A continuación os contamos lo que aconteció el 20 de marzo en el universo fantástico creado por J.R.R. Tolkien.

Seguimos con nuestra sección ‘Hoy en la Tierra Media’ con un día en el que el Senescal de Gondor conoció a una doncella guerrera de un país extranjero mientras ambos se recuperaban de sus heridas, y en el que dos viajeros avanzaban hacia el sur mientras un ejército avanzaba hacia el norte. Nos gustaría recordar que todas las fechas de esta sección se corresponden con el Calendario de la Comarca o con otros calendarios de la Tierra Media (como el Cómputo del Rey o el Cómputo de los Senescales) y no con el calendario gregoriano (ver nota), y que todas ellas proceden de libros y textos de J.R.R. Tolkien como ‘El Hobbit‘, ‘El Señor de los Anillos‘ (incluidos los Apéndices), los ‘Cuentos inconclusos‘ o los Manuscritos Marquette, y de otros libros de estudiosos tolkiendili como el ‘Atlas de la Tierra Media‘ de Karen Wynn Fonstad, ‘El Señor de los Anillos: Guía de lectura‘ de Wayne G. Hammond y Christina Scull, y ‘The History of The Hobbit‘ de John D. Rateliff.

Como es habitual acompañamos estos eventos con extractos de los libros de Tolkien y con distintos dibujos e ilustraciones, aunque no en todas las ocasiones encontramos imágenes de los momentos que mencionamos o que reflejen con absoluta fidelidad lo escrito por el Profesor.

Esto fue lo que pasó en la Tierra Media el 20 de marzo, o el 20 de Rethe según el Calendario de la Comarca.

 

Año 3019 de la Tercera Edad del Sol:

* Faramir conoce a Éowyn, cuando esta intenta dejar las Casas de Curación.

* Faramir pasa el día con Merry.

* El ejército de los Capitanes del Oeste se dirige hacia el norte.

* Frodo y Sam continúan su viaje por el camino de Barad-dûr.

 

(Pinchad en las imágenes para verlas a mayor resolución)

(Mayoral de las Casas de Curación, según el artista italiano Paolo Puggioni)

“Cuando hacía apenas dos días que habían partido, la Dama Éowyn rogó a las mujeres que la cuidaban que le trajesen sus ropas, y nadie pudo disuadirla: se levantó, y cuando la vistieron, con el brazo sostenido en un cabestrillo de lienzo, se presentó ante el Mayoral de las Casas de Curación.

—Señor —dijo—, siento una profunda inquietud y no puedo seguir ociosa por más tiempo.

—Señora —respondió el Mayoral—, aún no estáis curada, y se me encomendó que os atendiera con especial cuidado. No tendríais que haberos levantado hasta dentro de siete días, o ésa fue en todo caso la orden que recibí. Os ruego que volváis a vuestra estancia.

—Estoy curada —dijo ella—, curada de cuerpo al menos, excepto el brazo izquierdo, que también mejora. Y si no tengo nada que hacer, volveré a enfermar. ¿No hay noticias de la guerra? Las mujeres no saben decirme nada.

—No tenemos noticias —dijo el Mayoral—, excepto que los Señores han llegado al Valle de Morgul; y dicen que el nuevo capitán venido del Norte es ahora el jefe. Es un gran señor, y un curador; extraño me parece que la mano que cura sea también la que empuña la espada. No ocurren cosas así hoy en Gondor, aunque fueran comunes antaño, si las antiguas leyendas dicen la verdad. Pero ahora, y desde hace largos años, nosotros los curanderos no hacemos otra cosa que reparar las desgarraduras causadas por los hombres de armas. Aunque sin ellos tendríamos ya trabajo suficiente: bastantes miserias y dolores hay en el mundo sin que las guerras vengan a multiplicarlos.”

(‘El Señor de los Anillos. El retorno del rey‘. Libro Sexto, capítulo 5: El Senescal y el Rey).

