A continuación podéis leer los acontecimientos que tuvieron lugar el 15 de julio en la Tierra Media, el universo fantástico creado por J.R.R. Tolkien.

Seguimos con nuestra sección ‘Hoy en la Tierra Media’ con una jornada en la que unos prisioneros comparecieron ante su captor, en la que murió un importante caudillo de los trasgos, en la que se produjo un acontecimiento insólito y fortuito que cambiaría el curso de la historia de la Tercera Edad, y en la que una reina le hizo un relago de gran importancia a uno de sus huéspedes.

Para evitar posibles malentendidos y confusiones nos gustaría recordar que todas las fechas de esta sección se corresponden únicamente con el Calendario de la Comarca o con otros calendarios de la Tierra Media (como el Cómputo del Rey) y no con el calendario gregoriano (ver nota), y que todas proceden de distintos libros y textos de J.R.R. Tolkien como ‘El Hobbit‘, ‘El Señor de los Anillos‘ (incluidos los Apéndices), los ‘Cuentos inconclusos‘ o los Manuscritos Marquette, y de otros libros de estudiosos de la obra de Tolkien como el ‘Atlas de la Tierra Media‘ de Karen Wynn Fonstad, ‘El Señor de los Anillos. Guía de lectura‘ de Wayne G. Hammond y Christina Scull, y ‘The History of The Hobbit‘ de John D. Rateliff.

Como es habitual, acompañamos estos sucesos con extractos de las obras del Profesor y con dibujos e ilustraciones de distintos artistas, aunque no siempre encontramos imágenes que representen fielmente lo descrito por Tolkien o que reflejen los momentos de los que hablamos.

Esto fue lo que pasó en la Tierra Media el 15 de julio, o el 15 de Afterlithe según el Calendario de la Comarca.

 

Año 2941 de la Tercera Edad del Sol:

* Bilbo y los enanos son llevados ante el Gran Trasgo (ver nota 2)

* Gandalf aparece de repente, rescata a Bilbo y los enanos y mata al Gran Trasgo.

* Bilbo se separa de los demás y encuentra el Anillo Único y juega a los acertijos con Gollum. Finalmente consigue escapar de los túneles de los trasgos y se reúne con Gandalf y los enanos al este de las Montañas Nubladas.

* Los wargos y los trasgos persiguen a Bilbo, Gandalf y los enanos y los obligan a buscar refugio en los árboles del bosque. Ya por la noche, cuando la situación parece desesperada, son rescatados por las Águilas.

 

(Pinchad en las imágenes para verlas a mayor resolución)

(Bilbo y los enanos ante el Gran Trasgo, según el artista británico Paul Raymond Gregory)

“—Íbamos de viaje a visitar a nuestros parientes, nuestros sobrinos y sobrinas, y primeros, segundos y terceros primos, y otros descendientes de nuestros abuelos, que viven del lado oriental de estas realmente hospitalarias montañas —respondió Thorin, no sabiendo muy bien qué decir así de repente, pues era obvio que la verdad exacta no vendría a cuento.

—¡Es un mentiroso, oh, tú en verdad el Terrible! —dijo uno de los captores—. Varios de los nuestros fueron fulminados por un rayo en la cueva cuando invitamos a estas criaturas a que bajaran, y están tan muertos como piedras. ¡Tampoco nos ha explicado esto!—Sostuvo en alto la espada que Thorin había llevado, la espada que procedía del cubil de los trolls.

El Gran Trasgo dio un aullido de rabia realmente horrible cuando vio la espada, y todos los soldados crujieron los dientes, batieron los escudos, y patearon. Reconocieron la espada al momento. En otro tiempo había dado muerte a cientos de trasgos, cuando tos elfos rubios de Gondolin los cazaron en las colinas o combatieron al pie de las murallas. La habían denominado Orcrist, Hendedora de Trasgos, pero los trasgos la llamaban simplemente Mordedora. La odiaban, y odiaban todavía más a cualquiera que la llevase.”

(‘El Hobbit‘, capítulo 4: Sobre la colina y bajo la colina).

 

(Gandalf con Glamdring, según la artista francesa Magali Villeneuve)

“De repente una espada destelló con luz propia. Bilbo vio que atravesaba de lado a lado al Gran Trasgo, mudo de asombro y furioso a la vez. Cayó muerto, y los soldados trasgos, huyendo y gritando delante de la espada, desaparecieron en la oscuridad.

