¿Queréis saber qué sucedió el 12 de enero en la Tierra Media creada por J.R.R. Tolkien? Podéis leerlo y volver a emocionaros aquí.

Continuamos con la sección ‘Hoy en la Tierra Media’ con un día en el que una compañía intentó cruzar sin éxito un peligroso paso de montaña. Para evitar malentendidos y confusiones queremos insistir en que todas estas fechas se corresponden con el Calendario de la Comarca o con otros calendarios de la Tierra Media (como el Cómputo del Rey o el Cómputo de los Senescales) y no con el calendario gregoriano (ver nota), y que todas ellas proceden de libros y textos de J.R.R. Tolkien como ‘El Hobbit‘, ‘El Señor de los Anillos‘ (incluidos los Apéndices), los ‘Cuentos inconclusos‘ y los Manuscritos Marquette, y de otros libros de estudiosos tolkiendili como el ‘Atlas de la Tierra Media‘ de Karen Wynn Fonstad, ‘El Señor de los Anillos: Guía de lectura‘ de Wayne G. Hammond y Christina Scull, y ‘The History of The Hobbit‘ de John D. Rateliff.

Acontecimientos que nos gusta acompañar con extractos de los libros del Profesor y con distintas ilustraciones y dibujos, aunque no en todas las ocasiones somos capaces de encontrar imágenes que reflejen los momentos que mencionamos o que representen fielmente lo descrito por Tolkien.

Esto fue lo que ocurrió en la Tierra Media el 12 de enero, o el 12 de Postyule según el Calendario de la Comarca.

 

Año 3019 de la Tercera Edad del Sol:

* La Compañía del Anillo intenta atravesar el Paso del Caradhras sin éxito.

* La Compañía regresa a Acebeda y deciden continuar el viaje atravesando Moria.

* Los lobos acechan a la Compañía durante la noche.

 

(Pinchad en las imágenes para verlas a mayor resolución)

(Gandalf en el Caradhras, según el artista italiano Fabio Leone)

“Gandalf se detuvo. La nieve se le acumulaba sobre la capucha y los hombros, y le llegaba ya a los tobillos.

—Esto es lo que me temía —dijo—. ¿Qué opinas ahora, Aragorn?

—También yo lo temía —respondió Aragorn—, pero menos que otras cosas. Conozco el riesgo de la nieve, aunque pocas veces cae copiosamente tan al sur, excepto en las alturas. Pero no estamos aún muy arriba; estamos bastante abajo, donde los pasos no se cierran casi nunca en el invierno.

—Me pregunto si esto no será una treta del Enemigo —dijo Boromir—. Dicen en mi país que él gobierna las tormentas en las Montañas de Sombra, que se alzan alrededor de Mordor. Dispone de raros poderes y de muchos aliados.

—El brazo le ha crecido de veras —dijo Gimli— si puede traer nieve desde el norte para molestarnos aquí a trescientas leguas de distancia.

—El brazo le ha crecido —dijo Gandalf.”

(‘El Señor de los Anillos. La Comunidad del Anillo‘. Libro Segundo, capítulo 3: El Anillo va hacia el sur).

 

(La Compañia del Anillo en el Caradhras, según el artista canadiense Ted Nasmith)

“De pronto la Compañía hizo alto, como si todos se hubiesen puesto de acuerdo sin que mediara una palabra. De las tinieblas de alrededor les llegaban unos ruidos misteriosos. Quizá no era más que una jugarreta del viento en las grietas y hendiduras de la pared rocosa, pero los sonidos parecían chillidos agudos, o salvajes estallidos de risa. Unas piedras comenzaron a caer desde la falda de la montaña, silbando sobre las cabezas de los viajeros, o estrellándose a un lado en la senda. De cuando en cuando se oía un estruendo apagado, como si un peñasco bajara rodando desde las alturas ocultas.

—No podemos avanzar más esta noche —dijo Boromir—. Que llamen a esto el viento, si así lo desean; hay voces siniestras en el aire, y estas piedras están dirigidas contra nosotros.

—Yo lo llamaré el viento —dijo Aragorn—. Pero eso no quita que hayas dicho la verdad. Hay muchas cosas malignas y hostiles en el mundo que tienen poca simpatía por quienes andan en dos patas; sin embargo no son cómplices de Sauron, y tienen sus propios motivos. Algunas estaban en este mundo mucho antes que él.