 

(Primer encuentro de Faramir y Éowyn, según la artista alemana Anke Katrin Eißmann)

“Acercándose a él, el Mayoral lo llamó, y Faramir se volvió y vio a la Dama Eowyn de Rohan; y se sintió conmovido y apenado, porque advirtió que estaba herida, y que había en ella tristeza e inquietud.

—Señor —dijo el Mayoral—. Ésta es la Dama Éowyn de Rohan. Cabalgó junto con el rey y fue malherida, y ahora se encuentra bajo mi custodia. Pero no está contenta, y desea hablar con el Senescal de la ciudad.

—No interpretéis mal estas palabras, señor —dijo Éowyn—. No me quejo porque no me atiendan. Ninguna casa podría brindar mejores cuidados a quienes buscan la curación. Pero no puedo continuar así, ociosa, indolente, enjaulada. Quise morir en la batalla. Pero no he muerto, y la batalla continúa.

A una señal de Faramir, el Mayoral se retiró con una reverencia.

—¿Qué querríais que hiciera, señora? —preguntó Faramir—. Yo también soy un prisionero de los curadores. —La miró, y como era hombre inclinado a la piedad sintió que la hermosura y la tristeza de Éowyn le traspasarían el corazón. Y ella lo miró, y vio en los ojos de él una grave ternura, y supo, porque había.crecido entre hombres de guerra, que se encontraba ante un guerrero a quien ninguno de los Jinetes de la Marca podría igualar en la batalla.”

(‘El Señor de los Anillos. El retorno del rey‘. Libro Sexto, capítulo 5: El Senescal y el Rey).

 

(Banderas de Rohan, Gondor y Dol Amroth, según la reina Margarita II de Dinamarca)

“Al día siguiente, el tercero desde que partieran de Minas Tirith, el ejército emprendió la marcha hacia el norte. Por esa ruta, la distancia entre la Encrucijada y el Morannon era de unas cien millas, y lo que la suerte podía depararles antes de llegar tan lejos, nadie lo sabía. Avanzaban abiertamente pero con cautela, precedidos por batidores montados, mientras otros exploraban a pie los flancos del camino, y más los del lado oriental: porque allí se extendía un boscaje sombrío y una zona anfractuosa de barrancos y despeñaderos rocosos, y detrás se alzaban las laderas largas y empinadas de Ephel Dúath. El tiempo del mundo se mantenía apacible y hermoso, y el viento soplaba aún desde el oeste, pero nada podía disipar las tinieblas y las brumas que se acumulaban alrededor de las Montañas de la Sombra; y por detrás de ellas brotaban intermitentemente grandes humaredas que se elevaban y quedaban suspendidas, flotando entre los vientos de las cumbres.

De tanto en tanto Gandalf hacía sonar las trompetas y los heraldos pregonaban: — ¡Los Señores de Gondor han llegado! ¡Que todos abandonen el territorio o se sometan!

Pero Imrahil dijo: —No digáis «los Señores de Gondor». Decid «elRey Elessar». Porque es la verdad, aunque no haya ocupado el trono todavía; y dará más que pensar al Enemigo, si así lo nombran los heraldos.

Y a partir de ese momento, tres veces al día proclamaban los heraldos la venida del Rey Elessar. Mas nadie recogía el desafío.”

(‘El Señor de los Anillos. El retorno del rey‘. Libro Quinto, capítulo 10: La Puerta Negra se abre).

 

(Éowyn en las Casas de Curación, según el artista inglés Joe Gilronan)

“—Pero yo no deseo curar —dijo ella—. Deseo partir a la guerra como mi hermano Éomer, o mejor aún como Théoden el rey, porque él ha muerto y ha conquistado a la vez honores y paz.

—Es demasiado tarde, señora, para seguir a los Capitanes, aunque tuvierais las fuerzas necesarias —dijo Faramir—. Pero la muerte en la batalla aún puede alcanzarnos a todos, la deseemos o no. Y estaríais más preparada para afrontarla como mejor os parezca si mientras aún queda tiempo hicierais lo que ordena el Mayoral. Vos y yo hemos de soportar con paciencia las horas de espera.