La espada volvió a la vaina. «¡Seguidme a prisa!», dijo una voz fiera y queda. Y antes que Bilbo comprendiese lo que había ocurrido, estaba ya trotando de nuevo, tan rápido como podía, al final de la columna, bajando por más pasadizos oscuros mientras los alaridos del salón de los trasgos quedaban atrás, cada vez más débiles. Una luz pálida los guiaba.

—¡Más rápido, más rápido! —decía la voz—. Pronto volverán a encender las antorchas.”

(‘El Hobbit‘, capítulo 4: Sobre la colina y bajo la colina).

 

(Bilbo, Gandalf y los enanos escapan de los trasgos, según el artista estadounidense David T. Wenzel)

“No le costó nada cortar las cadenas de los trasgos y liberar lo más rápido posible a todos los prisioneros. El nombre de esta espada, recordaréis, era Glamdring, Martillo de Enemigos. Los trasgos la llamaban simplemente Demoledora, y la odiaban, si eso es posible, todavía más que a Mordedora. También Orcrist había sido salvada, pues Gandalf se la había arrebatado a uno de los guardias aterrorizados. Gandalf pensaba en todo; y aunque no podía hacer cualquier cosa, ayudaba siempre a los amigos que estaban en aprietos.

—¿Estamos todos aquí? —dijo, entregando la espada a Thorin con una reverencia—. Veamos: uno, Thorin; dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, once. ¿Dónde están Fili y Kili? ¡Aquí! Doce, trece… y he ahí al señor Bolsón: ¡catorce! ¡Bien, bien! Podría ser peor, y sin embargo podría ser mucho mejor. Sin ponis, y sin comida, y sin saber muy bien dónde estamos, ¡y unas hordas de trasgos furiosos justo detrás! ¡Sigamos adelante!”

(‘El Hobbit‘, capítulo 4: Sobre la colina y bajo la colina).

 

(Dori carga con Bilbo, según el artista estadounidense Jake Murray)

“Así ocurrió que ni Bilbo, ni los enanos, ni siquiera Gandalf, los oyeron llegar, ni tampoco los vieron. Pero los trasgos los vieron a ellos, pues la vara de Gandalf emitía una luz débil que ayudaba a los enanos a encontrar el camino.

De repente, Dori, que ahora otra vez corría a la cola llevando a Bilbo, fue aferrado por detrás en la oscuridad. Gritó y cayó; y el hobbit rodó de los hombros de Dori a la negrura, se golpeó la cabeza contra una piedra, y no recordó nada más.”

(‘El Hobbit‘, capítulo 4: Sobre la colina y bajo la colina).

 

(Bilbo encuentra el Anillo, según Enrique Rivera)

“Cuando Bilbo abrió los ojos, se preguntó si en verdad los habría abierto; pues todo estaba tan oscuro como si los tuviese cerrados. No había nadie cerca de él. ¡Imaginaos qué terror! No podía ver nada, ni oír nada, ni sentir nada, excepto la piedra del suelo.

Se incorporó muy lentamente y anduvo a tientas hasta tropezar con la pared del túnel; pero ni hacia arriba ni hacia abajo pudo encontrar nada, nada en absoluto, ni rastro de trasgos o enanos. La cabeza le daba vueltas y ni siquiera podía decir en qué dirección habrían ido los otros cuando cayó de bruces. Trató de orientarse de algún modo, y se arrastró largo trecho hasta que de pronto tocó con la mano algo que parecía un anillo pequeño, frío y metálico, en el suelo del túnel. Este iba a ser un momento decisivo en la carrera de Bilbo, pero él no lo sabía. Casi sin darse cuenta se metió la sortija en el bolsillo. Por cierto, no parecía tener ninguna utilidad por ahora.”

(‘El Hobbit‘, capítulo 5: Acertijos en las tinieblas).

 

(Bilbo y Gollum, según el artista estadounidense Justin Gerard)

“El hobbit dio un brinco cuando oyó el siseó, y de repente vio los ojos pálidos clavados en él.

—¿Quién eres? —preguntó, adelantando la espada.

—¿Qué ess él, preciosso mío? —susurró Gollum (que siempre se hablaba a sí mismo, porque no tenía a ningún otro con quien hablar). Eso era lo que quería descubrir, pues en verdad no tenía mucha hambre, sólo curiosidad; de otro modo hubiese estrangulado primero y susurrado después.