—Caradhras era llamado el Cruel, y tenía mala reputación —dijo Gimli— hace ya muchos años, cuando aún no se había oído de Sauron en estas tierras.

—Importa poco quién es el enemigo, si no podemos rechazarlo —dijo Gandalf.”

(‘El Señor de los Anillos. La Comunidad del Anillo‘. Libro Segundo, capítulo 3: El Anillo va hacia el sur).

 

Miruvor, según John Howe

(Miruvor, según el artista canadiense John Howe)

“Una gran somnolencia cayó sobre Frodo, y sintió que se hundía en un sueño tibio y confuso. Pensó que un fuego le calentaba los pies, y desde las sombras al otro lado de las llamas le llegó la voz de Bilbo: ‘No me parece gran cosa tu diario’, dijo. ‘Tormentas de nieve el doce de enero. No había necesidad de volver para traer esa noticia’.

‘Pero yo quería descansar y dormir, Bilbo’, respondió Frodo con un esfuerzo; sintió entonces que lo sacudían, y recuperó dolorosamente la conciencia. Boromir lo había levantado sacándolo de un nido de nieve.

—Esto será la muerte de los Medianos, Gandalf —dijo Boromir—. Es inútil quedarse aquí sentado mientras la nieve sube por encima de nuestras cabezas. Tenemos que hacer algo para salvarnos.

—Dale esto —dijo Gandalf buscando en sus alforjas y sacando un frasco de cuero—. Sólo un trago cada uno. Es muy precioso. Es miruvor, el cordial de Imladris que Elrond me dio al partir. ¡Pásalo!

Tan pronto como Frodo hubo tragado un poco de aquel licor tibio y perfumado, sintió una nueva fuerza en el corazón, y los miembros libres de aquel pesado letargo. Los otros revivieron también, con una esperanza y un vigor renovados.”

(‘El Señor de los Anillos. La Comunidad del Anillo‘. Libro Segundo, capítulo 3: El Anillo va hacia el sur).

 

(Gandalf en el Caradhras, según el artista estadounidense Donato Giancola)

“—¿Qué tal un fuego? —preguntó Boromir bruscamente—. Parecería que ha llegado el momento de decidirse: el fuego o la muerte, Gandalf. Cuando la nieve nos haya cubierto estaremos sin duda ocultos a los ojos hostiles, pero eso no nos ayudará.

—Haz un fuego si puedes —respondió Gandalf—. Si hay centinelas capaces de aguantar esta tormenta, nos verán de todos modos, con fuego o sin fuego.

Aunque habían traído madera y ramitas por consejo de Boromir, estaba más allá de la habilidad de un Elfo o aun de un Enano encender una llama que no se apagase en los remolinos de viento o que prendiera en el combustible mojado. Al fin Gandalf mismo intervino, de mala gana. Tomando un leño lo alzó un momento y luego junto con una orden, ‘naur an edraith ammen!’, le hundió en el medio la punta de su vara. Inmediatamente brotó una llama verde y azul, y la madera ardió chisporroteando.

—Si alguien ha estado mirándonos, entonces yo al menos me he revelado a él —dijo—. He escrito ‘Gandalf está aquí’ en unos caracteres que cualquiera podría leer, desde Rivendel hasta las Bocas del Anduin.”

(‘El Señor de los Anillos. La Comunidad del Anillo‘. Libro Segundo, capítulo 3: El Anillo va hacia el sur).

 

La Compañía en la Puerta del Cuerno Rojo, según Paul Raymond Gregory

(La Compañía en la Puerta del Cuerno Rojo, según el artista británico Paul Raymond Gregory)

“A medida que aumentaba, la luz iba descubriendo un mundo silencioso y amortajado. Desde la altura del refugio se veían abismos informes y jorobas y cúpulas blancas que ocultaban el camino por donde habían venido; pero unas grandes nubes, todavía pesadas, amenazando nieve, envolvían las cimas más altas.

Gimli alzó los ojos y sacudió la cabeza.

—Caradhras no nos ha perdonado —dijo—. Tiene todavía más nieve para echárnosla encima, si seguimos adelante. Cuanto más pronto volvamos y descendamos, mejor será.

Todos estuvieron de acuerdo, pero la retirada era ahora difícil, quizá imposible. Sólo a unos pocos pasos de la ceniza de la hoguera, la capa de nieve era de varios pies, más alta que los hobbits; en algunos sitios el viento la había amontonado contra la pared.

