuestras fronteras lo había visto pasar.”

(‘El Señor de los Anillos. Las dos torres‘. Libro Cuarto, capítulo 5: Una ventana al Oeste).

 

(Las últimas palabras de Boromir (partida de Boromir, según el artista estadounidense Mattew Stewart)

“Aragorn se arrodilló junto a él. Boromir abrió los ojos y trató de hablar. Al fin salieron unas palabras, lentamente.

—Traté de sacarle el Anillo a Frodo —dijo—. Lo siento. He pagado. —Echó una ojeada a los enemigos caídos; veinte por lo menos estaban tendidos allí cerca.— Partieron. Los Medianos se los llevaron los orcos. Pienso que no están muertos. Los orcos los maniataron.

Hizo una pausa y se le cerraron los ojos, cansados. Al cabo de un momento habló otra vez.

—¡Adiós, Aragorn! ¡Ve a Minas Tirith y salva a mi pueblo! Yo he fracasado.

—¡No! —dijo Aragorn tomándole la mano y besándole la frente—. Has vencido. Pocos hombres pueden reclamar una victoria semejante. ¡Descansa en paz! ¡Minas Tirith no caerá!

Boromir sonrió.

—¿Por dónde fueron? ¿Estaba Frodo allí? —preguntó Aragorn.

Pero Boromir no dijo más.

—¡Ay! —dijo Aragorn—. ¡Así desaparece el heredero de Denethor, Señor de la Torre de la Guardia! Un amargo fin. La Compañía está deshecha. Soy yo quien ha fracasado. Vana fue la confianza que Gandalf puso en mí. ¿Qué haré ahora? Boromir me ha obligado a ir a Minas Tirith, y mi corazón así lo desea, ¿pero dónde están el Anillo y el Portador? ¿Cómo encontrarlos e impedir que la Misión termine en un desastre?

(‘El Señor de los Anillos. Las dos torres‘. Libro Tercero, capítulo 1: La partida de Boromir).

 

(La partida de Boromir, según Joan Wyatt)

“Extendieron a Boromir en medio de la barca que lo transportaría aguas abajo. Plegaron la capucha gris y la capa élfica y se las pusieron bajo la cabeza. Le peinaron los largos cabellos oscuros y los dispusieron sobre los hombros. El cinturón dorado de Lórien le brillaba en la cintura. Junto a él colocaron el yelmo, y sobre el regazo el cuerno hendido y la empuñadura y los fragmentos de la espada, y a sus pies las armas de los enemigos. Luego de haber asegurado la proa a la popa de la otra embarcación, lo llevaron al agua. Remaron tristemente a lo largo de la orilla, y entrando en la corriente rápida del Río dejaron atrás los prados verdes de Parth Galen. Los flancos escarpados de Tol Brandir resplandecían: era media tarde. Mientras iban hacia el sur los vapores del Rauros se elevaron en una trémula claridad como una bruma dorada. La furia y el estruendo de las aguas sacudían el aire tranquilo.

Tristemente, soltaron la barca funeraria: allí reposaba Boromir, en paz, deslizándose sobre el seno de las aguas móviles. La corriente lo llevó, mientras ellos retenían su propia barca con los remos. Boromir flotó junto a ellos y luego se fue alejando lentamente, hasta ser sólo un punto negro en la luz dorada, y de pronto desapareció. El rugido del Rauros prosiguió, invariable. El Río se había llevado a Boromir, hijo de Denethor, y ya nadie volvería a verlo en Minas Tirith, de pie en la Torre Blanca por la mañana, como era su costumbre.”

(‘El Señor de los Anillos. Las dos torres‘. Libro Tercero, capítulo 1: La partida de Boromir).

 

(Los Tres Cazadores, según Nicholas Gregory)

“—Bueno, ¡vayamos tras ellos! —dijo Gimli—. También los Enanos son rápidos y no se cansan antes que los orcos. Pero será una larga cacería: nos llevan mucha ventaja.

—Sí —dijo Aragorn—, a todos nos hará falta la resistencia de los Enanos. ¡Pero adelante! Con o sin esperanza, seguiremos las huellas del enemigo. ¡Y ay de ellos, si probamos que somos más rápidos! Haremos una cacería que será el asombro de las Tres Razas emparentadas: Elfos, Enanos y Hombres. ¡Adelante los Tres Cazadores!

Aragorn saltó como un ciervo, precipitándose entre los árboles. Corría siempre adelante, guiándolos, infatigable y rápido ahora que ya estaba decidido. Dejaron atrás los bosques junto al lago. Subieron por unas largas pendientes oscuras, que se recortaban contra el cielo enrojecido del crepúsculo. Anochecía. Se alejaron como sombras grises sobre una tierra pedregrosa”

(‘El Señor de los Anillos. Las dos torres‘. Libro Tercero, capítulo 1: La partida de Boromir).

 

(Erkenbrand, según el artista estadounidense Christopher Lee Butler)

“Erkenbrand del Folde Oeste asumió el mando del Folde Oeste cuando la nueva de la caída de Théodred le llegó al día siguiente en Cuernavilla. Envió jinetes mensajeros a Edoras para anunciarlo y para llevar a Théoden las últimas palabras de su hijo, rogando además que mandaran a Éomer sin demora con toda la ayuda de que pudiera disponerse. —Que la defensa de Edoras se haga aquí mismo, en el Oeste —decía—, y no se espere a que sea sitiada.”

(‘Cuentos Inconclusos‘. Tercera parte: La Tercera Edad. Las Batallas de los Vados del Isen).

 

(Éomer, según una artista conocida como Breogan)

Los exploradores informan de Orcos descendiendo las E[myn] Muil en dirección a Éomer. Éomer se plantea desobedecer al rey, que le ha ordenado ir a la Cuaderna del Este y reunir a sus hombres para defender Edoras.”

(‘El Señor de los Anillos. Guía de lectura‘, página 521).

 

(*) Nota importante: Aunque el Calendario de la Comarca no coincide con el calendario Gregoriano (hay una diferencia de 10 u 11 días entre uno y otro dependiendo del día en el que se celebre el solsticio de verano), hemos decidido publicar los acontecimientos según su fecha original y no adaptar las fechas a nuestro calendario (de hacerlo, el 25 de marzo del Calendario de la Comarca sería nuestro 14 ó 15 de marzo). Nos parece lo más lógico no solo para evitar confusiones sino para mantener la coherencia con el hecho de celebrar el Día Internacional de Leer a Tolkien el 25 de marzo (fecha en la que se derrotó a Sauron) y el Día Hobbit el 22 de septiembre (fecha de los cumpleaños de Bilbo y Frodo).

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