—Soy el señor Bilbo Bolsón. He perdido a los enanos y al mago y no sé donde estoy, y tampoco quiero saberlo, si pudiera salir.

—¿Qué tiene él en las manoss? —dijo Gollum mirando la espada, que no le gustaba mucho.

—¡Una espada, una hoja nacida en Gondolin!

—Sss —dijo Gollum, y en un tono más cortés—: Quizá se siente aquí y charle conmigo un rato, preciosso mío. ¿Le gustan los acertijos? Quizá sí, ¿no? —Estaba ansioso por parecer amable, al menos por un rato, y hasta que supiese algo más sobre la espada y el hobbit: si realmente estaba solo, si era bueno para comer, y si Gollum mismo tenia mucha hambre.”

(‘El Hobbit‘, capítulo 5: Acertijos en las tinieblas).

 

(Acertijos en la oscuridad, según el artista chino Jian Guo)

“—¡Las dos mal! —gritó Bilbo, mucho más aliviado; e incorporándose de un salto, se apoyó de espaldas en la pared más próxima y desenvainó la pequeña espada. Naturalmente, sabía que el torneo de las adivinanzas era sagrado y de una antigüedad inmensa, y que aun las criaturas malvadas temían hacer trampas mientras jugaban. Pero sentía también que no podía confiar en que aquella criatura viscosa mantuviera una promesa. Cualquier excusa le parecería apropiada para eludirla. Y al fin y al cabo la última pregunta no había sido un acertijo genuino de acuerdo con las leyes ancestrales.

Pero sin embargo Gollum no lo atacó en seguida. Miraba la espada que Bilbo tenía en la mano. Se quedó sentado, susurrando y estremeciéndose. Al fin, Bilbo no pudo esperar más.

—Y bien —dijo—, ¿qué hay de tu promesa? Me quiero ir; tienes que enseñarme el camino.

—¿Dijimos eso, preciosso? Mostrarle la salida al pequeño y asqueroso Bolsón, sí, si. Pero ¿qué tiene él en los bolsilloss? ¡Ni cuerda, preciosso, ni nada! ¡Oh, no! ¡Gollum!

—No te importa —dijo Bilbo—, una promesa es una promesa.”

(‘El Hobbit‘, capítulo 5: Acertijos en las tinieblas).

 

Gollum, según Álvaro Calvo Escudero

(Gollum, según el artista español Álvaro Calvo Escudero)

“Gollum se lanzó hacia, atrás e intentó atrapar al hobbit cuando volaba sobre él, pero demasiado tarde: las manos golpearon el aire tenue, y Bilbo, cayendo limpiamente sobre los pies vigorosos, se precipitó a bajar por el nuevo pasadizo, No se volvió a mirar qué hacía Gollum. Al principio oyó siseos y maldiciones detrás de él, muy cerca; luego cesaron. Casi en seguida sonó un aullido que helaba la sangre, un grito de odio y desesperación. Gollum estaba derrotado. No se atrevía a ir más lejos, había perdido: había perdido su presa, y había perdido también la única cosa que había cuidado alguna vez, su precioso. El aullido dejó a Bilbo con el corazón en la boca. Ya débil como un eco, pero amenazadora, la voz venía desde atrás.

—¡Ladrón, ladrón, ladrón! ¡Bolsón! ¡Lo odiamos, lo odiamos, lo odiamos para siempre!”

(‘El Hobbit‘, capítulo 5: Acertijos en las tinieblas).

 

(Bilbo escapa de los túneles de los trasgos, según el artista inglés Alan Lee)

“La puerta estaba abierta, pero un trasgo la había entornado todavía más. Bilbo empujó, y no consiguió moverla. Trató de escurrirse por la abertura y quedó atrapado. ¡Era horrible! Los botones se le habían encajado entre el canto y la jamba de la puerta. Allí fuera alcanzaba a ver el aire libre: había unos pocos escalones que descendían a un valle estrecho con montañas altas alrededor: el sol apareció detrás de una nube y resplandeció más allá de la puerta; pero él no podía cruzarla.

De pronto, uno de los trasgos que estaban dentro gritó:

—¡Hay una sombra al lado de la puerta! ¡Algo está ahí fuera!