—Si Gandalf fuera delante de nosotros con una llama, quizá pudiera fundirnos un sendero —dijo Legolas.

La tormenta no lo había molestado mucho, y era el único de la Compañía que aún parecía animado.

—Si los Elfos volaran por encima de las montarías, podrían traernos el sol y salvarnos —contestó Gandalf—. Pero necesito materiales para trabajar. No puedo quemar nieve.”

(‘El Señor de los Anillos. La Comunidad del Anillo‘. Libro Segundo, capítulo 3: El Anillo va hacia el sur).

 

Boromir y Aragorn en el Caradhras, según Catherine Karina Chmiel-Gugulska

(Boromir y Aragorn en el Caradhras, según la artista polaca Katarzyna Chmiel-Gugulska)

“—Bueno —dijo Boromir—, cuando las cabezas no saben qué hacer hay que recurrir a los cuerpos, como dicen en mi país. Los más fuertes de nosotros tienen que buscar un camino. ¡Mirad! Aunque ahora todo está cubierto de nieve, nuestro sendero, cuando subíamos, se desviaba en aquel saliente de roca de allí abajo. Fue allí donde la nieve comenzó a pesarnos. Si pudiéramos llegar a ese sitio, quizá fuera más fácil continuar. No estamos a más de doscientas yardas, me parece.

—¡Entonces vayamos allí, tú y yo! —dijo Aragorn.

Aragorn era el más alto de la Compañía, pero Boromir, apenas más bajo, era más fornido y ancho de hombros. Fue delante, y Aragorn lo siguió. Se alejaron, lentamente, y pronto les costó trabajo moverse. En algunos sitios la nieve les llegaba al pecho, y muy a menudo Boromir parecía nadar o cavar con los grandes brazos más que caminar.”

(‘El Señor de los Anillos. La Comunidad del Anillo‘. Libro Segundo, capítulo 3: El Anillo va hacia el sur).

 

(Legolas va a buscar el sol, según el artista estadounidense Matthew Stewart)

“Legolas los observó un rato con una sonrisa en los labios, y luego se volvió hacia los otros.

—¿Los más fuertes tienen que buscar un camino, dijeron? Pero yo digo: que el labrador empuje el arado, pero elige una nutria para nadar; y para correr levemente sobre la hierba y las hojas, o sobre la nieve… un Elfo.

Diciendo esto saltó ágilmente, y entonces Frodo notó como si fuese la primera vez, aunque lo sabía desde hacía tiempo, que el Elfo no llevaba botas sino el calzado liviano de costumbre, y que sus pies apenas dejaban huellas en la nieve.

—¡Adiós! —le dijo Legolas a Gandalf—. Voy en busca del sol.

Luego, con la rapidez de un corredor sobre arenas firmes, se precipitó hacia delante, y alcanzando en seguida a los hombres que se esforzaban en la nieve, saludándolos con la mano los dejó atrás, continuó corriendo, y desapareció detrás del saliente rocoso.”

(‘El Señor de los Anillos. La Comunidad del Anillo‘. Libro Segundo, capítulo 3: El Anillo va hacia el sur).

 

Boromir y Pippin en el Caradhras, según Catherine Karina Chmiel-Gugulska

(Boromir y Pippin en el Caradhras, según la artista polaca Katarzyna Chmiel-Gugulska)

“—Pero ¿cómo llegaremos allí abajo, aunque hayáis abierto esa senda? —dijo Pippin, expresando el pensamiento de todos los hobbits.

—¡Tened esperanza! —dijo Boromir—. Estoy cansado, pero todavía me quedan fuerzas, y lo mismo a Aragorn. Cargaremos a los más pequeños. Los otros se las arreglarán sin duda para seguirnos. ¡Vamos, señor Peregrin! Comenzaré contigo.

Levantó al hobbit.

—¡Sujétate a mi espalda! Necesitaré de mis brazos —dijo, y se lanzó hacia adelante.

Lo siguió Aragorn cargando a Merry. Pippin estaba maravillado de la fuerza de Boromir, viendo el pasaje que había logrado abrir sin otro instrumento que el de sus grandes miembros. Aun ahora, cargado como estaba, echaba nieve a los costados ensanchando la senda para quienes venían detrás.”

(‘El Señor de los Anillos. La Comunidad del Anillo‘. Libro Segundo, capítulo 3: El Anillo va hacia el sur).