Éowyn no respondió, pero a Faramir le pareció que algo en ella se ablandaba, como si una escarcha dura comenzara a ceder al primer anuncio de la primavera. Una lágrima le resbaló por la mejilla como una gota de lluvia centelleante. La orgullosa cabeza se inclinó ligeramente. Luego dijo en voz muy queda, más como si hablara consigo misma que con él: —Pero los Curadores pretenden que permanezca acostada siete días más —dijo. Y mi ventana no mira al este.

La voz de Éowyn era ahora la de una muchacha joven y triste.

Faramir sonrió, aunque compadecido. —¿Vuestra ventana no mira al este? —dijo—. Eso tiene arreglo. Por cierto que daré órdenes al Mayoral. Si os quedáis a nuestro cuidado en esta casa, señora, y descansáis el tiempo necesario, podréis caminar al sol en este jardín como y cuando queráis; y miraréis al este, donde ahora están todas nuestras esperanzas. Y aquí me encontraréis a mí, que camino y espero, también mirando al este. Aliviaríais mis penas si me hablarais, o si caminarais conmigo alguna vez.”

(‘El Señor de los Anillos. El retorno del rey‘. Libro Sexto, capítulo 5: El Senescal y el Rey).

 

(Barad-dûr, según el artista neerlandés Wouter Florusse)

“Así prosiguió el viaje sin esperanzas, mientras el Anillo se encaminaba al sur y los estandartes de los reyes cabalgaban rumbo al norte. Para los hobbits, cada jornada de marcha, cada milla era más ardua que la anterior, a medida que las fuerzas los abandonaban y se internaban en regiones más siniestras. Durante el día no encontraban enemigos. A veces, por la noche, mientras dormitaban acurrucados e inquietos en algún escondite a la vera del camino, oían clamores y el rumor de numerosos pies o el galope rápido de algún caballo espoleado con crueldad. Pero mucho peor que todos aquellos peligros era la amenaza cada vez más inminente que se cernía sobre ellos: la terrible amenaza del Poder que aguardaba, abismado en profundas cavilaciones y en una malicia insomne detrás del velo oscuro que ocultaba el Trono. Se acercaba, se acercaba cada vez más, negro y espectral, alzándose como un muro de tinieblas en el confín último del mundo.”

(‘El Señor de los Anillos. El retorno del rey‘. Libro Sexto, capítulo 3: El Monte del Destino).

 

(Faramir, según la artista polaca Katarzyna Chmiel-Gugulska)

“Cuando estuvo de nuevo en su habitación, Faramir mandó llamar al Mayoral e hizo que le contase todo cuanto sabía acerca de la Dama de Rohan.

—Sin embargo, señor —dijo el Mayoral—, mucho más podría deciros sin duda el Mediano que está con nosotros; porque él era parte de la comitiva del Rey, y según dicen estuvo con la Dama al final de la batalla.

Y Merry fue entonces enviado a Faramir, y mientras duró aquel día convrsaron largamente, y Faramir se enteró de muchas cosas, más de las que Merry dijo con palabras; y le pareció comprender en parte la tristeza y la inquietud de Éowyn de Rohan. Y en el atardecer luminoso Faramir y Merry pasearon juntos por el jardín, pero no vieron a la Dama aquella noche.”

(‘El Señor de los Anillos. El retorno del rey‘. Libro Sexto, capítulo 5: El Senescal y el Rey).

 

(*) Nota importante: Aunque el Calendario de la Comarca no coincide con el calendario Gregoriano (hay una diferencia de 10 u 11 días entre uno y otro dependiendo del día en el que se celebre el solsticio de verano), hemos decidido publicar los acontecimientos según su fecha original y no adaptar las fechas a nuestro calendario (de hacerlo, el 25 de marzo del Calendario de la Comarca sería nuestro 14 ó 15 de marzo). Nos parece lo más lógico no solo para evitar confusiones sino para mantener la coherencia con el hecho de celebrar el Día Internacional de Leer a Tolkien el 25 de marzo (fecha en la que se derrotó a Sauron) y el Día Hobbit el 22 de septiembre (fecha de los cumpleaños de Bilbo y Frodo).

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