A Bilbo el corazón se le subió a la boca. Se retorció, aterrorizado. Los botones saltaron en todas direcciones. Atravesó la puerta, con la chaqueta y el chaleco rasgados, y brincó escalones abajo como una cabra, mientras los trasgos desconcertados recogían aún los preciosos botones de latón, caídos en el umbral.”

(‘El Hobbit‘, capítulo 5: Acertijos en las tinieblas).

 

(Bilbo reaparece ante Gandalf y los enanos, según el artista estadounidense David T. Wenzel)

“—¡Y aquí está el saqueador! —dijo Bilbo adelantándose y metiéndose entre ellos, y quitándose el anillo.

¡Señor, cómo saltaron! Luego hubo gritos de sorpresa y alegría. Gandalf estaba tan atónito como cualquiera de ellos, pero quizá más complacido que los demás. Llamó a Balín y le preguntó qué pensaba de un centinela que permitía que la gente llegara así sin previo aviso. Por supuesto, la reputación de Bilbo creció mucho entre los enanos a partir de ese momento. Si, a pesar de las palabras de Gandalf, dudaban aún de que era un saqueador de primera clase, no lo dudaron más. Balín era el más desconcertado; pero todos decían que había sido un trabajo muy bien hecho.

Bilbo estaba en verdad tan complacido con estos elogios, que se rió entre dientes, pero nada dijo acerca del anillo; y cuando le preguntaron cómo se las había arreglado, comentó:

—Oh, simplemente me deslicé, ya sabéis… con mucho cuidado y en silencio.”

(‘El Hobbit‘, capítulo 6: De la sartén al fuego).

 

(Bilbo, Gandalf y los enanos trepan a los árboles huyendo de los wargos, según el artista francés David Demaret)

“—¡Qué haremos, qué haremos! —gritó—. ¡Salir de trasgos para caer en lobos! —dijo, y esto llegó a ser un proverbio, aunque ahora decimos «de la sartén al fuego» en las situaciones incómodas de este tipo.

~¡A los árboles, rápido! —gritó Gandalf; y corrieron hacia los árboles del borde del claro, buscando aquellos de ramas bajas o bastante delgados para escapar trepando por los troncos. Los encontraron con una rapidez insólita, como podéis imaginar; y subieron muy alto confiando como nunca en la firmeza de las ramas.”

(‘El Hobbit‘, capítulo 6: De la sartén al fuego).

 

(Bilbo y los enanos en los árboles, según el artista inglés Alan Lee)

“Pronto un anillo de humo y llamas rodeó a los enanos, un anillo que no crecía hacia fuera, pero que se iba cerrando lentamente, hasta que el fuego lamió la leña apilada bajo los árboles. El humo llegaba a los ojos de Bilbo, podía sentir el calor de las llamas; y a través de la humareda alcanzaba a ver a los trasgos que danzaban, girando y girando, en un círculo, como gente que celebraba alrededor de una hoguera la llegada del verano. Fuera del circulo de guerreros danzantes, armados con lanzas y hachas, los lobos se mantenían apartados, observando y aguardando.

Bilbo pudo oír a los trasgos que entonaban ahora una horrible canción:

¡Quince pájaros en cinco abetos

las plumas aventadas por una brisa ardiente!

Pero, que extraños pájaros, ¡ninguno tiene alas!

¡Oh! ¿Qué haremos con estas raras gentes?

¿Asarlas vivas, o hervirlas en la olla;

o freírlas, cocerlas y comerlas calientes?”

(‘El Hobbit‘, capítulo 6: De la sartén al fuego).

 

(Gwaihir rescata a Gandalf, según el artista estadounidense Michael Hague)

“En aquel preciso momento el Señor de las Águilas se abalanzó desde lo alto, abrió las garras, se apoderó de Gandalf, y desapareció.

Hubo un clamor de cólera y sorpresa entre los trasgos. Fuerte chilló el Señor de las Águilas, a quien Gandalf había ahora hablado. De vuelta se abalanzaron las grandes aves que estaban con él, y descendieron como enormes sombras negras. Los lobos gimotearon rechinando los dientes; los trasgos aullaron y patearon el suelo con rabia, y arrojaron sus pesadas lanzas al aire. Sobre ellos se lanzaron las águilas; la acometida oscura de las alas que batían los golpeó contra el suelo o los arrojó lejos; las garras les laceraron las caras. Otras veces volaron a las copas de los árboles y se llevaron a los enanos, que ahora subían trepando a unas alturas a las que nunca se habían atrevido a llegar.”