 

(La Compañía del Anillo desciende del Caradhras, según el artista estadounidense Donato Giancola)

“—¡Basta! ¡Basta! —gritó Glmli—. ¡Nos iremos lo antes posible!

Y en verdad con este último golpe la malicia de la montaña pareció agotarse, como si a Caradhras le bastara que los invasores hubiesen sido rechazados y que no se atrevieran a volver. La amenaza de nieve pasó; las nubes empezaron a abrirse y la luz aumentó.

Como Legolas había informado, descubrieron que la nieve era cada vez menos espesa, a medida que avanzaban, de modo que hasta los hobbits podían ir a pie. Pronto se encontraron una vez más sobre la cornisa en que terminaba la ladera y donde la noche anterior habían sentido caer los primeros copos de nieve.”

(‘El Señor de los Anillos. La Comunidad del Anillo‘. Libro Segundo, capítulo 3: El Anillo va hacia el sur).

 

(Huargos, según el artista polaco Aleksander Karcz)

De pronto Aragorn se incorporó de un salto.

—¿Cómo aúlla el viento? —exclamó—. Aúlla con voz de lobo. ¡Los huargos han pasado al este de las Montañas!

—¿Es necesario entonces esperar a que amanezca? —dijo Gandalf—. Como dije antes, la caza ha empezado. Aunque vivamos para ver el alba, ¿quién querrá ahora viajar al sur de noche con los lobos salvajes pisándonos los talones?

—Pero ¿a qué distancia está Moria? —preguntó Boromir.

—Hay una puerta al sudoeste de Caradhras, a unas quince millas a vuelo de cuervo, y a unas veinte a paso de lobo —respondió Gandalf con aire sombrío.

—Partamos entonces con las primeras luces, si podemos —dijo Boromir—. El lobo que se oye es peor que el orco que se teme.

—¡Cierto! —dijo Aragorn, soltando la espada en la vaina—. Pero donde el huargo aúlla, el orco ronda.

(‘El Señor de los Anillos. La Comunidad del Anillo‘. Libro Segundo, capítulo 4: Un viaje en la oscuridad).

 

Colina en la que la Compañia se protege de los lobos, según Ferdinand Dumago Ladera

(Colina en la que la Compañia se protege de los lobos, según el artista filipino Ferdinand Dumago Ladera)

“Para defenderse durante la noche, la Compañía subió a la loma que los había abrigado hasta entonces. Allá arriba en la cima había un grupo de viejos árboles retorcidos, y alrededor un círculo incompleto de grandes piedras. Encendieron un fuego en medio de las piedras, pues no había esperanza de que la oscuridad y el silencio los ocultaran a las manadas de lobos cazadores.

Se sentaron alrededor del fuego, y aquellos que no estaban de guardia cayeron en un sueño intranquilo. El pobre Bill, el poney, temblaba y transpiraba. El aullido de los lobos se oía ahora todo alrededor, a veces cerca, y a veces lejos. En la oscuridad de la noche alcanzaban a verse muchos ojos brillantes que se asomaban al borde de la loma. Algunos se adelantaban casi hasta el círculo de piedras. En una brecha del círculo pudo verse una oscura forma lobuna, que los miraba. De pronto estalló en un aullido estremecedor, como si fuera un capitán incitando a la manada al asalto.

Gandalf se incorporó y dio un paso adelante, alzando la vara.

—¡Escucha, bestia de Sauron! —gritó—. Soy Gandalf. ¡Huye, si das algún valor a tu horrible pellejo! Te secaré del hocico a la cola, si entras en este círculo.”

(‘El Señor de los Anillos. La Comunidad del Anillo‘. Libro Segundo, capítulo 4: Un viaje en la oscuridad).

 

(*) Nota importante: Aunque el Calendario de la Comarca no coincide con el calendario Gregoriano (hay una diferencia de 10 u 11 días entre uno y otro dependiendo del día en el que se celebre el solsticio de verano), hemos decidido publicar los acontecimientos según su fecha original y no adaptar las fechas a nuestro calendario (de hacerlo, el 25 de marzo del Calendario de la Comarca sería nuestro 14 ó 15 de marzo). Nos parece lo más lógico no solo para evitar confusiones sino para mantener la coherencia con el hecho de celebrar el Día Internacional de Leer a Tolkien el 25 de marzo (fecha en la que se derrotó a Sauron) y el Día Hobbit el 22 de septiembre (fecha de los cumpleaños de Bilbo y Frodo).

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