(‘El Hobbit‘, capítulo 6: De la sartén al fuego).

 

(Dori y Bilbo rescatados por una de las Águilas, según el artista estadounidense Donato Giancola)

“Pronto las luces del incendio se hicieron más y más tenues allá abajo; apenas un parpadeo rojo en el suelo negro; y las águilas volaban muy alto, elevándose todo el tiempo en círculos amplios y majestuosos. Bilbo nunca olvidó aquel vuelo, abrazado a los tobillos de Dori.

—¡Mis brazos, mis brazos! —gemía Bilbo, y mientras tanto Dori plañía:

—¡Mis pobres piernas, mis pobres piernas!

En el mejor de los casos las alturas le daban vértigo a Bilbo. Bastaba que mirase desde el borde de un risco pequeño para que se sintiera mareado. Nunca le habían gustado las escaleras, y mucho menos los árboles (antes nunca había tenido que escapar de los lobos). De manera que podéis imaginar cómo le daba vueltas ahora la cabeza, cuando miraba hacia abajo entre los colgantes dedos de los pies y veía las tierras oscuras que se ensanchaban debajo, tocadas aquí y allá por la luz de la luna en la roca de una ladera o en un arroyo de los llanos.”

(‘El Hobbit‘, capítulo 6: De la sartén al fuego).

 

Año 3019 de la Tercera Edad del Sol:

* Arwen le hace un regalo a Frodo y le cede su sitio en el barco a Valinor.

 

(El regalo de Arwen, según la artista alemana Anke Katrin Eißmann)

“Pero la Reina Arwen dijo:

—Yo te haré un regalo. Porque soy la hija de Elrond. No partiré con él cuando se encamine a los Puertos; porque mi elección es la de Lúthien, y como ella he elegido a la vez lo dulce y lo amargo. Pero tú podrás partir en mi lugar, Portador del Anillo, si cuando llegue la hora ése es tu deseo. Si los daños aún te duelen, y si la carga aún te pesa en la memoria, podrás cruzar al Oeste, hasta que todas tus heridas y pesares hayan cicatrizado. Pero ahora lleva esto en recuerdo de Piedra de Elfo y de Estrella de la Tarde, que ya siempre serán parte de tu vida.

Y quitándose una gema blanca como una estrella que le pendía sobre el pecho engarzada en una cadena de plata, la puso alrededor del cuello de Frodo.

—Cuando los recuerdos del miedo y de la oscuridad te atormenten —dijo—, esto podrá ayudarte.”

(‘El Señor de los Anillos. El retorno del Rey‘. Libro Sexto, capítulo 6: Numerosas separaciones).

 

(*) Nota importante: Aunque el Calendario de la Comarca no coincide con el calendario Gregoriano (hay una diferencia de 10 u 11 días entre uno y otro dependiendo del día en el que se celebre el solsticio de verano), hemos decidido publicar los acontecimientos según su fecha original y no adaptar las fechas a nuestro calendario (de hacerlo, el 25 de marzo del Calendario de la Comarca sería nuestro 14 ó 15 de marzo). Nos parece lo más lógico no solo para evitar confusiones sino para mantener la coherencia con el hecho de celebrar el Día Internacional de Leer a Tolkien el 25 de marzo (fecha en la que se derrotó a Sauron) y el Día Hobbit el 22 de septiembre (fecha de los cumpleaños de Bilbo y Frodo).
 

(*) Nota 2: A diferencia de lo que ocurre con ‘El Señor de los Anillos‘, no hay una cronología completa de los acontecimientos de ‘El Hobbit‘. En los libros de Tolkien apenas se dan unas pocas fechas (que Gandalf visitó a Bilbo el 25 de abril, que Gandalf, Bilbo y los enanos partieron de Rivendel el Día de Año Medio, que Bilbo y los enanos llegaron a Esgaroth el 22 de septiembre y que Bilbo volvió a Bolsón Cerrado el 22 de junio). La cronología que seguimos es una aproximación que se basa principalmente en esas fechas, en las fechas del intento de Tolkien de crear una cronología en su revisión de ‘El Hobbit‘ y aportadas por John D. Rateliff en su libro ‘The History of The Hobbit‘, en la propia narración del libro y en la cronología realizada por Karen Wynn Fonstad (una cronología basada únicamente en una estimación del tiempo que le llevó a la compañía recorrer las distancias entre unos puntos y otros).

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